26 de Julio 2017 Festividad de San Joaquín y Santa Ana

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MATEO 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA JUAN CARREÑO DE MIRANDA (2)

SANTA ANA ENSEÑANDO A LEER A LA VIRGEN

Pintado por JUAN CARREÑO DE MIRANDA el año 1674, se conserva en el MUSEO DEL PRADO

JUAN CARREÑO DE MIRANDA (Avilés 1614 – Madrid 1685) fue un pintor del Barroco que se formó y trabajó en Madrid, en diferentes iglesias y conventos. Además de los cuadros “decorativos” y para Retablos, muchas de sus obras son pinturas murales.

Los abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana, estuvieron presentes en la devoción cristiana desde un momento muy temprano. Su figura se toma del apócrifo PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, escrito al comienzo del siglo segundo y que narra el nacimiento, infancia y adolescencia de María. Esta narración del nacimiento de María, recuerda el episodio del nacimiento de Samuel en el Primer Libro de los Reyes. En toda la historia de la cristiandad ha estado muy presente en diferentes festividades de María, en la literatura, en la pintura…

Esta pintura rica en matices y colores, sobre un fondo de cortinaje oscuro, recibe la luz de nuestra derecha abierta a un luminoso pasillo que enmarca la estancia a partir de una columna salomónica. La luz se centra en los rostros y las manos, así los llena de vida y expresión pacificadora y gozosa. Es un tema muy frecuente en nuestra cultura católica y muy querido por las personas creyentes.

Carreño de Miranda, recoge el momento en el que Santa Ana, enseña a leer a María, una jovencita atenta a la tarea, especialmente iluminada, tanto que su brillante rostro reparte luz en derredor; su padre, San Joaquín, está íntimamente presente en esta escena como, seguramente, en todos los momentos de la vida de María. El pincel lleno de maestría y soltura del autor, da personalidad a cada una de las tres personas de la familia. El coro de ángeles, sonrientes y bulliciosos, sirve para entroncar con la divinidad esta escena de la vida de cada día de una familia.

La escena sucede sobre unas gradas alfombradas. Sobre la cabeza de María ya observamos la corona de doce estrellas, que es uno de los símbolos con los que conocemos a la Inmaculada, recordando el versículo primero del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan. La cabeza de Santa Ana, ocupa el vértice de esta composición piramidal; en ella está la presencia serena, atenta, infinitamente amable de una madre que cuida la dulce confianza de su hija, mientras el padre sonríe lleno de ilusión y paz.

FELICIDADES A TODOS LOS ABUELOS que llenan de cariño este mundo; felicidades a todas las familias.

Javier Agra

 

 

 

 

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