17 FEBRERO 2019 VI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Home » Liturgia del Domingo » 17 FEBRERO 2019 VI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO LUCAS 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, le dijo:

–Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

–Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

–Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

–Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA  –  HENRIK OLRIK

En el VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, la Iglesia nos ofrece como lectura del evangelio el texto de Las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña según la versión de Lucas 6, 17. 20 – 26. También podemos leer Las Bienaventuranzas en el evangelio de Mateo 5, 1 -12.

De ese amplio Discurso del Sermón de la Montaña, se han ocupado muchos pintores y otros creadores de arte. Yo he elegido el mural “SERMÓN DE LA MONTAÑA” que pintó el danés HENRIK OLRIK en 1880 como parte central del retablo-mural de la iglesia de San Mateo en Copenhague. Nuestro pintor, tal vez poco conocido en nuestro entorno, nació en Copenhague el 24 de mayo de 1830, murió en la misma ciudad el 2 de enero de 1890, después de viajar y pintar por diferentes naciones europeas. Es un autor prolífico que abarcó muy diversa temática y destacó también en otras artes plásticas.

Muestra a Jesucristo, rodado de numerosos discípulos. Destaca también la presencia de los doce apóstoles. El abigarrado número de personas nos permite fijar la atención en la variedad de reacciones que se dieron en torno a Jesús a lo largo de su vida pública: atención, rechazo, murmuración, admiración; así como la presencia de diferentes estamentos sociales…

En el primer plano podemos observar un jovencito con su muleta, seguramente en alusión a las curaciones; destaca también el detalle del niño abrazando a un cordero que recuerda los cuadros de Murillo de “El Buen Pastor”, seguramente Henrik Olrik quiere tener presente toda la tradición del arte en torno a la figura de Jesús Buen Pastor, anticipo también del Cordero llevado al matadero como recuerdo permanente de la Cruz y la Resurrección.

Domina el ocre color de la tierra que comienza a teñirse de la luz del amanecer y se va expandiendo con suavidad por toda la comarca que alcanza a ver el espectador. Jesús, iluminado con el nimbo de luz en su cabeza, habla del Padre hacia el que dirige su mano derecha mientras con la izquierda tiende su mano abierta hacia los presentes, hacia lo espectadores, hacia toda la humanidad.

A todos nosotros, a todas las personas de todos los tiempos entrega su palabra y su programa de BIENAVENTURANZAS para que caminemos en la ilusión, en la esperanza, en el sosiego, en la fortaleza, en la paz, en la fe, en la construcción del REINO DE DIÓS.

Javier Agra.

10 FEBRERO 2019 V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO LUCAS 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora, serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

LA PESCA MILAGROSA – JACOPO BASSANO

JACOPO DA PONTE BASSANO (1515 – 13 de febrero 1592) fue un pintor manierista italiano; nació y murió en Bassano, lugar cercano a Venecia, de donde tomó el apellido: BASSANO. Son muy conocidas sus pinturas de inspiración bíblica, donde abunda con profusión la presencia de la naturaleza en la mayor parte de sus obras pictóricas.

LA PESCA MILAGROSA es una obra de 1545, que se conserva en LA GALERÍA NACIONAL DE ARTE de Washington. Reproduce la escena que leemos en el evangelio de este V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO según la versión de Lucas (5, 1-11); también está narrado el mismo episodio, con variantes, en los otros dos sinópticos: Mateo (4,18-22) y Marcos (1, 16-20) cuentan el encuentro de los tres pescadores y la llamada de Jesús, sin entretenerse en el momento de la pesca milagrosa. También conocemos, narrado solamente en el evangelio de Juan (21, 1-13), otro episodio de pesca de peces, después de la Resurrección e inmediatamente anterior a la elección de Pedro: “Lleva mis ovejas a pastar” (21, 18).

Sobre ambos momentos existen multitud de versiones en la pintura. En la iconografía existe una diferencia muy clara: el episodio de Juan se expresa con Pedro en el agua nadando o caminando hacia Jesús que está en la orilla. La Pesca Milagrosa narrada por Lucas, que es el evangelio de hoy, muestra a Jesús en la barca y a Pedro arrodillado a sus pies mientras exclama: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. La respuesta de Jesús es la llamada: “No temas, desde ahora lo que pescarás serán hombres”.

En el cuadro de Jacopo Bassano, Jesús ocupa la cabecera de la barca; hasta él llega Pedro para echarse a sus pies. Otro de los apóstoles pasa a la barca de Pedro con un manto que vuela al viento llenando la pintura de un verde iluminado por la luz de la mañana en que sucede el episodio, seguramente se trata de Juan, mientras vemos a Santiago su hermano también con túnica verde remando en la otra barca.

También contemplamos a los otros pescadores que estaban cerca y se aproximaron para ayudar ante tanta cantidad de peces como pescaron. Es la presentación de los tres primeros discípulos (Pedro, Santiago y Juan) que, en adelante, veremos más cercanos a Jesús en diferentes momentos de especial significado.

Bassano es un pintor de exteriores amplios y con grandes juegos de luz; aquí podemos ver el inmenso azul del mar con las montañas como prolongación de altas olas; la sombra de la madrugada posada aún en los prados de la orilla; las pinceladas plateadas de los peces en el agua y en la red; el rosicler impactante de la escena que da nombre al cuadro; la contundente anatomía de los personajes pintados por el manierista Bassano.

Un vuelo de sentimientos diferentes recorre los rostros de cada personaje de esta Pesca Milagrosa. En conjunto resuena la tradición cristiana de todos los tiempos que es unión entre la oración y el trabajo (ora et labora), que es silencio y canción, que es sosiego y pelea hasta que el Reino de Dios esté en todas las personas como libertad, justicia, igualdad, PAZ…

Javier Agra.

 

3 FEBRERO 2019 IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO LUCAS 4, 21-30

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”: haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino”.

1.- “Sus conciudadanos «quedaban asombrados» por su sabiduría y, dado que lo conocían como el «hijo de María», el «carpintero» que había vivido en medio de ellos, en lugar de acogerlo con fe se escandalizaban de él (cf. Mc 6, 2-3). Este hecho es comprensible, porque la familiaridad en el plano humano hace difícil ir más allá y abrirse a la dimensión divina. A ellos les resulta difícil creer que este carpintero sea Hijo de Dios. Jesús mismo les pone como ejemplo la experiencia de los profetas de Israel, que precisamente en su patria habían sido objeto de desprecio, y se identifica con ellos. […] Aunque sabe que ningún profeta es bien recibido en su patria, sin embargo la cerrazón de corazón de su gente le resulta oscura, impenetrable: ¿Cómo es posible que no reconozcan la luz de la Verdad? ¿Por qué no se abren a la bondad de Dios, que quiso compartir nuestra humanidad? De hecho, el hombre Jesús de Nazaret es la transparencia de Dios, en él Dios habita plenamente. Y mientras nosotros siempre buscamos otros signos, otros prodigios, no nos damos cuenta de que el verdadero Signo es él, Dios hecho carne; él es el milagro más grande del universo: todo el amor de Dios contenido en un corazón humano, en el rostro de un hombre” (Benedicto XVI).

2.- “Creían en Dios en cierta manera, pero no en el Dios que vivía cerca de ellos, se hallaba en estrecha familiaridad con ellos y con ellos compartía su vida cotidiana. El mismo género de esnobismo que encontramos en la exclamación de Natanael: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret?», se convertía ahora en el prejuicio que contra Él oponían los habitantes de su pueblo natal. Cierto que era el hijo de un carpintero, pero también lo era del carpintero que hizo el cielo y la tierra. Por el hecho de que Dios hubiera asumido una naturaleza humana y sido visto en la humilde condición de un artesano de aldea, dejó de granjearse el respeto de los hombres” (Mons. Fulton Sheen).

3.- “¡Cómo influyen, Señor, los afectos terrenos en que yo acepte o rechace! Desprecio lo que veo cada día y me parece vulgar y sin interés. Creo que ya he desentrañado todo su valor y que no da más de sí. Pienso que no puede ser profeta, ni santo el que convive conmigo. Veo que es un hombre como yo, sujeto a mis mismas necesidades, y no quiero concederle superioridad ninguna sobre mí. La envidia y la soberbia cierran mi corazón. Pero Tú, Señor, inspiras donde quieres y escoges tus instrumentos según tu voluntad, sin atender a circunstancias de la tierra. Eliges al que está lejos y al que está cerca de mí. Y quieres que yo sea humilde y me incline ante tu elección y mire con buenos ojos al que viene como enviado tuyo. No permitas, Señor, que consideraciones terrenas cieguen mis ojos a tu luz. Háblame por quien Tú quieras y dame humildad para recibir y escuchar al que viene a mí con tu mensaje. Como no es palabra de la tierra la que trae, de nada sirve el mirar de qué tierra sale. Viene de Ti en tu nombre” (Jesús M. Granero, S.J).

ELÍAS PROFETA   DIERIC BOUTS EL VIEJO

La lectura del evangelio de este domingo presenta a Jesús recordando una de las acciones del profeta Elías que narra el Primer Libro de los Reyes en el capítulo 17: La viuda de Sarepta.

El profeta Elías (significa “mi Dios es Yahvéh”) vivió en el siglo IX antes de Cristo, es el primero de los grandes profetas de Israel. Con Samuel se termina el período de los Jueces como coordinadores de la nación y comienzan los Reyes. Después de algunos profetas de apariciones breves en los grandes reinados de Saúl, David y Salomón, se divide el Reino en Israel y Judá. Elías tiene su actividad en el Reino de Judá, comienza en tiempos del rey Ajab.

Elías es un profeta al que no se atribuye ningún libro escrito. Su actividad está reflejada en los Libros de Los Reyes: 1º Reyes 17 – 21 y 2º Reyes 1- 2. Con breves momentos de desaparición  su actividad es muy profunda, con notables actuaciones; además de muy importantes en el entorno religioso, también muy cuidadas por el arte y conocidas en la tradición. Terminó su actividad cuando fue “llevado al cielo en un carro de fuego”; su manto cayó sobre Eliseo, profeta que continuó su tarea.

El cuadro que acompaña a este comentario del IV DOMINGO del Tiempo Ordinario está pintado por DIERIC BOUTS EL VIEJO, pintor flamenco del período gótico en el siglo XV. Autor de numerosas pinturas religiosas, este cuadro forma parte del Políptico “RETABLO DE LA ÚLTIMA CENA O DEL SANTO SACRAMENTO” que se guarda en la iglesia de San Pedro de Lovaina en Bélgica.

La tabla central es una Última Cena, está rodeada de otras cuatro tablas de menor tamaño, que recuerdan personajes y episodios del Antiguo Testamento  alusivas a la Eucaristía. Una de ellas, es “Elías alimentado por el ángel”. El suceso que se pinta en esta tabla, ocurrió después de que Elías mostrara la falsedad del dios Baal y sus sacerdotes. Jezabel, reina de Israel, quiere matarlo y él “huyó al desierto, se sentó bajo una retama y deseó morir” (1Reyes 19, 4). Pero el Señor le envió comida y bebida pues tenía que continuar su misión: “¡Levántate, come! El camino es superior a tus fuerzas” (1Reyes 19, 7) Con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta que llegó al monte del Señor.

Nuestro pintor muestra un gusto especial por los espacios abiertos, por la luz y la claridad; la fuerza de la naturaleza y aún del vestuario con que adorna sus figuras, superan en maestría a la expresión de los rostros humanos presentes en sus obras. Dieric Bouts nos acerca la figura de Elías con la serenidad que le aporta el ángel del Señor quien ha llegado en el momento en que el espectador se fija en la escena. No es tiempo de lamentarse, ni siquiera de descansar. Cuando el profeta ha terminado una misión, el Señor lo envía a otra misión nueva, a otro trabajo hasta que toda la tierra esté sembrada de libertad, de justicia, de PAZ.

Vemos a Elías que ha escuchado la voz del Señor y camina por un sendero que asciende tortuoso entre las rocas del fondo. El desierto le aguarda, la dureza de la vida le espera cada día. Pero Dieric Bouts el Viejo quiere que mantengamos la calma, la ilusión y la fe; llena el cuadro de naturaleza, del rosicler de la luz del amanecer para que también nosotros, espectadores con dudas y miedos, nos atrevamos a orar, a escuchar al Señor, a caminar, a actuar.

Javier Agra.

 

27 DE ENERO 2019 DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO

Juan 18, 33b-37

Ilustre Teófilo:

Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista.

Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

-Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.».

1.- “Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

[…] No fue mera casualidad, sino providencia de Dios, el que, desenrollando el libro, diera con el capítulo de Isaías que hablaba proféticamente de él. Pues si, como está escrito, ni un solo gorrión cae en el lazo sin que lo disponga vuestro Padre y si los cabellos de la cabeza de los apóstoles están todos contados, posiblemente tampoco el hecho de que diera precisamente con el libro del profeta Isaías y concretamente no con otro pasaje, sino con éste, que subraya el misterio de Cristo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido —no olvidemos que es el mismo Cristo quien proclama este texto—, hay que pensar que no sucedió porque sí o fue producto del juego de la casualidad, sino que ocurrió de acuerdo con la economía y la providencia divina.

ISAÍAS PROFETA JUAN BAUTISTA TIÉPOLO

Juan Bautista Tiépolo, pintor nacido en Italia en marzo de 1696 vivió en España desde 1762 cuando lo llamó el rey Carlos III para realizar sus trabajos; se quedó en Madrid hasta su muerte el 27 de marzo de 1770. En el Museo del Prado tenemos una amplia colección de su producción pictórica. Esta pintura que hoy entrego a la consideración de los lectores, es un fresco del Palacio Arzobispal de Udine en el que trabajó nuestro pintor entre los años 1726 – 1729.

La pintura de TIÉPOLO, se caracteriza por los tonos claros que dan la sensación de transparencia, la limpieza de sus pinceladas que permiten una visión rápida de todo el conjunto de cada uno de sus cuadros. El ángel del Señor está reposando sobre una nube mientras muestra al profeta los textos y palabras que ha de transmitir. El espectador tiene la sensación de participar de esta conversación en un ambiente de suave movimiento entre el espacio celeste y terrestre.

Las líneas firmes y precisas de Juan Bautista Tiépolo producen una sensación de serenidad y movimiento suave y permanente en su pintura. El profeta Isaías y el ángel muestran un espacio abierto sin límites entre lo celeste y lo terrestre, por donde los espectadores podemos transitar en un encuentro permanente con lo humano transformado por la serenidad, la reflexión, la oración…, en divinidad por la palabra de Dios que se nos ha entregado en los profetas y, definitivamente, en Jesucristo.

El Evangelio de Lucas que leemos este domingo comienza con la introducción del evangelista donde asegura que escribe, “después de comprobar todo diligentemente desde el principio”, “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Salta los tres capítulos que su evangelio dedica a la infancia y continúa con Jesús, ya en su vida pública, leyendo en la sinagoga un texto de Isaías 61, 1 – 2: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido…” Este profeta es uno de los más citados en los evangelios; muchos de sus textos se interpretan como anuncios que se cumplirán en Jesús.

El profeta Isaías vivió en el siglo VIII antes de Cristo en un momento convulso, cuando Senaquerib invadió Judá. Sus textos están anunciando el regreso del “resto de Israel” y la época en la que resplandecerá la santidad de Dios. Seguramente el “libro de Isaías”, con sesenta y seis capítulos, es el más extenso de todos los de la Biblia. Es ágil y de amena lectura.

Entre sus múltiples imágenes, destacan las referentes al Siervo de Yavéh que aplicamos a Jesús de Nazaret. El conjunto del libro ocupa un período de unos doscientos años, por eso hemos de suponer que ha sido escrito por varios escritores que mantienen la unidad de pensamiento y estilo.

Isaías es el primero, en el tiempo, de los llamados “cuatro profetas mayores”; Los otros tres son: Jeremías, Ezequiel y Daniel.

Javier Agra.

 

13 DE ENERO DE  2019  EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Esto dice el Señor:
Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
Te he tomado de la mano,
te he formado y te he hecho
alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas. ISAÍAS 42, 1. 6-7

EVANGELIO LUCAS 3, 15-16. 21-22
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
–Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
–Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

BAUTISMO DE CRISTO  JOAQUIM PATINIR

Con el presente acontecimiento del Bautismo de Cristo que celebramos este domingo, cerramos el ciclo de la Navidad. Hoy leemos el episodio que nos transmite el evangelio de Lucas, también está narrado por los otros sinópticos Mateo y Marcos. Mientras que Juan lo insinúa con evidencia en el primer capítulo de su evangelio. Con esta festividad del Bautismo de Cristo, terminamos el ciclo del Tiempo de Navidad.

De entre la múltiple iconografía que conocemos sobre el Bautismo de Cristo, muestro este cuadro de Joaquim Patinir, pintor flamenco de Holanda (Dinant 1480 – Amberes 1524). La crítica le considera el precursor de la pintura de paisaje. Realizó muchos cuadros de temas religiosos dentro de un potente marco paisajístico.

El Cuadro “EL BAUTISMO DE CRISTO” pertenece al “MUSEO DE HISTORIA DEL ARTE”, Viena.

Cuadro de gamas verdes y azuladas en un horizonte elevado, plantea una ensoñación de admiración por el conjunto de fantasía donde repite el esquema de diversos cuadros, con la fortaleza de los colores repetidos, la presencia de esas formaciones rocosas que él aprendió a ver desde niño en las orillas del río Mosa, en su Dinant natal.

La escena nos muestra a Jesús en las aguas del Río Jordán, mientras Juan lo bautiza. Patinir ha elegido el momento que dicen los evangelios sinópticos “se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo y se oyó una voz del cielo: tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto” Lucas 3, 22. Lucas añade que fue después de bautizarse “mientras oraba”. Mateo y Marcos escriben que, después de bautizarse, “mientras salía del agua”. El evangelio de Juan, pone en boca de Juan Bautista: “He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y posarse sobre él” Juan 1, 32.

La Epifanía (manifestación) que había comenzado en el nacimiento con el anuncio a los pastores se culmina en el bautismo con la Epifanía de Dios como Santísima Trinidad. Así lo pinta Joaquim Patinir, vemos el cielo azul que se abre en ese resplandor de blanquísimo fondo por donde contemplamos a Dios Padre, al Espíritu Santo en forma de paloma que está descendiendo sobre el Hijo bautizado en el agua del Jordán.

La escena está dibujada en diferentes viñetas. Observamos a Juan Bautista predicando a una multitud; por entre unas tupidas matas llega Jesús caminando hacia el Bautista; en primer plano contemplamos el foco de atención del cuadro, Jesús en el Río Jordán en el momento de ser bautizado por Juan; Jesús, ha dejado el manto azul que lo cubría y aquí está con el paño de pureza, acaso como adelanto de la Cruz donde también aparece con el mismo paño de pureza y la Resurrección donde se le presenta con la bandera blanca de la victoria sobre el mal y sobre la muerte.

En primer plano predominan los colores marrones y pardos. Enseguida los tonos verdes resaltan de modo que es seguramente el color que más queda grabado en el espectador y culmina el fondo de horizonte en diferentes azules que levantan el espíritu de quienes vemos el cuadro hacia los ámbitos celestes. El paisaje y el color se hacen teología en este grandioso pintor que deslumbra y asombra con sus pinturas llenas de luz e iluminación.

Javier Agra.

 

6 de Enero LA EPIFANIA DEL SEÑOR
EVANGELIO MATEO 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judea,

no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea,

pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS PEDRO PABLO RUBENS

Este domingo celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. La eucaristía comienza con esta Oración Colecta: “Oh Dios de todas las naciones, pueblos y culturas, éste es el día que tú has hecho radiante y luminoso con tu luz y tu amor, con destino para todos. Guíanos en los nuevos caminos de tu Hijo. Que tu luz bondadosa brille en todas partes,  para que todos los pueblos te alaben en su propio lenguaje, conforme a su cultura, y enriquezcan a tu Iglesia con sus propios y peculiares dones”.

La narración de la Adoración de los Magos junto con la Matanza de los Inocentes y la Huida y Regreso de Egipto, forman el capítulo 2 del Evangelio de Mateo y son exclusivos de su narración.

Sobre ellos también existe alguna descripción en los evangelios apócrifos. Los cristianos ortodoxos y los cristianos armenios nombraban un número de doce. A partir del siglo III se comenzó a fijar el actual número de tres con los nombres que hoy conocemos. Es un tema muy extendido en la iconografía y en la multitud de expresiones del arte.

Aporto este cuadro barroco de RUBENS, “LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS”, pintado en 1629 y que se expone en el Museo del Prado.

Nuestro pintor que nació en Siegen, Alemania en 1577 y murió en Amberes, Bélgica el 30 de mayo de 1640, representa el momento en que los tres Magos de Oriente llegan acompañados de un grandioso cortejo, al lugar donde está el niño recién nacido con sus padres, María y José.

Rubens ha sacado la escena del “portal” y ha transformado el espacio en una arquitectura clásica. Es un cortejo lujoso lleno de colorido y pedrería en las personas de los adoradores, que nuestro pintor ha optado por aceptar que son reyes. El cielo muestra que es noche cerrada cuando sucede la escena; así resalta más el brillo de las luminarias que vemos acá y allá entre las personas del cortejo y en las pequeñas luces de los ojos de los animales que simulan las estrellas del cielo, de modo que podemos pensar que Rubens ha decidido plantear el momento como un encuentro donde se fusionan el cielo y la tierra en la persona del niño nacido de María.

La escena de la Sagrada Familia: José, María, Jesús está situada al lateral izquierdo del cuadro. De ellos, fundamentalmente de Jesús, pero también de María, se expande un foco de luz blanquísima que ilumina la escena entera. Distinguimos también con claridad las tres edades que representan los magos: El “adulto” Gaspar está arrodillado ante el niño que juguetea con cofre que ofrece como presente; el “joven” Baltasar frente al espectador; el “anciano” Melchor quien destaca con su figura escultórica y su brillante manto rojo.

Observamos también el espléndido cuidado y estudio profundo de la anatomía que realiza nuestro pintor, para lo que destaca diferentes personas de la comitiva con los torsos desnudos en pleno esfuerzo para depositar algún presente para el niño y para sus padres. La escena está en movimiento sugerido por las diversas posturas, planos y alturas de los diferentes personajes que forman un conjunto armonioso y donde, al mismo tiempo, cada uno de ellos se puede apreciar individualizado.

A la derecha del cuadro, montado a caballo observamos un autorretrato de Pedro Pablo Rubens; seguramente el único que realizó colocándose dentro de una escena de conjunto.

En la EPIFANÍA se nos manifiesta, a cada uno de nosotros y al mundo entero, la Gloria de Dios en la presencia de un niño que es el Hijo de Dios.

Javier Agra.

 

30 DICIEMBRE FESTIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA

EVANGELIO LUCAS 2,41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

JESÚS ENTRE LOS DOCTORES – PAOLO VERONESE

Este domingo en el que la Iglesia celebra “La Sagrada Familia”, leemos el episodio de Lucas que narra la visita al Templo de Jerusalén cuando Jesús cumplió los doce años. Era la edad de inicio de vida “adulta religiosa” del niño hijo de José y de María. El conocido episodio de Jesús discutiendo en el Templo con los doctores de la ley, ha sido muy pintado por diferentes autores.

También muchas obras de arte han plasmado imágenes cálidas y familiares de la “Sagrada Familia” en el hogar de Nazaret. Podemos gozar con la impactante pintura de Murillo “la Sagrada Familia del Pajarito”.

Aquí presento “JESÚS ENTRE LOS DOCTORES” de PAOLO VERONESE, entre nosotros conocido como “El Veronés” (1528 – 1588). La pintura está visible en el Museo del Prado de Madrid y la realizó en el año 1560 según las reglas más clásicas del Renacimiento. El Veronés es un autor de cuadros de gran tamaño, con una presencia poderosa de la anatomía humana como modo de expresión.

Aquí podemos contemplar a Jesús adolescente elevado sobre una peana, más alto que su auditorio; así expresa el pintor la autoridad de quien se sienta en la cátedra, en esta ocasión llama la atención que sea un jovencito quien razona y supera en las disquisiciones teológicas a los exegetas del judaísmo.

El Veronés ha situado a Jesús en el centro de la imagen, hacia él confluyen todas las miradas del nutrido grupo de sabios teólogos con quienes conversa y a quienes muestra las palabras de Dios su Padre. El amplio grupo muestra su agitación, su interés, su desconcierto… con la variedad de expresiones del rostro, de las manos, de la expresión corporal.

Nos muestra el pintor una composición en pirámide por la situación escalonada da los doctores, colocados a diferentes alturas hasta llegar a la cúspide donde destaca Jesús. Entre la mezcla de luz, de colores, de movimientos de rostros y cuerpos, cabe señalar la sosegada serenidad de la persona que encargó el cuadro vestido con ropa negra donde destaca la cruz de la orden del Santo Sepulcro y bastón de romero peregrino.

En la portalada del fondo vemos la entrada del pueblo acompañando a María y José que llegan preocupados al Templo en la búsqueda de su hijo.

Javier Agra.

 

23 DICIEMBRE IV DOMINGO DE ADVIENTO

Lucas 1,26-38

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

 1.- “María, tú lo sabes: como tú, no obstante ser pequeña, poseo y tengo en mi al Todopoderoso. Mas no me asusta mi gran debilidad, pues todos los tesoros de la madre son también de la hija, y yo soy hija tuya, Madre mía querida. ¿Acaso no son mías tus virtudes y tu amor también mío? Así, cuando la pura y blanca hostia baja a mi corazón, tu Cordero, Jesús, sueña estar reposando en ti misma, María” (Santa Teresa De Lisieux PN54,5).

2.- “[…] El evangelista san Lucas, por su parte, nos muestra a la Virgen María recibiendo el anuncio del mensajero celestial (cf. Lc 1, 26-38). Aparece como la humilde y auténtica hija de Israel, la verdadera Sión, en la que Dios quiere poner su morada. Es el retoño del que debe nacer el Mesías, el Rey justo y misericordioso. En la sencillez de la casa de Nazaret vive el “resto” puro de Israel, del que Dios quiere hacer renacer a su pueblo, como un nuevo árbol que extenderá sus ramas por el mundo entero, ofreciendo a todos los hombres frutos buenos de salvación. A diferencia de Adán y Eva, María obedece a la voluntad del Señor, con todo su ser pronuncia su “sí” y se pone plenamente a disposición del designio divino. Es la nueva Eva, verdadera “madre de todos los vivientes”, es decir, de quienes por la fe en Cristo reciben la vida eterna.

Queridos amigos, ¡qué inmensa alegría es tener por madre a María Inmaculada! Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y la sugestión del mal, podemos dirigirnos a ella, y nuestro corazón recibe luz y consuelo. Incluso en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos sus hijos y que las raíces de nuestra existencia se hunden en la gracia infinita de Dios. La Iglesia misma, aunque está expuesta a las influencias negativas del mundo, encuentra siempre en ella la estrella para orientarse y seguir la ruta que le ha indicado Cristo. De hecho, María es la Madre de la Iglesia, como proclamaron solemnemente el Papa Pablo VI y el concilio Vaticano II.

LA VISITACIÓN  –  RAFAEL SANCIO Y TALLER

Terminamos el tiempo de la espera del ADVIENTO. María acude a acompañar a quien la puede necesitar, en este pasaje es su prima Isabel; pero también está con las sandalias calzadas para salir presta en mi ayuda, en tu ayuda.

Los evangelios de Mateo y Lucas son los que narran diferentes episodios de la INFANCIA DE JESÚS; si bien es cierto que son sinópticos (parecidos en su manera de contar las cosas), en lo referente a la citada infancia es en lo que menos coincidencias muestran. De modo que conocemos momentos de la infancia de Jesús añadiendo los detalles de uno y otro evangelio.

Este tema de la “Visitación de María a su prima Isabel”  ha sido muy representado en la iconografía a través de los siglos. Traigo ante vuestra consideración una de las pinturas más conocidas sobre el tema: “LA VISITACIÓN” diseñado por Rafael (Urbino 1483 – Roma 1520) y en cuya pintura colaboró activamente parte de su taller. A través de esta presentación tierna y humana, Rafael, muestra la importancia que tendrán las dos figuras que están por nacer: el Bautista Precursor y el Salvador.

Estamos ante una composición simétrica de las dos figuras a las que el pintor presenta en el instante mismo del saludo, cuando aún no han terminado de dar el último paso; en el momento previo al abrazo, Isabel toma de la mano a María; son manos de ternura, de acogida. Por estas manos comenzamos a proyectar nuestra mirada hacia las dos mujeres y enseguida reconocemos una diferencia de edad de la que habla el evangelio en el anuncio previo del ángel Gabriel.

Colores brillantes, contrastes de luz, monumentales figuras atraen nuestra atención de espectadores. La riqueza de colores que domina el autor se extiende hacia el paisaje, al fondo del que vemos una escena que tendrá lugar años después: Juan Bautista está bautizando a Jesús en el río Jordán, en el cielo sobrevuela la imagen de Dios Padre proclamando que Jesús es su Hijo amado, a quien todos nosotros vamos a escuchar y del que recibiremos el Espíritu Santo.

El saludo de Isabel a su prima María, está recogido en la oración del “Ave María”. La respuesta de María será el precioso canto del “Magníficat” que este domingo no leemos en la eucaristía pero que la Iglesia reza cada tarde en la oración de Vísperas.

El rey Felipe IV compró este cuadro en 1655 para el Monasterio del Escorial, desde 1837 cuelga en el Museo del Prado para admiración y asombro de los visitantes.

Javier Agra.

 

16 DICIEMBRE III DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.  Pablo a los Filipenses 4, 4. 5

¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas! El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta. SOFONÍAS 3, 17 – 18

EVANGELIO LUCAS 3,10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: ¿Entonces, qué debemos hacer? Él contestaba: El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros? Él les contestó: No exijáis más de lo establecido.

Unos soldados igualmente le preguntaban: Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros? Él les contestó: No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga.

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

SANTOS JUANES – EL GRECO “DOMENIKOS THEOTOKOPOULOS”

Este tercer DOMINGO DE ADVIENTO celebramos el “domingo gaudete”, “alegraos”; con estas palabras se inicia la eucaristía: “Alegraos, el Señor está cerca” son palabras del apóstol Pablo a los filipenses con las que saluda el presbítero celebrante en la Antífona de entrada.

Juan Bautista, igual que el pasado domingo, continúa llamando nuestra atención con su predicación y su anuncio sobre la inminencia de la llegada del Señor Jesús. He querido recordar este evangelio con un cuadro del GRECO: “LOS SANTOS JUANES” pintado en torno a 1600, se encuentra en el “Museo de Santa Cruz” en Toledo. Es un Museo muy recomendable para realizar una visita en la agradable y risueña ciudad de Toledo, entrada gratuita, un palacete muy hermoso cerca de la Plaza de Zocodover…

Alguna otra vez ha unido el Greco a dos figuras religiosas en una misma escena pintada. En este cuadro también están en primer plano pero presenta la novedad de un paisaje de fondo que recuerda a Toledo. Los dos Juanes muestran los atributos con los que normalmente se plasma su iconografía. Juan Evangelista tiene un águila muy visible a su lado, en su mano izquierda sujeta el cáliz en el que vemos un pequeño monstruo o dragón, es “el cáliz de la salvación para los que creen en Jesús y de condenación para quienes lo rechazan”.

Juan EL BAUTISTA, viste la piel de camello con la que se le ha representado las más de las veces en la iconografía, se apoya en un cayado que anuncia la cruz y la victoria de Jesucristo y se presenta con un cordero; Juan Bautista anuncia a Jesús, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y que bautizará en el fuego del Espíritu Santo. La luminosidad y forma de las nubes parecen anunciar esa presencia divina ya en medio de nosotros.

Nos fijamos en las dos figuras estilizadas, con una anatomía desproporcionada entre la cabeza y el cuerpo, brazos y piernas alargados… el contorno de las figuras parece que se quiere difuminar en el conjunto del cuadro… es el estilo llamado “manierismo” del que ya hemos hablado alguna vez en estas páginas.

¡Alegraos, el Señor ya está cerca!

Javier Agra.

 

9 DICIEMBRE II DOMINGO DE ADVIENTO

EVANGELIO LUCAS 3,1-6

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

«Voz del que grita en el desierto:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;

los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajador;

lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano.

Y toda carne verá la salvación de Dios».

PREDICACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA,      PIER FRANCESCO MOLA

Este Segundo Domingo de Adviento, propongo como pintura “La predicación de San Juan Bautista” de Pier Francesco Mola, pintor italiano que nació en Coldrerio en 1612 y murió en Roma, 13 de mayo de 1666. Pintor barroco que llegó a Roma con cuatro años y, salvo algún esporádico y breve viaje, permaneció en la misma ciudad toda su vida.

Este cuadro se conserva en el Museo de Zamora, que lo expone como depósito cedido por el Museo del Prado al que pertenece. Otro cuadro con el mismo motivo, en el que los personajes ocupan diferente posición, se encuentra en el Museo Thyssen.    

Nuestro pintor es muy amante del paisaje y así nos lo muestra en esta pintura donde el desierto está prácticamente solo en el nombre; podemos admirar la maestría de planos que nos traen un fondo de montañas y luz intensa de un amanecer de promesa, como si fuera una presentación de la predicación de Juan el Bautista “preparaos que llega la luz”; un valle vegetal nos acerca al primer plano donde Juan, pisando sobre la dureza de la tierra, anima y anuncia tiempos de liberación salvadora.

Sostiene en su mano izquierda el cayado que recuerda la cruz de la victoria de la Resurrección de Jesús al que presenta en la filacteria como “Ecce Agnus Dei” (He aquí el Cordero de Dios) mientras expresivamente anuncia la venida del Mesías y anima a transformar la vida, allanar los senderos, generar paz…

Observamos también un conocimiento y dominio de la anatomía humana, por parte del pintor. Colores llenos de vida. Dominio del espacio con los fondos, la naturaleza, las nubes que van y vienen, diferentes actitudes en los rostros de las personas; atención en unos, aceptación en otros, asombro, in creencia… Entre las personas de la derecha del espectador adivinamos la presencia de algunos discípulos de Juan, después serán seguidores del Maestro del que Juan se sabe solamente el pregonero.

Pier Francesco Mola ha plasmado, a mi entender, la serena fortaleza, la confianza laboriosa, la humildad activa del profeta Juan Bautista que sabe la importancia de su tarea y nos enseña a cada persona a plantearnos la necesidad de nuestra acción, de nuestra espera, de nuestro trabajo, de nuestra oración…

Javier Agra.

2 DICIEMBRE I DOMINGO DE ADVIENTO

Lucas  21, 25-28.34-36

 “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.

1.- “Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento; esta otra, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo. Doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Es doble también su descenso: el primero, silencioso, como la lluvia sobre el vellón; el otro, manifiesto, todavía futuro. En la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado, y escoltado por un ejército de ángeles. No pensamos, pues, tan sólo en la venida pasada; esperamos también la futura” (San Cirilo de Jerusalén).

2.- “«¡Velad!» nos dice Jesús con insistencia. No sólo tenemos que creer sino también velar. No sólo tenemos que amar sino también velar. No sólo hay que obedecer sino también velar. ¿Velar, por qué? A causa del grande, del supremo acontecimiento: la venida de Cristo. Es evidente que aquí se encuentra una llamada especial, un deber que no se nos hubiera ocurrido nunca si Jesús mismo no nos lo hubiese encarecido tanto. Pero ¿qué es, pues, velar?… Vela esperando a Cristo aquel que guarda su espíritu sensible, abierto, despierto, lleno de celo por buscar y honrar a Cristo. Desea encontrarse con él en todos los acontecimientos de la vida. […] Velar es, pues, vivir desapegado de lo presente, vivir en lo invisible, vivir con el pensamiento en Cristo tal como vino la primera vez y tal como vendrá en su segunda venida, desear esta segunda venida recordando con amor y gratitud la primera” (Beato John Henry Newman).

3- “El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir —por decirlo así— un “diario interior” de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como “visita”, como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación? (Benedicto XVI).

JUICIO FINAL     MIGUEL ÁNGEL

FELIZ AÑO NUEVO. Con este Primer Domingo de Adviento comenzamos el Año Nuevo Litúrgico, en la preparación y la espera gozosa de la Venida del Señor, el Nacimiento de Jesús.

Este Primer Domingo de Adviento, la Iglesia nos presenta a Jesús anunciando la segunda venida, el tiempo definitivo tomado del evangelio de Lucas; también se narra el episodio en Mateo y Marcos, los otros dos sinópticos. Es un tema muy tratado a lo largo de la historia desde diferentes especialidades artísticas; también son diversos los pintores que plasman este momento del Juicio Final.

Traigo a la consideración de los lectores, el fresco de “EL JUICIO FINAL” que MIGUEL ÁNGEL pintó en la pared frontal de la Capilla Sixtina; el desarrollo del tema está inspirado en el “Apocalipsis” de San Juan, libro con el que se cierra la Biblia, que como sabemos es una biblioteca formada por setenta y cuatro libros.

Jesús, el Cristo ocupa el centro de la obra. Con un movimiento enérgico separa a la humanidad. En sus manos y en sus pies podemos ver la señal de los clavos, también resalta la herida abierta en el costado. Recoge Miguel Ángel el rostro poderoso del maestro. A su lado, se protege María con un brillante manto azul, símbolo celeste. Detrás de ellos sale un destello de luz que ilumina y centra la escena.

Multitud de santos rodean al maestro y a María, reducen su abigarrada presencia cediendo un pasillo hacia el espectador; de este modo vemos la escena directamente y participamos activamente. Rostros expectantes, inquietos, asombrados… De muchos de ellos sabemos sus nombres, porque Miguel Ángel los pintó con los símbolos comunes a su iconografía. Pedro sujeta las llaves del Reino de los Cielos; junto a él, Pablo de amplia barba; Andrés sostiene la cruz en aspa con la fue martirizado; en primer plano, el apóstol Bartolomé muestra una piel pues según la tradición le arrancaron la piel mientras moría; Miguel Ángel pintó su rostro en la piel de este mártir…

En una segunda corona en torno a Cristo, encontramos multitud de personas que se dirigen hacia el salvador, que buscan a sus familiares unos a otros, que intentan comprender lo que sucede entre el asombro y la esperanza, entre la felicidad y el llanto gozoso…

Debajo cerrando el círculo está un grupo de ángeles con las trompetas que anuncian el final, con el libro donde están inscritos los salvados. Más ángeles se contemplan en los lunetos de la parte superior, éstos llevan la cruz y otros instrumentos de tortura y muerte con los que fue crucificado Jesús, incluida la columna de la flagelación.

En la parte inferior, multitud de personas en movimiento de ascensión al cielo, de entrega a los dominios del infierno, personas que resucitan, demonios que intentan impedir que las almas sean salvadas, la barca donde navegan los muertos hacia su destino final… Un movimiento permanente que mueve al espectador de todos los tiempos a la contemplación de la belleza, a la oración de petición y de acción de gracias, a la cercanía sencilla y sincera a la Voluntad de Dios para colaborar en la construcción del Reino de Dios.

Javier Agra.

 

25 NOVIEMBRE DOMINGO XXXIIIV TIEMPO ORDINARIO

Juan 18, 33b-37

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

  1. ““Tú lo dices: soy Rey”: Así respondió Jesús a Pilato en un dramático diálogo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo. Esta fiesta, situada al final del año litúrgico, nos presenta a Jesús, Verbo eterno del Padre, como principio y fin de toda la creación, como Redentor del hombre y Señor de la historia. […] ¡Sí, Cristo, tú eres Rey! Tu realeza se manifiesta paradójicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, “que -como escribe el apóstol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados” (Col 1, 13-14). Primogénito de los que resucitan de entre los muertos, tú, Jesús, eres el Rey de la humanidad nueva, a la que has restituido su dignidad originaria.

¡Tú eres Rey! Pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36); no es fruto de conquistas bélicas, de dominaciones políticas, de imperios económicos, de hegemonías culturales. Tu reino es un “reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz” (cf. Prefacio de Jesucristo, Rey del universo), que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28). La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir:  “¡Venga tu reino!”.

  1. ¡Venga tu reino! Así rezan, en todas las partes del mundo, los fieles que se reúnen hoy en torno a sus pastores para el jubileo del apostolado de los laicos. […] Al contemplaros, pienso también en todos los miembros de comunidades, asociaciones y movimientos de acción apostólica; pienso en los padres y en las madres que, con generosidad y espíritu de sacrificio, cuidan la educación de sus hijos con la práctica de las virtudes humanas y cristianas; pienso en cuantos brindan a la evangelización la contribución de sus sufrimientos, aceptados y vividos en unión con Cristo.
  2. Pero ¿qué implica esta misión? ¿Qué significa ser cristianos hoy, aquí y ahora? Ser cristianos jamás ha sido fácil, y tampoco lo es hoy. Seguir a Cristo exige valentía para hacer opciones radicales, a menudo yendo contra corriente. “¡Nosotros somos Cristo!”, exclamaba san Agustín. Los mártires y los testigos de la fe de ayer y de hoy, entre los cuales se cuentan numerosos fieles laicos, demuestran que, si es necesario, ni siquiera hay que dudar en dar la vida por Jesucristo. A este propósito, el jubileo invita a todos a un serio examen de conciencia y a una continua renovación espiritual, para realizar una acción misionera cada vez más eficaz. Quisiera citar aquí las palabras que, hace ya veinticinco años, casi al término del Año santo de 1975, mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, escribió en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros (…), o si escucha a los maestros es porque son testigos” (n. 41).

Esas palabras tienen validez también hoy para una humanidad rica en potencialidades y expectativas, pero amenazada por múltiples insidias y peligros. Basta pensar, entre otras cosas, en las conquistas sociales y en la revolución en el campo genético; en el progreso económico y en el subdesarrollo existente en vastas áreas del planeta; en el drama del hambre en el mundo y en las dificultades existentes para tutelar la paz; en la extensa red de las comunicaciones y en los dramas de la soledad y de la violencia que registra la crónica diaria.

4. “La santidad es el adorno de tu casa” (Sal 92, 5). […] La santidad sigue siendo para los creyentes el mayor desafío. […] todos los cristianos están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Queridos hermanos, no tengáis miedo de aceptar este desafío: ser hombres y mujeres santos. No olvidéis que los frutos del apostolado dependen de la profundidad de la vida espiritual, de la intensidad de la oración, de una formación constante y de una adhesión sincera a las directrices de la Iglesia. Os repito hoy a vosotros lo que dije a los jóvenes durante la reciente Jornada mundial de la juventud: si sois lo que debéis ser, es decir, si vivís el cristianismo sin componendas, podréis incendiar el mundo. Os esperan tareas y metas que pueden pareceros desproporcionadas a las fuerzas humanas. No os desaniméis. “El que comenzó entre vosotros la obra buena, la llevará adelante” (Flp 1, 6). Mantened siempre fija la mirada en Jesús. Haced de él el corazón del mundo. Y tú, María, Madre del Redentor, su primera y perfecta discípula, ayúdanos a ser sus testigos en el nuevo milenio. Haz que tu Hijo, Rey del universo y de la historia, reine en nuestra vida, en nuestras comunidades y en el mundo entero. […]” San Juan Pablo II Homilía en la Solemnidad de Cristo, Rey del universo (2000).

PANTOCRÁTOR CATEDRAL DE CHARTRES

En la festividad de Jesucristo, Rey del Universo de este año 2018, último Domingo del Año Litúrgico, traigo a la consideración común este grandioso y esbelto PANTOCRÁTOR del tímpano central del Pórtico Real de la Catedral de Notre Dame en Chartres, que es la fachada principal.

El conjunto de la Catedral de Chartres ha tenido varias intervenciones a lo largo de la historia, como consecuencias de incendios y otras destrucciones por diferentes actuaciones humanas. En las dos fotografías que adjunto contemplamos el Pórtico Real, que es la fachada principal, su construcción se realizó entre los años 1140-1150. Es la parte románica de esta catedral, que en su mayor parte se construyó en el período gótico de los siguientes siglos.

Las jambas están decoradas con personajes del Antiguo Testamento entre profetas y reyes que representan a los que se cuentan en la genealogía de Jesús, no se identifica a todos ellos pues son figuras entre la historia y la simbología. Son esculturas de rostro sereno y con una notable expresividad, ausente en la estética de la mayor parte del románico.

Los frisos de la izquierda narran escenas de María y de sus padres Joaquín y Ana. Los frisos de la derecha presentan escenas de la vida de Jesús, con Juan el Bautista y la Presentación en el Templo.

El tímpano está decorado con un escena del Juicio Final; escena en la que resalta CRISTO PANTOCRÁTOR, enmarcado en la mandorla o almendra; los símbolos con los que se representa el Pantocrátor o Pantócrator, que de ambas maneras se puede colocar la tilde, son: la mano derecha levantada mientras bendice con tres dedos (símbolo de la Santísima Trinidad) y la mano izquierda ocupada por el Libro de la Vida. En nuestra parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz, podemos contemplar sobre el altar mayor, una imagen del Pantocrátor que recupera el simbolismo del románico. La imagen de Cristo Pantócrator es la presencia más genuina del arte románico religioso, después en el gótico será el Rosetón (pero esa es otra historia).

Cristo Pantocrátor está flanqueado por el TETRAMORFOS (cuatro formas) que simbolizan a los cuatro evangelistas: Mateo, el humano; Marcos, el León; Lucas, el Toro; Juan, el Águila.

Bajo CRISTO PANTÓCRATOR, en el friso del dintel están representados los doce apóstoles, en cuatro apartados de tres apóstoles cada grupo, símbolo de que han anunciado el evangelio de Dios que es Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en los cuatro puntos cardinales de la tierra. En las tres arquivoltas están esculpidos ángeles y los veinticuatro ancianos de los que habla el Apocalipsis.

La mayor parte de esta simbología está sacada de la lectura del CAPÍTULO 4 DEL APOCALIPSIS DE SAN JUAN; estos días de final del Año Litúrgico podemos leerlo con calma.

Javier Agra.

 

18 Noviembre Domingo XXXIII 

EVANGELIO MARCOS 13, 24-32

24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.”

 1.- “Resulta de ahí, que en su segundo advenimiento Jesús dominará esta tierra de la que queda mucho por conquistar. ¡Pero bienaventurados aquellos qué habrán sido adquiridos desde el primer advenimiento! Serán verdaderamente colmados de favores, a pesar de la resistencia de tantos enemigos y los ataques de tantos adversarios; recibirán… su parte de la Tierra prometida. Pero cuando la sumisión tenga que hacerse por la fuerza, el día en que hará falta que “sea destruido el último enemigo, es decir la muerte” (1Co 15,26), no existirán favores para los que se nieguen a someterse.” (Orígenes, presbítero).

2.- “«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mc 13, 31). En Jesús, su Hijo encarnado, Dios ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia, y la Iglesia vuelve a proponerla siempre con nueva confianza, sabiendo que es la única palabra capaz de dar sentido pleno a la vida del hombre.

Muchas veces la profecía de Jesús puede resultar molesta, pero es siempre saludable. Cristo es signo de contradicción (cf. Lc 2, 34), precisamente porque llega al fondo del alma, obliga a quien lo escucha a replantearse su vida y le pide la conversión del corazón.” (San Juan Pablo II, papa).

3.- “En el lenguaje apocalíptico, las nubes son un signo teofánico: indican que la segunda venida del Hijo del hombre no se llevará a cabo en la debilidad de la carne, sino en el poder divino. Estas palabras del discurso hacen pensar en el futuro último, que concluirá la historia. Con todo, Jesús, en la respuesta que da al sumo sacerdote durante el proceso, repite la profecía escatológica, enunciándola con palabras que aluden a un acontecimiento inminente: «Yo os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de Dios y venir sobre las nubes del cielo» (Mt 26, 64).

Confrontando estas palabras con las del discurso anterior, se aprecia el sentido dinámico de la escatología cristiana, como un proceso histórico ya iniciado y en camino hacia su plenitud.” (San Juan Pablo II, papa).

CRISTO BENDICIENDO – FERNANDO GALLEGO

El Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario nos va acercando al final del Año Litúrgico. Para ilustrar las lecturas que hoy nos propone la Iglesia, he elegido este cuadro que está en el Museo del Prado, pintado por FERNANDO GALLEGO. Es este un pintor español del que sabemos muy poco, suponemos que nació en Salamanca en 1468, ciudad en la que murió el año 1507. Es uno de los más afamados pintores españoles de su momento.

CRISTO BENDICIENDO es una obra  pintada sobre tabla en 1494.

Recuerda las imágenes góticas del Pantócrator. Cristo sentado en un trono está vestido con una túnica roja; en su mano izquierda sujeta la circunferencia del mundo, mientras bendice con la derecha. El trono está flanqueado por los cuatro evangelistas con sus símbolos: Mateo, el humano; Marcos, el león; Lucas, el toro; Juan, el águila. A estos cuatro símbolos se les llama TETRAMORFOS, palabra griega que traducimos en castellano como: CUATRO FORMAS, que son las cuatro versiones del EVANGELIO (Buena Noticia) de Jesucristo.

En los brazos del trono, identificamos a la Iglesia que comenzó con Jesús como una joven vigorosa que lleva en sus manos el estandarte de la Resurrección y el cáliz con la forma consagrada; de este modo indica que ya estamos en las puertas del Reino de Dios por Jesucristo que nos ha conquistado la Victoria. En el otro brazo está la imagen más caduca de la antigua alianza con la Ley de Moisés y el estandarte roto.

El trono se extiende en una arquitectura gótica de nervios y columnas que muy bien pueden formar el espacio de una catedral. La pintura y la arquitectura religiosa han sido muy importantes desde los primeros momentos del cristianismo como medio pedagógico. San Basilio (330 – 379) exhortaba en uno de sus sermones: “Levantaos ahora…celebrados pintores…Haced gloriosas con vuestro arte las imágenes mutiladas de su líder. Con colores esparcidos con vuestro ingenio, haced ilustre al mártir coronado…”  San Gregorio (540 – 604) escribía: “La escritura es para los que saben leer lo que la pintura es para los que sólo pueden ver”. Otros muchos testimonio escritos se pueden añadir, además de alguna consideración de diferentes concilios y papas, algunos de los cuales ya he recordado en anteriores ocasiones.

Añado, para concluir, que el texto de Marcos que hoy leemos es el final de lo que llamamos la Vida Pública de Jesús. Inmediatamente después de estas palabras que exhortan a la espera y vigilancia, pasamos a los textos de la Pasión y Resurrección; los otros dos sinópticos (Mateo y Lucas) también tienen estas palabras justo antes de entrar a narrar los acontecimientos de la Pasión y Resurrección de Jesús, si bien Mateo extiende esta llamada a la vigilancia a todo el capítulo veinticinco.

Javier Agra.

 

11 NOVIEMBRE DOMINGO XXXII TIEMPO ORDINARIO

Marcos 12, 38-44

Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

1.- “La limosna, en sí misma, se entiende esencialmente como actitud del hombre que advierte la necesidad de los otros, que quiere hacer partícipes a los otros del propio bien. ¿Quién diría que no habrá siempre otro que tenga necesidad de ayuda, ante todo espiritual, de apoyo, de consuelo, de fraternidad, de amor? El mundo está siempre muy pobre de amor. Definida así, la limosna es acto de altísimo valor positivo, de cuya bondad no está permitido dudar, y que debe encontrar en nosotros una disponibilidad fundamental de corazón y de espíritu, sin la cual no existe verdadera conversión a Dios. Aun cuando no dispongamos de riquezas y de capacidades concretas para subvenir a las necesidades del prójimo, no podemos sentirnos dispensados de abrir nuestro espíritu a sus necesidades y de aliviarlas en la medida de lo posible. Acordaos del óbolo de la viuda, que echó en el tesoro del templo sólo dos pequeñas monedas, pero juntamente todo su gran amor: «Esta echó de su indigencia todo lo que tenía para el sustento» (Lc 21, 4)” (San Juan Pablo II).

2.- “El tesoro del corazón es la intención del corazón, por la que el juez interior valora la utilidad de la obra buena. Por eso, suele suceder que algunos, haciendo bienes pequeños, obtienen mayor recompensa de gracia celestial en virtud de la intención de corazón, con la que hubieran deseado realizar bienes mayores si hubieran podido; en cambio, otros, que hacen alarde de mayores obras maravillosas de virtud, obtienen del Señor unos premios más pequeños por razón del menor empeño de un corazón tibio. Por ello la acción de la viuda que ofreció en el templo dos monedas es preferida por quien conoce el interior de los corazones a los grandes regalos de los ricos” (San Beda).

3.- “La Escritura, al invitarnos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos. Cada vez que por amor a Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado,  experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría.

Más aún: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. «La caridad –escribe– cubre multitud de pecados». Como repite a menudo la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece a los pecadores la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir ese don. En este momento pienso en los que sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a él. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos. Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días que precedente inmediatamente a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala San Pablo, se hizo pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros.

EL ÓBOLO DE LA VIUDA – JOÂO ZEFERINO DA COSTA

En este DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO, la Iglesia pone a nuestra meditación el episodio de mujer viuda que dio en el templo todo lo que tenía según lo narra el Evangelio de Marcos 12, 38 – 44. Marcos une este hecho a la denuncia a los letrados que también leemos en la primera parte del evangelio de hoy. También Lucas 20, 54 – 21, 4 hace la misma composición. Mateo no cuenta el episodio de la viuda, dedica el capítulo 23 a la denuncia de los letrados y fariseos.

El brasileño JOÂO ZEFERINO DA COSTA (Río de Janeiro 1840 – 1916) pintor de nombre y fama internacional realizó este cuadro en 1876. Se expone en el MUSEO INTERNACIONAL DE BELLAS ARTES DE RÍO DE JANEIRO, Brasil. (Museo de triste noticia, pues fue devorado por un terrible incendio el día 3 de septiembre de este año 2018, como recordaréis). Además de viajar por América y Europa, fue profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes; de entre sus alumnos hoy tienen nombre grandes pintores brasileños.

En la escena pintada, esta mujer está casi oculta en medio de la multitud de personas ilustres que ocupan los primeros planos. El autor ha querido indicar su viudedad por la ropa negra que la cubre y su juventud al acompañarla de un hijo, niño aún al que parece tiene dificultades económicas para vestir. Es acaso un paralelismo con la viuda de Sarepta que nos ha presentado la primera lectura del Libro de los Reyes 17, 10–16. Nos la muestra Jesús, que está acercándose al templo por esas gradas en escalera. El sereno rostro de Jesús, que es foco de luz, indica a los apóstoles que le acompañan que se fijen en la mujer; así la vemos todos los espectadores.

El cuadro está formado por un murmullo de diferentes personajes; aunque mezclados, distinguimos perfectamente con quien se relaciona cada uno; cuál es la posición social de los diversos grupos. El cuadro gana vistosidad y fortaleza por la colocación en diferentes alturas y planos superpuestos. Los tonos de color están marcados con la intención de comenzar por los más oscuros e ir aclarando luminosidad hacia la mujer, hacia ella se va abriendo como un foco teatral de luz; también los personajes diferentes van ganando volumen individual al dirigirnos hacia la viuda que está depositando las dos monedas en el cepillo del templo.

Esta acción de la mujer la resalta Jesús, porque hace lo que Dios quiere. Lo da todo. Así es también Dios. Si Dios no nos hubiera dado más que de su abundancia, estaría perfectamente representado por la limosna de los ricos. Sin embargo, alaba el óbolo de la viuda seguramente porque Dios se entregó antes a nosotros por completo. Esta mujer expresa la entrega de sí misma al Señor, ofrece a Dios lo que tenía para su sustento porque confía plenamente en Dios. 

La doctrina social de la Iglesia enseña que estos bienes superfluos no pueden ser llamados en plena justicia propios mientras haya gente que no tiene los necesarios para vivir. Entre los primeros cristianos, la justicia era dar a cada uno lo que necesitaba. Demasiadas veces con Dios solemos actuar con poca generosidad. Nuestra viuda se desprendió de todo, indicando que la fe es pura dependencia, confianza, seguridad en Dios que no se deja ganar en generosidad.

Dos breves escritos de San Ambrosio y San Francisco de Sales:

San Ambrosio (siglo IV), obispo y doctor de la Iglesia: Ahora bien, en el sentido místico es necesario no olvidar a esta mujer que ha tirado dos monedas en el cepillo. Ciertamente, ¡grande es esta mujer que, por el juicio de Dios, mereció ser preferida a todos! ¿No será que ella ha sacado su fe de los dos Testamentos que son en beneficio de los hombres? Nadie hizo más, ni ningún hombre ha podido igualar la grandeza de su don, puesto que ella unió la fe a la misericordia. También tú, quienquiera que seas…, no dudes de llevar al cepillo las monedas llenas de la fe y la gracia.

San Francisco de Sales (1567 – 1622), obispo. Tratado del Amor de Dios VII, 13: Teótimo, las abejas hacen la deliciosa miel, que es obra de gran precio, pero también hacen la cera y también ésta tiene su valor y es un buen trabajo. El corazón enamorado ha de tratar de hacer sus obras con todo fervor y mucho interés, a fin de aumentar así su caridad, pero si sus obras son pequeñas tampoco perderá la recompensa, pues también le agradan a Dios y por ellas también Dios amará cada vez un poco más al que las hace.

Javier Agra.

 

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

Marcos 12, 28b-34

 “Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.”

  1.- “Amarás, pues, al Señor tu Dios «con todo tu corazón». “Todo”: no puedes guardarte ninguna parte de ti mismo para ti. Quiere la ofrenda de toda tu persona. Te ha comprado todo entero para él mismo, para poseerte, él solo, a ti todo entero. Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón. […] Ama, pues, totalmente y no sólo parcialmente. Porque Dios no tiene partes; Él está entero en todas partes. No quiere compartir tu ser con otros, Él, que es todo entero en su Ser. Si te reservas una parte de ti mismo, eres tuyo, y no de Él. ¿Quieres poseerlo todo? Dale lo que eres, y te dará lo que Él es. No tendrás nada tuyo; pero lo tendrás a él mismo todo entero siendo tú mismo entero también” (San Antonio de Padua).

2.- “Apresurémonos pues a consagrarle todo el amor de nuestro corazón a este Dios que, para obtenerlo, sacrificó su sangre, su vida, a él mismo. “Si supieras el don de Dios, decía Jesús a la Samaritana, y quién es el que te dice: «Dame de beber»” (Jn 4,10). Es decir: si supieras la grandeza de la gracia que recibes de Dios… ¡Oh, si el alma comprendiera qué gracia tan extraordinaria le hace Dios cuando reclama su amor en estos términos: “Amarás al Señor tu Dios”. ¿Quién al escuchar a su príncipe decirle: “Ámame”, no quedaría cautivado por esta invitación? Y Dios ¿no conseguiría ganar nuestro corazón, aunque nos lo pida con tanta bondad: “Hijo mío, dame tu corazón?» (Pr 23,26) Pero este corazón, Dios no lo quiere a medias; lo quiere entero, sin reserva; este es su mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (San Alfonso María de Ligorio).

3.- “Igual que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, de la misma manera ordenó que el amor al hombre fuera a imagen y semejanza del amor que se debe a su Divinidad.
Teótimo, amar al prójimo por caridad es amar a Dios en el hombre, o amar al hombre en Dios es amar a la criatura por amor de Dios. […] Verdaderamente, Teótimo, cuando vemos a un prójimo, creado a imagen y semejanza de Dios, deberíamos decirnos los unos a los otros: ¡Cómo se parece esa criatura al Creador; deberíamos bendecirle mil y mil veces! ¿Y eso por amor a la persona? No, sino por el amor de Dios, que la ha formado a su imagen y semejanza, por el amor de Dios, de quien ella es, por quien ella es, en quien ella está y para quien ella es.
Por eso, el amor divino no solamente manda amar al prójimo sino que produce ese amor y Él mismo lo derrama en el corazón humano” (San Francisco de Sales).

LAS SIETE OBRAS DE MISERICORDIA PIETAR BRUEGHEL EL JOVEN

PIETER BRUEGHEL EL JOVEN (BRUSELAS 1564 – AMBERES 1638) fue un pintor flamenco del siglo XVII; hijo del también pintor Pieter Brueghel el Viejo. Este cuadro “LAS SIETE OBRAS DE MISERICORDIA” lo pintó en torno al 1616, se conserva en el MUSEO NACIONAL DE ARTE ANTIGUO, LISBOA.

Me parece un buen cuadro para ilustrar las lecturas y la Liturgia de este Domingo XXXI del Tiempo Ordinario que plantea los dos mandamientos que Jesús nos graba en el corazón. Las decisiones personales, nuestra voluntad, el apego a la búsqueda de la Voluntad de Dios serán las que harán brillar desde la libertad las obras que construyen el Reino de Dios porque valoramos a las personas más allá de otras normas que la estructura humana va tejiendo en nuestro entorno.

El amor al prójimo ha estado siempre enraizado en la fe y en la cultura cristiana de modo natural y formando parte de la misma esencia de la persona. Múltiples obras en la diversidad de los campos del arte lo han plasmado con más o menos acierto a lo largo de la historia.

Esta escena que hoy nos presenta Brueghel “El Joven” tiene como base una escena de cada día, pero transciende lo cotidiano para llenarse de contenido didáctico. Atender a las necesidades de cada persona es una idea que está tan metida en nuestra cultura que casi no es necesario recordarla y sin embargo no conviene perder nunca de nuestro horizonte hasta que todas las personas tengan lo necesario. Nosotros trabajamos por el bien común desde la FE EN JESUCRISTO, pero trabajamos codo con codo con toda la humanidad para que el Reino de Dios que es igualdad, libertad, PAZ se haga presente; así vamos actualizando el MANDAMIENTO del AMOR.

En este cuadro nos trasladamos a la plaza de un pueblo donde se desarrolla una febril actividad. La escena es muy viva y dinámica; da la sensación de que todas las personas del cuadro ejercen la caridad al mismo tiempo unos con otros. Si nos fijamos comenzando por el primer plano a nuestra derecha, se van sucediendo las siete obras de misericordia: vestir al desnudo, dar de comer al hambriento; en un segundo plano: visitar a los enfermos, dar de beber al sediento; dar posada al peregrino, un poco más alejado del espectador; redimir al cautivo, el autor lo ha situado en un nivel más alto para que no se oculte a nuestra mirada; al fondo dos personas están enterrado a un muerto.

Hermosa composición en movimiento, colores vivos entremezclados, luz de primavera, naturaleza de hojas nuevas, brillos… porque EL AMOR tiene la fuerza de la expansión, de la recreación de la persona y de la naturaleza entera hasta que EL AMOR transforme estas durezas de la vida en gozo de libertad, de igualdad, de paz… y nuestro gozo salte hasta la vida eterna.

Javier Agra.

 

 

28 de OCtubre 2018  DOMINGO  XXX TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MARCOS 10, 46-52

Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

1.- “Con razón la Escritura nos presenta a este ciego al borde del camino y pidiendo limosna, porque el que es la Verdad misma ha dicho: Yo soy el camino. Quien ignora el esplendor de la eterna luz, es ciego. Con todo, si ya cree en el Redentor, entonces ya está sentado a la vera del camino. Esto, sin embargo, no es suficiente. Si deja de orar para recibir la fe y abandona las imploraciones, es un ciego sentado a la vera del camino, pero sin pedir limosna. Solamente si cree y, convencido de la tiniebla que le oscurece el corazón, pide ser iluminado, entonces será como el ciego que estaba sentado en la vera del camino pidiendo limosna. Quienquiera que reconozca las tinieblas de su ceguera, quienquiera que comprenda lo que es esta luz de la eternidad que le falta, invoque desde lo más íntimo de su corazón, grite con todas las energías de su alma, diciendo: “Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí”.

[…] Pero escucha también lo que sigue a los gritos del ciego: «los que iban delante lo regañaban para que se callara» (Lc 18,39). ¿Quiénes son estos? Ellos están ahí para representar los deseos de nuestra condición humana en este mundo, los que nos arrastran a la confusión, los vicios del hombre y el temor, que, con el deseo de impedir nuestro encuentro con Jesús, perturban nuestras mentes mediante la siembra de la tentación y quieren acallar la voz de nuestro corazón en la oración.

[…] ¿Qué hizo entonces el ciego para recibir luz a pesar de los obstáculos? «Él gritó más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!» … ciertamente, cuanto más nos agobie el desorden de nuestros deseos… más debemos insistir con nuestra oración… cuanto más nublada esté la voz de nuestro corazón, hay que insistir con más fuerza, hasta dominar el desorden de los pensamientos que nos invaden y llegar a oídos fieles del Señor. Creo, que cada uno se reconocerá en esta imagen: en el momento en que nos esforzamos por desviarlos de nuestro corazón y dirigirlos a Dios… suelen ser tan inoportunos y nos hacen tanta fuerza que debemos combatirlos. Pero insistiendo vigorosamente en la oración, haremos que Jesús se pare al pasar. Como dice el Evangelio: “Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran”.

Observemos lo que el Señor dijo al ciego que se le acercó: «¿qué quieres que haga por ti?» El que tiene el poder de devolver la vista, ¿ignoraba lo que quería el ciego? Evidentemente, no. Pero Él desea que le pidamos las cosas, aunque Él lo sepa de antemano y nos lo vaya a conceder. Nos exhorta a pedir, incluso hasta ser molestos, el que afirma: “vuestro Padre

celestial sabe lo que os hace falta, antes de que lo pidáis» (Mt 6,8). Si pregunta, es para que se le pida; si pregunta, es para impulsar nuestro corazón a la oración…

Lo que pide el ciego al Señor, no es oro, sino luz. No le preocupa solicitar otra cosa más que luz… Imitemos a este hombre, hermanos muy queridos. No pidamos al Señor ni riquezas engañosas, ni obsequios de la tierra, ni honores pasajeros, sino luz: No la luz circunscrita por el espacio, limitada por el tiempo, interrumpida por la noche, con la que compartimos la vista con los animales, pidamos esta luz que sólo los ángeles ven como nosotros, que no tiene principio y ni fin. Sin embargo, el camino para llegar a esta luz es la fe. Por tanto, con razón el Señor responde inmediatamente al ciego que va a recobrar la luz: «¡Levántate! Tu fe te ha salvado»” (HOMILÍA DE SAN GREGORIO MAGNO, PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA).

CURACIÓN DEL CIEGO – EL GRECO

Marcos sitúa en su evangelio este episodio de la curación del ciego Bartimeo, como la última curación de Jesús antes de entrar en Jerusalén donde sucederán los diferentes acontecimientos que terminarán en su Muerte y Resurrección. Jesús es la LUZ que brilla para iluminar a este mundo.

Todos podemos recibir esa luz con estar cerca de él y acogerlo con el gozo de la gratuidad. Esta luz nos ilumina y nos posibilita a ver con claridad también la falsedad de algunas de nuestras seguridades, a ver las realidades que no queremos ver. Todo lo que somos, pensamos, actuamos, sale a la luz. Desde LA LUZ, exploramos la realidad que nos tocó en suerte sin caer en la desesperación o el sinsentido para transformarla en LUZ. Será magnífico que permitamos que la LUZ de Dios ilumine al mundo a través de nosotros.

Este episodio también lo narran los otros dos evangelios Sinópticos: Mateo 20, 29-34 (aparecen dos ciegos, sin poner nombre propio a ninguno); Lucas 18, 35-43 habla de un ciego y añade al final: “todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios”.

El cuadro “LA CURACIÓN DEL CIEGO”, pintado por “EL GRECO” en 1568, está expuesto en la GALERÍA DE PINTURAS DE LOS MAESTROS ANTIGUOS, DRESDE, ALEMANIA. Nuestro pintor expone con maestría las mezclas de luz, la riqueza de los espacios, la variedad cromática que descubrió en los pintores del Renacimiento durante su estancia en Italia, donde llegó desde Creta antes de asentarse en Toledo.

En esta pintura vemos diferentes grupos de personas de tal manera posicionadas que componen una perspectiva de profundidad y alturas diferentes; así tenemos la sensación de que estamos viendo una plaza en movimiento de personajes. El Greco refleja la escena del evangelio de Marcos; notamos aún los corrillos que se forman y el desconcierto entre los que mandan callar al ciego Bartimeo, los que le animan porque Jesús le ha llamado.

Nuestro mendigo ciego también tiene perro, que puede muy bien representar la fidelidad sin acepción de personas; el perro lleva acompañando al mendigo durante los años difíciles de su ceguera y ahora se sorprende también del revuelo que se produce en su entorno. Pero el centro de la escena nos lleva al ciego y a Jesús que llega (el Greco lo pinta dando el último paso), toma de la mano al joven, toca sus ojos y le devuelve la vista. El joven ciego permanece humillado en tierra, Jesús lo exalta, lo levanta y entrega la LUZ, la dignidad humana entera. El joven ve, descubre que todos somos iguales en LA LUZ del SEÑOR que entrega la vida del Padre Dios a todas las personas.

Los diferentes grupos de personas y aún cada individualidad pintada por el Greco, muestran una expresión, un movimiento, una postura. Esta variada riqueza de posturas, de colores, de alturas; esta mezcla de luz y nubes; esta multiplicidad de texturas en los vestidos, en los edificios… hacen del cuadro un momento sonoro y musical en su conjunto. Si centramos la vista en “el milagro de la luz” entonces se detiene el tiempo, de detiene la acción, se hace el silencio; el espectador forma parte del asombro.

La oración se ha prolongado en la LUZ entregada al joven Bartimeo y, en él, a cuantos deseen que LA LUZ llegue a esta tierra a través de su vida.

Javier Agra. 

 

Posted on