20 MAYO 2018 DOMINGO DE PENTECOSTÉS

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DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Jn 20, 19-23

 “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».”

 1.- “Pentecostés es la fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana. […] Es verdad que hemos multiplicado las posibilidades de comunicar, de tener informaciones, de transmitir noticias, pero ¿podemos decir que ha crecido la capacidad de entendernos o quizá, paradójicamente, cada vez nos entendemos menos? ¿No parece insinuarse entre los hombres un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco, hasta llegar a ser peligrosos los unos para los otros? […] ¿puede haber verdaderamente unidad, concordia? Y ¿cómo? Encontramos la respuesta en la Sagrada Escritura: sólo puede existir la unidad con el don del Espíritu de Dios, el cual nos dará un corazón nuevo y una lengua nueva, una capacidad nueva de comunicar. Esto es lo que sucedió en Pentecostés. Esa mañana, cincuenta días después de la Pascua, un viento impetuoso sopló sobre Jerusalén y la llama del Espíritu Santo bajó sobre los discípulos reunidos, se posó sobre cada uno y encendió en ellos el fuego divino, un fuego de amor, capaz de transformar. El miedo desapareció, el corazón sintió una fuerza nueva, las lenguas se soltaron y comenzaron a hablar con franqueza, de modo que todos pudieran entender el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado. En Pentecostés, donde había división e indiferencia, nacieron unidad y comprensión” (Benedicto XVI).

2.- “«Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas de fuego». Unas lenguas, las de la serpiente, las de Eva y Adán, habían hecho entrar la muerte en este mundo. Por eso, el Espíritu aparece en forma de lenguas, oponiendo lenguas a lenguas, curando a través del fuego el veneno mortal. «Y empezaron a hablar». Éste es el signo de la plenitud: el vaso lleno hasta rebosar, el fuego que no se puede contener. Estas diversas lenguas son las diferentes lecciones que nos ha dejado Cristo: la humildad, la pobreza, la paciencia, la obediencia. Hablamos estas lenguas diversas cuando damos ejemplo de estas virtudes al prójimo. La palabra es viva cuando hablan las obras. ¡Hagamos hablar a las obras!” (San Antonio de Padua).

3.- “Hoy, viniendo de su morada celestial, el Espíritu se da a los mortales con toda su riqueza, con toda su fecundidad. Así este rocío divino se extiende por toda la tierra en la diversidad de sus dones espirituales. Es justo que la plenitud de sus riquezas fluya sobre nosotros desde lo alto del cielo, puesto que, pocos días antes, por la generosidad de nuestra tierra, el cielo había recibido un fruto de una maravillosa dulzura. La humanidad de Cristo es toda la gracia de la tierra; el Espíritu de Cristo atesora toda la dulzura del cielo. Se ha producido, pues, un intercambio muy saludable: la humanidad de Cristo subió desde la tierra al cielo y hoy desde el cielo desciende sobre nosotros el Espíritu de Cristo” (Aelredo de Rielvaux).

4.- “La casa se llenó por completo. Esta casa simboliza a la santa Iglesia, que es la obra de Dios, pero también simboliza a cada hombre habitado por el Espíritu Santo. Una casa tiene muchas estancias, habitaciones, y en el hombre existen muchas facultades, sentidos y energías diferentes: el Espíritu Santo las visita todas. Desde que llega, presiona, impulsa al hombre, despierta en él ciertas inclinaciones, trabaja con él y le da claridad. Esta visita y estas acciones interiores no son percibidas de la misma manera por todos los hombres. Cuanto más se entregue a su propio recogimiento, más conciencia tendrá el hombre de esta manifestación interior y siempre creciente del Espíritu Santo” (Beato Juan Taulero).

5.- “En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza para anunciar la novedad del evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente. Cuando se dice que algo tiene «espíritu», esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria. Una evangelización con espíritu es muy diferente a un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos” (Francisco).

 

13 MAYO 2018 LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Mc 16, 15-20

 “Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.”

 1.- “Creemos en Jesús, a quien no hemos visto. Lo anunciaron quienes lo vieron, quienes lo palparon, quienes escucharon las palabras de su boca. Y para convencer de esto al género humano, fueron enviados por él, no osaron ir por propia iniciativa. Y ¿adónde fueron enviados? Lo habéis oído al escuchar el evangelio: Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. […] Así pues, de momento nuestra salvación radica en la esperanza, no en la realidad; pues todavía no poseemos lo que se nos ha prometido, pero esperamos poseerlo en el futuro. Y el que lo ha prometido es fiel, no te engaña: lo importante es que no pierdas la esperanza, sino que esperes la promesa. En efecto, la verdad no conoce el engaño. Tú no seas mentiroso, profesando una cosa y haciendo otra; conserva la fe y él te mantendrá su promesa. Ahora bien, si tú no mantuvieres la fe, tú mismo te defraudas, no el que hizo la promesa” (San Agustín).

2.- “La Ascensión es, por tanto, un gran mensaje de esperanza. El hombre de nuestro tiempo, que, a pesar de sus conquistas técnicas y científicas, de las que se enorgullece con razón, corre el riesgo de perder el sentido último de su existencia, encuentra en este misterio la indicación de su destino. La humanidad glorificada de Cristo es también nuestra humanidad: Jesús, en su persona, ha unido para siempre a Dios con la historia del hombre, y al hombre con el corazón del Padre celestial” (San Juan Pablo II).

3.- “En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El “cielo”, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros” (Benedicto XVI).

4.- “La Ascensión es la fiesta de Cristo glorificado, exaltado sobre todo, entronizado a la derecha del Padre. Por tanto, fiesta de adoración de esta majestad infinita de Cristo. Pero la Ascensión es también la fiesta de la Iglesia. Aparentemente su Esposo le ha sido arrebatado. Y sin embargo la segunda lectura nos dice que precisamente por su Ascensión Cristo ha sido dado a la Iglesia. Libre ya de los condicionamientos de tiempo y espacio, Cristo es Cabeza de la Iglesia, la llena con su presencia totalizante, la vivifica, la plenifica. La Iglesia vive de Cristo. Más aún, es plenitud de Cristo, es Cuerpo de Cristo, es Cristo mismo. La Iglesia no está añadida o sobrepuesta a Cristo. Es una sola cosa con Él, es Cristo mismo viviendo en ella. Ahí está la grandeza y la belleza de la Iglesia: «Yo estaré con vosotros todos los días»” (Julio Alonso Ampuero).

ASCENSIÓN DEL SEÑOR – REMBRANDT

REMBRANDT es, seguramente, el pintor más prestigioso de los flamencos. Nació en Leiden el 15 de julio de 1606, murió el 4 de octubre de 1669 en Ámsterdam.

Son muchas las obras salidas de sus pinceles que están expuestas en diferentes museos del mundo; la pintura de inspiración bíblica es la más abundante. El cuadro que hoy presento para ilustrar el VII Domingo de Pascua, día de la Ascensión, se conserva a disposición del público en la “PINACOTECA DE MUNICH”.

La fecha de la fiesta de la Ascensión, hasta el siglo cinco, no se diferenció de la Resurrección. Celebramos el paso de Cristo al Padre en la espera del envío del Espíritu Santo. La simbología religiosa está tomada del texto de Lucas en el inicio del Libro de “Los Hechos de los Apóstoles” “…lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco…” (Hchos. 1, 9 – 10).

Por lo demás, la narración evangélica sobre el citado acontecimiento pasa casi desapercibida. Solamente lo relatan Marcos, en el texto que leemos este domingo, “Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios” (Marcos 16, 19) y Lucas: “Después los sacó hacia Betania. Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo”

Esta elevación es una unión definitiva con el Padre, que nada tiene que ver con nuestras coordenadas de espacio y tiempo. De modo que, en Jesucristo, toda la naturaleza y todas las personas estamos ya íntimamente unidos a la divinidad. Ahora nos toca “salir por el mundo a pregonar el mensaje confirmándolo con las señales de nuestra vida” (Marcos 16, 20) De nuevo ocurre, cada gesto del Señor Jesús termina con el envió de sus discípulos a todas las personas para comunicar la novedad de la vida del Reino de Dios. Estamos en el tiempo de la lucha por la justicia, de la entrega por la igualdad, del esfuerzo comunitario por la PAZ.

REMBRANDT pintó esta escena como parte final de una serie de siete cuadros sobre la vida de Cristo: Adoración de los Pastores, Circuncisión, Cristo en la Cruz, Descendimiento, Sepultura, Resurrección y ASCENSIÓN. En este cuadro observamos un movimiento en espiral ascendente. El centro de la imagen está dirigido al Señor que extiende sus brazos en un gesto majestuoso;  con él, levanta a los apóstoles que observan la escena, irradia luz sobre la vegetación, sobre la naturaleza entera; la luz que es más poderosa en su entorno, como un recuerdo de la Mandorla del románico, ilumina el conjunto en una extensión celeste donde contemplamos al Espíritu Santo como continuación del Padre que espera al Hijo.

El conjunto de ángeles que revolotean en torno al Señor que asciende, tienen una función sobre todo decorativa; los ángeles acompañan al Resucitado que asciende llevando en su gloria la creación entera. El Señor nos enviará al Espíritu Santo para construir nuestro corazón, para fortalecer la comunidad, para transformar el mundo.

Javier Agra.    

 

6 MAYO 2018 DOMINGO VI DE PASCUA

EVANGELIO SAN JUAN 15, 9-17

 «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

1.- “¿Es el amor el que hace guardar los mandamientos o es la guarda de los mandamientos la que hace el amor? ¿Pero es que puede dudarse de que es el amor el que precede? El que no ama no tiene razón suficiente para observar los mandamientos. Por eso, lo que sigue: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, muestra no dónde se genera el amor, sino cómo se manifiesta. Es como si dijera: No penséis permanecer en mi amor, si no guardáis mis mandamientos; pues si no los guardáis, no permaneceréis. […] Por consiguiente, no guardemos primero sus mandamientos para que nos ame; pero si no nos ama, no podemos guardar sus mandamientos. Ésta es la gracia patente a los humildes, latente en los soberbios” (San Agustín).

2.- “La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente. La alegría es una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor y barro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón alegre sabe cómo se ha de proteger” (Santa Teresa de Calcuta).

3.- “Cristo mismo es el modelo vivo y constituye la medida de ese amor, del que habla en su mandamiento: «Como yo os he amado», dice. Más aún, se presenta la fuente de ese amor, como «la vid», que fructifica con ese amor en sus discípulos, que son sus «sarmientos»: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5). De allí la observación: «Permaneced en mi amor» (Jn 15, 9). La comunidad de los discípulos, enraizada en ese amor con que Cristo mismo los ha amado, es la Iglesia, Cuerpo de Cristo, única vid, de la que somos sarmientos. Es la Iglesia-comunión, la Iglesia-comunidad de amor, la Iglesia-misterio de amor. Los miembros de esta comunidad aman a Cristo y, en él, se aman recíprocamente. Pero se trata de un amor que, derivando de aquel con que Jesús mismo los ha amado, se remonta a la fuente del amor de Cristo hombre-Dios, a saber, la comunión trinitaria. De esa comunión recibe toda su naturaleza, su característica sobrenatural, y a ella tiende como a su propia realización definitiva” (San Juan Pablo II).

4.- “El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. […] ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados (1Pe 4,8), la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas” (San Clemente de Roma).

5.- “«Os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16). Aparece aquí el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he destinado para que vayáis… Debemos estar impulsados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios se nos ha dado para que llegue también a los demás. Hemos recibido la fe para transmitirla a los demás; […] Y debemos dar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. Pero ¿qué permanece? El dinero, no. Tampoco los edificios; los libros, tampoco. Después de cierto tiempo, más o menos largo, todas estas cosas desaparecen. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. Por tanto, el fruto que permanece es todo lo que hemos sembrado en las almas humanas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Así pues, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a dar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios” (Joseph Ratzinger).

RESURRECCIÓN DE CRISTO – RAFAEL                                   

Infinidad de textos se han escrito sobre el muy conocido pintor del Renacimiento italiano Rafael Sanzio (Urbino 1483 – Roma 1520), de modo que no añado otras excelencias. Muchos museos tienen diversas pinturas salidas de sus pinceles. Este cuadro, “LA RESURRECCIÓN DE CRISTO”, se conserva en el Museo de Arte de San Pablo, Brasil.                                                        

Es el último domingo de Pascua, Jesús nos ha dejado muchas y magníficas enseñanzas y nos ha dejado su vida entregada. Este domingo tiene un resumen magnífico. “EL AMOR”. Inmensidad de escritos, lienzos, canciones, películas… están poblando nuestro mundo con el tema central del amor. Jesús se ha entregado en su totalidad, el Padre Dios lo ha resucitado para mostrarnos la dimensión absoluta del amor; vendrá el Espíritu Santo y nos lo explicará de nuevo para que lo entendamos.

Para expresar EL AMOR, quiero mostrar un cuadro sobre la RESURRECCIÓN DE Jesús, que es el triunfo definitivo sobre las limitaciones, sobre las ausencias, sobre las dudas, sobre el temor. Este de Rafael está lleno de colorido y movimiento, de luminosidad y sosiego, de naturaleza y vitalidad, de complejidad y detalles. Los dos soldados y los dos ángeles están formando un escenario nuevo que amplía el espacio desde el sepulcro hasta la inmensidad de la tierra entera, lo humano y lo divino está reunido ante nuestros ojos asombrados e interrogantes; igual que se preguntan las mujeres del fondo, estamos todos caminando entre la admiración y la duda. Pero sentimos la presencia del Señor resucitado, su cruz es ahora el apoyo del estandarte con el color blanco de la victoriosa resurrección.

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Amaos unos a otros como yo os he amado”. En este amor vive la creación entera que admira a Cristo, que recibe la vida definitiva; hacia este amor caminamos mientras disfrutamos y cuidamos la naturaleza, en la construcción de la comunidad y en la cercanía de las personas, en oración y en compromiso social.

Javier Agra.

 

 

29 DE ABRIL 2018 V DOMINGO DE PASCUA 

Jn 15, 1-8

 «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos

1.- “«Permaneced en mí». Este mandamiento de algún modo resume toda la vida y actividad del cristiano. Por el Bautismo hemos sido injertados en Cristo (Rom 6,5). Como la vida del sarmiento depende de su unión a la vid, la vida del cristiano depende de su unión a Cristo. Nuestra relación con Cristo no es a distancia. Vivimos en Él. Y Él vive en nosotros. Por eso Él mismo insiste: «Permaneced en mí». Esta unión continua con Cristo es la clave del crecimiento del cristiano y del fruto que pueda dar. Toda la vida viene de la vid y nada más que de la vid” (Julio Alonso Ampuero).

2.- “Cualquiera que cree en Jesucristo y en su Evangelio y espera el cumplimiento de sus promesas, cualquiera que está unido a él por un sentimiento de amor y obedece sus mandamientos, debe de estar unido a todos los que comparten el mismo espíritu por una profunda comunión espiritual y por un verdadero afecto. […] La unión del alma con Cristo es muy distinta de la comunión entre dos personas terrenas; esta unión, iniciada en el bautismo y reforzada constantemente por los demás sacramentos, es una integración y una impulsión de savia –tal como nos lo dice el símbolo de la vid y el sarmiento. Este acto de unión con Cristo comporta un acercamiento, miembro a miembro, entre todos los cristianos. Es así que la Iglesia toma la figura del cuerpo místico de Cristo. Este cuerpo es un cuerpo viviente y el espíritu que lo anima es el Espíritu de Cristo que, partiendo de la cabeza fluye hacia todos los miembros; el espíritu que emana de Cristo es el Espíritu Santo y la Iglesia es, pues, el templo del Santo Espíritu” (Edith Stein).

3.- “La santidad se parece a la escultura. Leonardo da Vinci definió la escultura como «el arte de quitar». Las otras artes consisten en poner algo: color en el lienzo en la pintura, piedra sobre piedra en la arquitectura, nota tras nota en la música. Sólo la escultura consiste en quitar: quitar los pedazos de mármol que están de más para que surja la figura que se tiene en la mente. También la perfección cristiana se obtiene así, quitando, haciendo caer los pedazos inútiles, esto es, los deseos, ambiciones, proyectos y tendencias carnales que nos dispersan por todas partes y no nos dejan acabar nada. […] También Dios nos mira y nos ve así: como bloques de piedra aún informes, y dice para sí: «Ahí dentro está escondida una criatura nueva y bella que espera salir a la luz; más aún, está escondida la imagen de mi propio Hijo Jesucristo; ¡quiero sacarla fuera!». ¿Entonces qué hace? Toma el cincel, que es la cruz, y comienza a trabajarnos; toma las tijeras de podar y empieza a hacerlo. ¡No debemos pensar en quién sabe qué cruces terribles! Normalmente Él no añade nada a lo que la vida, por sí sola, presenta de sufrimiento, fatiga, tribulaciones; sólo hace que todas estas cosas sirvan para nuestra purificación. Nos ayuda a no desperdiciarlas” (Raniero Cantalamessa).

4.- “Los apóstoles vieron al Señor en su gloria cuando fue transfigurado en el monte Tabor. Pero, más tarde, en el momento de la pasión, llenos de miedo, se dieron a la fuga. Esta es la fragilidad humana. En verdad, somos hechos de tierra; más aún: de esta tierra pecadora. Por esto, el Señor dice: “Sin mí, no podéis hacer nada. ” Y es así. Cuando la gracia está en nosotros somos humildes de verdad. Entonces, nuestra inteligencia es más viva y somos obedientes, amables, agradables a Dios y a los hombres. Pero cuando perdemos la gracia, nos secamos como un sarmiento que ha sido cortado de la vid” (San Siloán).

YO SOY LA VID – ICONO ORTODOXO

Para ilustrar este V DOMINGO DE PASCUA presento este ICONO de la Iglesia Ortodoxa, pintado en el siglo XVI que se conserva en el Museo Bizantino de Atenas.

El Icono ortodoxo contiene en sí mismo una teología profunda, aúna la historia de la Iglesia, la fe, la tradición. Es, de algún modo, algo parecido a un “sacramental” que alimenta la fe entusiasta, consolida la unión del creyente con el Señor Resucitado, impulsa hacia la misión…

En esta alegoría de la vid y los sarmientos, el evangelio de Juan presenta a Jesús pronunciando por última vez el solemne y revelador “YO SOY” en el momento en que se está despidiendo de sus discípulos para sellar con toda la humanidad y la creación entera la Alianza definitiva en su sangre. Esta figura de “la vid” era conocida en la historia de Israel, ahora es el momento definitivo y nosotros somos los sarmientos.

Conocemos el cuidado y la atención constante que necesita la viña para dar fruto. La cuidadosa poda de los sarmientos para que reciban la constante fortaleza de la vid y den frutos abundantes de justicia y de honradez, de libertad y de paz, de santidad personal y comunitaria, de misión transformadora de la historia.

El ICONO está presidido por Cristo como Pantocrátor. Las letras IC – XC son la inicial y final del doble nombre de JESÚS CRISTO en griego, otro modo de presentar el primitivo Crismón que alude a Jesucristo vencedor del mal y de la muerte a través de su sacrificio en la cruz.

Completan el Icono diferentes ramas con los apóstoles. Los sarmientos que tienen vida a través de la savia de la cepa que es Jesús, el Cristo Resucitado; a través de los apóstoles y de las sucesivas generaciones de sarmientos, nosotros también recibimos la vida activa de la Resurrección, somos la viña definitiva que hemos recibido y tenemos que entregar a las generaciones futuras. Estamos unidos a la vid verdadera que es Jesús y estamos íntimamente conexionados con los demás sarmientos haciendo comunidad, Iglesia, mundo…

Javier Agra.

 

22 DE ABRIL 2018 IV DOMINGO DE PASCUA

Jn 10, 11-18

 «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

 1.- “«El buen pastor da la vida por las ovejas». En el sermón sobre el pastor es central la entrega de la vida por las «ovejas». La cruz es el punto central del sermón sobre el pastor, y no como un acto de violencia que encuentra desprevenido a Jesús y se le inflige desde fuera, sino como una entrega libre por parte de Él mismo: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (10, 17s). Aquí se explica lo que ocurre en la institución de la Eucaristía: Jesús transforma el acto de violencia externa de la crucifixión en un acto de entrega voluntaria de sí mismo por los demás. Jesús no entrega algo, sino que se entrega a sí mismo. Así, Él da la vida” (Benedicto XVI).

2.- “Piensa, ovejita; piensa, pecador, que si te quieres poner, si quieres volver al rebaño del Señor, que de tu pecado sacará el Señor misericordia. Para todos habrá remedio bueno. Espera en su misericordia y en su pasión. Piensa, si te hallas fuera de la manada, qué es lo que pasó por ti, para traerte a pacer en su dehesa. Piensa cuánto desea darte su yerba, y no tendrás temor de venir a Él coja o como quiere que estuvieres, a que te cure. Y si te hallas que has caído, yendo cansada, de esa caída hallarás la gran misericordia del pastor; aunque hayas pecado hallas y hallarás misericordia. Y esto si no te vas tú. Y si te vas, […] por mil maneras, por muy maravillosas maneras hace Dios que el hombre le quiera. Se le va la oveja, y Él con predicadores, con misericordias, con halagos, con amenazas, con enfermedades, miris modis, de muchas e infinitas maneras os llama” (San Juan de Ávila).

3.- “Pastor es también por la condición de sus amorosas entrañas. Todo lo hizo por amor, desde nacer hasta morir, y, asentado hoy a la derecha del Padre, por amor negocia, entiende y lo gobierna todo para nuestro bien. Antes que le amemos nos ama, y si le despreciamos nos busca. “No puede tanto la ceguedad de mi vista ni obstinada dureza, que no pueda más la blandura ardiente de su misericordia dulcísima”. Madruga y no reposa. […] Dios es caridad, y la humanidad en que se mostró es toda amor. Y como el sol, que de suyo es fuente de luz, todo cuanto hace perpetuamente es lucir, enviando sin cesar rayos de claridad de sí mismo, así Cristo, como fuente viva de amor que nunca se agota, mana de continuo amor, y en su rostro y su figura está bullendo siempre este fuego” (Fray Luis de León).

4.- “Todo hombre desea la vida en abundancia. Pero, ¿qué es, en qué consiste la vida? ¿Dónde la encontramos? ¿Cuándo y cómo tenemos «vida en abundancia»? […] El hombre vive de la verdad y de ser amado, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente, el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. Quien le da todo esto, le da «vida en abundancia» (Benedicto XVI).

5.- “Cada cristiano, en virtud del bautismo, está llamado a ser él mismo un “buen pastor” en el ambiente en que vive. Vosotros, padres, debéis ejercitar las funciones del buen pastor hacia vuestros hijos; y también vosotros, hijos, debéis servir de edificación con vuestro amor, vuestra obediencia y sobre todo con vuestra fe animosa y coherente. Incluso las recíprocas relaciones entre los cónyuges deben llevar la impronta del Buen Pastor, para que la vida familiar esté siempre a la altura de sentimientos e ideales queridos por el Creador, por lo cual la familia ha sido definida “Iglesia doméstica”. Así también en la escuela, en el trabajo, en los lugares de juego y de tiempo libre, en los hospitales y donde se sufre, trate siempre cada uno de ser “buen pastor” como Jesús” (San Juan Pablo II).

EL BUEN PASTOR

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

La iconografía de Jesús como “Buen Pastor” comenzó ya en las catacumbas de los primeros tiempos del cristianismo: lo que conocemos como iconografía paleocristiana. En las primeras basílicas Bizantinas también podemos admirar hermosos y monumentales mosaicos con la misma iconografía. Pero enseguida fue superado en número e intensidad pictórica por otros temas de mucha más presencia actualmente en la pintura y en el arte.

El Barroco recuperó el tema de El Buen Pastor porque fue un momento de amplitud y explosión temática. De este momento es nuestro pintor MURILLO (Sevilla 1618 – 1682) incansable viajero, estudioso de diferentes tendencias, conocedor de diferentes escuelas, prolífico autor. Los niños pintados por Murillo son un reflejo realista de la sociedad de su época, como la mayoría de las pinturas del período barroco. Pero además, en sus cuadros tienen una presencia destacada; con frecuencia son el centro de atención de la obra.

EL BUEN PASTOR presenta a Jesús niño cuidando y alimentando a sus ovejas. El Niño llena la escena pintada con una monumentalidad suficiente como para no necesitar otros añadidos. La mirada que dirige al espectador son de serena dulzura y sosiego, cautivan desde el primer instante; sus profundos ojos son luminosa seguridad e interrogación constante. La oveja sobre la que apoya su mano parece ofrecer seguridad a quien mira la escena. “TÚ eres el Buen Pastor que me ha rescatado y me cuida en todo momento”, parece decirnos presentando a Jesús Pastor universal.

Las ruinas del entorno perecen tener una doble presencia simbólica: indican esa paz bucólica y pastoril de la tradición literaria antigua, al tiempo que recuerdan que con Jesús comienza un tiempo nuevo capaz de superar las viejas paredes caducas del mal, del miedo, del dolor, de la muerte. Las ovejas pastan confiadas en un ambiente de colores suaves, en donde la vegetación también está en calma.

El espectador puede pasear sin temor por este cuadro sereno, lleno de profunda quietud; el espectador puede  caminar hacia el horizonte lleno de luz donde el cielo y la tierra se aúnan en la serena armonía del BUEN PASTOR que nos cuida y nos envía a cultivar en REINO DE DIOS.

Javier Agra.

 

15 de Abril 2018  III Domingo de Pascua

Lc 24, 35-48

 “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón?  Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.”

 1.- “Jesús resucitado anuncia pues, y funda la paz en el alma descarriada de sus discípulos… Es la paz del Señor, entendida en su significación primera, personal, interior, aquella que Pablo enumera entre los frutos del Espíritu, después de la caridad y el gozo, fundiéndose con ellos (Gal 5,22) ¿Qué hay de mejor para un hombre consciente y honrado? La paz de la conciencia ¿no es el mejor consuelo que podamos encontrar?… La paz del corazón es la felicidad auténtica. Ayuda a ser fuerte en la adversidad, mantiene la nobleza y la libertad de la persona, incluso en las situaciones más graves, es la tabla de salvación, la esperanza…en los momentos en que la desesperación parece vencernos…. Es el primer don del resucitado, el sacramento de un perdón que resucita (Jn 20,23)” (Pablo VI).

2.- “«Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona». Creo yo que hay cuatro razones por las que el Señor enseña a los apóstoles su costado, sus manos y sus pies. Primeramente para dar pruebas de que, verdaderamente, había resucitado y así quitar de nosotros toda duda. En segundo lugar para que «la paloma», es decir, la Iglesia o el alma fiel, ponga su nido en sus llagas, como «en las grietas de la roca» (Ct 2,14), y encuentre en ellas protección contra el gavilán que la acecha. En tercer lugar para dejar impresas en nuestros corazones, como unas insignias, las marcas de la Pasión. En cuarto lugar para prevenirnos y pedirnos que tengamos compasión de él y no le traspasemos de nuevo con los clavos de nuestros pecados” (San Antonio de Padua).

3.- “Cristo es verdaderamente el Verbo, el Hijo único igual al Padre, unido a un alma verdaderamente humana y con un cuerpo verdadero limpio de todo pecado. Este es el cuerpo que murió, este cuerpo el que resucitó, este cuerpo el que fue clavado a la cruz, este cuerpo el que fue depositado en la tumba, este cuerpo el que está sentado en los cielos. Nuestro Señor quería persuadir a sus discípulos de que lo que veían, verdaderamente eran huesos y carne. ¿Por qué quiso convencerme de esta verdad? Porque sabía, hasta qué punto es para mí un bien creerlo y cuánto tenía que perder si no creía en esto. Creed pues, también vosotros: ¡Este es el Esposo!” (San Agustín).

4.- “«Vosotros sois testigos de todo esto». «Todo esto», por lo tanto, es el misterio de Cristo, del Hijo de Dios hecho hombre, que murió por nosotros y resucitó, que vive para siempre y, de ese modo, es garantía de nuestra vida eterna. Pero conociendo a Cristo —este es el punto esencial— conocemos el rostro de Dios. Cristo es sobre todo la revelación de Dios. En todos los tiempos, los hombres perciben la existencia de Dios, un Dios único, pero que está lejos y no se manifiesta. En Cristo este Dios se muestra, el Dios lejano se convierte en cercano. […] ¿Cómo podemos nosotros ser testigos de “todo esto”? Sólo podemos ser testigos conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo, conociendo también a Dios. Pero conocer a Cristo implica ciertamente una dimensión intelectual —aprender cuanto conocemos de Cristo— pero siempre es mucho más que un proceso intelectual: es un proceso existencial, es un proceso de la apertura de mi yo, de mi transformación por la presencia y la fuerza de Cristo, y así también es un proceso de apertura a todos los demás que deben ser cuerpo de Cristo” (Benedicto XVI).

RAFAEL SANZIO – LA PESCA MILAGROSA

¡JESÚS HA RESUCITADO! “La PAZ con vosotros” “Sois testigos de todo esto” Jesús continúa paseando, visitando, comiendo con nosotros, multiplicando los panes y los peces.

Rafael Sanzio (1483 – 1520) realizó esta pintura de la “PESCA MILAGROSA” como modelo para ser trasladado a un tapiz, junto con otros nueve cartones de los que tres se han perdido. Los siete que se conservan se pueden visitar en el “Museo Victoria y Alberto” de Londres. Son: el citado de “La pesca milagrosa”, “Apacienta mis ovejas”, “Curación del paralítico”, “Muerte de Ananías”, “Conversión del Procónsul”, “Sacrificio de Listra” y “Predicación de San Pablo a los atenienses”. Los tres que se han perdido, reproducían la Lapidación de San Esteban, la Conversión de Saulo y San Pablo en prisión. Los tapices tejidos según estos modelos están en los Museos Vaticanos.

Rafael muestra un espacio absolutamente relajado, el reflejo en el lago transmite una atmósfera de serenísima quietud difícilmente imaginable en una extensa superficie de agua. Jesús es el sosiego que calma con un suave gesto de su mano el corazón inquieto y la mente dolida de los apóstoles, de los alejados personajes del fondo, de la naturaleza entera que puebla la escena.

Los apóstoles pescadores están  a punto de dar el paso de la duda temerosa a la confiada confesión de fe en el Maestro. Es el instante en que Jesús les transforma el corazón, a partir de ahora serán “pescadores de hombres”. Los escorzos de los apóstoles, sus rostros entre la incredulidad y el asombro, entre la queja y la oración muestran al espectador que la convulsión sucede en el corazón, en el alma, en las entrañas mientras el resto de la naturaleza vive la armoniosa presencia liberadora y pacificadora de Jesús, el Cristo.

El paisaje se ensancha hasta un horizonte de luz de amanecer que recuerda la mañana de la Resurrección, se colorea de vida resucitada que vuela en las aves del fondo como espíritus salvados, entre golondrinas que aportan a la escena buenos presagios; en primer término las grullas expectantes representan la vigilancia, la oración, el esfuerzo, la acción.

La tierra se ha impregnado de humedad para que brote la vegetación, para que germine la vida; el aire invisible puebla toda la escena como una caricia, el sol que inicia sus brillos de amanecer aporta entusiasmado sosiego, el agua que brota en hilos tenues suaviza los duros terrones y libera a la naturaleza de la sequedad; parecen unir la realidad y la evocación en un poema de novedad resucitada que compacta en torno al MAESTRO a la naturaleza, a los seres vivos, a las personas todas en la definitiva mañana de la RESURRECCIÓN. Estamos en marcha hacia la construcción del Reino de Dios. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Javier Agra.

 

8 ABRIL 2018 DOMINGO II DE PASCUA

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Salmo 117

EVANGELIO JUAN 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedarán retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: –Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó: –Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: –Paz a vosotros Luego dijo a Tomás: –Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás: –¡Señor mío y Dios mío ! Jesús le dijo: –¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

DUDA DE SANTO TOMÁS   CARAVAGGIO

El tema de la Duda de Santo Tomás, también conocido como la Incredulidad de Santo Tomás, es muy frecuente en la iconografía cristiana desde los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos protestantes no pintan nunca el contacto de Santo Tomás en el costado de Jesús porque la fe no está unida a las obras; los católicos desde siempre, y más desde el Concilio de Trento, muestran insistentemente el contacto; Cristo Resucitado invita a Tomás a meter su mano en sus llagas y en su costado. Vemos en muchas pinturas a Jesús que toma la mano de Tomás para llevarla a su costado.

Entre las obras más conocidas de este tema están: una de las primeras representaciones de la que tenemos noticia es un mosaico en la Basílica de San Apolinar de Rávena del siglo VI; la escultura de Andrea del Verrocchio en Florencia y el relieve del claustro de Santo Domingo de Silos (fotografía que acompañó mi comentario del año pasado). Entre la pintura quiero destacar y presentar este año “LA DUDA DE SANTO TOMÁS” cuadro pintado por Michelangelo CARAVAGGIO en torno al año mil seiscientos dos, cuadro que se encuentra en el Palacio Sanssouci en Potsdam, Alemania. Este pintor italiano vivió entre los años 1571 y 1610, es uno de los nombres más relevantes del Barroco.  

La Tradición dice que Santo Tomás evangelizó Asia y murió mártir el 3 de julio del año 72. En los evangelios tenemos pocos datos de este apóstol;  las listas de los Doce que transmiten Mateo 10,3; Marcos 3, 18 y Lucas 6, 15; también aparece en tres momentos en el evangelio de Juan: capítulo 11, la resurrección de Lázaro; capítulo 14, 5 en la Última Cena; capítulo 20, 24 – 29, LA DUDA DE TOMÁS de donde se toma el texto para multitud de pinturas y otras expresiones artísticas.

CARAVAGGIO pinta este momento en un primerísimo plano. Pone a Jesús Resucitado en el centro de la escena y acompaña con su mano a Tomás al que vemos en el momento de meter su dedo dentro de la llaga del costado del Maestro; otros dos discípulos observan la escena atentamente como si también ellos necesitaran cerciorarse de que todos hemos alcanzado la resurrección en el Señor Resucitado.

Cristo se presenta a Tomás y a todos los espectadores como quien ha estado muerto realmente, vedlo en la tonalidad de su piel, pero ha Resucitado y lleva consigo la brillantísima luz que lo envuelve y que el pintor resalta con la vestimenta blanca y brillante que lo arropa, acaso el mismo sudario con el que fue enterrado. La luz de Jesús ilumina la escena de tal modo que quiere que nos fijemos en el dedo de Tomás en la herida de su costado. Este tratamiento de la luz que parece fundir los personajes de la escena con el impreciso oscuro del cuadro sin fondo es la técnica del “sfumato” que con Caravaggio dio origen al tenebrismo.

Comienza LA PASCUA. Es la RESURRECCIÓN. Esta imagen nos muestra un DIOS COMPASIVO que entiende y acepta nuestra debilidad pero, al mismo tiempo, nos presenta su cuerpo con las señales de la muerte que ha sido definitivamente derrotada; sus llagas son un foco de luz o un sello para certificar el inmenso amor hacia nosotros y la certeza de la RESURRECCIÓN. Jesucristo mismo toma nuestra mano y nos da la certeza de la eternidad resucitada.

Los personajes muestran en sus rostros los sinsabores de la vida, su ropa está raída. Preciosa lectura teológica que nos habla de Jesús que se hace carne para superar todos nuestros males y eternizar nuestra vida. Dios se centra en los humildes y con su resurrección llena de dignidad a todas las personas de modo que ya somos iguales porque somos hijos de Dios, hermanos en Jesucristo. La Pascua es un paso necesario para construir el Reino de Dios, el Reino donde todas las personas vivamos en libertad, igualdad, justicia, Paz… Ha llegado la RESURRECCIÓN para todas las personas y la naturaleza entera. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Javier Agra.

 

 

PASCUA DE RESURRECCIÓN  2018

Aleluya, aleluya, aleluya.  

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré, para contar las hazañas del Señor.

SALMO 117

EVANGELIO MARCOS 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: —«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: —«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

PASCUA DE RESURRECCIÓN    PAOLO VERONÉS

Nuestro pintor de hoy es Paolo Caliari, al que conocemos como “EL VERONÉS” por su lugar de nacimiento, Verona 1528, murió en Venecia en 1588; es una de las grandes figuras del Manierismo italiano. El Museo del Prado tiene múltiples obras de este autor que dedicó su arte fundamentalmente a la pintura bíblica. El cuadro que acompaña a este comentario “LA RESURRECCIÓN” está en “La Galería de Pinturas de Maestros Antiguos” en Dresde, Alemania.

Jesús, el Cristo Resucitado, flota en el espacio cuando sale de la tumba resplandeciente de vida glorificada; mira hacia el cielo donde está el Padre y donde nos preparará una morada; el estigma de la Pasión permanece en su cuerpo glorioso para recuerdo permanente del espectador, el dolor y la muerte terminarán en triunfo resucitado. La túnica de color rojo está surcando el aire, ha vencido a la sangre, es vida en medio de la naturaleza, en la profundidad celeste que Veronés consigue con esas pinceladas llenas de brío con las que mezcla nubes blancas de vida y azul luminoso.

Quienes vemos el cuadro, somos espectadores privilegiados de la Resurrección; lo mismo que los soldados que gesticulan entre el asombro, el estupor, el temor. En estas figuras observamos el gusto del Veronés por la vestimenta colorida, adornada, llamativa. A la izquierda, unas ruinas recuerdan la antigüedad que da paso al tiempo de Cristo, de la búsqueda constante por la dignidad de todas las personas, por la resurrección y la mejora de condiciones de cada día, por la PAZ; ruinas que simbolizan la derrota del pecado, del mal, del dolor, de la muerte porque ya participamos del triunfo resucitado en el Señor Jesús.

En segundo plano a la derecha, observamos una escena posterior (que hoy narra el evangelio); las mujeres que han ido al sepulcro para embalsamar el cuerpo del Maestro se encuentran con el ángel y su mensaje: “No está aquí. Ha resucitado” Id a anunciarlo por el mundo, ¡Cristo vive! Ha comenzado la Pascua, el tiempo definitivo.

Javier Agra.

 

TRIDUO PASCUAL  – VIERNES SANTO 

Final del EVANGELIO Juan 18, 1 – 42

  1. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz;en él estaba escrito: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.
    Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: S. —No escribas «El rey de los judíos» sino «Este ha dicho: Soy rey de los judíos». C. Pilato les contestó: S. —Lo escrito, escrito está.
  2. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
    S. —No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca.
    C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica.» Esto hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: —Mujer, ahí tienes a tu hijo.
C. Luego dijo al discípulo: —Ahí tienes a tu madre.  C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: —Tengo sed. C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo: —Está cumplido. C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con
la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»;y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» 

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ  – RUBENS

Pedro Pablo RUBENS es un pintor Flamenco de la época del Barroco. El cuadro “Descendimiento de la Cruz” pintado en 1614 se encuentra en la Catedral de Amberes, Bélgica. RUBENS es un pintor de cuyas figuras humanas destaca la anatomía poderosa; la utilización de la luz le sirve para crear sensación de profundidad y movimiento.

El cuadro, que forma parte de un tríptico cuyas tablas laterales son la Visitación de María a su prima Isabel y la presentación de Jesús en el templo, está configurado en torno a la figura de Jesús colocado de modo que constituye una diagonal  lo que da sensación de grandiosa majestuosidad a la figura que quiere destacar. 

Es un cuadro lleno de fortaleza y serenidad. María, la madre recibe y colabora para descender de la Cruz a su hijo muerto. Estamos viendo un momento trágico transido por la calma, la esperanza. María conserva la fe este día de Viernes Santo en que todos los seguidores de Jesús han quedado sin aliento.

Las figuras de la pintura ocupan todo el espacio visual. Sus mismas formas, colores y movimientos saltan a un primer plano que parece salir hacia el espectador. Además de Jesús, del que sale una iluminación blanquísima hacia el resto de los personajes y de María la madre que sufre en el sosegado silencio y espera, está otros personajes. María Magdalena sujeta un pie de Jesús; María la de Cleofás mantiene en su rostro y en sus brazos la tensión de la ayuda; Juan con un llamativo color rojo intenso en su capa, en recuerdo del martirio y de la sangre derramada, sostiene junto con Nicodemo en cuerpo de Cristo; José de Arimatea, sujeta la sábana sobre la que se desliza el cuerpo yerto del Maestro; Dos personas más están situadas en lo alto de la cruz colaborando a desclavar y bajar a Jesús.

Es una escena de conjunto. Todos en torno a la figura de Señor que muestra un rostro sereno, un cuerpo que está llamado a la gloria y la resurrección. La luz que entre por la derecha construye un efecto de claro oscuro para resaltar el contorno de las diferentes personas.

Pero la composición se nos viene encima a los espectadores. Somos parte del momento, nos sentimos llamados a sujetar a Cristo muerto, participar de su serenidad, mantener la fe que alienta María, esperar en el sosiego de la oración la madrugada de la Resurrección, a pregonar con nuestra vida activa la grandeza de la liberación del Reino de Dios.

Javier Agra.

18 DE MARZO V DOMINGO DE CUARESMA

Jn 12, 20-33

 “Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre.»

 Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será derribado. Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.”

 1.- “Continuando con la profecía sobre su Pascua ya inminente, Jesús usa una imagen sencilla y sugestiva, la del «grano de trigo» que, al caer en la tierra, muere para dar fruto (cf. v. 24). En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en «granos de trigo» y dar mucho fruto si, al igual que Jesús, «pierden la propia vida» por amor a Dios y a los hermanos” (Papa Francisco).

2.- “La potencia redentora del sufrimiento está en el amor. […] Desde que Cristo escogió la cruz y murió en el Gólgota, todos los que sufren, particularmente los que sufren sin culpa, pueden encontrarse con el rostro del “Santo que sufre”, y hallar en su pasión la verdad total sobre el sufrimiento, su sentido pleno, su importancia. […] Participar en la cruz de Cristo quiere decir creer en la potencia salvífica del sacrificio que todo creyente puede ofrecer junto al Redentor. Entonces el sufrimiento se libera de la sombra del absurdo, que parece recubrirlo, y adquiere una dimensión profunda, revela su significado y valor creativo. […] Jesús mismo nos lo revela y promete, cuando dice: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» ¡Desde la cruz a la gloria!”  (San Juan Pablo II).

3.- “¡La Cruz de Cristo! ¿Qué más se puede decir? Yo no sé rezar… No sé lo que es ser bueno… No tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias… Sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, mi cruz…, la Cruz de Jesús. Esa Cruz que es mi único descanso… ¡cómo explicarlo! Quien esto no haya sentido…, ni remotamente podrá sospechar lo que es. Ojalá los hombres todos amaran la Cruz de Cristo… ¡Oh! si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo! […] Ama con locura lo que el mundo desprecia porque no conoce; adora en silencio esa Cruz que es tu tesoro sin que nadie se entere. Medita en silencio a sus pies, las grandezas de Dios, las maravillas de María, las miserias del hombre del que nada debes esperar… Sigue tu vida siempre en silencio, amando, adorando y uniéndote a la Cruz…  ¿qué más quieres?” (San Rafael Arnaiz Barón).

4.- “La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio y la búsqueda de las comodidades, cuando absorben totalmente la vida hasta excluir a Dios del propio horizonte, ¿llevan verdaderamente a la felicidad? ¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios. De hecho, tenemos necesidad de la alegría infinita. Ni las preocupaciones diarias, ni las dificultades de la vida logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios” (Benedicto XVI).

CRUCIFIXIÓN – GRÜNEWALD

El Retablo se conserva en el Museo de Unterlinden de Colmar, Francia.

El pintor renacentista alemán Matthias Grünewald nació hacia 1470 y murió en 1528. Conocemos pocos datos de su vida (incluso la fecha de su nacimiento oscila en una horquilla de veinte años), éstos nos llegan fundamentalmente a través de las firmas de sus pinturas en las que destaca la tragedia que produce el sufrimiento y la muerte injusta y aceptada.

El capítulo doce del evangelio de Juan centra en Jesús diversidad de profecías y situaciones anunciadas por los profetas; es de una inusual concentración para presentar a Jesús de modo que todos los pueblos lo puedan identificar como el manantial de la fecundidad, de la fortaleza, de la vida, de la superación de las situaciones angustiosas. En el siguiente capítulo, Juan va a recoger su evangelio para la intimidad de la despedida de Jesús y sus discípulos en la Última Cena, antes de la Pasión y la resurrección.

Pues bien, Jesús nota en todos sus huesos y en su alma entera la terrible tragedia del mundo, la desolación humana causada por todos los males. Esa es la presentación que nos hace el pintor GRÜNEWALD en esta tabla central del retablo de Isenheim. Isenheim era un hospital de enfermos terminales, para el que pintó un políptico de nueve tablas. Este políptico cerrado, muestra LA CRUCIFIXIÓN con una especial carga de dolor y angustia.

Grünewald presenta a Jesús en el instante mismo de expirar, después de convulsionarse con los últimos estertores de la muerte; sus manos mantienen el espasmo de la rigidez final; María la Madre de Jesús ilumina la escena con la luz pálida de su rostro doloroso, está pintada en el instante mismo de ser la Madre que asume junto a su Hijo la angustia de todas las personas; la sujeta el evangelista Juan en quien estamos representados ya todos los cristianos, el brillante rojo de su capa resalta la fuerza del contraste de colores; María Magdalena, implora respuestas al pie de la cruz.

Al otro lado, San Juan Bautista señala a Jesús del que dice en el texto latino, “es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Juan 3,30); a los pies del cuadro está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como olvidado en medio de la pintura ofrece una visión serena y fructífera del momento y de la escena.

Las tablas laterales presentan a San Antonio Abad, a la derecha del cuadro y San Sebastián, a la izquierda. En la predela contemplamos un Cristo yacente.

Esta escena de Grünewald, recoge todo el sufrimiento del mundo en la cruz y en la muerte de Jesús, para transformarla en luminosa vida y fructífera resurrección. Es una escena de enérgica llamamiento para construir una comunidad viva, un mundo libre, una tierra de Paz.

Javier Agra.

 

 

Jn 3, 14-21

 “En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios»”.

  1.- “¿Qué representa la serpiente levantada en alto? La muerte del Señor en la cruz. Por la efigie de una serpiente era representada la muerte, precisamente porque de la serpiente provenía la muerte. La mordedura de la serpiente es mortal; la muerte del Señor es vital. ¿No es Cristo la vida? Y, sin embargo, Cristo murió. Pero en la muerte de Cristo encontró la muerte su muerte. Si, muriendo, la Vida mató la muerte, la plenitud de la vida se tragó la muerte; la muerte fue absorbida en el cuerpo de Cristo” (San Agustín).

2.- “Toda Cuaresma converge hacia el Crucificado. Él es el signo que el Padre levanta en medio del desierto de este mundo. Y se trata de mirarle a Él. Pero de mirarle con fe, con una mirada contemplativa y con un corazón contrito y humillado. Es el Crucificado quien salva. El que cree en Él tiene vida eterna. En Él se nos descubre el infinito amor de Dios, ese amor increíble, desconcertante” (Julio Alonso ampuero).

3.- “Si toda la misión histórica de Jesús es signo elocuente del amor de Dios, lo es de modo muy singular su muerte, en la que se manifestó plenamente la ternura redentora de Dios. Por consiguiente, siempre, pero especialmente en este tiempo cuaresmal, la cruz debe estar en el centro de nuestra meditación; en ella contemplamos la gloria del Señor que resplandece en el cuerpo martirizado de Jesús. Precisamente en esta entrega total de sí se manifiesta la grandeza de Dios, que es amor” (Benedicto XVI).

4.- “¿Y por qué habría abierto sus brazos en la cruz por los pecadores, sometiendo su cuerpo santísimo al sufrimiento en favor del mundo? Yo afirmo que Dios lo hizo por una sola razón: dar a conocer al mundo su amor, para que nuestra capacidad de amar, aumentada por esta constatación, se haga cautiva del amor de Dios. Así, el extraordinario poder del reino de los cielos que consiste en el amor, ha encontrado una ocasión de expresarse en la muerte de su Hijo, para que el mundo se dé cuenta del amor de Dios por su creación. Si este gesto admirable, hubiese tenido por fin únicamente el perdón de nuestros pecados, habría bastado otro medio para realizarlo. ¿Quién lo habría rechazado si se hubiese realizado por medio de una muerte corriente? Pero Dios no quiso una muerte cualquiera para que tú comprendieras que hay aquí un misterio” (Isaac de Siria).

5.- “El evangelio nos presenta a un personaje de nombre Nicodemo, miembro del Sanedrín de Jerusalén, que de noche va a buscar a Jesús. […] ¡Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la misericordia divina, y esperan un “signo” que toque su mente y su corazón! Hoy, como entonces, el evangelista nos recuerda que el único “signo” es Jesús elevado en la cruz: Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. Este es el anuncio central de la Iglesia, que no cambia a lo largo de los siglos. Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado” (Benedicto XVI).

LA SERPIENTE DE METAL     ANTON VAN DYCK

Este IV DOMINGO DE CUARESMA, la Iglesia pone para nuestra meditación la conversación de Jesús con Nicodemo a propósito del bautismo como nuevo nacimiento, siempre mirando a Jesús que es nuestro referente y nuestra salvación.

El inicio del evangelio hace referencia al libro de los Números 21, 5 – 9; Números es el cuarto libro de los cinco que forman el Pentateuco que son los primeros del Antiguo Testamento. Aquí está narrando episodios del Éxodo de los israelitas por el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida. Las narraciones están, en su mayor parte, con la estructura de la literatura épica (exageración de un acontecimiento histórico).

Los israelitas han abandonado el Monte Hor y continúan hacia el Mar Rojo bordeando el territorio de Edom. Les invadían la fatiga y el desánimo, había tantas serpientes y tantos peligros que les dominaba el temor y la muerte. Dios conversó con Moisés para que construyera una serpiente de metal y la levantara sobre un estandarte de modo que todos la pudieran ver. Quien miraba aquel estandarte levantado en medio del pueblo, quedaba curado.  Es figura de Cristo, del que nosotros participamos por el bautismo, que es quien sana y salva definitivamente de todos los “males”. “También el Hijo del Hombre tiene que ser levantado en alto para que todos los que creen en él tengan vida eterna” (Juan 3, 15)

Este episodio del estandarte de la serpiente levantado en el desierto ha sido un motivo pintado con frecuencia. ANTON VAN DYCK (Amberes 22 de marzo 1599 – Londres 1641) es uno de los grandes pintores flamencos. Su cuadro “LA SERPIENTE DE METAL” está pintado el año 1620 y se conserva en el Museo del Prado, Madrid.

Las esbeltas figuras plasmadas por el joven pintor están llenas de vigorosa energía. Moisés sostiene el estandarte a la vista de todo el pueblo; a su lado está Eleazar, Sumo Sacerdote sucesor e hijo de Aarón. Los enérgicos y seguros trazos de la pintura consiguen construir un tejido continuado entre las figuras y el paisaje, de modo que parece que todo el cuadro se mueve al mismo tiempo; consigue también una sensación de profundidad que permite al espectador entrar y pasear por el cuadro.

Las diferentes alturas en que Van Dyck coloca a los personajes agrandan el contraste entre la serenidad de Moisés y Eleazar con la angustia, la duda, el desasosiego que expresa el pueblo con esa flaqueza de rostros de mirada interrogante, de manos extendidas, de cuerpos en tensión. Los personajes tienen diferentes expresiones en su rostro; honda preocupación, súplica, angustia, dolor, soledad. De inmediato nuestros ojos se clavan en la mujer de tono más blanco, en sus ojos también están nuestros ojos y juntos miramos confiados al estandarte de donde viene la salvación. Numerosas serpientes pueblan la escena, surcan el aire, rodean a los personajes.

El temor se transforma en confianza, porque el mal ha sido derrotado en el estandarte levantado para la vida y la salvación de cuantos miran confiados.

Javier Agra.

 

4 MARZO 2018 III DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO JUAN 2,13-25

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.

 1.- “Escuchemos entonces las palabras que Jesús dijo al realizar ese gesto: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2, 16). Sus discípulos se acordaron entonces de lo que está escrito en un Salmo: «El celo de tu casa me devora» (69, 10). Este Salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el «signo» que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección. «Destruid este templo —dijo—, y en tres días lo levantaré». Y san Juan observa: «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19. 21). Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es él mismo, Cristo resucitado, por el cual cada creyente puede adorar a Dios Padre «en espíritu y verdad» (Jn 4, 23)” (Benedicto XVI).

2.- “Son «vendedores del Templo» los que, aún guardándose de cometer pecados más groseros, les gustaría ser gente de bien, hacen buenas obras, pero todo para que Nuestro Señor les dé, a cambio, otra cosa. Quieren que Dios les dé a cambio lo que les gusta; quieren traficar con Nuestro Señor. Pero es un error buscar hacer un comercio semejante. Porque, aunque dieran todo lo que hacen y todo lo que tienen, aunque lo sacrificaran todo por Dios, el Señor no estaría obligado a darles o a hacer lo que fuere, a menos que él lo quisiera gratuitamente, totalmente a su placer. Lo que son, lo son por Dios; lo que tienen, les viene dado por Dios y no de sí mismos” (Maestro Eckart).

3.- “¿En qué consiste, pues, el celo que hemos de tener por la Bondad divina, Teótimo? Su primer oficio ha de consistir en odiar, huir, impedir, detestar, rechazar, combatir si se puede, todo lo que es contrario a Dios, es decir, a su voluntad, a su gloria y a la santificación de su Nombre.  Fíjate en nuestro gran Rey, ¡qué celo le mueve! y ¡cómo emplea la pasión de su alma al servicio de ese santo celo! No sólo odia la iniquidad, sino que la abomina; se consume de angustia al verla; desfallece su corazón; la persigue, la derroca y la extermina… Y así, el celo que devoraba el corazón del Salvador, hizo alejarse la irreverencia y profanación que esos vendedores y compradores habían traído al Templo” (San Francisco de Sales).

4.- “Nuestro Señor mismo nos enseña lo que debemos hacer para que nuestro interior se convierta en una casa de oración, porque el hombre es verdaderamente un templo consagrado a Dios. Primero debemos echar de él a todos los vendedores, es decir, las imágenes y representaciones de los bienes creados y todo lo que significa satisfacción en las criaturas y gozos de la voluntad propia. Luego, hay que limpiar y purificar el templo con lágrimas. No todos los templos son santos por el mero hecho de ser casas habitables. Es Dios quien los santifica. Aquí se trata del templo amado por Dios, donde Dios se manifiesta de verdad si está purificado. ¿Cómo podría Dios morar en el alma si no ha puesto su pensamiento, por breve que sea, en Dios? ¿No será porque está abarrotada de otras cosas?” (Beato Juan Taulero).

5.- “Lo que estaba prefigurado en el antiguo Templo, está realizado, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la “casa de Dios”, el lugar de su presencia, donde podemos hallar y encontrar al Señor; la Iglesia es el Templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él a través de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo que ilumine nuestra vida? La respuesta es: en el pueblo de Dios, entre nosotros, que somos Iglesia. […] La Iglesia no es un entramado de cosas y de intereses, sino que es el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo en el que cada uno de nosotros, con el don del Bautismo, es piedra viva… ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario. Nadie es el más importante en la Iglesia; todos somos iguales a los ojos de Dios” (Papa Francisco).

6.- “Hago una llamada a una verdadera conversión. Procuremos con todas nuestras fuerzas convertirnos en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas en una «Hostia pura, Hostia santa, Hostia inmaculada». No tengamos miedo al silencio litúrgico. ¡Cómo me gustaría que los pastores y los fieles entraran gozosos en ese pleno silencio de reverencia sagrada y de amor del Dios inefable! ¡Cómo me gustaría que las iglesias fuesen casas en las que reine el gran silencio que anuncia y revela la presencia adorada de Dios! ¡Cómo me gustaría que los cristianos pudieran experimentar durante la liturgia la fuerza del silencio!” (Cardenal Robert Sarah).

“JESÚS EXPULSANDO A LOS MERCADERES DEL TEMPLO”      JACOB JORDAENS

He aquí una obra muy representativa de la época joven del pintor flamenco JACOB JORDAENS (Amberes 1593 – 1678). Se le considera el último gran pintor de la época en los Países Bajos, tras la muerte de Rubens, 1640 y Van Dyck, 1641. Con veinticuatro años participó, junto a otros diferentes maestros, en la decoración de la iglesia de San Pablo en Amberes en la serie “Los misterios del rosario”. También pintó para el rey Felipe IV. En Suecia fue muy popular y trabajó durante mucho tiempo. Parece que no tuvo problemas económicos. Se inclinó más hacia la expresión protestante de la fe cristiana, alguno de sus escritos estás considerados claramente con esos contenidos teológicos. Murió el dieciocho de octubre de 1678, víctima de una “peste” que asolaba a la ciudad, el mismo día que su hija Elizabeth; ambos fueron enterrados junto a su esposa Catharina en el cementerio calvinista de Putte.

La obra “Jesús expulsando a los mercaderes del templo” se expone en el Museo del Louvre. Muestra un episodio de la vida de Jesús, narrado por los cuatro evangelistas. Juan lo redacta con cierta amplitud al comienzo de la Vida Pública, después de la Boda de Caná y antes de la conversación sobre el bautismo con Nicodemo. Expresa que “Jesús haciendo un azote de cordeles…” los echó a todos del templo. Los evangelios sinópticos sitúan este episodio al final de la vida pública de Jesús en una narración escueta, después de la entrada en Jerusalén y antes de la Última Cena y la Pasión.

Jordaens produjo mucha pintura de tema religioso. La gran mayoría, son cuadros con tema completo como éste que nos ocupa; pero también pintó colecciones como “los misterios del rosario” “escenas de la vida de Jesús” y alguna otra colección. En este cuadro vemos plasmados los personajes a través de pinceladas amplias y sueltas que transmite una sensación de grandes figuras, en continuo movimiento casi excesivo ajetreo.

Destaca, como en los otros dos grandes pintores flamencos, un cuidado especial de la anatomía que presenta con los torsos desnudos en pleno movimiento y esfuerzo. Ha recogido el dato del evangelio de Juan y pone en la mano de Jesús un azote de cordeles. La figura de Jesús es la que más destaca; pese a ser un momento tenso, Jesús aparece con la seguridad de la verdad de su actuación, en medio de una escena de luz y sombra, de revuelo y aún griterío que observamos en la dispersión de los personajes, en su colocación a diferentes planos y niveles.

El espectador del cuadro tiene la sensación de contemplar un vehemente desorden en este hacinado atrio del templo. Al mismo tiempo, la colocación de las figuras abre un pasillo para que nosotros entremos a formar parte del lugar donde ocurre la escena de los mercaderes del templo. Ningún espectador puede quedar ausente, los focos de luz nos envuelven y ya somos parte de aquel momento y aquella situación.

La pintura es un grito de este mundo convulsionado por la vorágine y el desorden; es un grito hacia el Señor para que nos salve, nos despierte, nos ayude a liberarnos de tantas angustiosas ventas, del ruin vacio del innecesario comercio en el que estamos sumidos. Es una llamada de CUARESMA, CONVERSION, SOSIEGO, SILENCIO, ORACIÓN, PAZ. La respuesta que nos propone la Iglesia es la armonía de la COMUNIDAD.

Javier Agra.   

 

25 FEBRERO 2018 II DOMINGO DE CUARESMA

I DOMINGO DE CUARESMA (Ciclo B)

EVANGELIO MARCOS 9,2-10

“Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.”

1.- “De nuevo nos encontramos con el monte como lugar de máxima cercanía de Dios; el monte como lugar de la subida, no sólo externa, sino sobre todo interior; el monte como liberación del peso de la vida cotidiana, como un respirar en el aire puro de la creación; el monte que permite contemplar la inmensidad de la creación y su belleza; el monte que me da altura interior y me hace intuir al Creador. […] La transfiguración es un acontecimiento de oración; se ve claramente lo que sucede en la conversación de Jesús con el Padre: la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz. En ese momento se percibe también por los sentidos lo que es Jesús en lo más íntimo de sí y lo que Pedro trata de decir en su confesión: el ser de Jesús en la luz de Dios, su propio ser luz como Hijo” (Benedicto XVI).

2.- “Contemplar al Señor es, al mismo tiempo, fascinante y tremendo: fascinante, porque él nos atrae hacia sí y arrebata nuestro corazón hacia lo alto, llevándolo a su altura, donde experimentamos la paz, la belleza de su amor; y tremendo, porque pone de manifiesto nuestra debilidad, nuestra inadecuación, la dificultad de vencer al Maligno, que insidia nuestra vida, la espina clavada también en nuestra carne” (Benedicto XVI).

3.- “Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa” (San Anastasio Sinaíta).

4.- «No vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos». “Esta es, Maestro, la única visión que yo necesito. Aunque todo desaparezca en torno mío, quedas Tú siempre delante de mis ojos. Y, aunque todo lo demás siga presente, no desaparezcas Tú, Señor. En soledad o en compañía, lo importante eres Tú. Nada alcanza su perfecto sentido, si no es una prolongación tuya o un camino hacia Ti. Tu misterio explica el enigma de todas las cosas: cuando te encuentro a Ti, Señor, ya no tengo nada más que preguntar. Mi interminable curiosidad se sacia” (Jesús M. Granero, S.J).

5.- “La transfiguración es el espacio de la confidencia íntima, el susurrar las cosas más personales y secretas, la apertura a los amigos. Tampoco a nosotros, simples cristianos, nos faltan momentos en los que podemos experimentar a un Jesús diferente, porque se presenta de un modo particularmente luminoso a los ojos de nuestra mente y de nuestro corazón. Son esos momentos de la intimidad divina, del «corazón a corazón». Con todo, no debemos repetir el error de Pedro. Todos quisiéramos olvidar un pasado cargado de dificultades e ignorar un futuro cargado de incógnitas, a fin de saborear únicamente un presente gratificante. […] Han subido a la montaña no para quedarse en ella, separados irresponsablemente de la llanura donde libran los seres humanos su batalla por la vida cotidiana, sino que, al contrario, han subido para comprender a fondo el sentido de la vida y volver a bajar para reemprender el duro camino” (G. Zevini).

6.- “A nosotros, peregrinos en la tierra, se nos concede gozar de la compañía del Señor transfigurado, cuando nos sumergimos en las cosas del cielo, mediante la oración y la celebración de los misterios divinos. Pero, como los discípulos, también nosotros debemos descender del Tabor a la existencia diaria, donde los acontecimientos de los hombres interpelan nuestra fe. En el monte hemos visto; en los caminos de la vida se nos pide proclamar incansablemente el Evangelio, que ilumina los pasos de los creyentes” (San Juan Pablo II).

 

 

TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS  GIOVANNI BELLINI  MUSEO DE CAPODIMONTE, NÁPOLES

Giovanni Bellini (Venecia 1433 – 1516) pintor del Cuatrocento italiano, seguramente el más conocido de una amplia familia de pintores. Se le considera un artista que hizo progresar la pintura hacia un estilo más vistoso y colorista. Conservamos de su paleta diversos retablos, variedad de pintura religiosa y de diferente temática. Sobre los años de su nacimiento y de su muerte, tengo que decir que nos valemos de ciertos documentos, pero no existe certeza de que sean exactos los años citados.

El II DOMINGO DE CUARESMA presenta la TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS que leemos en el evangelio de Marcos; al igual que los otros sinópticos, Mateo y Lucas, la narración es inmediatamente posterior al anuncio de la pasión y muerte en Jerusalén; también en los tres sinópticos el siguiente episodio es el de la curación de un niño epiléptico. En diversas pinturas se expresan unidas, la Transfiguración y la curación.

Es un episodio de mucha fuerza y muy arraigado entre los cristianos, tanto que celebramos nuevamente la fiesta de la Transfiguración el seis de agosto. Los cristianos de Armenia ya celebraban esta fiesta en el siglo sexto, pronto se extendió a Jerusalén y a toda la cristiandad. En España tenemos noticia de su celebración desde el siglo nueve.  El año 1457, el papa Calixto III instauró la fiesta para toda la iglesia.

Jesús se presenta tal como es, resplandeciente en su luz divina y así lo perciben los apóstoles Pedro, Santiago y Juan que están muy cerca de él. De modo que todos los que acompañamos al maestro hasta la montaña de la oración, la entrega, la construcción del Reino de Dios también podemos participar de esa visión de luz transformadora y dinámica. Desde el inicio del Génesis, la luz es Dios mismo, la creación es iluminación de las tinieblas; toda la naturaleza está dirigida hacia la iluminación. La pelea entre la luz y las tinieblas es una imagen constante en los libros de la Biblia. Jesús es la luz que resplandece para siempre y que ya se ha manifestado a sus tres acompañantes y, en ellos, a todos los seguidores de Cristo. “Lo que para los ojos del cuerpo es el sol que vemos, es Cristo para los ojos del corazón” (San Agustín, Sermón 78, 2)

La obra, realizada el año 1478, está firmada en un pequeño cartel sobre la frágil valla de madera. “IOANNES BELLI(NUS)”.

La composición de la pintura es semejante en los más diversos autores. La escena es en el Monte Tabor donde Jesús sube con Pedro, Santiago y Juan a quienes observamos en primer plano y en posición reclinada; el espectador puede participar en el asombro que ellos sienten cuando ven a Jesús con Moisés y Elías. A Moisés lo distinguimos a la izquierda del espectador, representado por su vestuario y la filacteria de su mano izquierda donde está escrita la LEY; Elías, a nuestra derecha, representa LOS PROFETAS. De modo que en este cuadro está reunido el Antiguo y el Nuevo Testamento junto a Jesús que integra el conjunto de la historia de la salvación.

Observamos en el cuadro una riqueza e intensidad de colores armoniosos, de ricos detalles. El aire sereno parece que flota entre los paisajes dinámicos. La escena vibrante ocurre en el primer plano, pero todo el fondo está lleno de vigorosa vitalidad. La luz de la Transfiguración ya no es un destello que ciega al espectador, ahora toda la amplia escena del cuadro, todos los personajes que lo integran, los espectadores que miramos la pintura estamos imbuidos de la luminosidad nueva que Jesús nos ha entregado como anticipo de la Pascua definitiva.

Javier Agra.

 

18 FEBRERO 2018 I DOMINGO DE CUARESMA

GÉNESIS 9, 8 – 15

Dios dijo a Noé y a sus hijos: — Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron, aves, ganado y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: El diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra. Y Dios añadió: — Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.

EVANGELIO MARCOS 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre
alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO       JACOPO BASSANO

En este I DOMINGO DE CUARESMA el evangelio de Marcos presenta a Jesús en el desierto e inmediatamente anunciando la conversión para hacer presente el Reino de Dios. Sobre este tema, en la cuaresma del año pasado comenté el cuadro de Botticelli “Las tentaciones de Cristo”. Hoy quiero incidir en la pintura emanada en torno a la lectura del libro del Génesis que habla del ciclo de Noé.

Jacopo da Ponte (1515 – 1592), nació en BASSANO cerca de Venecia; toma su apellido del lugar de nacimiento. De nuestro autor, conocemos pinturas de diferentes géneros, sobre todo de temas religiosos; en la mayoría de sus cuadros destaca la fuerza y cercanía con que presenta a los animales y a la naturaleza en general.

El libro del Génesis tiene al MITO (explicación no científica de la realidad) como base de su interpretación. Comienza con lo que conocemos como la prehistoria bíblica con el ciclo de Adán y Eva y sus descendientes y éste de Noé y sus descendientes. A partir del capítulo doce entramos en la “historia” con Abrahán. Esta brevísima introducción daría para largas exposiciones que pertenecen a otros ámbitos.

También encontramos en las lecturas de este domingo, diferentes números con su simbología. Recordamos el número cuarenta (de donde viene nuestra cuaresma, cuarentena…) como un tiempo indeterminado de prueba que finalmente es superada. El Diluvio, el tiempo de los Israelitas en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, los días que pasa Jesús en el desierto desde su bautismo hasta el comienzo del anuncio del reino de Dios…

El número ocho hace referencia a la novedad absoluta. Es la regeneración, la resurrección de las personas y de la creación entera. Este número se cita ochenta veces en la Biblia. La creación se narra en siete días y estaba completada, la Resurrección de Jesús fue el primer día de la semana que viene a ser el octavo día, el día definitivo y desde entonces estamos ya viviendo el tiempo absolutamente nuevo de la resurrección.

Ocho fueron las personas que sobrevivieron al Diluvio y desde ellas comenzó de nuevo la tierra regenerada. Dios hizo el pacto del arco iris, “nunca volveré a destruir la tierra” Todos estos símbolos tienen cabida y explicación desde el mito. El diluvio es una catástrofe local, como tantas catástrofes actuales, que el escritor del Génesis eleva a categoría universal.

JACOPO BASSANO realizó una pintura “Entrada de los animales en el arca” y esta de “NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO”. Cuando salieron del arca, Noé levantó un altar al Señor y ofreció sacrificios. A continuación tiene lugar la conversación con Dios que leemos en el texto bíblico de este domingo. Ambos cuadros están expuestos en el Museo del Prado en Madrid.

El pintor sitúa a Noé al fondo de la escena con el altar del sacrificio, el cielo abierto por donde entendemos los espectadores que suena la voz de Dios, al mismo tiempo que se ilumina toda la tierra con la claridad de la mañana nueva del mundo restaurado. Las aves pueblan de nuevo el cielo con su vuelo; los animales llenan la tierra desde el primer plano; la mujer de Noé, sus tres hijos y sus esposas están reconstruyendo la pequeña parte del mundo que entra en la paleta del pintor.

El espectador del cuadro, puede captar el dominio de la luz que tenía Jacopo Bassano a través de la combinación armoniosa de los colores; el dominio del espacio por la colocación equilibrada de la mezcla casi imposible entre personas, animales, material de construcción, baúles con ropa. ¡Mirad, entrad en el interior del cuadro! Vamos pasando del bullicio del primer plano, a la serenidad de los animales recostados, al sosiego de la naturaleza, a la oración.

He aquí un cuadro del inicio de la cuaresma. Intensidad de acción para reconstruir el corazón, reconstruir la vida, reconstruir la tierra; intensa y sosegada oración para reconstruir el encuentro.

Javier Agra. 

 

 

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