18 FEBRERO 2018 I DOMINGO DE CUARESMA

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GÉNESIS 9, 8 – 15

Dios dijo a Noé y a sus hijos: — Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron, aves, ganado y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: El diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra. Y Dios añadió: — Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.

EVANGELIO MARCOS 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre
alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO       JACOPO BASSANO

En este I DOMINGO DE CUARESMA el evangelio de Marcos presenta a Jesús en el desierto e inmediatamente anunciando la conversión para hacer presente el Reino de Dios. Sobre este tema, en la cuaresma del año pasado comenté el cuadro de Botticelli “Las tentaciones de Cristo”. Hoy quiero incidir en la pintura emanada en torno a la lectura del libro del Génesis que habla del ciclo de Noé.

Jacopo da Ponte (1515 – 1592), nació en BASSANO cerca de Venecia; toma su apellido del lugar de nacimiento. De nuestro autor, conocemos pinturas de diferentes géneros, sobre todo de temas religiosos; en la mayoría de sus cuadros destaca la fuerza y cercanía con que presenta a los animales y a la naturaleza en general.

El libro del Génesis tiene al MITO (explicación no científica de la realidad) como base de su interpretación. Comienza con lo que conocemos como la prehistoria bíblica con el ciclo de Adán y Eva y sus descendientes y éste de Noé y sus descendientes. A partir del capítulo doce entramos en la “historia” con Abrahán. Esta brevísima introducción daría para largas exposiciones que pertenecen a otros ámbitos.

También encontramos en las lecturas de este domingo, diferentes números con su simbología. Recordamos el número cuarenta (de donde viene nuestra cuaresma, cuarentena…) como un tiempo indeterminado de prueba que finalmente es superada. El Diluvio, el tiempo de los Israelitas en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, los días que pasa Jesús en el desierto desde su bautismo hasta el comienzo del anuncio del reino de Dios…

El número ocho hace referencia a la novedad absoluta. Es la regeneración, la resurrección de las personas y de la creación entera. Este número se cita ochenta veces en la Biblia. La creación se narra en siete días y estaba completada, la Resurrección de Jesús fue el primer día de la semana que viene a ser el octavo día, el día definitivo y desde entonces estamos ya viviendo el tiempo absolutamente nuevo de la resurrección.

Ocho fueron las personas que sobrevivieron al Diluvio y desde ellas comenzó de nuevo la tierra regenerada. Dios hizo el pacto del arco iris, “nunca volveré a destruir la tierra” Todos estos símbolos tienen cabida y explicación desde el mito. El diluvio es una catástrofe local, como tantas catástrofes actuales, que el escritor del Génesis eleva a categoría universal.

JACOPO BASSANO realizó una pintura “Entrada de los animales en el arca” y esta de “NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO”. Cuando salieron del arca, Noé levantó un altar al Señor y ofreció sacrificios. A continuación tiene lugar la conversación con Dios que leemos en el texto bíblico de este domingo. Ambos cuadros están expuestos en el Museo del Prado en Madrid.

El pintor sitúa a Noé al fondo de la escena con el altar del sacrificio, el cielo abierto por donde entendemos los espectadores que suena la voz de Dios, al mismo tiempo que se ilumina toda la tierra con la claridad de la mañana nueva del mundo restaurado. Las aves pueblan de nuevo el cielo con su vuelo; los animales llenan la tierra desde el primer plano; la mujer de Noé, sus tres hijos y sus esposas están reconstruyendo la pequeña parte del mundo que entra en la paleta del pintor.

El espectador del cuadro, puede captar el dominio de la luz que tenía Jacopo Bassano a través de la combinación armoniosa de los colores; el dominio del espacio por la colocación equilibrada de la mezcla casi imposible entre personas, animales, material de construcción, baúles con ropa. ¡Mirad, entrad en el interior del cuadro! Vamos pasando del bullicio del primer plano, a la serenidad de los animales recostados, al sosiego de la naturaleza, a la oración.

He aquí un cuadro del inicio de la cuaresma. Intensidad de acción para reconstruir el corazón, reconstruir la vida, reconstruir la tierra; intensa y sosegada oración para reconstruir el encuentro.

Javier Agra. 

 

14 FEBRERO 2018 MIÉRCOLES DE CENIZA

EVANGELIO MATEO 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

MAGDALENA PENITENTE JOSÉ RIBERA

La Iglesia y todos los que somos sus miembros, comenzamos este miércoles un tiempo de austeridad, de interiorización del pensamiento y de la vida, de reflexivo silencio, de oración personal y comunitaria, de conversión y renovación, de esfuerzo individual y social. La CENIZA es un símbolo que recuerda la pequeñez humana, la caducidad de todas las cosas. Al tiempo que nos dibujan una cruz en la frente, nos señalan como miembros de Cristo y nos recuerdan: “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO”

Para acompañar tan señalada fecha he elegido el cuadro de José Ribera “MAGDALENA PENITENTE”, pintado en mil seiscientos cuarenta y uno, se conserva en el Museo del Prado. Podemos ver una copia en la Capilla del Santísimo en nuestra parroquia.

Después del Concilio de Trento, la Iglesia Católica realizó importantes esfuerzos para presentar en imágenes los temas bíblicos; la persona de Jesús, el Cristo en variedad de momentos; a María, madre de Jesús y de todos los cristianos; también a los santos que son quienes han hecho el camino del Reino de Dios antes que nosotros y a quienes podemos imitar. Recordamos que son solamente imágenes que mueven nuestro espíritu, que impulsan nuestra fe hasta la Santísima Trinidad a quien adoramos en sus tres personas.

La persona de María Magdalena es una de las figuras que destacan de este tiempo del Barroco. Son muchos los pintores que han recurrido a esta mujer del Nuevo Testamento para hablar de la conversión como camino permanente hacia la santidad.

Recordamos muchas pinturas de José Ribera (Játiva 1591 – Nápoles 1652). Acostumbraba a tener como modelos a personas poco agraciadas en su físico, sus cuadros tienden a presentar una vida dura y penosa. No obstante, esta María Magdalena es una bella mujer (cuenta la tradición que el modelo fue la hija del pintor) a la que viste con una tela áspera de saco o arpillera como símbolo de penitencia por todo su pasado, la envuelve en un precioso manto rojo.

María Magdalena, en el interior de una cueva, permanece de rodillas apoyada sobre una doble piedra tallada, muestra en primer plano el tarro de perfumes con los que ungió los pies de Jesús, el tarro del perfume que llevaba al sepulcro la madrugada de la Resurrección. Tenemos que saber que la tradición de la pintura, la escritura y otras artes reúnen en la figura de María Magdalena personas diferentes que el Nuevo Testamento cita en diversos momentos.

La mirada de María Magdalena es un consuelo para el espectador. Ella sabe que está perdonado todo su pasado; que es una persona nueva; que está santificada. El pintor entrega esa misma mirada a todos los que somos espectadores, todos estamos llenos ya de esa luz que salta del corazón que se sabe nuevo en Cristo.

¡Cuántos símbolos de vida redimida están ante nuestra contemplación! María Magdalena eleva la mirada hacia el cielo de donde viene la salvación; el pintor sitúa a la figura principal en una cueva abierta que recuerda el sepulcro vacío; encuadra la luz en un amanecer de resurrección; hasta la vegetación está brillando en colores luminosamente poderosos.

Javier Agra.

 

 

11 FEBRERO 2018 DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios de misericordia y compasión:
Ayúdanos a hacer lo mismo que hizo tu Hijo.
Envíanos, sin condescendencia alguna,
en busca de los hermanos débiles
para que recuperen su autoestima,
su esperanza y su coraje indestructible
para poder llegar a ser de nuevo plenamente humanos.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

EVANGELIO MARCOS 1,40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

CURACIÓN DEL LEPROSO    COSIMO DI LOENZO ROSSELLI

Cuando visitamos la CAPILLA SIXTINA en el Vaticano, permanecemos inmóviles por el asombro ante las pinturas de Miguel Ángel. También están pintados otros motivos del Antiguo Testamento y de la vida de Jesús, en las paredes laterales. Fueron diversos autores los que hicieron estos cuadros murales, de estética similar.

Cosimo ROSSELLI fue uno de los pintores llamados por el papa Sixto IV. Él realizó “La Entrega de las Tablas de la Ley”, “La Última Cena” y “El Sermón de la Montaña y Curación en casa del Leproso”. Pintor, por tanto, del Renacimiento Italiano, (Florencia 1439 – 1507).

Con relación al tema de “la lepra” los libros de la Biblia se refieren a ella desde un amplio espectro de afecciones cutáneas (Levítico 13, 47) Sobre todo se relacionan con la situación de pecado de los hombres; será el Siervo doliente quien siendo inocente carga con los pecados de todas las personas, así seremos sanados en sus llagas (Isaías 53, 3-12).

Cuando Jesús cura la lepra, triunfa sobre el mal, integra a los leprosos a la comunidad, devuelve a los enfermos la dignidad humana, quita la impureza, nos consagra de nuevo como hijos de Dios. A todos nos sana de alguna lepra, además nos envía para que seamos mensajeros de este signo del reino de Dios, para que seamos testimonios de la dignidad humana imborrable en nuestra vida para siempre (Mt. 10, 8). En esta línea de oración y acción permanente nos introduce la Oración Colecta (oración que recita el sacerdote inmediatamente después del “Señor ten piedad”) de este domingo.

Me he extendido tal vez en demasía. Respecto al cuadro de COSIMO DE LORENZO ROSSELLI, estamos ante una pintura mural como era frecuente hasta el final del Renacimiento, momento en que la pintura comienza también a ser realizarse en otros materiales móviles. Conviene que nos fijemos en su estructura de “viñetas”, pues se distinguen claramente tres momentos: Jesús camina hacia algún monte para pronunciar uno de sus discursos; el Sermón de la Montaña es la segunda y más amplia viñeta; La curación del leproso en primer plano a la derecha.

Esta tercera viñeta, está especialmente abigarrada de gentío; Jesús está con el grupo de sus discípulos a los que identificamos por el nimbo luminoso sobre sus cabezas, el “leproso” suplica de rodillas con esperanzada ilusión. El autor del cuadro quiere indicar la diversidad de milagros de Jesús, la multitud de gente que le buscaba para ser curada y salvada de los diferentes males que nos aprisionan.

La iluminación nos hace pensar en un amanecer, con Jesús comienza un día nuevo para la humanidad; la naturaleza que envuelve el cuadro está ilustrada desde la serenidad, la pintura es de trazos limpios y uniformes, las aves juegan en el firmamento, una cabeza simboliza el aire que aleja las nubes, abunda la vegetación. En medio del cuadro, sanando a toda la tierra, poniendo en orden todas las cosas, iluminando de luz y de palabra, anunciando la PAZ del Reino de Dios, Jesús firme sobre su trono que en este caso en un montículo.

Javier Agra. 

 

4 FEBRERO 2018 DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

Oración Colecta
Oh Dios bondadoso:
Cuando te gritamos nuestro dolor
en nuestro cansancio, nuestro dolor y nuestra enfermedad,
recuerda cómo tu Hijo también
acudió a ti en su sufrimiento de muerte.
No permitas que nos callemos por auto-compasión
y fortalécenos en la convicción
de que podemos encontrarte en nuestro dolor
lo mismo que en nuestras alegrías,
y de que tú siempre te preocupas por nosotros
por medio de aquél que nos mostró cuánto nos amaste,
Jesucristo nuestro Señor.

Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

PABLO A LOS CORINTIOS 9, 22-23

EVANGELIO MARCOS 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 CURACIÓN DE LA SUEGRA DE PEDRO CÓDICE DE HITDA

El evangelio de este Quinto Domingo del Tiempo Ordinario presenta una de las veinticuatro curaciones milagrosas que los evangelios narran como realizadas por Jesús sobre personas. Narran además diez milagros sobre la naturaleza, tres resurrecciones, cinco narraciones genéricas sobre curaciones a muchos enfermos y, sobre todos, la Resurrección del propio Jesús, el Cristo.

La imagen que acompaña a este comentario corresponde al CODEX HITDA. Este codex es una colección de veintidós miniaturas, del tamaño de una página que son una explicación pintada de sucesivos momentos de la vida de Jesús, por lo que estamos ante uno de los primeros evangelios ilustrados. Es el único que se conserva de la escuela de Colonia.

HITDA fue una abadesa del convento de Meschede en Colonia, que vivió entre finales del siglo diez y la primera mitad del siglo once. Actualmente el Códice Hitda se conserva en la biblioteca estatal de Darmstadt.

Los tres sinópticos narran la escena de la curación de la suegra de Pedro, de modo muy parecido. El pintor de la escena destaca en el centro de la imagen a Jesús que toma la mano de la enferma, la levanta y le devuelve la salud. En momentos más especiales e íntimos de diferentes acontecimientos, los evangelios narran que a Jesús le acompañan Pedro, Santiago y Juan; en otras escenas, también en esta, se añade Andrés.  Pues bien, tres de los cuatro apóstoles están a la puerta de la estancia con el asombro en el rostro. Pensamos que Simón Pedro es el primero de ellos, por el paralelismo entre su mano y la de su suegra que presenta el pintor en actitud de oración y súplica.

Esta colocación de los personajes, indica la figura de Jesús como el Señor de la situación, de la historia, de toda la tierra, que entrega la salud a los enfermos, que otorga la dignidad y la libertad a las personas y a la tierra entera; indica seguramente la primacía de Pedro sobre los apóstoles, sobre la comunidad primera.

Jesús recuerda la imagen del Pantocrátor, sentado en un trono; la estancia se cierra de modo circular simbolizando a la tierra en su plenitud. Los edificios, el subsuelo, las tinieblas del fondo…todo el ambiente está presentado trascendiendo el milagro como hecho puntual; todo cuanto existe está recibiendo la palabra, el gesto, la luz, la salud, la vida de parte del Señor. Preciosa lección de oración, de teología, de entrega, de compromiso.

Javier Agra.

 

28 ENERO 2018 IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

SALMO 94

EVANGELIO MARCOS 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

JESÚS EXPULSA A UN DEMONIO – LAS MUY RICAS HORAS DEL DUQUE DE BERRY

En la Edad Media, antes de la imprenta, cada libro era una maravilla única. Cada libro de Horas también tenía esta inmensa riqueza; eran libros manuscritos e ilustrados exclusivos para la persona que lo poseía, normalmente de la nobleza. Eran libros donde se contenía el rezo de las diversas horas litúrgicas, pero enseguida se fueron añadiendo otros textos, bíblicos en su mayor proporción. En estos libros encontramos también con frecuencia dibujos alusivos a las tareas agrícolas de cada mes.

Como tantos otros, este de “LAS MUY RICAS HORAS DEL DUQUE DE BERRY”, está hecho por diferentes autores anónimos; aunque sabemos que fue realizado en el taller de los hermanos Herman en la primera década del siglo quince. Actualmente se conserva en el Museo Condé de Chantilly, Francia. Sus doscientos seis folios contienen ciento treinta y un miniaturas dibujadas, trescientas letras mayúsculas coloreadas y trabajadas, mil ochocientos laterales cuidadosamente adornados.

Esta lámina que presento para acompañar al evangelio de este IV Domingo del Tiempo Ordinario es una las que ilustran este Libro de Horas. El evangelio de Marcos presenta el inicio de la actividad pública de Jesús en una sinagoga local, en Cafarnaún al noroeste del Lago de Genesaret y concluye en el Templo de Jerusalén. Podemos pensar que su intención es pelear constantemente contra el mal, expulsar al demonio para que se haga presente el Reino de Dios.

La escena presenta una especie de convulsión generalizada. Los asistentes están asombrados por la autoridad de Jesús, el “espíritu inmundo” ve peligrar la tranquilidad con la que se movía hasta ahora. Jesús quiere empezar poniendo orden y limpieza en el lugar donde el pueblo va a aprender y a orar; desde el centro mismo quiere expandir el Reino de Dios; Jesús quiere poner en orden el corazón de cada persona, la Comunidad de su Iglesia, quiere empezar a levantar la dignidad de cada persona para que en cada uno de nosotros y en toda la Comunidad resplandezca la Imagen de Dios.

Allí donde la persona se encuentra hundida, perdida, acosada por sus demonios, actúa Jesús para llenar el corazón humano de la dignidad de ser Imagen de Dios, para restablecer la libertad de los Hijos de Dios. Desde este evangelio la Comunidad entera y cada persona entiende que asumimos la tarea que el Señor nos encomienda de vencer al mal en sus diferentes aspectos y ser constructores del tiempo del Reino de Dios. Entendemos que desde nuestras fuerzas podemos estar asustados y desorientados, pero “Él es la Roca que nos salva” y nosotros participamos de la fortaleza serena del Señor que ha vencido al mal.

Javier Agra.

 

 

 

6 de Enero 2018 LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

SALMO 71

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.

EVANGELIO MATEO 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

TRÍPTICO DE LA EPIFANÍA – MEMLING

Esta tabla de grandes dimensiones que hoy presento se compuso, como era frecuente en el Renacimiento, pensando en su movilidad decorativa; sus laterales permitían cerrar el cuadro en cuyas hojas se mostraban un Eccehomo y una Dolorosa. El cuadro, pintado en 1480, está expuesto en el Museo del Prado en Madrid.

Las dos tablas laterales muestran La Natividad y La Presentación en el Templo. En esta fecha quiero fijarme expresamente en la tabla central que es LA EPIFANÍA, término griego que designa la MANIFESTACIÓN DE DIOS al mundo a través de los magos de Oriente. De la infancia de Jesús solamente narran los evangelios de Mateo y Lucas; Lucas escribe el episodio de la adoración de los pastores y Mateo relata el episodio de la EPIFANÍA con la adoración de los magos de Oriente.

La composición destaca lo que en arte se denomina una Madonna (Señora) que es nombre genérico que reciben María con su hijo pequeño, Jesús, en brazos. María con Jesús en sus brazos ocupa el centro de la imagen, con José en un segundo plano ocupándose del cuidado y atención general de la escena que está sucediendo. El más anciano de los tres, al que llamamos Melchor, adora con un beso a Jesús mientras este le está bendiciendo. Este momento que recoge Menling, le permite mostrar, desde una escenificación teatral de diferentes alturas, la teología de la adoración y así mostrar al NIÑO DIOS el centro desde el que salen todos los puntos de mira, de luz, de bendición. Hacia Jesús confluyen todas personas que llegan a la pintura y desde Jesús sale toda la misión encomendada a cada persona.

Gaspar, a la izquierda del espectador, hinca su rodilla en tierra en actitud de respetuosa adoración mientras ofrece al Niño un recipiente de labrada orfebrería. Baltasar está entrando en la escena, el pintor ha captado el momento en que levanta del suelo su pie izquierdo para adelantarlo mientras inicia un movimiento de saludo reverencial. Los otros personajes parecen ser de la comitiva de los magos pues portan sus estandartes y están unidos a la misma situación.

La pintura gana mucha profundidad por la forma semicircular de la estancia del fondo abierta al paisaje que lleva al espectador hacia la lejanía, de modo que es como si la tierra entera y todos sus habitantes de las diversas especies animales y vegetales quisieran entrar en escena y participar de la adoración y de la bendición.

Nos toca llegar con asombro, veneración, respeto, adoración para salir fortalecidos a ser mensajeros de la Santísima Trinidad que está entre nosotros en forma de NIÑO para construir el Reino de Dios hasta que llegue la libertad, la igualdad, la PAZ a la tierra entera.

Javier Agra

 

31 de Diciembre 2017 SAGRADA FAMILIA

EVANGELIO SAN LUCAS 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Las dos trinidades  Bartolomé Esteban Murillo.  National Gallery, 1680

En el Nuevo Testamento Mateo y Lucas, en la infancia de Jesús, relatan diversos momentos en los que está presente la Sagrada Familia de Nazaret:

  • Nacimiento de Jesús con el anuncio del Ángel a José: (Mateo 1, 18-25; Lucas 2, 1-7)
  • Los pastores encontraron en el pesebre de Belén a José, María y el Niño, como les había anunciado el ángel (Lucas 2, 16)
  • Huida a Egipto ante la amenaza del rey Herodes, que quería matar a Jesús y regreso de Egipto (Mateo 2, 3-15; 2, 19-23)
  • En la presentación en el templo, su padre y su madre estaban admirados de lo que el anciano Simeón decía del niño (Lucas 2, 33).
  • Cuando cumplió doce años, Jesús se queda en el templo de Jerusalén y allí lo encontraron sus padres (Lucas 2, 41-52).

La Iglesia dedica una festividad a recordar cada uno de estos acontecimientos, al menos alguno de ellos por separado, pero siempre hemos contemplado a la SAGRADA FAMILIA como un núcleo en el que se alimenta y sustenta nuestra fe y nuestro caminar. Los pintores también han expresado esta Sagrada Familia en multitud de aspectos y de diversas maneras, en todas ellas destaca la armonía, la relajación de los momentos de ternura y juego, de confianza y adoración.

Murillo, en el cuadro que presentamos hoy, habla de la SAGRADA FAMILIA como de Las dos Trinidades. La Trinidad celeste, pintada en vertical, desciende sobre la tierra en Jesús situado en el centro de la imagen, el Padre Dios extiende sus acogedores brazos sobre la humanidad entera presente en la familia de Nazaret y el Espíritu Santo en forma de paloma, desciende sobre Jesús.

La trinidad terrestre es la Sagrada Familia de Nazaret formada por Jesús elevado sobre una peana, María y José lo sujetan con ternura al tiempo que lo adoran con devoción. Un grupo de ángeles rompe las barreras celestiales para envolver en torno a Jesús lo humano y lo divino. Mirad la mano izquierda de María, la mirada de José que están presentando a Jesús a todos los espectadores que quieran verlo, que nos incluyen en su gloria, que nos dan la posibilidad de participar para siempre del movimiento ascendente hacia la divinización de las personas y de la naturaleza entera.

La vara de José ya ha florecido. La SAGRADA FAMILIA nos envuelve en luz y color, en movimiento de personas, ángeles, nubes, viento, eternidad y nos entrega el tiempo de nuestro trabajo para que podamos dar flores y frutos de libertad y de PAZ, de confianza y generosidad, de comunidad y oración.

Javier Agra.

 

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