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PEREGRINACIÓN A FATIMA 27-28-29 de Octubre

“Este año es el Centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en la Cova de Iría. La Virgen “visitó” Portugal, mientras en Europa ocurría la sangrienta Primera guerra mundial. El ejército portugués con 45 mil hombres partió de Lisboa tres días antes de la primera aparición y fue derrotado en abril de 1918 en la cruel batalla de Lys. Dicho país sufría la secularización. 

La Virgen María confió su mensaje a tres pastorcitos: Lucía, Jacinta y Francisco, el cual no perdió su actualidad. En el centro del mensaje está la oración diaria del rosario por la paz. ¿Por qué no la misa diaria? Sor Lucía hizo esta pregunta y María respondió que no todos pueden ir cada día a misa, pero sí pueden llevar el rosario y rezarlo. 

Diversos pontífices peregrinaron a Fátima un 13 de mayo: Pablo VI en 1967, Juan Pablo II en 1982, 1991 y en el año 2000. Benedicto XVI en el año 2010 y el papa Francisco fue el pasado 12 y 13 de mayo del 2017 ” 

La parroquia organiza, con este motivo,  los días 27, 28 y 29 de Octubre una peregrinación a Fátima, dirigida por D. José MIllán.

Para inscripciones e información preguntar en horario de despacho de la Parroquia.

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ARTICULOS DE INTERES.

Espléndido trabajo el que nos ofrece elP. Ribero para ir lo tengamos presente no sólo este mes sino cada día . Espero que os proveche y beneficie.

EUCARISTIA Y GENEROSIDAD
La generosidad es la virtud de las almas grandes, que encuentran la satisfacción y la alegría en el dar más que en el recibir. La persona generosa sabe dar ayuda material con cariño y comprensión, y no busca a cambio que la quieran, la comprendan y la ayuden. Da y se olvida que ha dado.

El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con mayor capacidad de amar. Cuanto más damos, más nos enriquecemos interiormente.

¿Con quién tenemos que ser generosos? Con todos. Con Dios. Con los demás, sobre todo con los más necesitados.

Manifestaciones de una persona generosa.

• Sabe olvidar con prontitud los pequeños agravios.
• Tiene comprensión y no juzga a los demás.
• Se adelanta a los servicios menos agradables del trabajo y de la convivencia.
• Perdona con prontitud todo y siempre.
• Acepta a los demás como son.
• Da, sin mirar a quién.
• Da hasta que duela.
• Da sin esperar.

Hagamos ahora la relación Eucaristía y generosidad.

Generosidad, primero, por parte de Dios.
Generoso es Dios que nos ofrece este banquete de la Eucaristía y nos sirve, no cualquier alimento, sino el mejor alimento: su propio Hijo. Generoso es Dios porque no se reserva nada para Él.

Generoso es Dios en su misericordia al inicio de la misa, que nos recibe a todos arrepentidos y con el alma necesitada. Generoso es Dios cuando nos ofrece su mensaje en la liturgia y lo va haciendo a lo largo del ciclo litúrgico.

Generoso es Dios cuando considera fruto de nuestro trabajo lo que en realidad nos ha dado Él; pan, vino, productos de nuestro esfuerzo. Generoso es Dios cuando no mira la pequeñez y mezquindad de nuestro corazón al entregarle esa poca cosa, y Él la ennoblece y diviniza convirtiéndola en el cuerpo y la sangre de su querido Hijo.

Generoso es Dios que nos manda el Espíritu Santo para que realice ese milagro portentoso. El Espíritu Santo es el don de los dones. Generoso es Dios cuando acoge y recibe todas nuestras intenciones, sin pedir pago ni recompensa. Generoso es Dios cuando nos ofrece su paz, sin nosotros merecerla.

Generoso es Dios cuando se ofrece en la Comunión a los pobres y ricos, cultos e ignorantes, pequeños, jóvenes, adultos y ancianos. Y se ofrece a todos en el Sagrario como fuente de gracia.

Generoso es Dios, que va al lecho de ese enfermo como viático o como Comunión, para consolarlo y fortalecerlo. Generoso es Dios que está día y noche en el Sagrario, velando, cuidándonos, sin importarle nuestra indiferencia, nuestras disposiciones, nuestra falta de amor.

Generoso es Dios que se reparte y se comparte en esos trozos de Hostia y podemos partirlo para que alcance a cuántos vienen a comulgar. Es todo el símbolo de darse sin medida, sin cuenta, y en cada trozo está todo Él entero. Generoso es Dios que no se reserva nada en la Eucaristía.

Y en todas partes, latitudes, continentes, países, ciudades, pueblos, villas que se esté celebrando una misa, Él, omnipotente, se da a todos y todo Él. Y no por ser un pequeño pueblito escondido en las sierras deja de darse completamente. ¿Puede haber alguien más generoso que Dios?

Segundo, generosidad por parte de nosotros.

Aquí, a la Eucaristía, hemos venido trayendo también nuestra vida, con todo lo que tiene de luces y sombras, y se la queremos dar toda entera a Dios. Le hemos dado nuestro tiempo, nuestro cansancio, nuestro amor, nuestros cinco panes y dos pescados, como el niño del evangelio. Es poco, pero es lo que somos y tenemos.

Hemos venido con espíritu generoso para dar, en el momento de las lecturas, toda nuestra atención, reverencia, docilidad, obediencia, respeto. En el momento del ofertorio hemos puesto en esa patena todas nuestras ilusiones, sueños, alegrías, problemas, tristezas. En el momento de la colecta se nos ofrece una oportunidad para ser generosos. En el momento de la paz se nos ofrece una oportunidad para saludar a quien tal vez está a nuestro lado y hace tiempo que no saludamos. Salimos con las manos llenas para repartir estos dones de la eucaristía.

En fin, la Eucaristía es el sacramento de la máxima generosidad de Dios, que nos llama e invita a nuestra generosidad con Él y con el prójimo. Jesús Eucaristía, abre nuestro corazón a la generosidad.

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Para que aprovechéis este verano y se os aclaren las posibles dudas sobre este gran Sacramento. Una breve reseña de las dificultades por las que ha pasado este Misterio.

Que lo valoréis y lo disfrutéis, aunque estéis de vacaciones.

Saludos cordiales.

D. José Párroco

EUCARISTÍA Y APOSTOLADO

Un tema que nos puede venir muy bien, ahora que estamos en vacaciones y tenemos la oportunidad de contactar con tantos amigos y conocidos. Pero es útil todos los días del año. Siempre que asistimos a la eucaristía, teníamos que salir con la fuerza de contagiar a todo el que nos encontremos, con lo que hemos celebrado y vivido. Espero que nos ayude a todos un poquito a valorar la celebración de la Eucaristía y a tener en cuenta el compromiso que adquirimos.

¿Cómo iban creciendo los primeros cristianos? A través de la fracción del pan y la predicación.

 No sé si todos nosotros sentimos el mismo aguijón de San Pablo: “Ay de mí, si no evangelizo . . .” (1Co 9,16). Urge el apostolado. El Papa Juan Pablo II en la encíclica sobre “La misión del Redentor” nos dijo: “La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse. A finales del segundo milenio después de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio” (n.1).

 ¿Qué es el apostolado? 

El apostolado es precisamente ese comprometernos con todas nuestras energías a llevar el mensaje de Cristo por todos los continentes. Jesús al irse al cielo no nos dijo: “Id y rezad”; sino que dijo clarísimamente: “Id y anunciad”.

  Esto es el apostolado

Para san Juan[1], el apostolado es dar a los demás lo contemplado, escuchado, vivido, comido, experimentado con Jesús. Eso es el apostolado. Apostolado es llevar el buen “olor de Cristo” (2Co 2,15). Es llevar la sangre de Cristo, y esa sangre se derrama en cada Eucaristía. Es llevar el mensaje de Cristo, y ese mensaje se proclama en cada Eucaristía. Es salvar las almas, y esas almas son redimidas en cada Eucaristía.

 ¿Para qué hacemos apostolado? Para que Cristo sea anunciado, conocido, amado, imitado y predicado. En la Eucaristía hemos escuchado, comido y contemplado a Jesús.

 ¿Dónde hacer apostolado? En la familia, la calle, la profesión, los medios de comunicación social, la facultad. En todas partes encontramos púlpitos, auditorios, escenarios, estrados y areópagos desde donde predicar a Cristo, con valentía y sin miedo.

 ¿Cómo hacer apostolado? Con humildad, ilusión, alegría, voluntad, ánimo, caridad. La caridad es el alma de todo apostolado y nos urge. No imponemos con la fuerza, sólo proponemos con el bálsamo del amor y del respeto.

 El apostolado es, pues, llevar el mensaje de Cristo a nuestro alrededor, dando razón de nuestra fe. En cada Eucaristía Jesús nos entrega su mensaje, vivo en la Liturgia de la Palabra y en la Comunión. Es el derramamiento al exterior de nuestra vida espiritual e interior. En cada Eucaristía Jesús nos llena de su gracia y amor y vamos al apostolado a dar de beber esas gracias a todos los sedientos. Es poner a las personas delante de Jesús para que él las ilumine, las cure, las consuele, como hicieron aquellos con el paralítico que llevaron en una camilla. El encuentro con Jesús en la Eucaristía nos debería comprometer a ir trayendo a las personas a este encuentro con Jesús.

 La misa acaba con este imperativo latino: “ite, missa est”. Es una invitación al apostolado: Id. Missus quiere decir “enviado”. El apostolado debe ser el fruto de la eucaristía, el fruto de la liturgia. Es como si se dijera: “id, sois enviados, vuestra misión comienza”.

 El apostolado debe brotar de la misa y a ella debe retornar. Es decir, debemos salir de cada Eucaristía con ansias de proclamar lo que hemos visto, oído, sentido, experimentado, para que quienes nos vean y escuchen estén en comunión con nosotros y ellos se acerquen a la Eucaristía. Y al mismo tiempo debemos volver después a la Eucaristía para hablar a Dios, traer aquí todas las alegrías y gozos, angustias, problemas y preocupaciones de todas aquellas gentes que hemos misionado.

 Todos sabemos que el fin último del apostolado es la glorificación de Dios y la santificación de los hombres. Este fin es el mismo que el fin de la liturgia y de la Eucaristía o misa, que es el sol y el corazón de la liturgia.

 Si esto es así, la misa nunca termina, sino que se prolonga ininterrumpidamente. El apostolado hace que la misa se prolongue. Porque en todas partes, durante las 24 horas del día se está celebrando una misa. Ese Sol de la Eucaristía nunca experimenta el ocaso. Ese Corazón de la Eucaristía nunca duerme, siempre está vigilando y palpita de amor por todos nosotros.

 ¿Cómo vivir entonces cada Eucaristía?

 Con muchas ansias de alimentarnos para tener fuerza para el camino de nuestro apostolado; con mucha atención para escuchar el mensaje de Dios a través de la lectura, para después comunicarlo en el apostolado; con espíritu apostólico, pues cada misa debe traernos, si no en persona, al menos espiritualmente a nuestro lado, a todos aquellos que vamos encontrando en nuestro camino.

 Por tanto, ya en cada misa estamos haciendo apostolado. Colocamos a esas personas en la patena del sacerdote, las encomendamos en la Consagración y pedimos por ellas en la Comunión. A ellas, Cristo les hará llegar los frutos de su Redención eterna.

 Pidamos la misma pasión por las almas de san Pablo, de san Francisco Javier, de san Pedro Chanel… que no nos deje tranquilos hasta ver a todos los hombres conquistados para Cristo, y valoremos la misa como medio para salvar almas y prepararnos para el apostolado e incendiar este mundo. ¡Incendiemos no sólo el Oriente, sino también el Occidente, el Norte y el Sur, el Este y el Oeste!


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CURSO DE AFECTIVIDAD APRENDAMOS A AMAR

STBC – CONVIVENCIA INICIO DE CURSO

Jornadas mundiales de Juventud

Adoración al Santísimo

CULTO A LA EUCARISTÍA

(De la Encíclica “Ecclesia de Eucharistia”)

“El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio eucarístico. La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan después de la Misa –presencia que dura mientras subsistan las especies del pan y del vino–, deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y espiritual. Corresponde a los Pastores animar, incluso con el testimonio personal, el culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas. (más…)

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