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14 OCTUBRE 2018 DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO

Mc 10, 17-30

 Cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!». Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

1.- “No tenemos ningún derecho a juzgar a los ricos. Por nuestra parte, lo que buscamos no es una lucha de clases sino un encuentro de las clases, para que los ricos salven a los pobres y los pobres a los ricos. Con respecto a Dios, nuestra pobreza es nuestro humilde reconocimiento y aceptación de nuestro pecado, impotencia y absoluta nada, así como el reconocimiento de nuestra indigencia ante Él, expresado en forma de esperanza en Él, en apertura para recibir todas las cosas de Él como de nuestro Padre. Nuestra pobreza deberá ser la verdadera pobreza evangélica: amable, tierna, alegre y generosa, siempre dispuesta a dar una expresión de amor. La pobreza es amor antes de ser renuncia. Para amar es necesario dar. Para dar es necesario estar libre de egoísmo” (Santa Teresa de calcuta).

2.- “En la narración evangélica, San Marcos subraya como «Jesús se le quedó mirando con cariño» (Mc 10,21). La mirada del Señor es el centro de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho, lo más importante del cristianismo no es una moral, sino la experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, seamos jóvenes o ancianos, pobres o ricos; que nos ama incluso cuando le volvemos la espalda. Un amor, que se manifiesta en la Cruz de una manera tan plena y total, que san Pablo llegó a escribir con asombro: «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20). (…) En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si realmente hemos encontrado a Jesús, ¡no podemos renunciar a dar testimonio de él ante quienes todavía no se han cruzado con su mirada!” (San Juan Pablo II).

3.- “No era una prisa mediocre la que el joven había demostrado; era como la de un amante. Cuando los demás hombres se acercaban a Cristo para probarlo o para hablarle de sus enfermedades, de las de sus padres o aún de otras personas, él se acerca para conversar con Jesús sobre la vida eterna. El terreno era rico y fértil, pero también lleno de espinas y abrojos para ahogar la simiente (Mt 13,7). Considera cuán dispuesto está a obedecer los mandamientos: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?» Nunca ningún fariseo manifestó tales sentimientos; éstos más bien estaban furiosos por verse reducidos al silencio. Nuestro joven, se marchó triste y con los ojos bajos, que es signo nada despreciable de que no había venido con malas disposiciones. Sólo era demasiado débil; tenía el deseo de la vida, pero le retuvo una pasión muy difícil se superar (…) «al escuchar estas palabras, el joven se marchó muy triste». El evangelista nos muestra la causa de la tristeza: es que «tenía muchos bienes». Los que tienen poco y los que nadan en la abundancia, no poseen los bienes de la misma manera. En los últimos la avaricia puede llegar a ser una pasión violenta, tiránica. En ellos, cada nueva posesión les enciende una llama más viva todavía, y los que están afectados por ellas son más pobres que antes. Cada vez se les enciende más el deseo y, por tanto, sienten más fuerte su, digamos, indigencia. Considera en todo caso como la pasión muestra su fuerza… «¡Cuán difícil les será a los que poseen riquezas entrar en el reino de Dios!» No es que Cristo condene las riquezas, sino más bien a los que las poseen”  (San Juan Crisóstomo).

4.- “Estas son las riquezas que Dios quiere, estas son las obras que Él manda guardar a los pequeños, esta es la fortuna que Él desea prepararse, o sea, la fe, el temor de Dios, la modestia, la santidad, los principios morales, y no las cosas terrenas, viles, perecederas y caducas; si en cambio, las de arriba” (Salviano).

 5.- “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Eso de todo, si se refiere a lo que poseía, puede que se gloríe de haber dejado en total cuatro monedas y tal vez no se dé cuenta de que está afirmando que ése sea el precio del reino de los cielos; pero si, desechando las que llamamos antes viejas posesiones y enfermedades del alma, sigue tras las huellas del Maestro, eso es ya unirse a los inscritos en el cielo. Porque seguir realmente al Salvador es aspirar a su impecabilidad y perfección, y, mirándose en ella como en un espejo, adornar y dirigir la propia alma y tener en todo y por todo su mismo espíritu” (Clemente de Alejandría).

EL JOVEN RICO – HEINRICH HOFMANN

Para ilustrar el evangelio que la Iglesia nos proclama este DOMINGO XXVIII del TIEMPO ORDINARIO, presento a un autor seguramente poco conocido en España. HEINRICH HOFMANN (Darmstadt, 19 de marzo de 1824 – Dresde 23 de junio de 1911) fue un pintor alemán destacado por sus grabados, por su pintura de temas mitológicos y, sobre todo, por su constante preocupación y aportación a la pintura religiosa. Viajó por diferentes lugares de Europa y conoció diversas escuelas de pintura desde la aproximación personal; escuelas no solamente contemporáneas a su vida sino de épocas anteriores. Muchos críticos de arte lo consideran el pintor más influyente de la modernidad alemana.

Pintó el cuadro “CRISTO Y EL JOVEN RICO” en 1889. Se encuentra en la iglesia Baptista de Riverside, Nueva York.

El episodio del “joven rico” lo narran los tres evangelios sinópticos: Marcos, que leemos hoy; Mateo 19, 16-30 y Lucas 18, 18-30. Mateo es el único que habla de un “joven”, mientras Marcos pone la respuesta en una persona que puede ser mayor: “todo eso lo he cumplido desde mi juventud” y Lucas, añade que era “magistrado”. Es verdad que la poca literatura o pintura en torno al tema, se apoyan en “un joven”.

HOFMANN, parece conocer la pintura de “la Vocación de Mateo” de Caravaggio y lo presenta desde su contrapunto. En el cuadro de Caravaggio, Mateo sostiene la mirada de Jesús, deja todo lo que tiene y le sigue. Este joven de Hofmann, aparta la mirada de Jesús. No se atreve con la intensidad de una vida entregada por completo, baja la mirada y se aleja apenado.

El joven que ha pintado Hofmann se acerca a Jesús con decisión y con la confianza de todas sus fuerzas; así lo representa la pose corporal que manifiesta; está convencido de su valía, de su posición social seguramente admirada por muchos; su vestimenta de preciosos ropajes hacen pensar al espectador en una persona triunfadora. La mirada le traiciona, Hofmann ha recogido ese instante en el que “el joven” opta por su riqueza no compartida con “los pobres”; el joven no puede sostener la mirada de Jesús que le interpela.

Tampoco se atreve a mirar la escena que se apunta en segundo plano, donde una mujer sostiene con sus manos a una persona necesitada. El hombre parece exhausto ante la dureza de la vida, su cuerpo sin fuerza está remarcado por la ausencia de mirada. La mujer enseña al espectador el vigor y la fortaleza del auxilio al necesitado; desde esos ojos de profunda tristeza de la vida desgarrada por la necesidad y la miseria, mira entre curiosa y expectante el desarrollo del encuentro del joven y el Señor Jesús.

Por la disposición de la luz, podemos decir que está comenzando el día. El resplandor de Jesús hace más firme la claridad de la mañana. “El rico” que interroga a Jesús, el espectador de la escena, cada uno de nosotros… tenemos todo el día por delante para observar la situación de las personas, de la naturaleza, del mundo en su totalidad; tenemos todo el día para planificar una serie de actuaciones que respondan a las necesidades; tenemos todo el día para actuar según la propuesta del Maestro o según nuestro pequeño pensamiento; tenemos todo el día para responder y “repartir nuestras riquezas entre los necesitados” mientras seguimos al Maestro o para bajar la vista “y guardarnos nuestras riquezas”.

Lo que nos representa el cuadro: El estatus de nuestro hombre triste lo traza Hoffmann con maestría, vistiéndole de hermosísimos ropajes, que parecen ser de sedas, terciopelos y tafetanes. Como contraste, el artista nos muestra a la izquierda del lienzo lo que es el sufrimiento. Una mujer –posible seguidora de Jesús- sostiene en sus manos a un hombre anciano y enfermo, a juzgar por su postración y los feos vendajes. A su vez, esta mujer mira de soslayo lo que va a acontecer con el hombre bienintencionado.

La respuesta es clara, pues Jesús no deja duda con el ademán de sus brazos al enseñarle cuál es el camino. Pero nadie quiere acercarse a las personas que sufren, porque hacen que la conciencia repique a la puerta y desasosiegue. Sin embargo, Jesús deja claro que solo éste es el camino para la felicidad.

Las manos curvadas, la mirada apartada, los ojos mirando al suelo y no fijándolos en su interlocutor, explican que el hombre que se acerca al Rabbí ha tomado la elección por sus riquezas. No sabe –hay que darle una oportunidad, manifiesta la juventud con la que retrata el pintor al muchacho- que la alegría está en el servicio desinteresado a los demás.

Enseñanza: La persona no es un verso suelto. Necesita de los demás. Y tal vez esté sobrando algo de la impedimenta, del oropel que no es más que peso muerto en sus hombros y que no le hace feliz, pues se marcha triste. Hoffmann narra con maestría la duda y el temor ante el dolor ajeno. La lección no puede ser más clara.

Desde luego que la decisión es difícil, pero he aquí una demostración de cuánto ama el Rabbí la libertad por encima de que se tomen decisiones que no estén llenas de amor. Y la moraleja puede ser que aunque resulte primeramente molesto acercarse al otro, al sufriente, luego la recompensa es muy grande.

Javier Agra.

7 OCTUBRE 2018 DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO

ORACIÓN COLECTA DE LA “FIESTA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO

Señor Dios nuestro:

Según tu designio, Jesús, tu Palabra Viviente, se hizo uno de nosotros y tú lo diste al mundo por medio de la Bienaventurada Virgen María.

Que, con ella, sepamos dar forma a la palabra viva que es Jesús haciéndole revivir en nosotros, en nuestras palabras y obras, y llevando al mundo su paz y esperanza, su alegría y su perdón, pues él es Señor y Salvador nuestro que vive y reina por los siglos de los siglos.

EVANGELIO  MARCOS 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

Él les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés?

Contestaron: Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio.

Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Le presentaron unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

VIRGEN DEL ROSARIO MURILLO

Este DOMINGO XXVII del Tiempo Ordinario, continuamos leyendo el evangelio de Marcos que es el que nos proclama la Iglesia a lo largo de todo este largo Tiempo Ordinario; bien sabéis que cada año leemos preferencialmente uno de los tres sinópticos y dejamos el evangelio de Juan para fechas señaladas por algún motivo especial o también para Tiempos Litúrgicos específicos.

No obstante, dado que este año coincide este domingo con la FIESTA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO, quiero presentar una imagen pintada, con tal motivo, por BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO. Murillo es uno de los más grandes pintores del Siglo de Oro español, nació en Sevilla el 31 de diciembre de 1617 y murió también en Sevilla el 3 de abril de 1682.

La devoción a María bajo la advocación de “La Virgen del Rosario” viene desde principios del siglo trece, con Santo Domingo. Por diferentes motivos, se instituyó la fecha del 7 de octubre como día de especial celebración del Rosario.

Después del Concilio de Trento, tuvo una notable difusión esta fiesta y los cuadros que representan a María, la madre de Jesús bajo esta advocación. Viene a ser una Madonna, puesto que es María con su niño en brazos; pero en estos cuadros, Jesús ya está más crecido, no es el bebé recién nacido. El mismo Murillo realizó diversas versiones de “La Virgen del Rosario”.

Aporto esta versión, pintada en torno al año 1650, porque podemos contemplarla en el Museo del Prado en la sala XVI, pero también podemos disfrutar de una copia más a mano en la capilla del Santísimo en nuestra Parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Murillo presenta una escena entrañable; dentro del naturalismo que caracteriza toda su obra, en este cuadro presenta una madre llena de ternura. Las mejillas de la madre y del hijo están en contacto; entre ambos sujetan con sus manos un rosario que cuelga sobre su regazo como invitación al espectador a participar en el rezo. María y Jesús se están viendo de soslayo, pero fundamentalmente miran de frente al espectador, fijan la serena dulzura de sus ojos en quien se acerca a contemplar “un cuadro” y se encuentra la ternura misma, el sosiego, la invitación al encuentro y a la oración.

Esta jovencísima Virgen del Rosario, desde su monumental solidez apoyada en un sólido banco de piedra con una construcción majestuosa, se presenta ante quien la mira desde la cercana ternura; las mejillas de la madre y el hijo proyectan una sonrisa de confianza hacia la asamblea. Pinceladas sueltas y seguras, colores de cielo y de resurrección, de entrega y triunfo, se posan para siempre en quien mira este cuadro acaso de pasada pero encandilado, al instante, por la magnificencia, la serenidad, la confianza, la paz que arrebata el corazón del espectador.

Javier Agra.

1.- “Las palabras de Cristo dirigidas a los fariseos se refieren al matrimonio como sacramento, o sea, a la revelación primordial del querer y actuar salvífico de Dios «al principio», en el misterio mismo de la creación. En virtud de este querer y actuar salvífico de Dios, el hombre y la mujer, al unirse entre sí de manera que se hacen «una sola carne» (Gén 2, 24), estaban destinados, a la vez, a estar unidos «en la verdad y en la caridad» como hijos de Dios, hijos adoptivos en el Hijo Primogénito, amado desde la eternidad. A esta unidad y a esta comunión de personas, a semejanza de la unión de las Personas divinas, están dedicadas las palabras de Cristo, que se refieren al matrimonio como sacramento primordial y, al mismo tiempo, confirman ese sacramento sobre la base del misterio de la redención. Efectivamente, la originaria «unidad en el cuerpo» del hombre y de la mujer no cesa de forjar la historia del hombre en la tierra, aunque haya perdido la limpidez del sacramento, del signo de la salvación, que poseía «al principio»” (San Juan Pablo II).

2.- “La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando éste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor, «el Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra». El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas. En los bautizados el matrimonio reviste, además, la dignidad de signo sacramental de la gracia, en cuanto representa la unión de Cristo y de la Iglesia” (Beato Pablo VI).

3.- “El sacramento no es una «cosa» o una «fuerza», porque en realidad Cristo mismo «mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos. Permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros». El matrimonio cristiano es un signo que no sólo indica cuánto amó Cristo a su Iglesia en la Alianza sellada en la cruz, sino que hace presente ese amor en la comunión de los esposos. Al unirse ellos en una sola carne, representan el desposorio del Hijo de Dios con la naturaleza humana. Por eso «en las alegrías de su amor y de su vida familiar les da, ya aquí, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero». Aunque «la analogía entre la pareja marido-mujer y Cristo-Iglesia» es una «analogía imperfecta», invita a invocar al Señor para que derrame su propio amor en los límites de las relaciones conyugales” (Papa Francisco).

4.- “Así, pues, el pasaje bíblico concluye con una profecía sobre Adán: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (Gn 2, 24). En esta profecía hay dos aspectos importantes: el eros está como enraizado en la naturaleza misma del hombre; Adán se pone a buscar y «abandona a su padre y a su madre» para unirse a su mujer; sólo ambos conjuntamente representan a la humanidad completa, se convierten en «una sola carne». No menor importancia reviste el segundo aspecto: en una perspectiva fundada en la creación, el eros orienta al hombre hacia el matrimonio, un vínculo marcado por su carácter único y definitivo; así, y sólo así, se realiza su destino íntimo. A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano. Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella” (Benedicto XVI).

 

30 SEPTIEMBRE 2018 DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO

El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos.

Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo.

SANTIAGO 5, 3 – 6

 EVANGELIO MARCOS 9, 38-43. 45. 47-48

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió: No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.

Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

LA VIDA DE CRISTO – EMIL NOLDE

EMIL NOLDE (Ducado de Schleswig, Alemania, 1867 – 1956, Neukirchen, Alemania) es un pintor de los de más nombre de la corriente del expresionismo. Sus casi noventa años de vida fueron de una variada traslación ideológica en sus apuestas políticas, una continua búsqueda de la belleza a través del arte, siempre se mantuvo confesionalmente cristiano católico.

“LA VIDA DE CRISTO” es un políptico de nueve tablas en las que “La Crucifixión” ocupa el panel central. Junto con otras muchas de sus obras está expuesta en la fundación ADA Y EMIL NOLDE en SEEBÜL, poco más que una granja adaptada como vivienda y hoy museo por el matrimonio Nolde en Neukirchen, Alemania en la frontera con Dinamarca.

El color en todo este políptico y en la mayor parte de su pintura es abrumador, casi turbulento; las figuras vienen a ser fuertes colores estridentes agrupados donde apenas observamos trazos dibujados. Las figuras humanas ocupan el espacio, sin otro fondo que contemplar. De este modo, el espectador se enfrenta de bruces con las expresiones de rostros y manos, de torsos y dedos… el espectador duda si contempla pintura o está viendo una postura estática de alguna creación teatral de expresión corporal.

Según narran los críticos, el políptico “La vida de Cristo” surgió porque Emil Nolde estaba trabajando diversas escenas separadas que fue colocando en una pared, le gustó el conjunto y decidió concluirlo como ora completa con la “Crucifixión” que ocupa el centro.

Con la pintura de hoy podemos jugar a buscar los episodios que pinta; ya adelanto que están muy claros y pertenecen a los momentos más pintador por toda la historia del arte.

¿Tiene algo que ver este políptico con el evangelio que hoy nos presenta Marcos en su capítulo nueve y que también narra Lucas y en parte Mateo? A mi entender tiene que ver. Toda la vida de Jesús es una enseñanza y un impulso a buscar el Reino de Dios, que en el texto de hoy se presenta como desbordado en cascada, casi sin tiempo de digerirlo en el momento; el texto de hoy necesita tiempo de rumiar, tiempo de reflexión, tiempo de sosiego. El texto del evangelio de Marcos de este domingo pide sentarse y escuchar la vida entera del Señor Jesús, pide remover la tierra de nuestra vida, cultivar nuestro espíritu, sembrar la palabra y la actividad entera de Jesús el Cristo, pide oración y silencio…

Javier Agra.

 

23 SEPTIEMBRE 2018 DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO

Hermanos: Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.  Carta de Santiago 3, 16–18

EVANGELIO MARCOS 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

EL LAVATORIO   TINTORETTO

Jacopo Bassano, conocido en el mundo entero como Tintoretto debido a que sus padres regentaban un negocio familiar dedicado al tinte de los tejidos, es un pintor italiano del siglo dieciséis. Prolífico pintor, siempre estuvo atento a las formas clásicas de pintura y al mismo tiempo siempre fue un buscador de la innovación.

EL LAVATORIO, pintura que hoy aporto, es una de sus obras más conocidas. Pintada el año mil quinientos cuarenta y nueve, se expone actualmente en el Museo del Prado en Madrid. 

El tema es muy conocido. Con este episodio se abre el llamado “Libro de la Gloria”  del evangelio de Juan que ocupa todo el relato de la Última Cena desde el capítulo trece hasta el diecisiete incluido; con el capítulo dieciocho comienza el episodio de la Pasión. Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Después de echar agua en un recipiente, se puso a lavar los pies a sus discípulos. Simón Pedro pretendió negarse, pero al insistir Jesús en que de otro modo no podría tener parte con él, accedió a que le lavase los pies. Concluye con la enseñanza: “también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

El episodio del LAVATORIO suple en el evangelio de Juan al relato de la consagración del pan y del vino. Algo así nos recuerda Marcos en el evangelio de hoy: “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Jesús y sus discípulos están viajando hacia Jerusalén, en el camino surgen diferentes preguntas y Jesús responde con palabras y con acciones. Hoy la pregunta es: “¿Quién es el más importante?” Estar atentos a las demás personas y a la naturaleza entera forma parte del núcleo de la fe cristiana.

El TINTORETTO pone este momento de Jesús lavando los a Pedro, en un lateral de la composición y ante el rostro del espectador. Podríamos pensar en una idea impactante de presentar este gran cuadro. Como que pretendiera forzar a quien mira la obra a entrar en esta amplitud de imágenes, a través del acto humilde y servidor del Maestro. Aún es de día, la luz ilumina toda la estancia que parece ser de grandes dimensiones y aún podemos pensar en que amplía sus límites al mundo entero; conviene por tanto ver bien la escena completa y este impactante modo de actuar de Jesús que ha venido a servir.

Diseminados por la sala, los apóstoles se preparan en soledad o en grupos de dos para recibir la enseñanza en forma de lavatorio. Domina el sosiego, la calma del perro recostado mientras observa la escena. Los ventanales del edificio se prolongan en calles de la ciudad porque los apóstoles han de salir a las gentes a comunicar lo que han visto y oído, porque el mundo y sus gentes y sus preocupaciones y sus problemas y sus alegrías y sus éxitos y sus esperanzas son la prolongación de la fe de la Comunidad de los creyentes en Jesús el Cristo.

Javier Agra.

 

16 SEPTIEMBRE 2018 DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO SAN MARCOS 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.

Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pedro le contesto: Tú eres el Mesías.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y empezó a instruirlos: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad.

Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.

ANÁSTASIS. ICONO BIZANTINO. Segunda mitad siglo XVI   MUSEO DE ICONOS DE VENECIA

Este domingo XXIV del Tiempo Ordinario, continúa la Liturgia presentándonos el evangelio de Marcos y la confesión de fe de Pedro; confesión a la que nos unimos todos los que pertenecemos a Cristo El Mesías.

Aporto hoy este tema de la ANÁSTASIS, concepto griego que viene a significar Resurrección o subida. Fue muy influyente en la época medieval en la iglesia latina, en la iglesia ortodoxa perduró con más fuerza y son muchos los iconos que lo representan. El tema se conoce con el nombre genérico de “DESCENSO A LOS INFIERNOS”.

La idea es que Cristo sepultado, baja al lugar que habitan los muertos antes de la Redención por la Resurrección y también a ellos les concede la salvación. Es la victoria sobre el pecado y sobre la muerte que alcanza a toda la humanidad, también a quienes vivieron y murieron antes de Cristo.

En la Anástasis, Jesús el Cristo ya ha vencido a la muerte; en sus manos y pies permanecen los signos de los clavos, el tono dorado de su túnica ya lo presenta como divinidad resucitada, señal que refuerza el nimbo de su cabeza. Este icono que acompaña al comentario lleva en la mano el rollo con el nombre escrito de quienes son salvados; es más común presentar la figura de Jesús resucitado portando la cruz. En las primeras imágenes de la Anástasis era frecuente incluir a Cristo dentro de la mandorla del Pantocrátor románico.

La Resurrección de Jesús, ha roto las puertas del infierno donde Satanás queda encerrado; se abren los sepulcros de los que han muerto antes de este momento de la Resurrección; Jesús levanta a la humanidad caída, toma de la mano al primer humano Adán junto al que está Eva la madre de la humanidad, como en el gesto de la primera creación la humanidad entera ha sido restaurada en la salvación.

Junto a Adán y Eva vemos a los profetas, reyes, patriarcas, jueces y otras personas del Antiguo Testamento. Es muy frecuente la presencia de Juan Bautista; en este cuadro que acompaña hoy, lo vemos vestido con túnica roja y manto verde presentando a los diferentes personajes del Antiguo Testamento ante Jesús. La mansión del infierno está representada por una cueva, cuyas puertas han sido derribadas por el Mesías Resucitado; estas puertas en forma de cruz, están aprisionando ya para siempre al demonio encadenado y vencido.

La iconografía está tomada del apócrifo “Evangelio de Nicodemo” escrito en el siglo tercero, al que poco más tarde se le añadió una primera parte con las “Actas de Pilatos”. La “Leyenda Dorada” de Jacobo de la Vorágine escrita en el siglo trece, contribuyó a su difusión y popularidad.  

A través de todos los siglos, nosotros también estamos llamados a responder la pregunta: ¿Vosotros quién decís que soy yo? También en los días presentes unimos nuestra fe a los pasados siglos y confesamos: TÚ ERES EL MESÍAS.

Javier Agra.   

 

9 SEPTIEMBRE 2018 DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO

Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis.

Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.

Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

ISAÍAS 35, 4 – 7

EVANGELIO MARCOS 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:

–Effetá (esto es, «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

–Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

“LA ESTAMPA DE LOS CIEN FLORINES”      REMBRANDT

Retomamos la lectura del evangelio de Marcos que habíamos interrumpido después del Domingo XVI del Tiempo Ordinario. Aquella lectura concluyó diciendo que Jesús se reunió con el gentío y se puso a enseñarles. De nuevo volvemos el evangelio de Marcos este Domingo XXIII del Tiempo Ordinario para narrar una acción sorprendente de Jesús, un milagro: entrega la palabra y el entendimiento a una persona sordomuda.

“LA ESTAMPA DE LOS CIEN FLORINES” es un título curioso que se debe a los diferentes avatares que ocurrieron con esta creación de REMBRANDT a lo largo del tiempo. Parece que es la cantidad que él pagó para hacerse con ella un tiempo después de perderle la pista. Rembrandt, Ámsterdam (1606 – 1696) es conocido como uno de los grandes maestros de la pintura y también del grabado. Su taller de grabación fue próspero entre 1620 y 1660; la grabación de esta Estampa… es de finales de los años cuarenta. El British Museum de Londres conserva una copia de este grabado con el título: “Cristo curando a un enfermo”.

Este trabajo de Rembrandt se extiende más allá de un momento concreto de la actividad y de la vida de Jesús, a quien observamos destacado y perfectamente visible en el centro de la imagen, solemne e ingrávido; los demás personajes y su significado pueden estar más difuminados. Pero sí podemos concretar que es una especie de compendio del evangelio de Jesús. A la derecha, en primer plano, contemplamos el grupo de enfermos, con sus diversas afecciones, a los que Jesús sana en diferentes momentos para devolverles la salud pero también para restituir la dignidad humana tantas veces pisoteada. Con estas acciones “milagrosas” Jesús quiere que cada persona recupere la palabra, la escucha, el discurso, la comunicación…

Algunos discípulos se agolpan en torno a Jesús, mientras él invita a todas las personas a acercarse a él, a su palabra, a su vida; así recordamos los diferentes discursos que más o menos agrupados se nos narran en las cuatro versiones del evangelio. También encontramos la presencia de las parábolas: el joven rico, el camello y el ojo de la aguja a la derecha del grabado bajo un arco de piedra.

La luz cruza la escena de izquierda a derecha mezclando luminosidad en un destello de resplandores que tienen su nacimiento en el mismo rostro del Maestro; las manos de Jesús hablan en discursos, actúan en milagros; los rostros de los presentes con múltiples expresiones se dirigen hacia Jesús; las manos, las posturas corporales de una variadísima riqueza muestran oración, asombro, recelo, admiración, cercanía… Rembrandt reproduce las actitudes humanas ante la divinidad, ante el Hijo de Dios que se manifiesta en múltiples facetas.

Estamos ante un grabado que nos muestra a un Jesús atemporal; Cristo hoy y siempre ofrece “su curación” a cada persona, a cada uno de nosotros, a la naturaleza entera para que seamos capaces de construir, de crear, de creer, de ser solidarios, de hacer Comunidad, Iglesia, Paz, igualdad, fraternidad universal; Jesús nos entrega la luz y nos devuelve la vista, nos sana de nuestra sordera y nuestro silencio para que proclamemos su Reino y la dignidad de cada persona.

Javier Agra.

 

2 SEPTIEMBRE 2018 DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 7,1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ADÁN Y EVA EN EL PARAÍSO EL BOSCO

Panel izquierdo: El jardín del Edén

Estamos celebrando el DOMINGO XXII del Tiempo Ordinario. Marcos escribe e

ste capítulo 7 de su evangelio entre una variedad de acciones de milagros de Jesús; parece que su actividad es para reconstruir lo que está maltrecho a causa de la enfermedad, del dolor, del enfrentamiento humano; en este capítulo que hoy leemos, nos recuerda la necesidad del corazón limpio, libre, generoso, paciente… en fin, un corazón en Dios.

No se trata de la ley, ni de la tradición, no se trata de vivir en la trampa; Jesús habla de la grandeza humana desde el interior del corazón generoso. Por eso traigo como imagen de estas lecturas del domingo, el cuadro de “EL BOSCO” “EL JARDÍN DE LAS DELICIAS”. No completo, solamente el panel izquierdo de su tríptico abierto, que muestra al Padre Dios con Adán y Eva en el Jardín del Edén.

Jheronimus Bosch, nombrado en español como “El Bosco” (1450 – 1516) nació en Holanda. Conocemos menos de su vida que de sus notables pinturas llenas de juegos fantásticos, de alegorías y simbolismos. Este cuadro “El Jardín de las delicias” y algún otro lo podemos contemplar, admirar, disfrutar… en el Museo del Prado de Madrid.

En este panel del tríptico podemos detenernos para contemplar cada una de las figuras; los otros dos paneles del Jardín de las delicias nos pueden sumir en un caos de fantasía e interpretación, donde resulta difícil mirar detalladamente más que el conjunto o acaso disfrutarlo por escenas.

El primer plano está ocupado por Adán y Eva en una composición nada típica, pues no presenta ni la creación de las primeras personas, ni el “pecado”, ni la expulsión del Paraíso. Adán y Eva se contemplan desde la limpieza del corazón, se saben iguales en dignidad desde el inicio; se saben libres desde la primera vez que se miran; su corazón conoce la fortaleza, la entrega, la ilusión, la serenidad. Dios Padre toma de la mano a Eva, mientras Adán muestra también la presencia en la escena además de con la mirada, con la serena postura sentada, porque el pintor ha querido que también él mantenga el contacto físico entre su pie extendido y el mando del Padre Dios. Dios que se nos muestra con una imagen poco común, más

cercana a la que acostumbramos ver para mostrarnos al Hijo Jesucristo. Un aura de pacífica serenidad parece que invita a contemplar el Espíritu Santo de un modo invisible.

Desde el primer momento, palpita en el corazón humano la libertad de elección entre “el bien y el mal”. El árbol de la vida está muy cerca de Adán y Eva, muy cerca de cada uno de nosotros. Más al fondo, una palmera como árbol de la ciencia del bien y del mal, la serpiente está al acecho. En este entorno de paz y sosiego, de libertad y entusiasmo, también está presente la posibilidad de que el corazón humano elija “las maldades que salen del corazón y manchan al hombre” (Marcos 7, 23).

 

26 AGOSTO 2018 DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

Oración colecta

Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro Señor Jesucristo.

EVANGELIO JUAN 6, 61-70

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?”

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: “¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen”.

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.

Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”

Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PEDRO

RAFAEL SANZIO

Este DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO, concluimos la lecturas del capítulo 6 del evangelio de Juan. Podemos pensar, al finalizar su lectura, que termina de un modo un tanto inesperado o acaso hasta sorprendente. Se ha ido reduciendo el número de seguidores de Jesús de tal modo que pregunta a sus íntimos ¿también vosotros queréis iros? La duda, el silencio, el estupor… ocupan el ambiente durante unos instantes. Y llega la respuesta definitiva de Pedro, la confesión que acaso escuchamos en nuestro corazón en este instante, como llevan escuchando miles de generaciones desde aquel día: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna y sabemos que tú eres el santo de Dios”.

El cuadro que hoy aporto, lo pintó RAFAEL en 1514; se conserva en el “Museo Victoria y Alberto”, LONDRES. Rafael Sanzio nació en Urbino, Italia, el 6 de abril de 1483. Murió otro 6 de abril, de 1520, en Roma. El mismo día que cumplía treinta y siete años. Pese a su corta edad, es uno de los mayores pintores de la historia de la humanidad.

Este cuadro “CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PADRE”, no es los más nombrados. El pintor Rafael sitúa a los apóstoles en un poderoso grupo presidido por Pedro que está de rodillas ante la presencia del maestro resucitado. De esta composición, deducimos que Rafael ha querido expresar un momento de cierta solemnidad y transcendencia. Quedan once apóstoles a los que Jesús se dirige, especialmente a Pedro a quien le pide que sea el cuidador y coordinador del “rebaño”, al que Jesús nombra nuevamente bajo el símbolo de “las ovejas”. Todo el evangelio de Jesús está transido de parábolas, símbolos, metáforas… de una riqueza y cultura literaria atrayente. Porque los setenta y cuatro libros de la Biblia se pueden leer bajo tres puntos de vista: literario e histórico, de los que todos podemos participar en mayor o menor medida; también desde el punto de vista religioso o teológico, al que nos acercamos más o menos, también de diferentes maneras.

El momento que nos presenta Rafael plantea la naturalidad con la que generalmente hace su pintura. Ofrece al espectador, un amplio paisaje, donde todo va moviéndose hasta confluir en la figura de Cristo. La composición de lejanía y cercanía, de colores, de celaje y tierra hacen que el espectador se sienta parte de este escena. Quienes somos espectadores del cuadro, podemos iniciar también un movimiento de acercamiento hacia Jesús el Cristo y confesar desde nuestra posición: “SEÑOR, TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA”.

Javier Agra.

 

15 JULIO 2018 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MARCOS 6, 7-13

En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió:

–Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

SAN PEDRO CURA A LOS ENFERMOS CON SU SOMBRA – MASACCIO

Tommaso di Ser Giovanni, a quien conocemos como MASACCIO fue un pintor del Renacimiento italiano (San Giovanni Valdarno 1401 – Roma 1428) pintó este fresco el año 1427 para la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia.

La brevedad de su vida, murió con 27 años, contrasta con la importancia novedosa de su pintura y su nombre en la historia del arte.

Para este DOMINGO XV del Tiempo Ordinario aporto esta escena, inspirada en el libro de Lucas “Hechos de los Apóstoles” 5, 12 – 16 que recuerda el evangelio de este domingo Marcos 6, 7 – 13, narrado también por sinópticos Mateo 10, 1. 5 – 15 y Lucas 9, 1 – 6. Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, les da autoridad sobre los espíritus inmundos; los discípulos “predicaban y curaban muchos enfermos”.

Masaccio propone la escena de un modo muy pedagógico y de comprensión inmediata. Pedro, seguido por Juan, acaba de curar a dos enfermos y está a punto de curar a otros dos, que lo miran esperando el milagro que ocurre cuando la sobra del apóstol los alcanza a tocar.

Los apóstoles Pedro y Juan están presentados con el nimbo numinoso sobre sus cabezas; tras ellos camina otro personaje que acaso sea un enfermo recién curado, aunque más parece algún doctor de la ley dispuesto a reconvenir a los apóstoles. Recordad que el texto de los Hechos de los Apóstoles continúa señalando que “el sumo sacerdote y los de su partido, llenos de coraje, mandaron prender a los apóstoles…”

MASACCIO realiza este cuadro con una cuidada perspectiva; estamos viendo a los enfermos formando una rampa ascendente desde el primero que está agazapado junto al suelo a la espera del milagro, hasta el cuarto que está ya en actitud de seguir a sus sanadores, mientras el tercero mantiene el gesto de acción de gracias por la salud recién recibida y el segundo con las manos cruzadas sobre el pecho aguarda el instante inminente de la sombra que lo cure.

Los volúmenes de los personajes, la simetría de los edificios, están formando una composición realista con perspectiva y fondo que en la pintura son novedosas en ese momento del quatrocento. Masaccio quiere presentar las escenas de sus cuadros de una manera realista; en esta escena lo vemos muy claro, estudios de diferentes autores aseguran que él mismo está retratado en la figura de San Pedro, que otros diferentes personajes del cuadro representan personas del momento y conocidas por el autor. En el cuadro “San Pedro cura a los enfermos con su sombra” nuestro autor aúna fisonomía, estructura, perspectiva, luz…

Palabras para este domingo pueden ser cercanía y hospitalidad, conversión y PAZ, entrega y COMUNIDAD…

Javier Agra.

 

8 JULIO 2018 DOMINGO XIV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MARCOS 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»

Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

LA INFANCIA DE CRISTO – GERARD VAN HONTSHORST

Este pintor holandés (UTRECHT 1592 – 1656) fue autor de una amplitud pictórica poco común, compaginó el claroscuro con escenas llenas de luz en la iluminación de la naturaleza, retratos, pintura mitológica, también de inspiración bíblica… Esta obra que, según todos los datos, fue pintada el año 1620 también se conoce como “EL HIJO DEL CARPINTERO”. Se encuentra en el MUSEO HERMITAGE de SAN PETERSBURGO.

El evangelio de Marcos que leemos este Domingo XIV del Tiempo Ordinario habla del asombro que produce Jesús entre sus vecinos. Asombro que narran los tres sinópticos y muestran una reacción muy cercana a la incredulidad o al menos a la duda, porque los humanos somos muy dados a prejuzgar, a encasillar a las personas; a negarnos a aceptar la transformación, la acción de Dios en nuestra vida.

“El Hijo del carpintero” del pintor Gerard Van Hontshorst reproduce un tema poco presente en la pintura; Jesús está creciendo y pasa los años de su juventud primera junto a su padre y su madre, de ellos aprende los oficios, la tradición, la vida entera. El pintor nos entrega una vida de hogar, porque en el hogar se superan todas las dificultades desde la serenidad, la confianza, la paz, la armonía.

En este claroscuro del cuadro, Jesús es la fuente de luz. Él es LA LUZ que se entrega a través del símbolo de la vela encendida; el rostro infantil de Jesús es luz; el envejecido rostro de José es luz. La luz ilumina toda la penumbra de la estancia, la luz dibuja la silueta de los ángeles, la luz atrae la mirada de los espectadores hasta el punto de que las acciones del cuadro podrían ser cualquier actividad humana. En este caso es el artesano el que trabaja en la luz, pero podremos situar cualquier actividad que realizamos los espectadores; así todos nuestros actos están iluminados por Jesús y la luz que Él nos entrega para que construyamos su Reino de libertad, de PAZ, de igualdad, de respeto, de justicia… 

Esta pintura entrega al espectador la unión del cielo y la tierra; la necesidad del esfuerzo; el trabajo; la entrega de los valores de una generación  a la generación siguiente.

La ancianidad de José con respecto a María su mujer y a su hijo Jesús, es un dato sacado de los evangelios apócrifos. Por los mismos años en que nace esta pintura, los grandes pintores españoles del Barroco serán quienes comiencen a presentar a José con un rostro más joven, acorde a la juvenil edad de María.

Javier Agra.

 

1 Julio 2018 DOMINGO XIII 

EVANGELIO MARCOS 5, 21-43

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.

[Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.

Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe.

No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entro y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos ? La niña no está muerta, está dormida.

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–.Y se quedaron viendo visiones.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

RESURRECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO   VASILIY POLÉNOV

VASILIY DIMÍTRIEVICH POLÉNOV (San Petersburgo 1844 – 1927). Este pintor ruso es uno de los máximos representantes del naturalismo de su país. Conocido principalmente por las obras en las que refleja la naturaleza y su constante movimiento de estaciones y puntos de observación diversos.

Pintor viajero, también llegó a Palestina y Egipto con el deseo de tomar notas y realizar diversas obras sobre la vida de Cristo. Así surgió, entre otras pinturas, esta de “LA RESURRECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO” que hoy nos propone la Iglesia como lectura del evangelio en su versión de Marcos. Como sucede con muchos textos, este también está narrado en los tres sinópticos; Lucas 8, 40 – 56 lo narra de modo muy similar, Mateo 9, 18 – 26 se extiende menos.

Es una escena realista, llena de luz y de sentimientos diferenciados en cada uno de los personajes que se muestran en la escena. La habitación está pulcramente terminada y diseccionada en los pinceles del autor; en su sencillez, resulta agradable y luminosa, llena de color y de vida. Jesús en pie en medio de la escena ha entregado la vida a la niña, su mano aún está en la posición de hablarle: “escúchame, niña, ponte en pie”;  la niña, con los ojos recién abiertos, mira serena a Jesús quien le sujeta la mano mientras ésta recobra la fuerza.

La madre ha dejado de llorar, está al pie de la cama entre la súplica y el agradecimiento; Jairo, el jefe de la sinagoga y padre de la niña, permanece en la puerta; su mano derecha y su rostro en penumbra, expresan el asombro de la escena que acaba de contemplar. Entre las otras tres personas, se identifica al apóstol Juan en la luz de la puerta; suponemos que el autor Vasiliy Polénov ha pintado también a Pedro y Santiago pues son los discípulos que acompañan a Jesús en diferentes momentos más especiales.

La luz de la escena se centra en Jesús y en la niña. Ahí es donde el pintor sitúa a los espectadores, de modo que nosotros que somos observadores de este milagro de vida también estamos llamados a agradecer como la madre, a asombrarnos como el padre, acompañar como los apóstoles y a ser vida y futuro como la niña. Vida y transformación para que este mundo llegue a ser el Reino de Dios que Jesús entrega con sus acciones, su sosegada oración, su presencia permanente.

Javier Agra.

 

6 MAYO 2018 DOMINGO VI DE PASCUA

EVANGELIO SAN JUAN 15, 9-17

 «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

1.- “¿Es el amor el que hace guardar los mandamientos o es la guarda de los mandamientos la que hace el amor? ¿Pero es que puede dudarse de que es el amor el que precede? El que no ama no tiene razón suficiente para observar los mandamientos. Por eso, lo que sigue: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, muestra no dónde se genera el amor, sino cómo se manifiesta. Es como si dijera: No penséis permanecer en mi amor, si no guardáis mis mandamientos; pues si no los guardáis, no permaneceréis. […] Por consiguiente, no guardemos primero sus mandamientos para que nos ame; pero si no nos ama, no podemos guardar sus mandamientos. Ésta es la gracia patente a los humildes, latente en los soberbios” (San Agustín).

2.- “La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente. La alegría es una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor y barro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón alegre sabe cómo se ha de proteger” (Santa Teresa de Calcuta).

3.- “Cristo mismo es el modelo vivo y constituye la medida de ese amor, del que habla en su mandamiento: «Como yo os he amado», dice. Más aún, se presenta la fuente de ese amor, como «la vid», que fructifica con ese amor en sus discípulos, que son sus «sarmientos»: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5). De allí la observación: «Permaneced en mi amor» (Jn 15, 9). La comunidad de los discípulos, enraizada en ese amor con que Cristo mismo los ha amado, es la Iglesia, Cuerpo de Cristo, única vid, de la que somos sarmientos. Es la Iglesia-comunión, la Iglesia-comunidad de amor, la Iglesia-misterio de amor. Los miembros de esta comunidad aman a Cristo y, en él, se aman recíprocamente. Pero se trata de un amor que, derivando de aquel con que Jesús mismo los ha amado, se remonta a la fuente del amor de Cristo hombre-Dios, a saber, la comunión trinitaria. De esa comunión recibe toda su naturaleza, su característica sobrenatural, y a ella tiende como a su propia realización definitiva” (San Juan Pablo II).

4.- “El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. […] ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados (1Pe 4,8), la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas” (San Clemente de Roma).

5.- “«Os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16). Aparece aquí el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he destinado para que vayáis… Debemos estar impulsados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios se nos ha dado para que llegue también a los demás. Hemos recibido la fe para transmitirla a los demás; […] Y debemos dar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. Pero ¿qué permanece? El dinero, no. Tampoco los edificios; los libros, tampoco. Después de cierto tiempo, más o menos largo, todas estas cosas desaparecen. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. Por tanto, el fruto que permanece es todo lo que hemos sembrado en las almas humanas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Así pues, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a dar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios” (Joseph Ratzinger).

RESURRECCIÓN DE CRISTO – RAFAEL                                   

Infinidad de textos se han escrito sobre el muy conocido pintor del Renacimiento italiano Rafael Sanzio (Urbino 1483 – Roma 1520), de modo que no añado otras excelencias. Muchos museos tienen diversas pinturas salidas de sus pinceles. Este cuadro, “LA RESURRECCIÓN DE CRISTO”, se conserva en el Museo de Arte de San Pablo, Brasil.                                                        

Es el último domingo de Pascua, Jesús nos ha dejado muchas y magníficas enseñanzas y nos ha dejado su vida entregada. Este domingo tiene un resumen magnífico. “EL AMOR”. Inmensidad de escritos, lienzos, canciones, películas… están poblando nuestro mundo con el tema central del amor. Jesús se ha entregado en su totalidad, el Padre Dios lo ha resucitado para mostrarnos la dimensión absoluta del amor; vendrá el Espíritu Santo y nos lo explicará de nuevo para que lo entendamos.

Para expresar EL AMOR, quiero mostrar un cuadro sobre la RESURRECCIÓN DE Jesús, que es el triunfo definitivo sobre las limitaciones, sobre las ausencias, sobre las dudas, sobre el temor. Este de Rafael está lleno de colorido y movimiento, de luminosidad y sosiego, de naturaleza y vitalidad, de complejidad y detalles. Los dos soldados y los dos ángeles están formando un escenario nuevo que amplía el espacio desde el sepulcro hasta la inmensidad de la tierra entera, lo humano y lo divino está reunido ante nuestros ojos asombrados e interrogantes; igual que se preguntan las mujeres del fondo, estamos todos caminando entre la admiración y la duda. Pero sentimos la presencia del Señor resucitado, su cruz es ahora el apoyo del estandarte con el color blanco de la victoriosa resurrección.

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Amaos unos a otros como yo os he amado”. En este amor vive la creación entera que admira a Cristo, que recibe la vida definitiva; hacia este amor caminamos mientras disfrutamos y cuidamos la naturaleza, en la construcción de la comunidad y en la cercanía de las personas, en oración y en compromiso social.

Javier Agra.

 

22 DE ABRIL 2018 IV DOMINGO DE PASCUA

Jn 10, 11-18

 «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

 1.- “«El buen pastor da la vida por las ovejas». En el sermón sobre el pastor es central la entrega de la vida por las «ovejas». La cruz es el punto central del sermón sobre el pastor, y no como un acto de violencia que encuentra desprevenido a Jesús y se le inflige desde fuera, sino como una entrega libre por parte de Él mismo: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (10, 17s). Aquí se explica lo que ocurre en la institución de la Eucaristía: Jesús transforma el acto de violencia externa de la crucifixión en un acto de entrega voluntaria de sí mismo por los demás. Jesús no entrega algo, sino que se entrega a sí mismo. Así, Él da la vida” (Benedicto XVI).

2.- “Piensa, ovejita; piensa, pecador, que si te quieres poner, si quieres volver al rebaño del Señor, que de tu pecado sacará el Señor misericordia. Para todos habrá remedio bueno. Espera en su misericordia y en su pasión. Piensa, si te hallas fuera de la manada, qué es lo que pasó por ti, para traerte a pacer en su dehesa. Piensa cuánto desea darte su yerba, y no tendrás temor de venir a Él coja o como quiere que estuvieres, a que te cure. Y si te hallas que has caído, yendo cansada, de esa caída hallarás la gran misericordia del pastor; aunque hayas pecado hallas y hallarás misericordia. Y esto si no te vas tú. Y si te vas, […] por mil maneras, por muy maravillosas maneras hace Dios que el hombre le quiera. Se le va la oveja, y Él con predicadores, con misericordias, con halagos, con amenazas, con enfermedades, miris modis, de muchas e infinitas maneras os llama” (San Juan de Ávila).

3.- “Pastor es también por la condición de sus amorosas entrañas. Todo lo hizo por amor, desde nacer hasta morir, y, asentado hoy a la derecha del Padre, por amor negocia, entiende y lo gobierna todo para nuestro bien. Antes que le amemos nos ama, y si le despreciamos nos busca. “No puede tanto la ceguedad de mi vista ni obstinada dureza, que no pueda más la blandura ardiente de su misericordia dulcísima”. Madruga y no reposa. […] Dios es caridad, y la humanidad en que se mostró es toda amor. Y como el sol, que de suyo es fuente de luz, todo cuanto hace perpetuamente es lucir, enviando sin cesar rayos de claridad de sí mismo, así Cristo, como fuente viva de amor que nunca se agota, mana de continuo amor, y en su rostro y su figura está bullendo siempre este fuego” (Fray Luis de León).

4.- “Todo hombre desea la vida en abundancia. Pero, ¿qué es, en qué consiste la vida? ¿Dónde la encontramos? ¿Cuándo y cómo tenemos «vida en abundancia»? […] El hombre vive de la verdad y de ser amado, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente, el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. Quien le da todo esto, le da «vida en abundancia» (Benedicto XVI).

5.- “Cada cristiano, en virtud del bautismo, está llamado a ser él mismo un “buen pastor” en el ambiente en que vive. Vosotros, padres, debéis ejercitar las funciones del buen pastor hacia vuestros hijos; y también vosotros, hijos, debéis servir de edificación con vuestro amor, vuestra obediencia y sobre todo con vuestra fe animosa y coherente. Incluso las recíprocas relaciones entre los cónyuges deben llevar la impronta del Buen Pastor, para que la vida familiar esté siempre a la altura de sentimientos e ideales queridos por el Creador, por lo cual la familia ha sido definida “Iglesia doméstica”. Así también en la escuela, en el trabajo, en los lugares de juego y de tiempo libre, en los hospitales y donde se sufre, trate siempre cada uno de ser “buen pastor” como Jesús” (San Juan Pablo II).

EL BUEN PASTOR

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

La iconografía de Jesús como “Buen Pastor” comenzó ya en las catacumbas de los primeros tiempos del cristianismo: lo que conocemos como iconografía paleocristiana. En las primeras basílicas Bizantinas también podemos admirar hermosos y monumentales mosaicos con la misma iconografía. Pero enseguida fue superado en número e intensidad pictórica por otros temas de mucha más presencia actualmente en la pintura y en el arte.

El Barroco recuperó el tema de El Buen Pastor porque fue un momento de amplitud y explosión temática. De este momento es nuestro pintor MURILLO (Sevilla 1618 – 1682) incansable viajero, estudioso de diferentes tendencias, conocedor de diferentes escuelas, prolífico autor. Los niños pintados por Murillo son un reflejo realista de la sociedad de su época, como la mayoría de las pinturas del período barroco. Pero además, en sus cuadros tienen una presencia destacada; con frecuencia son el centro de atención de la obra.

EL BUEN PASTOR presenta a Jesús niño cuidando y alimentando a sus ovejas. El Niño llena la escena pintada con una monumentalidad suficiente como para no necesitar otros añadidos. La mirada que dirige al espectador son de serena dulzura y sosiego, cautivan desde el primer instante; sus profundos ojos son luminosa seguridad e interrogación constante. La oveja sobre la que apoya su mano parece ofrecer seguridad a quien mira la escena. “TÚ eres el Buen Pastor que me ha rescatado y me cuida en todo momento”, parece decirnos presentando a Jesús Pastor universal.

Las ruinas del entorno perecen tener una doble presencia simbólica: indican esa paz bucólica y pastoril de la tradición literaria antigua, al tiempo que recuerdan que con Jesús comienza un tiempo nuevo capaz de superar las viejas paredes caducas del mal, del miedo, del dolor, de la muerte. Las ovejas pastan confiadas en un ambiente de colores suaves, en donde la vegetación también está en calma.

El espectador puede pasear sin temor por este cuadro sereno, lleno de profunda quietud; el espectador puede  caminar hacia el horizonte lleno de luz donde el cielo y la tierra se aúnan en la serena armonía del BUEN PASTOR que nos cuida y nos envía a cultivar en REINO DE DIOS.

Javier Agra.

 

 

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27 de Agosto 2017 DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 16,13-20

¡Qué grandeza de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!
A él la gloria por los siglos. Amén. Rom. 11

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PEDRO

VINCENZO CATENA

Son varios los momentos del evangelio en los que Jesús se dirige al apóstol Pedro con la sensación de que está hablando al coordinador de sus primeros seguidores, a la persona que será la llave de continuación de la inicial iglesia; nosotros nos sentimos afirmados en Jesucristo a través de los apóstoles aglutinados en torno a Pedro. 

El pintor veneciano, Vincenzo Catena (nació entre 1470/80, murió el año 1531) detiene la atmósfera en sus cuadros; sus pinceles se extasían y producen éxtasis en el espectador que se detiene en el tiempo como si fuera un nuevo abad Virila. Este cuadro pintado hacia mil quinientos diecisiete y que podemos visitar en el Museo del Prado, recoge el momento en el que Jesús entrega las llaves al apóstol Pedro. Ningún pasaje bíblico narra esta acción específica, pero son muchos los autores que la pintan recogiendo el frecuente sentir del evangelio en esta atmósfera. Simboliza su autoridad como coordinador de la Iglesia.

Catena presenta a Jesús en “una acción oficial”, sentado en su cátedra ante tres personas jóvenes llenas de vigor y fortaleza que representan a las virtudes teologales: Caridad vestida de blanco; Fe envuelta en su túnica rojo pálido; Esperanza con capa verde. Pedro, con la túnica dorada del apóstol, mantiene su ancianidad con la que se le representa la mayoría de las ocasiones, pero conserva el rostro terso y vital.

Todo el ambiente está idealizado; los rostros son bellos, las formas perfectas, la luz uniforme y colorida, las figuras delicadas proyectan ligeras sombras; la escena traslada al espectador a una situación de calma y serenidad permanentes. Asombrado, el espectador del cuadro, encuentra que destacan en la escena las figuras de Jesús y de la Caridad.

Javier Agra.

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26 de Julio 2017 Festividad de San Joaquín y Santa Ana

MATEO 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA JUAN CARREÑO DE MIRANDA (2)

SANTA ANA ENSEÑANDO A LEER A LA VIRGEN

Pintado por JUAN CARREÑO DE MIRANDA el año 1674, se conserva en el MUSEO DEL PRADO

JUAN CARREÑO DE MIRANDA (Avilés 1614 – Madrid 1685) fue un pintor del Barroco que se formó y trabajó en Madrid, en diferentes iglesias y conventos. Además de los cuadros “decorativos” y para Retablos, muchas de sus obras son pinturas murales.

Los abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana, estuvieron presentes en la devoción cristiana desde un momento muy temprano. Su figura se toma del apócrifo PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, escrito al comienzo del siglo segundo y que narra el nacimiento, infancia y adolescencia de María. Esta narración del nacimiento de María, recuerda el episodio del nacimiento de Samuel en el Primer Libro de los Reyes. En toda la historia de la cristiandad ha estado muy presente en diferentes festividades de María, en la literatura, en la pintura…

Esta pintura rica en matices y colores, sobre un fondo de cortinaje oscuro, recibe la luz de nuestra derecha abierta a un luminoso pasillo que enmarca la estancia a partir de una columna salomónica. La luz se centra en los rostros y las manos, así los llena de vida y expresión pacificadora y gozosa. Es un tema muy frecuente en nuestra cultura católica y muy querido por las personas creyentes.

Carreño de Miranda, recoge el momento en el que Santa Ana, enseña a leer a María, una jovencita atenta a la tarea, especialmente iluminada, tanto que su brillante rostro reparte luz en derredor; su padre, San Joaquín, está íntimamente presente en esta escena como, seguramente, en todos los momentos de la vida de María. El pincel lleno de maestría y soltura del autor, da personalidad a cada una de las tres personas de la familia. El coro de ángeles, sonrientes y bulliciosos, sirve para entroncar con la divinidad esta escena de la vida de cada día de una familia.

La escena sucede sobre unas gradas alfombradas. Sobre la cabeza de María ya observamos la corona de doce estrellas, que es uno de los símbolos con los que conocemos a la Inmaculada, recordando el versículo primero del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan. La cabeza de Santa Ana, ocupa el vértice de esta composición piramidal; en ella está la presencia serena, atenta, infinitamente amable de una madre que cuida la dulce confianza de su hija, mientras el padre sonríe lleno de ilusión y paz.

FELICIDADES A TODOS LOS ABUELOS que llenan de cariño este mundo; felicidades a todas las familias.

Javier Agra

 

 

 

 

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25 de Julio 2017 FIESTA DE SANTIAGO APOSTOL

EVANGELIO Mateo 20, 20 – 28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron: «Podemos».

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

RIBERA SANTIAGO MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA

SANTIAGO EL MAYOR, RIBERA

MUSEO BELLAS ARTES DE SEVILLA

Numerosos autores han pintado cuadros de los apóstoles, de modo que conservamos muchos apostolarios o colecciones completas de los apóstoles. Con frecuencia conocemos varias versiones realizadas por un mismo autor, así ocurre con el Greco, también con JOSÉ RIBERA “EL ESPAÑOLETO” del que presentamos este cuadro entre los diferentes que ha pintado sobre el apóstol Santiago. Podemos admirar alguno de sus apostolarios en el Museo del Prado; éste, cuya imagen adjunto, está en el MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA.

La estética se repite. Los apóstoles son pintados, las más de las veces, de medio cuerpo, en primer plano y con fondo oscuro. Se les distingue por los atributos que la tradición les ha colocado y, en su mayor parte, expresa el instrumento con el que murió mártir.

Nuestro apóstol mira serenamente al espectador, de frente, de forma directa y casi en misteriosa conversación. Es muy visible el libro que sostiene en su mano, alusión clara al evangelio que predicó; el manto de un brillante rojo habla del martirio que sufrió decapitado con espada; el manto está sujeto con la concha del peregrino, también indica su condición de peregrino el cayado apoyado en la penumbra de la derecha.

Alberto Durero tiene una pintura llena de vigor y fortaleza en la expresión, sobre el martirio de Santiago.

Este juego de luces y sombras, de claroscuro presente en este autor y en otros del Siglo de Oro español es una estética aprendida de Caravaggio. Ribera, pertenece a la pintura realista, notamos las rugosidades de las manos, hasta una tímida negrura en alguna uña. Nos presenta al peregrino lleno de energía y vigor, reconfortado siempre con la fuerza de la Palabra que enseña hasta el confín de la tierra.

La figura de Santiago está presente en el evangelio desde el inicio de la vida pública de Jesús, según los datos es uno de los que acompañan al maestro en ocasiones especiales. Su primera aparición es el momento de la llamada cuando Jesús caminaba por la orilla del lago de Genesaret, también llamado lago Tiberíades o mar de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando, los llamó para seguirle y convertirlos en pescadores de hombres. También, llamó a los hermanos Santiago y Juan, que estaban remendando redes en una barca, con su padre Zebedeo, (MATEO 4, 21-22). Jesús les puso a ambos, el sobrenombre de “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (MARCOS 3, 17), porque eran muy impulsivos, directos y fogosos. En una ocasión, Jesús no fue bien recibido por los samaritanos y los hermanos le preguntaron a Jesús si quería que hicieran bajar fuego del cielo para acabar con ellos (LUCAS 9, 54).

Santiago estuvo presente, junto con su hermano Juan y con Pedro, en la curación milagrosa de la suegra de Pedro (MARCOS 1, 29-30) y en la resurrección de la hija de Jairo (LUCAS 8, 51 – 52). Con ellos, fue testigo ocular de la Transfiguración de Jesús (LUCAS 9, 28.29). Lo acompañó de cerca durante su agonía en el huerto de Getsemaní (MATEO 26, 37).

Fue el primer mártir entre los Apóstoles. Murió en Jerusalén en el año 44, por orden de Herodes Agripa I, quien persiguió a los cristianos para quedar bien con los judíos. La tradición sobre su evangelización de España se mantiene en una nebulosa, pero es nuestro patrono y lo queremos, lo honramos y le rogamos que nos tenga presentes ante el Padre Dios.

Javier Agra.

 

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16 JULIO 2017 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 13, 1 – 23

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

«¿Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó:

«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

El-sembrador VAN GOGH

SEMBRADOR  VINCENT VAN GOGH 1888

Vincent Van Gogh nació en Zundert (Holanda) 1853 – murió en Francia un 29 de julio de 1890. Durante los treinta y siete años de su vida, VAN GOGH dedicó mucho tiempo de su trabajo como pintor a ensalzar la naturaleza. El campo y sus quehaceres están presentes en su arte. Tuvo amistad con Gauguin, cito este detalle porque son diversos los temas coincidentes en la pintura de ambos; compartieron casa en Arlés, de donde salieron muchas de las obras más nombradas de Van Gogh.

Este campesino que está sembrando cuando el sol va vencido, está casi integrado en la tierra que siembra, lleva muchas horas del día en la misma tarea y aún tiene la energía con la que comenzó su trabajo, firme el paso, mirada al frente, ágil el movimiento del brazo. El sol y la intensidad de su luz presiden el cuadro, tal vez por esa fuerza de la luz, seguramente por el amor del sembrador a la tierra que cuida, el pintor ha insertado a la persona que siembra entre los tonos de la tierra.

Este cuadro recuerda las pinturas Impresionistas. Los colores malvas y azulados de esta tarde cuando el sol está a punto de caer, la pincelada suelta y amplia, la textura casi de oleaje táctil de este lienzo al óleo que presenta Van Gogh invita al acercamiento del que observa el cuadro. Los colores son surcos y semilla en la tierra; las aves que llegan a comer grano son continuación del amplio trazado del pincel. El espectador conecta con la sensibilidad del autor, conecta igualmente con la luz y la temperatura de la tarde, con la textura de la tierra y el leve sonido de la semilla al quedar implantada entre la fina tierra donde germinará más tarde.

“La parábola del sembrador”, que leemos este domingo, es la primera de las parábolas que cuenta el evangelista Mateo, después de una serie de discursos y milagros. Se encuentra en los tres sinópticos: Mateo 13, 1 – 9; Marcos 4, 1 – 9; Lucas 8, 4 – 8. Además la podemos leer en el apócrifo “evangelio según Tomás, 9”, encontrado en los rollos de Nag Hammadi en Egipto. Durante diversos domingos continuaremos con diversas parábolas con las que Jesús enseña que el Reino de Dios ya está entre nosotros pero no manifestado en su plenitud.

Ahora somos nosotros, cada persona individual y la comunidad en su conjunto, quienes hemos de conocer y cultivar nuestra tierra personal y también la tierra del mundo, hemos de mullir y escavar bien el terreno. El Señor Jesús es el sembrador, nosotros hemos de querer y trabajar para que la semilla caiga en tierra buena. Estamos en tiempo de siembra, estamos en tiempo de paciencia, trabajo constante y sosegado, de esperanza e ilusión, de oración y de trabajo.

Javier Agra.

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