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16 DICIEMBRE III DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.  Pablo a los Filipenses 4, 4. 5

¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas! El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta. SOFONÍAS 3, 17 – 18

EVANGELIO LUCAS 3,10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: ¿Entonces, qué debemos hacer? Él contestaba: El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros? Él les contestó: No exijáis más de lo establecido.

Unos soldados igualmente le preguntaban: Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros? Él les contestó: No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga.

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

SANTOS JUANES – EL GRECO “DOMENIKOS THEOTOKOPOULOS”

Este tercer DOMINGO DE ADVIENTO celebramos el “domingo gaudete”, “alegraos”; con estas palabras se inicia la eucaristía: “Alegraos, el Señor está cerca” son palabras del apóstol Pablo a los filipenses con las que saluda el presbítero celebrante en la Antífona de entrada.

Juan Bautista, igual que el pasado domingo, continúa llamando nuestra atención con su predicación y su anuncio sobre la inminencia de la llegada del Señor Jesús. He querido recordar este evangelio con un cuadro del GRECO: “LOS SANTOS JUANES” pintado en torno a 1600, se encuentra en el “Museo de Santa Cruz” en Toledo. Es un Museo muy recomendable para realizar una visita en la agradable y risueña ciudad de Toledo, entrada gratuita, un palacete muy hermoso cerca de la Plaza de Zocodover…

Alguna otra vez ha unido el Greco a dos figuras religiosas en una misma escena pintada. En este cuadro también están en primer plano pero presenta la novedad de un paisaje de fondo que recuerda a Toledo. Los dos Juanes muestran los atributos con los que normalmente se plasma su iconografía. Juan Evangelista tiene un águila muy visible a su lado, en su mano izquierda sujeta el cáliz en el que vemos un pequeño monstruo o dragón, es “el cáliz de la salvación para los que creen en Jesús y de condenación para quienes lo rechazan”.

Juan EL BAUTISTA, viste la piel de camello con la que se le ha representado las más de las veces en la iconografía, se apoya en un cayado que anuncia la cruz y la victoria de Jesucristo y se presenta con un cordero; Juan Bautista anuncia a Jesús, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y que bautizará en el fuego del Espíritu Santo. La luminosidad y forma de las nubes parecen anunciar esa presencia divina ya en medio de nosotros.

Nos fijamos en las dos figuras estilizadas, con una anatomía desproporcionada entre la cabeza y el cuerpo, brazos y piernas alargados… el contorno de las figuras parece que se quiere difuminar en el conjunto del cuadro… es el estilo llamado “manierismo” del que ya hemos hablado alguna vez en estas páginas.

¡Alegraos, el Señor ya está cerca!

Javier Agra.

 

9 DICIEMBRE II DOMINGO DE ADVIENTO

EVANGELIO LUCAS 3,1-6

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

«Voz del que grita en el desierto:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;

los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajador;

lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano.

Y toda carne verá la salvación de Dios».

PREDICACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA,      PIER FRANCESCO MOLA

Este Segundo Domingo de Adviento, propongo como pintura “La predicación de San Juan Bautista” de Pier Francesco Mola, pintor italiano que nació en Coldrerio en 1612 y murió en Roma, 13 de mayo de 1666. Pintor barroco que llegó a Roma con cuatro años y, salvo algún esporádico y breve viaje, permaneció en la misma ciudad toda su vida.

Este cuadro se conserva en el Museo de Zamora, que lo expone como depósito cedido por el Museo del Prado al que pertenece. Otro cuadro con el mismo motivo, en el que los personajes ocupan diferente posición, se encuentra en el Museo Thyssen.    

Nuestro pintor es muy amante del paisaje y así nos lo muestra en esta pintura donde el desierto está prácticamente solo en el nombre; podemos admirar la maestría de planos que nos traen un fondo de montañas y luz intensa de un amanecer de promesa, como si fuera una presentación de la predicación de Juan el Bautista “preparaos que llega la luz”; un valle vegetal nos acerca al primer plano donde Juan, pisando sobre la dureza de la tierra, anima y anuncia tiempos de liberación salvadora.

Sostiene en su mano izquierda el cayado que recuerda la cruz de la victoria de la Resurrección de Jesús al que presenta en la filacteria como “Ecce Agnus Dei” (He aquí el Cordero de Dios) mientras expresivamente anuncia la venida del Mesías y anima a transformar la vida, allanar los senderos, generar paz…

Observamos también un conocimiento y dominio de la anatomía humana, por parte del pintor. Colores llenos de vida. Dominio del espacio con los fondos, la naturaleza, las nubes que van y vienen, diferentes actitudes en los rostros de las personas; atención en unos, aceptación en otros, asombro, in creencia… Entre las personas de la derecha del espectador adivinamos la presencia de algunos discípulos de Juan, después serán seguidores del Maestro del que Juan se sabe solamente el pregonero.

Pier Francesco Mola ha plasmado, a mi entender, la serena fortaleza, la confianza laboriosa, la humildad activa del profeta Juan Bautista que sabe la importancia de su tarea y nos enseña a cada persona a plantearnos la necesidad de nuestra acción, de nuestra espera, de nuestro trabajo, de nuestra oración…

Javier Agra.

2 DICIEMBRE I DOMINGO DE ADVIENTO

Lucas  21, 25-28.34-36

 “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.

1.- “Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento; esta otra, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo. Doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Es doble también su descenso: el primero, silencioso, como la lluvia sobre el vellón; el otro, manifiesto, todavía futuro. En la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado, y escoltado por un ejército de ángeles. No pensamos, pues, tan sólo en la venida pasada; esperamos también la futura” (San Cirilo de Jerusalén).

2.- “«¡Velad!» nos dice Jesús con insistencia. No sólo tenemos que creer sino también velar. No sólo tenemos que amar sino también velar. No sólo hay que obedecer sino también velar. ¿Velar, por qué? A causa del grande, del supremo acontecimiento: la venida de Cristo. Es evidente que aquí se encuentra una llamada especial, un deber que no se nos hubiera ocurrido nunca si Jesús mismo no nos lo hubiese encarecido tanto. Pero ¿qué es, pues, velar?… Vela esperando a Cristo aquel que guarda su espíritu sensible, abierto, despierto, lleno de celo por buscar y honrar a Cristo. Desea encontrarse con él en todos los acontecimientos de la vida. […] Velar es, pues, vivir desapegado de lo presente, vivir en lo invisible, vivir con el pensamiento en Cristo tal como vino la primera vez y tal como vendrá en su segunda venida, desear esta segunda venida recordando con amor y gratitud la primera” (Beato John Henry Newman).

3- “El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir —por decirlo así— un “diario interior” de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como “visita”, como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación? (Benedicto XVI).

JUICIO FINAL     MIGUEL ÁNGEL

FELIZ AÑO NUEVO. Con este Primer Domingo de Adviento comenzamos el Año Nuevo Litúrgico, en la preparación y la espera gozosa de la Venida del Señor, el Nacimiento de Jesús.

Este Primer Domingo de Adviento, la Iglesia nos presenta a Jesús anunciando la segunda venida, el tiempo definitivo tomado del evangelio de Lucas; también se narra el episodio en Mateo y Marcos, los otros dos sinópticos. Es un tema muy tratado a lo largo de la historia desde diferentes especialidades artísticas; también son diversos los pintores que plasman este momento del Juicio Final.

Traigo a la consideración de los lectores, el fresco de “EL JUICIO FINAL” que MIGUEL ÁNGEL pintó en la pared frontal de la Capilla Sixtina; el desarrollo del tema está inspirado en el “Apocalipsis” de San Juan, libro con el que se cierra la Biblia, que como sabemos es una biblioteca formada por setenta y cuatro libros.

Jesús, el Cristo ocupa el centro de la obra. Con un movimiento enérgico separa a la humanidad. En sus manos y en sus pies podemos ver la señal de los clavos, también resalta la herida abierta en el costado. Recoge Miguel Ángel el rostro poderoso del maestro. A su lado, se protege María con un brillante manto azul, símbolo celeste. Detrás de ellos sale un destello de luz que ilumina y centra la escena.

Multitud de santos rodean al maestro y a María, reducen su abigarrada presencia cediendo un pasillo hacia el espectador; de este modo vemos la escena directamente y participamos activamente. Rostros expectantes, inquietos, asombrados… De muchos de ellos sabemos sus nombres, porque Miguel Ángel los pintó con los símbolos comunes a su iconografía. Pedro sujeta las llaves del Reino de los Cielos; junto a él, Pablo de amplia barba; Andrés sostiene la cruz en aspa con la fue martirizado; en primer plano, el apóstol Bartolomé muestra una piel pues según la tradición le arrancaron la piel mientras moría; Miguel Ángel pintó su rostro en la piel de este mártir…

En una segunda corona en torno a Cristo, encontramos multitud de personas que se dirigen hacia el salvador, que buscan a sus familiares unos a otros, que intentan comprender lo que sucede entre el asombro y la esperanza, entre la felicidad y el llanto gozoso…

Debajo cerrando el círculo está un grupo de ángeles con las trompetas que anuncian el final, con el libro donde están inscritos los salvados. Más ángeles se contemplan en los lunetos de la parte superior, éstos llevan la cruz y otros instrumentos de tortura y muerte con los que fue crucificado Jesús, incluida la columna de la flagelación.

En la parte inferior, multitud de personas en movimiento de ascensión al cielo, de entrega a los dominios del infierno, personas que resucitan, demonios que intentan impedir que las almas sean salvadas, la barca donde navegan los muertos hacia su destino final… Un movimiento permanente que mueve al espectador de todos los tiempos a la contemplación de la belleza, a la oración de petición y de acción de gracias, a la cercanía sencilla y sincera a la Voluntad de Dios para colaborar en la construcción del Reino de Dios.

Javier Agra.

 

25 NOVIEMBRE DOMINGO XXXIIIV TIEMPO ORDINARIO

Juan 18, 33b-37

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

  1. ““Tú lo dices: soy Rey”: Así respondió Jesús a Pilato en un dramático diálogo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo. Esta fiesta, situada al final del año litúrgico, nos presenta a Jesús, Verbo eterno del Padre, como principio y fin de toda la creación, como Redentor del hombre y Señor de la historia. […] ¡Sí, Cristo, tú eres Rey! Tu realeza se manifiesta paradójicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, “que -como escribe el apóstol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados” (Col 1, 13-14). Primogénito de los que resucitan de entre los muertos, tú, Jesús, eres el Rey de la humanidad nueva, a la que has restituido su dignidad originaria.

¡Tú eres Rey! Pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36); no es fruto de conquistas bélicas, de dominaciones políticas, de imperios económicos, de hegemonías culturales. Tu reino es un “reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz” (cf. Prefacio de Jesucristo, Rey del universo), que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28). La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir:  “¡Venga tu reino!”.

  1. ¡Venga tu reino! Así rezan, en todas las partes del mundo, los fieles que se reúnen hoy en torno a sus pastores para el jubileo del apostolado de los laicos. […] Al contemplaros, pienso también en todos los miembros de comunidades, asociaciones y movimientos de acción apostólica; pienso en los padres y en las madres que, con generosidad y espíritu de sacrificio, cuidan la educación de sus hijos con la práctica de las virtudes humanas y cristianas; pienso en cuantos brindan a la evangelización la contribución de sus sufrimientos, aceptados y vividos en unión con Cristo.
  2. Pero ¿qué implica esta misión? ¿Qué significa ser cristianos hoy, aquí y ahora? Ser cristianos jamás ha sido fácil, y tampoco lo es hoy. Seguir a Cristo exige valentía para hacer opciones radicales, a menudo yendo contra corriente. “¡Nosotros somos Cristo!”, exclamaba san Agustín. Los mártires y los testigos de la fe de ayer y de hoy, entre los cuales se cuentan numerosos fieles laicos, demuestran que, si es necesario, ni siquiera hay que dudar en dar la vida por Jesucristo. A este propósito, el jubileo invita a todos a un serio examen de conciencia y a una continua renovación espiritual, para realizar una acción misionera cada vez más eficaz. Quisiera citar aquí las palabras que, hace ya veinticinco años, casi al término del Año santo de 1975, mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, escribió en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros (…), o si escucha a los maestros es porque son testigos” (n. 41).

Esas palabras tienen validez también hoy para una humanidad rica en potencialidades y expectativas, pero amenazada por múltiples insidias y peligros. Basta pensar, entre otras cosas, en las conquistas sociales y en la revolución en el campo genético; en el progreso económico y en el subdesarrollo existente en vastas áreas del planeta; en el drama del hambre en el mundo y en las dificultades existentes para tutelar la paz; en la extensa red de las comunicaciones y en los dramas de la soledad y de la violencia que registra la crónica diaria.

4. “La santidad es el adorno de tu casa” (Sal 92, 5). […] La santidad sigue siendo para los creyentes el mayor desafío. […] todos los cristianos están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Queridos hermanos, no tengáis miedo de aceptar este desafío: ser hombres y mujeres santos. No olvidéis que los frutos del apostolado dependen de la profundidad de la vida espiritual, de la intensidad de la oración, de una formación constante y de una adhesión sincera a las directrices de la Iglesia. Os repito hoy a vosotros lo que dije a los jóvenes durante la reciente Jornada mundial de la juventud: si sois lo que debéis ser, es decir, si vivís el cristianismo sin componendas, podréis incendiar el mundo. Os esperan tareas y metas que pueden pareceros desproporcionadas a las fuerzas humanas. No os desaniméis. “El que comenzó entre vosotros la obra buena, la llevará adelante” (Flp 1, 6). Mantened siempre fija la mirada en Jesús. Haced de él el corazón del mundo. Y tú, María, Madre del Redentor, su primera y perfecta discípula, ayúdanos a ser sus testigos en el nuevo milenio. Haz que tu Hijo, Rey del universo y de la historia, reine en nuestra vida, en nuestras comunidades y en el mundo entero. […]” San Juan Pablo II Homilía en la Solemnidad de Cristo, Rey del universo (2000).

PANTOCRÁTOR CATEDRAL DE CHARTRES

En la festividad de Jesucristo, Rey del Universo de este año 2018, último Domingo del Año Litúrgico, traigo a la consideración común este grandioso y esbelto PANTOCRÁTOR del tímpano central del Pórtico Real de la Catedral de Notre Dame en Chartres, que es la fachada principal.

El conjunto de la Catedral de Chartres ha tenido varias intervenciones a lo largo de la historia, como consecuencias de incendios y otras destrucciones por diferentes actuaciones humanas. En las dos fotografías que adjunto contemplamos el Pórtico Real, que es la fachada principal, su construcción se realizó entre los años 1140-1150. Es la parte románica de esta catedral, que en su mayor parte se construyó en el período gótico de los siguientes siglos.

Las jambas están decoradas con personajes del Antiguo Testamento entre profetas y reyes que representan a los que se cuentan en la genealogía de Jesús, no se identifica a todos ellos pues son figuras entre la historia y la simbología. Son esculturas de rostro sereno y con una notable expresividad, ausente en la estética de la mayor parte del románico.

Los frisos de la izquierda narran escenas de María y de sus padres Joaquín y Ana. Los frisos de la derecha presentan escenas de la vida de Jesús, con Juan el Bautista y la Presentación en el Templo.

El tímpano está decorado con un escena del Juicio Final; escena en la que resalta CRISTO PANTOCRÁTOR, enmarcado en la mandorla o almendra; los símbolos con los que se representa el Pantocrátor o Pantócrator, que de ambas maneras se puede colocar la tilde, son: la mano derecha levantada mientras bendice con tres dedos (símbolo de la Santísima Trinidad) y la mano izquierda ocupada por el Libro de la Vida. En nuestra parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz, podemos contemplar sobre el altar mayor, una imagen del Pantocrátor que recupera el simbolismo del románico. La imagen de Cristo Pantócrator es la presencia más genuina del arte románico religioso, después en el gótico será el Rosetón (pero esa es otra historia).

Cristo Pantocrátor está flanqueado por el TETRAMORFOS (cuatro formas) que simbolizan a los cuatro evangelistas: Mateo, el humano; Marcos, el León; Lucas, el Toro; Juan, el Águila.

Bajo CRISTO PANTÓCRATOR, en el friso del dintel están representados los doce apóstoles, en cuatro apartados de tres apóstoles cada grupo, símbolo de que han anunciado el evangelio de Dios que es Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en los cuatro puntos cardinales de la tierra. En las tres arquivoltas están esculpidos ángeles y los veinticuatro ancianos de los que habla el Apocalipsis.

La mayor parte de esta simbología está sacada de la lectura del CAPÍTULO 4 DEL APOCALIPSIS DE SAN JUAN; estos días de final del Año Litúrgico podemos leerlo con calma.

Javier Agra.

 

18 Noviembre Domingo XXXIII 

EVANGELIO MARCOS 13, 24-32

24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.”

 1.- “Resulta de ahí, que en su segundo advenimiento Jesús dominará esta tierra de la que queda mucho por conquistar. ¡Pero bienaventurados aquellos qué habrán sido adquiridos desde el primer advenimiento! Serán verdaderamente colmados de favores, a pesar de la resistencia de tantos enemigos y los ataques de tantos adversarios; recibirán… su parte de la Tierra prometida. Pero cuando la sumisión tenga que hacerse por la fuerza, el día en que hará falta que “sea destruido el último enemigo, es decir la muerte” (1Co 15,26), no existirán favores para los que se nieguen a someterse.” (Orígenes, presbítero).

2.- “«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mc 13, 31). En Jesús, su Hijo encarnado, Dios ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia, y la Iglesia vuelve a proponerla siempre con nueva confianza, sabiendo que es la única palabra capaz de dar sentido pleno a la vida del hombre.

Muchas veces la profecía de Jesús puede resultar molesta, pero es siempre saludable. Cristo es signo de contradicción (cf. Lc 2, 34), precisamente porque llega al fondo del alma, obliga a quien lo escucha a replantearse su vida y le pide la conversión del corazón.” (San Juan Pablo II, papa).

3.- “En el lenguaje apocalíptico, las nubes son un signo teofánico: indican que la segunda venida del Hijo del hombre no se llevará a cabo en la debilidad de la carne, sino en el poder divino. Estas palabras del discurso hacen pensar en el futuro último, que concluirá la historia. Con todo, Jesús, en la respuesta que da al sumo sacerdote durante el proceso, repite la profecía escatológica, enunciándola con palabras que aluden a un acontecimiento inminente: «Yo os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de Dios y venir sobre las nubes del cielo» (Mt 26, 64).

Confrontando estas palabras con las del discurso anterior, se aprecia el sentido dinámico de la escatología cristiana, como un proceso histórico ya iniciado y en camino hacia su plenitud.” (San Juan Pablo II, papa).

CRISTO BENDICIENDO – FERNANDO GALLEGO

El Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario nos va acercando al final del Año Litúrgico. Para ilustrar las lecturas que hoy nos propone la Iglesia, he elegido este cuadro que está en el Museo del Prado, pintado por FERNANDO GALLEGO. Es este un pintor español del que sabemos muy poco, suponemos que nació en Salamanca en 1468, ciudad en la que murió el año 1507. Es uno de los más afamados pintores españoles de su momento.

CRISTO BENDICIENDO es una obra  pintada sobre tabla en 1494.

Recuerda las imágenes góticas del Pantócrator. Cristo sentado en un trono está vestido con una túnica roja; en su mano izquierda sujeta la circunferencia del mundo, mientras bendice con la derecha. El trono está flanqueado por los cuatro evangelistas con sus símbolos: Mateo, el humano; Marcos, el león; Lucas, el toro; Juan, el águila. A estos cuatro símbolos se les llama TETRAMORFOS, palabra griega que traducimos en castellano como: CUATRO FORMAS, que son las cuatro versiones del EVANGELIO (Buena Noticia) de Jesucristo.

En los brazos del trono, identificamos a la Iglesia que comenzó con Jesús como una joven vigorosa que lleva en sus manos el estandarte de la Resurrección y el cáliz con la forma consagrada; de este modo indica que ya estamos en las puertas del Reino de Dios por Jesucristo que nos ha conquistado la Victoria. En el otro brazo está la imagen más caduca de la antigua alianza con la Ley de Moisés y el estandarte roto.

El trono se extiende en una arquitectura gótica de nervios y columnas que muy bien pueden formar el espacio de una catedral. La pintura y la arquitectura religiosa han sido muy importantes desde los primeros momentos del cristianismo como medio pedagógico. San Basilio (330 – 379) exhortaba en uno de sus sermones: “Levantaos ahora…celebrados pintores…Haced gloriosas con vuestro arte las imágenes mutiladas de su líder. Con colores esparcidos con vuestro ingenio, haced ilustre al mártir coronado…”  San Gregorio (540 – 604) escribía: “La escritura es para los que saben leer lo que la pintura es para los que sólo pueden ver”. Otros muchos testimonio escritos se pueden añadir, además de alguna consideración de diferentes concilios y papas, algunos de los cuales ya he recordado en anteriores ocasiones.

Añado, para concluir, que el texto de Marcos que hoy leemos es el final de lo que llamamos la Vida Pública de Jesús. Inmediatamente después de estas palabras que exhortan a la espera y vigilancia, pasamos a los textos de la Pasión y Resurrección; los otros dos sinópticos (Mateo y Lucas) también tienen estas palabras justo antes de entrar a narrar los acontecimientos de la Pasión y Resurrección de Jesús, si bien Mateo extiende esta llamada a la vigilancia a todo el capítulo veinticinco.

Javier Agra.

 

11 NOVIEMBRE DOMINGO XXXII TIEMPO ORDINARIO

Marcos 12, 38-44

Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

1.- “La limosna, en sí misma, se entiende esencialmente como actitud del hombre que advierte la necesidad de los otros, que quiere hacer partícipes a los otros del propio bien. ¿Quién diría que no habrá siempre otro que tenga necesidad de ayuda, ante todo espiritual, de apoyo, de consuelo, de fraternidad, de amor? El mundo está siempre muy pobre de amor. Definida así, la limosna es acto de altísimo valor positivo, de cuya bondad no está permitido dudar, y que debe encontrar en nosotros una disponibilidad fundamental de corazón y de espíritu, sin la cual no existe verdadera conversión a Dios. Aun cuando no dispongamos de riquezas y de capacidades concretas para subvenir a las necesidades del prójimo, no podemos sentirnos dispensados de abrir nuestro espíritu a sus necesidades y de aliviarlas en la medida de lo posible. Acordaos del óbolo de la viuda, que echó en el tesoro del templo sólo dos pequeñas monedas, pero juntamente todo su gran amor: «Esta echó de su indigencia todo lo que tenía para el sustento» (Lc 21, 4)” (San Juan Pablo II).

2.- “El tesoro del corazón es la intención del corazón, por la que el juez interior valora la utilidad de la obra buena. Por eso, suele suceder que algunos, haciendo bienes pequeños, obtienen mayor recompensa de gracia celestial en virtud de la intención de corazón, con la que hubieran deseado realizar bienes mayores si hubieran podido; en cambio, otros, que hacen alarde de mayores obras maravillosas de virtud, obtienen del Señor unos premios más pequeños por razón del menor empeño de un corazón tibio. Por ello la acción de la viuda que ofreció en el templo dos monedas es preferida por quien conoce el interior de los corazones a los grandes regalos de los ricos” (San Beda).

3.- “La Escritura, al invitarnos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos. Cada vez que por amor a Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado,  experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría.

Más aún: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. «La caridad –escribe– cubre multitud de pecados». Como repite a menudo la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece a los pecadores la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir ese don. En este momento pienso en los que sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a él. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos. Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días que precedente inmediatamente a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala San Pablo, se hizo pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros.

EL ÓBOLO DE LA VIUDA – JOÂO ZEFERINO DA COSTA

En este DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO, la Iglesia pone a nuestra meditación el episodio de mujer viuda que dio en el templo todo lo que tenía según lo narra el Evangelio de Marcos 12, 38 – 44. Marcos une este hecho a la denuncia a los letrados que también leemos en la primera parte del evangelio de hoy. También Lucas 20, 54 – 21, 4 hace la misma composición. Mateo no cuenta el episodio de la viuda, dedica el capítulo 23 a la denuncia de los letrados y fariseos.

El brasileño JOÂO ZEFERINO DA COSTA (Río de Janeiro 1840 – 1916) pintor de nombre y fama internacional realizó este cuadro en 1876. Se expone en el MUSEO INTERNACIONAL DE BELLAS ARTES DE RÍO DE JANEIRO, Brasil. (Museo de triste noticia, pues fue devorado por un terrible incendio el día 3 de septiembre de este año 2018, como recordaréis). Además de viajar por América y Europa, fue profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes; de entre sus alumnos hoy tienen nombre grandes pintores brasileños.

En la escena pintada, esta mujer está casi oculta en medio de la multitud de personas ilustres que ocupan los primeros planos. El autor ha querido indicar su viudedad por la ropa negra que la cubre y su juventud al acompañarla de un hijo, niño aún al que parece tiene dificultades económicas para vestir. Es acaso un paralelismo con la viuda de Sarepta que nos ha presentado la primera lectura del Libro de los Reyes 17, 10–16. Nos la muestra Jesús, que está acercándose al templo por esas gradas en escalera. El sereno rostro de Jesús, que es foco de luz, indica a los apóstoles que le acompañan que se fijen en la mujer; así la vemos todos los espectadores.

El cuadro está formado por un murmullo de diferentes personajes; aunque mezclados, distinguimos perfectamente con quien se relaciona cada uno; cuál es la posición social de los diversos grupos. El cuadro gana vistosidad y fortaleza por la colocación en diferentes alturas y planos superpuestos. Los tonos de color están marcados con la intención de comenzar por los más oscuros e ir aclarando luminosidad hacia la mujer, hacia ella se va abriendo como un foco teatral de luz; también los personajes diferentes van ganando volumen individual al dirigirnos hacia la viuda que está depositando las dos monedas en el cepillo del templo.

Esta acción de la mujer la resalta Jesús, porque hace lo que Dios quiere. Lo da todo. Así es también Dios. Si Dios no nos hubiera dado más que de su abundancia, estaría perfectamente representado por la limosna de los ricos. Sin embargo, alaba el óbolo de la viuda seguramente porque Dios se entregó antes a nosotros por completo. Esta mujer expresa la entrega de sí misma al Señor, ofrece a Dios lo que tenía para su sustento porque confía plenamente en Dios. 

La doctrina social de la Iglesia enseña que estos bienes superfluos no pueden ser llamados en plena justicia propios mientras haya gente que no tiene los necesarios para vivir. Entre los primeros cristianos, la justicia era dar a cada uno lo que necesitaba. Demasiadas veces con Dios solemos actuar con poca generosidad. Nuestra viuda se desprendió de todo, indicando que la fe es pura dependencia, confianza, seguridad en Dios que no se deja ganar en generosidad.

Dos breves escritos de San Ambrosio y San Francisco de Sales:

San Ambrosio (siglo IV), obispo y doctor de la Iglesia: Ahora bien, en el sentido místico es necesario no olvidar a esta mujer que ha tirado dos monedas en el cepillo. Ciertamente, ¡grande es esta mujer que, por el juicio de Dios, mereció ser preferida a todos! ¿No será que ella ha sacado su fe de los dos Testamentos que son en beneficio de los hombres? Nadie hizo más, ni ningún hombre ha podido igualar la grandeza de su don, puesto que ella unió la fe a la misericordia. También tú, quienquiera que seas…, no dudes de llevar al cepillo las monedas llenas de la fe y la gracia.

San Francisco de Sales (1567 – 1622), obispo. Tratado del Amor de Dios VII, 13: Teótimo, las abejas hacen la deliciosa miel, que es obra de gran precio, pero también hacen la cera y también ésta tiene su valor y es un buen trabajo. El corazón enamorado ha de tratar de hacer sus obras con todo fervor y mucho interés, a fin de aumentar así su caridad, pero si sus obras son pequeñas tampoco perderá la recompensa, pues también le agradan a Dios y por ellas también Dios amará cada vez un poco más al que las hace.

Javier Agra.

 

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

Marcos 12, 28b-34

 “Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.”

  1.- “Amarás, pues, al Señor tu Dios «con todo tu corazón». “Todo”: no puedes guardarte ninguna parte de ti mismo para ti. Quiere la ofrenda de toda tu persona. Te ha comprado todo entero para él mismo, para poseerte, él solo, a ti todo entero. Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón. […] Ama, pues, totalmente y no sólo parcialmente. Porque Dios no tiene partes; Él está entero en todas partes. No quiere compartir tu ser con otros, Él, que es todo entero en su Ser. Si te reservas una parte de ti mismo, eres tuyo, y no de Él. ¿Quieres poseerlo todo? Dale lo que eres, y te dará lo que Él es. No tendrás nada tuyo; pero lo tendrás a él mismo todo entero siendo tú mismo entero también” (San Antonio de Padua).

2.- “Apresurémonos pues a consagrarle todo el amor de nuestro corazón a este Dios que, para obtenerlo, sacrificó su sangre, su vida, a él mismo. “Si supieras el don de Dios, decía Jesús a la Samaritana, y quién es el que te dice: «Dame de beber»” (Jn 4,10). Es decir: si supieras la grandeza de la gracia que recibes de Dios… ¡Oh, si el alma comprendiera qué gracia tan extraordinaria le hace Dios cuando reclama su amor en estos términos: “Amarás al Señor tu Dios”. ¿Quién al escuchar a su príncipe decirle: “Ámame”, no quedaría cautivado por esta invitación? Y Dios ¿no conseguiría ganar nuestro corazón, aunque nos lo pida con tanta bondad: “Hijo mío, dame tu corazón?» (Pr 23,26) Pero este corazón, Dios no lo quiere a medias; lo quiere entero, sin reserva; este es su mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (San Alfonso María de Ligorio).

3.- “Igual que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, de la misma manera ordenó que el amor al hombre fuera a imagen y semejanza del amor que se debe a su Divinidad.
Teótimo, amar al prójimo por caridad es amar a Dios en el hombre, o amar al hombre en Dios es amar a la criatura por amor de Dios. […] Verdaderamente, Teótimo, cuando vemos a un prójimo, creado a imagen y semejanza de Dios, deberíamos decirnos los unos a los otros: ¡Cómo se parece esa criatura al Creador; deberíamos bendecirle mil y mil veces! ¿Y eso por amor a la persona? No, sino por el amor de Dios, que la ha formado a su imagen y semejanza, por el amor de Dios, de quien ella es, por quien ella es, en quien ella está y para quien ella es.
Por eso, el amor divino no solamente manda amar al prójimo sino que produce ese amor y Él mismo lo derrama en el corazón humano” (San Francisco de Sales).

LAS SIETE OBRAS DE MISERICORDIA PIETAR BRUEGHEL EL JOVEN

PIETER BRUEGHEL EL JOVEN (BRUSELAS 1564 – AMBERES 1638) fue un pintor flamenco del siglo XVII; hijo del también pintor Pieter Brueghel el Viejo. Este cuadro “LAS SIETE OBRAS DE MISERICORDIA” lo pintó en torno al 1616, se conserva en el MUSEO NACIONAL DE ARTE ANTIGUO, LISBOA.

Me parece un buen cuadro para ilustrar las lecturas y la Liturgia de este Domingo XXXI del Tiempo Ordinario que plantea los dos mandamientos que Jesús nos graba en el corazón. Las decisiones personales, nuestra voluntad, el apego a la búsqueda de la Voluntad de Dios serán las que harán brillar desde la libertad las obras que construyen el Reino de Dios porque valoramos a las personas más allá de otras normas que la estructura humana va tejiendo en nuestro entorno.

El amor al prójimo ha estado siempre enraizado en la fe y en la cultura cristiana de modo natural y formando parte de la misma esencia de la persona. Múltiples obras en la diversidad de los campos del arte lo han plasmado con más o menos acierto a lo largo de la historia.

Esta escena que hoy nos presenta Brueghel “El Joven” tiene como base una escena de cada día, pero transciende lo cotidiano para llenarse de contenido didáctico. Atender a las necesidades de cada persona es una idea que está tan metida en nuestra cultura que casi no es necesario recordarla y sin embargo no conviene perder nunca de nuestro horizonte hasta que todas las personas tengan lo necesario. Nosotros trabajamos por el bien común desde la FE EN JESUCRISTO, pero trabajamos codo con codo con toda la humanidad para que el Reino de Dios que es igualdad, libertad, PAZ se haga presente; así vamos actualizando el MANDAMIENTO del AMOR.

En este cuadro nos trasladamos a la plaza de un pueblo donde se desarrolla una febril actividad. La escena es muy viva y dinámica; da la sensación de que todas las personas del cuadro ejercen la caridad al mismo tiempo unos con otros. Si nos fijamos comenzando por el primer plano a nuestra derecha, se van sucediendo las siete obras de misericordia: vestir al desnudo, dar de comer al hambriento; en un segundo plano: visitar a los enfermos, dar de beber al sediento; dar posada al peregrino, un poco más alejado del espectador; redimir al cautivo, el autor lo ha situado en un nivel más alto para que no se oculte a nuestra mirada; al fondo dos personas están enterrado a un muerto.

Hermosa composición en movimiento, colores vivos entremezclados, luz de primavera, naturaleza de hojas nuevas, brillos… porque EL AMOR tiene la fuerza de la expansión, de la recreación de la persona y de la naturaleza entera hasta que EL AMOR transforme estas durezas de la vida en gozo de libertad, de igualdad, de paz… y nuestro gozo salte hasta la vida eterna.

Javier Agra.

 

 

28 de OCtubre 2018  DOMINGO  XXX TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MARCOS 10, 46-52

Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

1.- “Con razón la Escritura nos presenta a este ciego al borde del camino y pidiendo limosna, porque el que es la Verdad misma ha dicho: Yo soy el camino. Quien ignora el esplendor de la eterna luz, es ciego. Con todo, si ya cree en el Redentor, entonces ya está sentado a la vera del camino. Esto, sin embargo, no es suficiente. Si deja de orar para recibir la fe y abandona las imploraciones, es un ciego sentado a la vera del camino, pero sin pedir limosna. Solamente si cree y, convencido de la tiniebla que le oscurece el corazón, pide ser iluminado, entonces será como el ciego que estaba sentado en la vera del camino pidiendo limosna. Quienquiera que reconozca las tinieblas de su ceguera, quienquiera que comprenda lo que es esta luz de la eternidad que le falta, invoque desde lo más íntimo de su corazón, grite con todas las energías de su alma, diciendo: “Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí”.

[…] Pero escucha también lo que sigue a los gritos del ciego: «los que iban delante lo regañaban para que se callara» (Lc 18,39). ¿Quiénes son estos? Ellos están ahí para representar los deseos de nuestra condición humana en este mundo, los que nos arrastran a la confusión, los vicios del hombre y el temor, que, con el deseo de impedir nuestro encuentro con Jesús, perturban nuestras mentes mediante la siembra de la tentación y quieren acallar la voz de nuestro corazón en la oración.

[…] ¿Qué hizo entonces el ciego para recibir luz a pesar de los obstáculos? «Él gritó más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!» … ciertamente, cuanto más nos agobie el desorden de nuestros deseos… más debemos insistir con nuestra oración… cuanto más nublada esté la voz de nuestro corazón, hay que insistir con más fuerza, hasta dominar el desorden de los pensamientos que nos invaden y llegar a oídos fieles del Señor. Creo, que cada uno se reconocerá en esta imagen: en el momento en que nos esforzamos por desviarlos de nuestro corazón y dirigirlos a Dios… suelen ser tan inoportunos y nos hacen tanta fuerza que debemos combatirlos. Pero insistiendo vigorosamente en la oración, haremos que Jesús se pare al pasar. Como dice el Evangelio: “Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran”.

Observemos lo que el Señor dijo al ciego que se le acercó: «¿qué quieres que haga por ti?» El que tiene el poder de devolver la vista, ¿ignoraba lo que quería el ciego? Evidentemente, no. Pero Él desea que le pidamos las cosas, aunque Él lo sepa de antemano y nos lo vaya a conceder. Nos exhorta a pedir, incluso hasta ser molestos, el que afirma: “vuestro Padre

celestial sabe lo que os hace falta, antes de que lo pidáis» (Mt 6,8). Si pregunta, es para que se le pida; si pregunta, es para impulsar nuestro corazón a la oración…

Lo que pide el ciego al Señor, no es oro, sino luz. No le preocupa solicitar otra cosa más que luz… Imitemos a este hombre, hermanos muy queridos. No pidamos al Señor ni riquezas engañosas, ni obsequios de la tierra, ni honores pasajeros, sino luz: No la luz circunscrita por el espacio, limitada por el tiempo, interrumpida por la noche, con la que compartimos la vista con los animales, pidamos esta luz que sólo los ángeles ven como nosotros, que no tiene principio y ni fin. Sin embargo, el camino para llegar a esta luz es la fe. Por tanto, con razón el Señor responde inmediatamente al ciego que va a recobrar la luz: «¡Levántate! Tu fe te ha salvado»” (HOMILÍA DE SAN GREGORIO MAGNO, PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA).

CURACIÓN DEL CIEGO – EL GRECO

Marcos sitúa en su evangelio este episodio de la curación del ciego Bartimeo, como la última curación de Jesús antes de entrar en Jerusalén donde sucederán los diferentes acontecimientos que terminarán en su Muerte y Resurrección. Jesús es la LUZ que brilla para iluminar a este mundo.

Todos podemos recibir esa luz con estar cerca de él y acogerlo con el gozo de la gratuidad. Esta luz nos ilumina y nos posibilita a ver con claridad también la falsedad de algunas de nuestras seguridades, a ver las realidades que no queremos ver. Todo lo que somos, pensamos, actuamos, sale a la luz. Desde LA LUZ, exploramos la realidad que nos tocó en suerte sin caer en la desesperación o el sinsentido para transformarla en LUZ. Será magnífico que permitamos que la LUZ de Dios ilumine al mundo a través de nosotros.

Este episodio también lo narran los otros dos evangelios Sinópticos: Mateo 20, 29-34 (aparecen dos ciegos, sin poner nombre propio a ninguno); Lucas 18, 35-43 habla de un ciego y añade al final: “todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios”.

El cuadro “LA CURACIÓN DEL CIEGO”, pintado por “EL GRECO” en 1568, está expuesto en la GALERÍA DE PINTURAS DE LOS MAESTROS ANTIGUOS, DRESDE, ALEMANIA. Nuestro pintor expone con maestría las mezclas de luz, la riqueza de los espacios, la variedad cromática que descubrió en los pintores del Renacimiento durante su estancia en Italia, donde llegó desde Creta antes de asentarse en Toledo.

En esta pintura vemos diferentes grupos de personas de tal manera posicionadas que componen una perspectiva de profundidad y alturas diferentes; así tenemos la sensación de que estamos viendo una plaza en movimiento de personajes. El Greco refleja la escena del evangelio de Marcos; notamos aún los corrillos que se forman y el desconcierto entre los que mandan callar al ciego Bartimeo, los que le animan porque Jesús le ha llamado.

Nuestro mendigo ciego también tiene perro, que puede muy bien representar la fidelidad sin acepción de personas; el perro lleva acompañando al mendigo durante los años difíciles de su ceguera y ahora se sorprende también del revuelo que se produce en su entorno. Pero el centro de la escena nos lleva al ciego y a Jesús que llega (el Greco lo pinta dando el último paso), toma de la mano al joven, toca sus ojos y le devuelve la vista. El joven ciego permanece humillado en tierra, Jesús lo exalta, lo levanta y entrega la LUZ, la dignidad humana entera. El joven ve, descubre que todos somos iguales en LA LUZ del SEÑOR que entrega la vida del Padre Dios a todas las personas.

Los diferentes grupos de personas y aún cada individualidad pintada por el Greco, muestran una expresión, un movimiento, una postura. Esta variada riqueza de posturas, de colores, de alturas; esta mezcla de luz y nubes; esta multiplicidad de texturas en los vestidos, en los edificios… hacen del cuadro un momento sonoro y musical en su conjunto. Si centramos la vista en “el milagro de la luz” entonces se detiene el tiempo, de detiene la acción, se hace el silencio; el espectador forma parte del asombro.

La oración se ha prolongado en la LUZ entregada al joven Bartimeo y, en él, a cuantos deseen que LA LUZ llegue a esta tierra a través de su vida.

Javier Agra. 

 

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27 de Agosto 2017 DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 16,13-20

¡Qué grandeza de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!
A él la gloria por los siglos. Amén. Rom. 11

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PEDRO

VINCENZO CATENA

Son varios los momentos del evangelio en los que Jesús se dirige al apóstol Pedro con la sensación de que está hablando al coordinador de sus primeros seguidores, a la persona que será la llave de continuación de la inicial iglesia; nosotros nos sentimos afirmados en Jesucristo a través de los apóstoles aglutinados en torno a Pedro. 

El pintor veneciano, Vincenzo Catena (nació entre 1470/80, murió el año 1531) detiene la atmósfera en sus cuadros; sus pinceles se extasían y producen éxtasis en el espectador que se detiene en el tiempo como si fuera un nuevo abad Virila. Este cuadro pintado hacia mil quinientos diecisiete y que podemos visitar en el Museo del Prado, recoge el momento en el que Jesús entrega las llaves al apóstol Pedro. Ningún pasaje bíblico narra esta acción específica, pero son muchos los autores que la pintan recogiendo el frecuente sentir del evangelio en esta atmósfera. Simboliza su autoridad como coordinador de la Iglesia.

Catena presenta a Jesús en “una acción oficial”, sentado en su cátedra ante tres personas jóvenes llenas de vigor y fortaleza que representan a las virtudes teologales: Caridad vestida de blanco; Fe envuelta en su túnica rojo pálido; Esperanza con capa verde. Pedro, con la túnica dorada del apóstol, mantiene su ancianidad con la que se le representa la mayoría de las ocasiones, pero conserva el rostro terso y vital.

Todo el ambiente está idealizado; los rostros son bellos, las formas perfectas, la luz uniforme y colorida, las figuras delicadas proyectan ligeras sombras; la escena traslada al espectador a una situación de calma y serenidad permanentes. Asombrado, el espectador del cuadro, encuentra que destacan en la escena las figuras de Jesús y de la Caridad.

Javier Agra.

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26 de Julio 2017 Festividad de San Joaquín y Santa Ana

MATEO 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA JUAN CARREÑO DE MIRANDA (2)

SANTA ANA ENSEÑANDO A LEER A LA VIRGEN

Pintado por JUAN CARREÑO DE MIRANDA el año 1674, se conserva en el MUSEO DEL PRADO

JUAN CARREÑO DE MIRANDA (Avilés 1614 – Madrid 1685) fue un pintor del Barroco que se formó y trabajó en Madrid, en diferentes iglesias y conventos. Además de los cuadros “decorativos” y para Retablos, muchas de sus obras son pinturas murales.

Los abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana, estuvieron presentes en la devoción cristiana desde un momento muy temprano. Su figura se toma del apócrifo PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, escrito al comienzo del siglo segundo y que narra el nacimiento, infancia y adolescencia de María. Esta narración del nacimiento de María, recuerda el episodio del nacimiento de Samuel en el Primer Libro de los Reyes. En toda la historia de la cristiandad ha estado muy presente en diferentes festividades de María, en la literatura, en la pintura…

Esta pintura rica en matices y colores, sobre un fondo de cortinaje oscuro, recibe la luz de nuestra derecha abierta a un luminoso pasillo que enmarca la estancia a partir de una columna salomónica. La luz se centra en los rostros y las manos, así los llena de vida y expresión pacificadora y gozosa. Es un tema muy frecuente en nuestra cultura católica y muy querido por las personas creyentes.

Carreño de Miranda, recoge el momento en el que Santa Ana, enseña a leer a María, una jovencita atenta a la tarea, especialmente iluminada, tanto que su brillante rostro reparte luz en derredor; su padre, San Joaquín, está íntimamente presente en esta escena como, seguramente, en todos los momentos de la vida de María. El pincel lleno de maestría y soltura del autor, da personalidad a cada una de las tres personas de la familia. El coro de ángeles, sonrientes y bulliciosos, sirve para entroncar con la divinidad esta escena de la vida de cada día de una familia.

La escena sucede sobre unas gradas alfombradas. Sobre la cabeza de María ya observamos la corona de doce estrellas, que es uno de los símbolos con los que conocemos a la Inmaculada, recordando el versículo primero del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan. La cabeza de Santa Ana, ocupa el vértice de esta composición piramidal; en ella está la presencia serena, atenta, infinitamente amable de una madre que cuida la dulce confianza de su hija, mientras el padre sonríe lleno de ilusión y paz.

FELICIDADES A TODOS LOS ABUELOS que llenan de cariño este mundo; felicidades a todas las familias.

Javier Agra

 

 

 

 

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25 de Julio 2017 FIESTA DE SANTIAGO APOSTOL

EVANGELIO Mateo 20, 20 – 28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron: «Podemos».

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

RIBERA SANTIAGO MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA

SANTIAGO EL MAYOR, RIBERA

MUSEO BELLAS ARTES DE SEVILLA

Numerosos autores han pintado cuadros de los apóstoles, de modo que conservamos muchos apostolarios o colecciones completas de los apóstoles. Con frecuencia conocemos varias versiones realizadas por un mismo autor, así ocurre con el Greco, también con JOSÉ RIBERA “EL ESPAÑOLETO” del que presentamos este cuadro entre los diferentes que ha pintado sobre el apóstol Santiago. Podemos admirar alguno de sus apostolarios en el Museo del Prado; éste, cuya imagen adjunto, está en el MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA.

La estética se repite. Los apóstoles son pintados, las más de las veces, de medio cuerpo, en primer plano y con fondo oscuro. Se les distingue por los atributos que la tradición les ha colocado y, en su mayor parte, expresa el instrumento con el que murió mártir.

Nuestro apóstol mira serenamente al espectador, de frente, de forma directa y casi en misteriosa conversación. Es muy visible el libro que sostiene en su mano, alusión clara al evangelio que predicó; el manto de un brillante rojo habla del martirio que sufrió decapitado con espada; el manto está sujeto con la concha del peregrino, también indica su condición de peregrino el cayado apoyado en la penumbra de la derecha.

Alberto Durero tiene una pintura llena de vigor y fortaleza en la expresión, sobre el martirio de Santiago.

Este juego de luces y sombras, de claroscuro presente en este autor y en otros del Siglo de Oro español es una estética aprendida de Caravaggio. Ribera, pertenece a la pintura realista, notamos las rugosidades de las manos, hasta una tímida negrura en alguna uña. Nos presenta al peregrino lleno de energía y vigor, reconfortado siempre con la fuerza de la Palabra que enseña hasta el confín de la tierra.

La figura de Santiago está presente en el evangelio desde el inicio de la vida pública de Jesús, según los datos es uno de los que acompañan al maestro en ocasiones especiales. Su primera aparición es el momento de la llamada cuando Jesús caminaba por la orilla del lago de Genesaret, también llamado lago Tiberíades o mar de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando, los llamó para seguirle y convertirlos en pescadores de hombres. También, llamó a los hermanos Santiago y Juan, que estaban remendando redes en una barca, con su padre Zebedeo, (MATEO 4, 21-22). Jesús les puso a ambos, el sobrenombre de “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (MARCOS 3, 17), porque eran muy impulsivos, directos y fogosos. En una ocasión, Jesús no fue bien recibido por los samaritanos y los hermanos le preguntaron a Jesús si quería que hicieran bajar fuego del cielo para acabar con ellos (LUCAS 9, 54).

Santiago estuvo presente, junto con su hermano Juan y con Pedro, en la curación milagrosa de la suegra de Pedro (MARCOS 1, 29-30) y en la resurrección de la hija de Jairo (LUCAS 8, 51 – 52). Con ellos, fue testigo ocular de la Transfiguración de Jesús (LUCAS 9, 28.29). Lo acompañó de cerca durante su agonía en el huerto de Getsemaní (MATEO 26, 37).

Fue el primer mártir entre los Apóstoles. Murió en Jerusalén en el año 44, por orden de Herodes Agripa I, quien persiguió a los cristianos para quedar bien con los judíos. La tradición sobre su evangelización de España se mantiene en una nebulosa, pero es nuestro patrono y lo queremos, lo honramos y le rogamos que nos tenga presentes ante el Padre Dios.

Javier Agra.

 

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16 JULIO 2017 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 13, 1 – 23

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

«¿Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó:

«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

El-sembrador VAN GOGH

SEMBRADOR  VINCENT VAN GOGH 1888

Vincent Van Gogh nació en Zundert (Holanda) 1853 – murió en Francia un 29 de julio de 1890. Durante los treinta y siete años de su vida, VAN GOGH dedicó mucho tiempo de su trabajo como pintor a ensalzar la naturaleza. El campo y sus quehaceres están presentes en su arte. Tuvo amistad con Gauguin, cito este detalle porque son diversos los temas coincidentes en la pintura de ambos; compartieron casa en Arlés, de donde salieron muchas de las obras más nombradas de Van Gogh.

Este campesino que está sembrando cuando el sol va vencido, está casi integrado en la tierra que siembra, lleva muchas horas del día en la misma tarea y aún tiene la energía con la que comenzó su trabajo, firme el paso, mirada al frente, ágil el movimiento del brazo. El sol y la intensidad de su luz presiden el cuadro, tal vez por esa fuerza de la luz, seguramente por el amor del sembrador a la tierra que cuida, el pintor ha insertado a la persona que siembra entre los tonos de la tierra.

Este cuadro recuerda las pinturas Impresionistas. Los colores malvas y azulados de esta tarde cuando el sol está a punto de caer, la pincelada suelta y amplia, la textura casi de oleaje táctil de este lienzo al óleo que presenta Van Gogh invita al acercamiento del que observa el cuadro. Los colores son surcos y semilla en la tierra; las aves que llegan a comer grano son continuación del amplio trazado del pincel. El espectador conecta con la sensibilidad del autor, conecta igualmente con la luz y la temperatura de la tarde, con la textura de la tierra y el leve sonido de la semilla al quedar implantada entre la fina tierra donde germinará más tarde.

“La parábola del sembrador”, que leemos este domingo, es la primera de las parábolas que cuenta el evangelista Mateo, después de una serie de discursos y milagros. Se encuentra en los tres sinópticos: Mateo 13, 1 – 9; Marcos 4, 1 – 9; Lucas 8, 4 – 8. Además la podemos leer en el apócrifo “evangelio según Tomás, 9”, encontrado en los rollos de Nag Hammadi en Egipto. Durante diversos domingos continuaremos con diversas parábolas con las que Jesús enseña que el Reino de Dios ya está entre nosotros pero no manifestado en su plenitud.

Ahora somos nosotros, cada persona individual y la comunidad en su conjunto, quienes hemos de conocer y cultivar nuestra tierra personal y también la tierra del mundo, hemos de mullir y escavar bien el terreno. El Señor Jesús es el sembrador, nosotros hemos de querer y trabajar para que la semilla caiga en tierra buena. Estamos en tiempo de siembra, estamos en tiempo de paciencia, trabajo constante y sosegado, de esperanza e ilusión, de oración y de trabajo.

Javier Agra.

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