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21 ABRIL 2019 PASCUA DE RESURRECCIÓN

Secuencia
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

« ¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

EVANGELIO LUCAS 24, 1-12

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban  desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: « ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO.  Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar.”» 

Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás.  María Magdalena, Juana y María, la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.

RESURRECCIÓN  RAFFAELLINO DEL GARBO

Mucho se ha pintado sobre la Resurrección de Jesús, el Cristo. El pasado año, planteé la madrugada de PASCUA desde una representación del “Noli me tangere” y este año, entrego para la contemplación, el gozo, la oración, el entusiasmo, la fe, la fortaleza, la acción…LA RESURRECCIÓN del renacentista italiano RAFFAELLINO DEL GARBO, cuyo año de nacimiento no está muy documentado; sabemos que nació en San Lorenzo a Vigliano entre los años 1466 y 1476, murió en Florencia en 1524.

El cuadro Resurrección lo pintó el año 1510 para el monasterio benedictino del Monte Oliveto; actualmente se expone en la GALERÍA DE LA ACADEMIA DE VENECIA.

Es la mañana del DOMIMNGO, las nubes de la noche está huyendo por el fondo mientras por el primer plano llega la claridad iluminada por el fogonazo de luz dorada brillante, el resplandor de Cristo resucitado que se extiende por la amplitud y profundidad que plantea esta pintada escena. Cristo ha resucitado y sale victorioso de la tumba, en sus manos y en sus pies permanece la señal dolorosa de los clavos, pero todo su cuerpo está limpio sin las señales de magulladuras ni lanzadas, sin las penalidades pasadas; la visión que entrega ahora al mundo es de serena victoria.

Se eleva sobre la tierra, pero mira a las personas a la naturaleza entera y nos bendice; esta es la mañana de la victoria, la cruz se ha transformado en el cayado del que camina con nosotros, la sangre y el dolor serán desde este momento un estandarte de blancura de vida nueva. Cristo está todo envuelto en luz y en etérea figura que se levanta, ya para siempre, sobre el pecado, sobre el  mal, sobre la muerte.

Contemplamos el tono rojo de la sangre y del dolor en la cruz del estandarte de Cristo resucitado, en alguna ropa de los soldados caídos, porque el Reino de Dios aún no está presente entre nosotros; ahora es el tiempo nuestro, de la Comunidad cristina, de la humanidad, de cada uno de nosotros, para transformar el mal en bien, la injusticia en justicia, la persecución en libertad, la opresión por cualquier causa en PAZ de los corazones, de los sentidos, de las personas…

Los soldados están derrumbados, dormidos o huyendo asustados. Observamos cómo cada soldado es diferente a los demás, en el uniforme que visten, también en la expresión. Todas las personas estamos esta mañana de Resurrección ante la tumba vacía de Jesús, el Cristo; cada uno vamos a reaccionar ante el Resucitado; cada uno podemos elevarnos con él, entrar en su luz, en su gozo, en su esfuerzo por construir el Reino de Dios; pero también podemos tomar otras opciones.

La naturaleza, las edificaciones… el tiempo antiguo está rompiéndose; es el momento de la luz nueva, del tono verde de la nueva vegetación, de construir un mundo más libre, más justo, con más paz, es el tiempo de la RESURRECCIÓN.

¡Aleluya, FELICES PASCUAS!

Javier Agra.

 

14 ABRIL 2019 DOMINGO DE RAMOS

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS 23, 1- 49

Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

Y se pusieron a acusarlo, diciendo: —«Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»

Pilato preguntó a Jesús:

  1. —«¿Eres tú el rey de los judíos?»

Él le contestó: —«Tú lo dices.»

Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: —«No encuentro ninguna culpa en este hombre.»

Ellos insistían con más fuerza, diciendo: —«Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.» Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.

Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.

Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo: —«Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»
Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo: —«¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.» A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: —«¡Crucifícalo, crucifícalo!» Él les dijo por tercera vez: —«Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
—«Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado.”Entonces empezarán a decirles a los montes: “Desplomaos sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepultadnos”; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»

Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: —«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: —«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
—«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: —«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro le increpaba: —«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: —«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: —«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: —«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.

El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo: —«Realmente, este hombre era justo.»

Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.

Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN ICONO RUSO

El DOMINGO DE RAMOS leemos la Pasión de Jesús en el evangelio de la Eucaristía. Antes tiene lugar la procesión de los ramos y se acostumbra leer el episodio de la entrada de Jesús en Jerusalén, este año según el evangelio de Lucas 19, 28 – 40.

Este episodio ha sido muy representado en la amplia variedad de expresiones del arte. En pintura también tiene muchas versiones de diferentes autores y épocas.

“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor! ¡Del cielo PAZ a la tierra y a Dios GLORIA!” (LUCAS 19, 38)

Hoy presento este ICONO RUSO. Es de los hermanos Potapov y está en el Museo de Iconos Rublev de Moscú.  El Icono recoge el fervor popular que envuelve a Jesús. Jesús y sus discípulos entran en Jerusalén entre aclamaciones de la gente. Jesús mira al pueblo y está girado con la vista hacia sus discípulos, en su mano izquierda sostiene el rollo que representa a la Ley. El pueblo lo recibe con palmas, mientras los niños se muestran muy activos: extienden sus túnicas, dan de comer al burro, subidos al árbol cortan ramas para agasajar al maestro.

La seriedad en la mirada de Jesús, contrasta con el ambiente festivo de la escena; él sabe que esta entrada en Jerusalén será la última, que en pocas horas se enfrentará en soledad al gran acto de Redención de la humanidad. Así lo expresa también la túnica de color rojo púrpura. Su mirada hacia los discípulos indica con sutileza el camino que sus seguidores han de continuar. Los pies descalzos están recordando las palabras de Isaías 52, 7: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la PAZ…!”

Sobre la tierra, vertical, solemne, se eleva el árbol en la misma línea en la que está Jesús; es de tronco retorcido y rugoso, de frondosa copa… es una imagen del árbol de la Cruz que espera en Jerusalén, pero que brotará para siempre en frondosa vida resucitada. La vista se centra en el conjunto de Jesús, el árbol y el burro sobre el que Jesús entra en Jerusalén para dar cumplimiento a la profecía de Zacarías 9, 9: “¡Aclama, Jerusalén; mira a tu rey que está llegando: justo, victorioso, humilde, cabalgando un asno, una cría de borrica!”

La parte izquierda del icono está ocupada por los discípulos de Jesús; ellos serán el pueblo de la Nueva Alianza. Podemos distinguir a Pedro, un paso por delante de sus compañeros, con el rostro preocupado y la mano tendida hacia el maestro.

El pueblo que está pintado a la derecha, muestra gesto adusto, hierático, como si no participaran de la alegría y jovialidad del momento en el que llega el Mesías. No todos aclaman, algunos sopesan el momento de la entrega, buscan la intriga y la perdición de Jesús, mandan callar a la multitud y a los discípulos… pero “os digo que si estos se callan, gritarán las piedras” (Lucas 19,40). Ya no solo está aclamado por la humanidad, la creación entera está expectante aguardando lo que será alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios. (Ver Pablo a los Romanos 8, 19 – 21). Son los niños quienes expresan la sencillez, el gozo, la algarabía del presente y la esperanza del futuro. Porque el Reino de Dios es de los sencillos, de los entregados, de los confiados, de los valientes, de los esforzados, de los que comparten entusiasmo, vida…

En la ciudad de Jerusalén sobresale el templo y resuenan para nosotros aquellas palabras del Maestro: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Juan 2, 19). Jesús es el verdadero y definitivo sacrificio, en él toda la naturaleza encuentra sosiego, oración, entrega, constancia, comunión, RESURRECCIÓN.

He aquí un icono, como muchos iconos, como muchos cuadros de inspiración bíblica, ante el que nos podemos sentar para el disfrute estético, para contemplar, para orar, para llegar hasta el Padre Dios…

Javier Agra.

 

7 abril 2019 V Domingo Cuaresma

EVANGELIO JUAN 8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo:
-«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

CRISTO Y LA MUJER ADÚLTERA REMBRANDT

REMBRANDT (Leiden, Holanda 1606 – 4 de octubre 1699 Ámsterdam, Holanda) es uno de los grandes pintores barrocos. Realizó este cuadro en 1644, se expone en la National Gallery de Londres.

Quinto Domingo de Cuaresma. La Iglesia nos presenta el episodio de “la mujer adúltera” según leemos en el evangelio de Juan 8, 1 – 11. Un poco más arriba de esta lectura, nos indica el evangelista que es el último día de la Fiesta de las Chozas o Tabernáculos; fiesta que se celebra en los meses de septiembre – octubre de nuestro calendario, para conmemorar la salida de la esclavitud de Egipto y es una de las tres mayores peregrinaciones anuales al templo de Jerusalén.

Jesús ha estado rezando durante la noche, en el Huerto de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo y enseñaba a quien quería escucharlo. “Los letrados y fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio…” La escena que sigue es muy conocida para nuestra cultura en general. Termina con otra novedad de Jesús: Dios nos salva, nos levanta y nos invita a seguir caminando.

Esta escena ha sido muy pintada a lo largo de la historia. Rembrandt, resalta el momento en que los fariseos presentan la mujer a Jesús: así lo indica el rostro ansioso del personaje que viste en negro y apunta a la mujer. El corro de personas “respetables” que se ha formado en torno a Jesús y la mujer, nos hace pensar que la emboscada estaba ya maquinada para coger al maestro en una ocasión de juzgarlo y condenarlo a él mismo. Jesús está bajando las escaleras hacia el templo, a su lado camina el apóstol, una multitud se mueve en distintas direcciones, no pocos ausentes a lo que está aconteciendo.

Los fariseos mirar a Jesús, deseosos de encontrar en él algún error para llevarlo ante el Sanedrín. Pero Jesús está moralmente más elevado que los doctores de la ley y así lo expresa Rembrandt situándolo más alto, su luz vence a la penumbra que lo rodea. Jesús pone toda su atención en la mujer, aquí centra la luz el pintor, aquí sucede el milagro del perdón que resuena en nuestros oídos después de haberlo escuchado varias veces en boca de Jesús que es Buen Pastor: estás salvada, vete, camina, no peques más. La mujer que mira al suelo, en la escena pintada, pudo levantar la vista y saltar de gozo y mirar de frente al mundo y recuperar su dignidad de persona y…

En el fondo vemos un segundo escenario donde está el Sumo Sacerdote bajo un lujoso baldaquino. El pintor ha querido contraponer la Antigua Ley de la obediencia y el castigo con la novedad de Jesús que entrega el perdón confiado y el amor creador de parte del Padre Dios.

Rembrandt ha pintado seguramente el mayor milagro realizado por Jesús, la conversión del corazón de las personas, la vuelta a la dignidad, la confianza en que es posible un futuro.

Javier Agra.

 

30 MARZO 2019 IV DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO LUCAS 15, 1-3.11-32
En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. ” Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, ” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”».

1.- “El hijo se marcha «a un país lejano». Los Padres han visto aquí sobre todo el alejamiento interior del mundo del padre del mundo de Dios—, la ruptura interna de la relación, la magnitud de la separación de lo que es propio y de lo que es auténtico. El hijo derrocha su herencia. Sólo quiere disfrutar. Quiere aprovechar la vida al máximo, tener lo que considera una «vida en plenitud». No desea someterse ya a ningún precepto, a ninguna autoridad: busca la libertad radical; quiere vivir solo para sí mismo, sin ninguna exigencia. […] Al final ha gastado todo. […] El hombre que entiende la libertad como puro arbitrio, el simple hacer lo que quiere e ir donde se le antoja, vive en la mentira, pues por su propia naturaleza forma parte de una reciprocidad, su libertad es una libertad que debe compartir con los otros; su misma esencia lleva consigo disciplina y normas; identificarse íntimamente con ellas, eso sería libertad. […] El que era totalmente libre se convierte en esclavo miserable” (Joseph Ratzinger).

2.- “El que pronuncia estas palabras estaba tirado por el suelo. Toma conciencia de su caída, se da cuenta de su ruina, se ve sumido en el pecado y exclama: «Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre.» ¿De dónde le viene esta esperanza, esta seguridad, esta confianza? Le viene por el hecho mismo que se trata de su padre. «He perdido mi condición de hijo»; pero el padre no ha perdido su condición de padre. No hace falta que ningún extraño interceda cerca de un padre; el mismo amor del padre intercede y suplica en lo más profundo de su corazón a favor del hijo. Sus entrañas de padre se conmueven para engendrar de nuevo a su hijo por el perdón. «Aunque culpable, yo iré donde mi padre.» Y el padre, viendo a su hijo, disimula inmediatamente la falta de éste. Se pone en el papel de padre en lugar del papel de juez. Transforma al instante la sentencia en perdón, él que desea el retorno del hijo y no su perdición… «Lo abrazó y lo cubrió de besos.» (Lc 15,20) Así es como el padre juzga y corrige al hijo. Lo besa en lugar de castigarlo. La fuerza del amor no tiene en cuenta el pecado, por esto con un beso perdona el padre la culpa del hijo. Lo cubre con sus abrazos. El padre no publica el pecado de su hijo, no lo abochorna, cura sus heridas de manera que no dejan ninguna cicatriz, ninguna deshonra. «Dichoso el que ve olvidada su culpa y perdonado su pecado.» (Sal 31,1)” (San Pedro Crisólogo).

REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO. BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Cuarto DOMINGO DE CUARESMA. Lo llamamos “Domingo Laetare” porque así comienza la antífona de entrada de la Eucaristía: “¡Laetare, Ierusalem!…” “¡Alégrate Jerusalén! ¡Reuníos, vosotros todos que la amáis; vosotros que estáis tristes, exultad de alegría! Saciaos con la abundancia de sus consolaciones”, Isaías 66, 10-11.

En medio de la Cuaresma, nos llenamos de esperanza y entusiasmo por el tiempo de Resurrección que está más cerca. Por esa misma esperanza, nuestra conversión ha de ser firme, esperando y confiando en la misericordia inmensa del Padre Dios, que nos hace nuevos en Cristo por la fortaleza del Espíritu Santo.

MURILLO (Sevilla 1617 – 1682) realizó numerosos cuadros de pintura religiosa. Sobre la parábola del “Hijo Pródigo” tiene seis momentos pintados. En el Museo del Prado está el nombrado como “Arrepentimiento del Hijo Pródigo”. Para este IV Domingo de Cuaresma he optado por el “REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO” pintado en 1670 y que está en la GALERÍA NACIONAL DE ARTE DE WASHINGTON. Esta parábola es una de las más populares y también de las que más se han expresado en el arte. Solamente la narra el evangelio de Lucas, quien por otra parte, transmite el mayor número de las parábolas que conocemos en el evangelio, alguna más que Mateo, mientras que Marcos solamente transmite once parábolas y Juan ninguna.

La escena es de una gran ternura y cercanía: el Padre -figura de Dios-  recibe al hijo que regresa, lo abraza y lo levanta del suelo donde se ha hincado de rodillas. El perro también lo reconoce como miembro de la familia, mientras, a la derecha del cuadro, los criados tienen preparada la ropa y el anillo para asear y engalanar al hijo y por la izquierda entran otras dos personas con el ternero destinado a la fiesta del recibimiento.

El rostro del Padre es luz, perdón, entusiasmo…mientras el hijo muestra la fatiga y la esperanza en su rostro sin afeitar, en sus cansados pies apegados aún al barro del camino incierto que fue su pasado hasta regresar a la casa del Padre. Sus miradas se encuentran y nace el sosiego en el hijo que sabe que su Padre lo ama más infinitamente que su prolongada ausencia. Poderosa expresión corporal, sentimientos asomados a los rostros con sencillez y fuerza…En el cielo amanece una claridad azul que va retirando las oscuras sombras de las nubes que amenazan maldad.

Las mezclas de colores, de tonos de luz, de nubes rotas que abren la vista hacia un fondo iluminado… engrandecen este cuadro y lo hacen de una perspectiva profunda; el espectador asiste al encuentro del Padre y el hijo y se imagina los lejanos lugares por donde vivió desorientado el hijo, los caminos por los que regresó a la casa del Padre que lo abraza y le entrega la paz en su infinita amorosa misericordia.

Javier Agra.

Marzo 2019 III DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO LUCAS 13, 1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: –¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: –Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

PARÁBOLA DE LA HIGUERA – JAN LUYKEN

Estamos, en el DOMINGO III DE CUARESMA, ante la lectura de una de las muchas parábolas que plantea Jesús desde su experiencia del mundo rural y agrícola muy conocido por él y por nosotros hasta hace muy pocos años. Es verdad que nuestras nuevas generaciones están a punto de perder las referencias agrícolas que conforman buena parte de nuestra cultura, pero ese es otro reto.

Si bien el número de parábolas es variable, en función de diversos aspectos, podemos reconocer fácilmente hasta cuarenta y seis. Unas más conocidas que otras, unas más frecuentemente expresadas por el arte, la de “LA HIGUERA ESTÉRIL” que nos presenta la Iglesia en este III DOMINGO DE CUARESMA está muy poco representada, aunque su significado teológico es diáfano y expresivo. El evangelio de Lucas 13, 6-9 la coloca como la segunda parte que nos entrega la Iglesia en la lectura del evangelio de hoy, enmarcada dentro de una amplitud de textos que podríamos titular como “Actitudes del discípulo”.

JAN LUKEN (1649 Amsterdam – 5 de abril de 1712 Amsterdam) es el autor del grabado que adjunta este comentario. A este artista holandés acaso no se le pueda considerar pintor de gran nombre, pero sí tiene su sitio destacado como poeta, ilustrador y grabador.

De entre sus múltiples grabaciones, son numerosas las de motivo religioso. Entre sus obras encontré una de las pocas referencias pintadas de esta parábola de “la higuera que no da fruto”. El autor coloca una higuera fuerte y bien cuidada, el tronco vigoroso y sus poderosas ramas llenas de hojas hacen pensar en un buen árbol en medio de una campiña poblada de abundosa vegetación. La casa del cuidador de la inmensa finca está cercana, parece que puede tener un cuidado especial hacia ese árbol frutal.

Jan Luken presenta al observador, el momento en que el dueño de la finca está decidiendo que la higuera debe ser cortada por falta de fruto un año tras otro. El cuidador la sigue protegiendo con esmero, la pala en tierra para construir un alcorque alrededor del árbol de modo que pueda recoger el agua, que se sienta árbol querido. “Espera un poco más” “Déjala todavía este año”.

La paciencia… La espera… La confianza… La oración… El esmerado trabajo… El tiempo de dar fruto es cada instante… Ánimo siempre, la CUARESMA avanza desde el silencio y el cuidado que el Señor tiene con cada uno, con la humanidad, con la naturaleza entera…

Javier Agra.

17 Marzo 2019 II DOMINGO DE CUARESMA

ORACIÓN COLECTA

En la monotonía dura
y en el sufrimiento de nuestra vida,
así como en nuestros esfuerzos tantas veces frustrados
para transformar esta nuestra tierra,
queremos que brille sobre nosotros
y sobre nuestros hermanos
un rayo de esperanza.
Que tu luz ilumine nuestro rostro
y nos aúpe y sostenga en el  camino hacia ti
y en la difícil y tortuosa vereda
hacia tu justicia y amor
en este nuestro mundo egoísta e injusto.
Te lo pedimos por Cristo,
glorioso y transfigurado, nuestro Señor.

EVANGELIO LUCAS 9, 28B-36

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: –Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: –Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían vist0.

RETABLO DE LA TRANSFIGURACIÓN  JAUME HUGUET

La Iglesia celebra la Fiesta de la Transfiguración del Señor, el día 6 de agosto. También el II DOMINGO DE CUARESMA lo recuerda cada año en la lectura del evangelio. Este acontecimiento de Jesús está narrado en los tres evangelios sinópticos; si bien nosotros leemos este año el episodio según Lucas 9, 28-36, también está recogido en Mateo 18, 1-8 y en Marcos 9, 2-8.

La Iglesia de Oriente celebra esta fiesta, como una de las doce más importantes en su calendario litúrgico, desde el siglo VI. Entre nosotros, la Iglesia de Aragón comenzó a celebrarla ya en el siglo XI. Fue en el siglo XV cuando comenzó a ser representada con profusión en pinturas, esculturas, retablos…

El RETABLO DE LA TRASFIGURACIÓN que hoy aporto está en la catedral de TORTOSA (Tarragona),realizado por JAUME HUGUET (Valls (Tarragona) 1412 – Barcelona 1492) pintor y escultor del gótico. El Retablo está construido en tres calles y la Predela; reproduce escenas de la vida de Jesús, de Moisés: las dos tablas superiores de la calle izquierda son la entrega de las Tablas de la Ley y La Zarza ardiendo; de Elías el profeta: las dos tablas superiores de la calle derecha muestran el poder de Dios en la ascensión de Elías en el carro de fuego y el final de los mensajeros del rey Ococías. Tienen en común que se desarrollan en un monte, como lugar de presencia y encuentro con el Señor; también está presente con frecuencia el símbolo del fuego, la Gloria del Señor, que purifica y santifica. La Predela muestra, en su tabla central, a Jesús como “varón de dolores” de pie en la sepultura y rodeado de los símbolos de la Pasión; a la izquierda, el Arcángel Miguel y Santa Bárbara; a la derecha, Santa Catalina de Alejandría y San Andrés.

Los sinópticos no ponen nombre al monte de la Transfiguración, si bien una tradición que se remonta a San Cirilo de Jerusalén (siglo IV) lo sitúa en el monte Tabor próximo a Nazaret y el lago de Tiberíades.

El presente retablo pintado con trazo sereno y firme, muestra una magnífica expresión de naturalidad. Además de las tablas dedicadas a Moisés y Elías, brevemente insinuadas más arriba, las dos tablas inferiores de las calles laterales hablan de Jesús: a la izquierda La Ascensión, la derecha la Resurrección de los muertos.

Coronando el retablo, está la Crucifixión. La tabla central es la que da nombre al retablo: LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS con Moisés y Elías a su lado en un blanco brillante resaltado aún más por el dorado color de la divinidad que está entregando Dios Padre a Jesús y, en él, a todos lo que crean en su nombre. La voz del Padre: “Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo”, queda representada en el texto de la filacteria. Los apóstoles Pedro, Santiago y Juan están en actitud de adoración y asombro ante lo que están viendo.

De este retablo podemos admirar el brillo de sus colores, el simbolismo presente en cada uno de los detalles, la viveza y la prestancia de la mirada directamente entregada al espectador, la claridad de las pinceladas… además de constituir una magnífica lección catequética y teológica, con lo que el RETABLO DE LA TRANSFIGURACIÓN de HUGUET en la CATEDRAL DE TORTOSA cumple las dos funciones principales del retablo: decorativa y pedagógica.

Javier Agra.

 

10 Marzo 2019 I DOMINGO DE CUARESMA 

EVANGELIO LUCAS 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: –Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: –Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre.»

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo: –Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo. Jesús le contestó: –Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto.»

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.» Jesús le contestó: –Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

TENTACIONES DE CRISTO BOTICELLI

El PRIMER DOMINGO DE CUARESMA, la Iglesia pone a nuestra consideración el episodio de las Tentaciones de Jesús narradas en el evangelio de LUCAS. También están descritas en los otros dos evangelios sinópticos. Mateo 4, 1-11; Marcos 1, 12-13 evangelio que solamente lo apunta en dos versículos.

De entre la diversidad de versiones que existen en la Historia de la pintura, presento este cuadro que realizó Boticelli en la Capílla Sixtina del Vaticano.

En el primer plano, el pintor nos ofrece una versión de la ofrenda del leproso curado por Jesús, ante el Sumo Sacerdote del momento. La misma escena simboliza todo el Antiguo Testamento en Moisés cuya vida aparece pintada en diferentes momentos, en la pared del fondo. El joven que hace la ofrenda, simboliza a Jesús mismo cuya vida entregada será la ofrenda definitiva.

Entre la multitud de personajes y colores que ha pintado Sandro Boticeli hemos de pensar que aparecen rostros de la época, acaso el mismo papa, sus familiares, personas de la curia y servidores en general. En todo caso la sensación es de encontrarnos en un momento realmente serio y también lleno de ilusionante esperanza. Lo que sucede en LAS TENTACIONES, que las tres versiones del evangelio que lo narran sitúan en un tiempo concreto, será una situación de vida constante en Jesús que vence al mal en todo momento. También será una situación constante de tentación en la Iglesia y en cada una de las personas.

Recuerdo el episodio de “El Gran Inquisidor”, que Dostoievski inserta en su novela “Los Hermanos Karamazov” que es una curiosa recreación de las tentaciones como posibilidad de salvación del mundo. Es la tentación permanente de utilizar el poder, la riqueza, el prestigio para “obrar el bien común”. ¿Acaso no hemos dicho muchas veces, con buenas intenciones: “Si yo tuviera… Haría…”

Las tres propuestas del demonio, que Boticeli sitúa en el cuadro en los tres momentos diferenciados según la lectura del evangelio de hoy, socaban la confianza absoluta y profunda en el Padre Dios. Las tentaciones proponen no creer en Dios, seguir otros caminos de actuación. Las tentaciones proponen que la fuerza y la mente humanas son capaces de crear una tierra feliz, excluyendo a Dios.

Satanás propone un milagro para terminar con el hambre. Jesús, durante toda su vida, propondrá dar de comer al hambriento y construir un mundo sin hambre; pero también propone la unión con Dios, la oración…

Propone Satanás, el poder y la gloria a cambio de servirle a él; Jesús sabe que ese es el camino de nuestra esclavitud: la libertad y la igualdad entre todas las personas está en ser hijos de Dios. Nuestra lucha será para conseguir esa aspiración de igualdad entre las personas según el deseo de Dios para su Reino que ha de iniciarse ya en este mundo.

Propone Satanás el prestigio que deslumbra a los semejantes; Jesús sabe que en servirnos unos a otros está la salvación común; conseguir que los más humillados adquieran la dignidad de personas, serán nuestro trabajo entregado en la unión permanente a Jesucristo, como el Padre nos quiere y nos fortalece por el Espíritu. El pintor sitúa en esta tentación a los ángeles que sirven a Jesús y preparan el altar para la eucaristía.

Javier Agra.

 

3 MARZO 2019 VIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO  LUCAS 6, 39-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

1.- “Ciegos eran los fariseos y ciego es, Señor, todo aquel a quien no ilumina tu luz. Nadie puede caminar guiado por sus propios ojos. Y tanto será uno más ciego, cuanto se fíe más de sí mismo. La experiencia me ha demostrado con mis innumerables tropiezos, cuán necesaria me es la humildad de niño para dejarme conducir. Creí que me bastaba mi cultivada razón y el conocimiento de la vida, que me dan los años. Fue, Señor, la mía una vanísima confianza. Me atreví a marchar por mis caminos y aun llegué a pensar que podría conducir a otros. Me engañé tristemente y se engañó el que se dejó guiar por mi mano. Nada vale la razón y la humana prudencia. Sólo vale tu palabra, sapientísimo Maestro, y la luz de la santísima fe. Tan sólo el que te escucha acierta, aunque sea niño de un día, y puede caminar como un iluminado entre las sombras más negras. Te suplico, Señor, que te dignes conducirme; que me des humildad para que me deje conducir por los que Tú pones para que me guíen en tu nombre” (Jesús M. Granero, S.J).

2.- “El Señor en este pasaje nos pone en estado de alerta contra el juicio temerario e injusto. Él quiere que actuemos con un corazón sencillo y que sólo a Dios dirijamos nuestra mirada. Puesto que el verdadero móvil de muchas acciones se nos escapa, sería temerario hacer juicios sobre ellas. Los que más prontamente y de manera temeraria juzgan y censuran a los demás son los que prefieren condenar antes que corregir y conducir al bien, y esto denota orgullo y mezquindad… Un hombre, por ejemplo, peca por cólera, tú le reprendes con odio. La misma distancia hay entre la cólera y el odio que entre la mota y la viga. El odio es una cólera inveterada que, con el tiempo, ha tomado esta gran dimensión y que, justamente, merece el nombre de viga. Puede ocurrirte que te encolerices, deseando corregir, pero el odio no corrige jamás…. Primeramente echa lejos de ti el odio: después podrás corregir al que amas” (San Agustín).

PARÁBOLA DE LOS CIEGOS BRUEGHEL EL VIEJO
Alguna otra vez he presentado a este pintor FLAMENCO del siglo XVI, de cuya existencia conocemos pocos datos. Parecen ciertos los años de su vida (Breda 1525 – Bruselas 1569); llamado “El Viejo” porque es el iniciador de una dinastía de pintores del mismo apellido.
Cerramos este Tiempo Ordinario con el Domingo VIII. El próximo miércoles día 6 comenzaremos el Tiempo de Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Y lo cerremos leyendo este evangelio que en Lucas está en el capítulo 6, versículos 39 al 45. Estos puntos que aquí aparecen, tienen eco también en el evangelio de Mateo aunque de un modo más disperso. Mateo 15, 14 cita las palabras de Jesús sobre los “ciegos que son guías de ciegos”. La “paja y la viga” con que sigue Lucas, está en Mateo 7, 3-5; los árboles sanos y dañados aparecen en Mateo en el mismo capítulo 7, versículos 17-20; Lucas termina diciendo que “lo que rebosa el corazón lo habla la boca” mientras Mateo lo sitúa en 12, 34-35.
De entre los dichos o refranes populares conservamos varios de los que están aquí indicados, que han sido muy tratados en la literatura y en el arte en la variedad de sus géneros. Dado que la pintura de Brueghel que hoy adjunto, trata sobre los ciegos guías de ciegos, quiero recordar el de la viga y la paja en la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, capítulo 43; también en la conocida fábula de La Fontaine “La Besace” (La Bolsa o el Morral) “Vemos en los ojos de los demás lo que no vemos en el nuestro”; omito otros ejemplos para mejor ocasión.
Ahí tenemos a los ciegos, camino del terraplén, donde ya está cayendo uno de ellos. La escena sucede en una aldea y sus campos labrantíos, en tonos claros pero apagados; tal vez así resalta la vacía cuenca de los ojos incapaces de encontrar los lugares por los que transitar.
BRUEGHEL quiere expresar, con Jesús, que la ceguera es del espíritu y del corazón. Desde el espíritu, desde los pensamientos, desde el corazón… es más fácil encontrar guías ciegos en los diversos campos de la vida. De la necesidad de que veamos cada uno de nosotros, de que nuestros diferentes guías sean de buena vista, de buen entendimiento, de buen corazón…es de los que nos habla la parábola.
Diversos planteamientos, diferentes puntos de vista, pensamiento crítico personal y colectivo… nosotros somos de Cristo y tenemos su modo de entender y plantear la vida, el día a día, el futuro, la existencia en su conjunto… desde la variedad rica del evangelio, desde el ecumenismo, desde la comunión, desde la comunidad, desde la oración, desde el trabajo mamo a nano con otras maneras de pensar un mundo más libre y más lleno de PAZ para todas las personas y la naturaleza entera.

Javier Agra.

24 FEBRERO 2019 VII DOMINGO TIEMPO

EVANGELIO LUCAS 6,27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

1.- ” No intentes distinguir al hombre digno del indigno. Considera a todos los hombres iguales a la hora de servirlos y amarlos. Así los podrás llevar a todos hacia el bien. El Señor ¿no se sentaba a la mesa con los publicanos y mujeres de mala vida, sin apartar de su presencia a los indignos? Así, tú harás el bien y honrarás igual al infiel y al asesino; con más razón porque él también es hermano tuyo, ya que participa de la única naturaleza humana. He aquí, hijo mío, el mandamiento que te doy: “que la misericordia siempre prevalezca en tu balanza, hasta tal punto de sentir dentro de ti la misericordia que Dios siente por el mundo.

¿Cuándo experimenta el hombre que su corazón ha alcanzado la pureza? Cuando considere a todos los hombres buenos, sin que ninguno le parezca impuro o impío. Entonces, aquel hombre es puro de corazón. (Mt 5,8)…

¿Qué es la pureza? En pocas palabras: es la misericordia del corazón para con el universo entero. Y ¿qué es la misericordia del corazón? Es la llama que le inflama de amor hacia toda la creación, hacia los hombres, los pájaros, los animales, los demonios, hacia todo lo creado. Cuando piensa en ellos o cuando los contempla, el hombre siente que sus ojos se llenan de lágrimas de una profunda e intensa piedad que le colma el corazón y le hace incapaz de tolerar, de escuchar, de ver la menor injusticia y la menor aflicción que alguna criatura padezca. Por esto, la oración, acompañada de lágrimas, se extiende en todo momento tanto sobre los seres desprovistos de la palabra como sobre los enemigos de la verdad o sobre aquellos que perjudican a los demás, para que sean guardados y purificados. Una compasión inmensa y sin medida nace en el corazón del hombre, a imagen de Dios” (Isaac el Sirio, monje. Discurso 81 La pureza es la misericordia).

 2.- “Es posible que en tu apartamento o en la casa de al lado de la tuya, viva un ciego que se alegraría que le hicieras una visita para leerle el periódico. Puede ser que haya una familia que esté necesitada de alguna cosa sin importancia a tus ojos, alguna cosa tan simple como el hecho de guardarle su hijo durante media hora. Hay muchísimas cosas que son tan pequeñas que mucha gente no se da cuenta de ellas.

No creas que hace falta ser simple de espíritu para ocuparse de la cocina. No pienses nunca que sentarse, levantarse, ir y venir, que todo lo que haces no es importante a los ojos de Dios.

Dios no va a pedirte cuántos libros has leído, ni cuántos milagros has hecho. Te preguntará si lo has hecho lo mejor que has podido, por amor a él. ¿Puedes, sinceramente, decir: «He hecho todo lo que he podido»? Aunque lo más y mejor acabe siendo un fracaso, debe ser nuestro más y mejor. Si realmente estás enamorado de Cristo, por modesto que sea tu trabajo, lo harás lo mejor que puedas, con todo el corazón. Es tu trabajo quien dará testimonio de tu amor. Puedes agotarte en el trabajo, e incluso puedes matarte, pero en tanto que no está impregnado de amor, es inútil” (Santa Teresa de Calcuta, Obra: Si tu trabajo no está impregnado de amor es inútil).

LA GRAN CRUCIFIXIÓN – GRÜNRWALD

El pintor Grünewald es alemán del siglo XVI; la abadía de Isenheim para la que pintó esta gran obra pertenece hoy a Francia por esos avatares fronterizos de la historia.

El monasterio de San Antonio de Isenheim en la ciudad de Colmar, que hoy pertenece a Francia, fue el lugar donde pintó MATHIAS GRÜNEWALD el grandioso e impactante retablo conocido como de “ISENHEIM” donde destaca La Gran Crucifixión. Hoy toda esta pieza está expuesta en el Museo de Unterlinden de Colmar. Durante muchos siglos, era un lugar de peregrinaje final y, sobre todo, de descanso en las peregrinaciones hacia Roma o Santiago de Compostela.

La mayor parte de la obra pictórica de nuestro artista se perdió en un naufragio, durante su traslado en barco a Suecia como botín de guerra. El RETABLO DE ISENHEIM fue pintado entre los años 1512 y 1516. Es un amplio desarrollo de un cuidado programa teológico.

Para resaltar el amor como misericordia, perdón, salvación… del que nos habla este VII Domingo del Tiempo Ordinario, traigo la tabla donde destaca la Gran Crucifixión flanqueada por la tablilla de San Antonio Abad con una ventana al fondo, ventana que intenta romper el diablo como símbolo de las tentaciones; y la tablilla de San Sebastián con su columna y las flechas por las que murió mártir en la persecución de Diocleciano a los cristianos; la ventana de su fondo está abierta y más allá vuelan los ángeles que cantan la gloria del martirio. Parece que en San Antonio pintó al abad del monasterio y San Sebastián es un autorretrato de Grünewald.

La Gran Crucifixión se muestra al espectador con signos terribles de punzantes heridas y dedos contorsionados, los pies retorcidos y todo el cuerpo magullado de dolor y angustia; es el dolor humano de toda la historia, recogido en el dolorido cuerpo de  Cristo, que pese a todo muestra un rostro de dormida serenidad y confianza inmensa en el Padre Dios. San Juan evangelista sujeta a María, madre de Jesús y madre nuestra, transida de dolor pero revestida del manto blanco de esperanza y resurrección.

A los pies de la Cruz, María Magdalena en postura suplicante y formando un arco paralelo al de la madre María. Indica la Magdalena que la humanidad entera participa de esta angustia inmensa de la vida que es agónica pelea y esperanza infinita. Al otro lado de la Cruz, Juan Bautista con el símbolo que frecuentemente le acompaña, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. San Juan Bautista señala al Crucificado, comunica que en Él se cumplen las escrituras anunciadas en el libro que el Bautista sujeta con la otra mano.

La Predela está ocupada por la Piedad, María con su Hijo Jesús muerto en su regazo, a punto de ser enterrado.

Javier Agra.

 

 

 

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27 de Agosto 2017 DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 16,13-20

¡Qué grandeza de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!
A él la gloria por los siglos. Amén. Rom. 11

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PEDRO

VINCENZO CATENA

Son varios los momentos del evangelio en los que Jesús se dirige al apóstol Pedro con la sensación de que está hablando al coordinador de sus primeros seguidores, a la persona que será la llave de continuación de la inicial iglesia; nosotros nos sentimos afirmados en Jesucristo a través de los apóstoles aglutinados en torno a Pedro. 

El pintor veneciano, Vincenzo Catena (nació entre 1470/80, murió el año 1531) detiene la atmósfera en sus cuadros; sus pinceles se extasían y producen éxtasis en el espectador que se detiene en el tiempo como si fuera un nuevo abad Virila. Este cuadro pintado hacia mil quinientos diecisiete y que podemos visitar en el Museo del Prado, recoge el momento en el que Jesús entrega las llaves al apóstol Pedro. Ningún pasaje bíblico narra esta acción específica, pero son muchos los autores que la pintan recogiendo el frecuente sentir del evangelio en esta atmósfera. Simboliza su autoridad como coordinador de la Iglesia.

Catena presenta a Jesús en “una acción oficial”, sentado en su cátedra ante tres personas jóvenes llenas de vigor y fortaleza que representan a las virtudes teologales: Caridad vestida de blanco; Fe envuelta en su túnica rojo pálido; Esperanza con capa verde. Pedro, con la túnica dorada del apóstol, mantiene su ancianidad con la que se le representa la mayoría de las ocasiones, pero conserva el rostro terso y vital.

Todo el ambiente está idealizado; los rostros son bellos, las formas perfectas, la luz uniforme y colorida, las figuras delicadas proyectan ligeras sombras; la escena traslada al espectador a una situación de calma y serenidad permanentes. Asombrado, el espectador del cuadro, encuentra que destacan en la escena las figuras de Jesús y de la Caridad.

Javier Agra.

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26 de Julio 2017 Festividad de San Joaquín y Santa Ana

MATEO 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA JUAN CARREÑO DE MIRANDA (2)

SANTA ANA ENSEÑANDO A LEER A LA VIRGEN

Pintado por JUAN CARREÑO DE MIRANDA el año 1674, se conserva en el MUSEO DEL PRADO

JUAN CARREÑO DE MIRANDA (Avilés 1614 – Madrid 1685) fue un pintor del Barroco que se formó y trabajó en Madrid, en diferentes iglesias y conventos. Además de los cuadros “decorativos” y para Retablos, muchas de sus obras son pinturas murales.

Los abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana, estuvieron presentes en la devoción cristiana desde un momento muy temprano. Su figura se toma del apócrifo PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, escrito al comienzo del siglo segundo y que narra el nacimiento, infancia y adolescencia de María. Esta narración del nacimiento de María, recuerda el episodio del nacimiento de Samuel en el Primer Libro de los Reyes. En toda la historia de la cristiandad ha estado muy presente en diferentes festividades de María, en la literatura, en la pintura…

Esta pintura rica en matices y colores, sobre un fondo de cortinaje oscuro, recibe la luz de nuestra derecha abierta a un luminoso pasillo que enmarca la estancia a partir de una columna salomónica. La luz se centra en los rostros y las manos, así los llena de vida y expresión pacificadora y gozosa. Es un tema muy frecuente en nuestra cultura católica y muy querido por las personas creyentes.

Carreño de Miranda, recoge el momento en el que Santa Ana, enseña a leer a María, una jovencita atenta a la tarea, especialmente iluminada, tanto que su brillante rostro reparte luz en derredor; su padre, San Joaquín, está íntimamente presente en esta escena como, seguramente, en todos los momentos de la vida de María. El pincel lleno de maestría y soltura del autor, da personalidad a cada una de las tres personas de la familia. El coro de ángeles, sonrientes y bulliciosos, sirve para entroncar con la divinidad esta escena de la vida de cada día de una familia.

La escena sucede sobre unas gradas alfombradas. Sobre la cabeza de María ya observamos la corona de doce estrellas, que es uno de los símbolos con los que conocemos a la Inmaculada, recordando el versículo primero del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan. La cabeza de Santa Ana, ocupa el vértice de esta composición piramidal; en ella está la presencia serena, atenta, infinitamente amable de una madre que cuida la dulce confianza de su hija, mientras el padre sonríe lleno de ilusión y paz.

FELICIDADES A TODOS LOS ABUELOS que llenan de cariño este mundo; felicidades a todas las familias.

Javier Agra

 

 

 

 

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25 de Julio 2017 FIESTA DE SANTIAGO APOSTOL

EVANGELIO Mateo 20, 20 – 28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron: «Podemos».

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

RIBERA SANTIAGO MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA

SANTIAGO EL MAYOR, RIBERA

MUSEO BELLAS ARTES DE SEVILLA

Numerosos autores han pintado cuadros de los apóstoles, de modo que conservamos muchos apostolarios o colecciones completas de los apóstoles. Con frecuencia conocemos varias versiones realizadas por un mismo autor, así ocurre con el Greco, también con JOSÉ RIBERA “EL ESPAÑOLETO” del que presentamos este cuadro entre los diferentes que ha pintado sobre el apóstol Santiago. Podemos admirar alguno de sus apostolarios en el Museo del Prado; éste, cuya imagen adjunto, está en el MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA.

La estética se repite. Los apóstoles son pintados, las más de las veces, de medio cuerpo, en primer plano y con fondo oscuro. Se les distingue por los atributos que la tradición les ha colocado y, en su mayor parte, expresa el instrumento con el que murió mártir.

Nuestro apóstol mira serenamente al espectador, de frente, de forma directa y casi en misteriosa conversación. Es muy visible el libro que sostiene en su mano, alusión clara al evangelio que predicó; el manto de un brillante rojo habla del martirio que sufrió decapitado con espada; el manto está sujeto con la concha del peregrino, también indica su condición de peregrino el cayado apoyado en la penumbra de la derecha.

Alberto Durero tiene una pintura llena de vigor y fortaleza en la expresión, sobre el martirio de Santiago.

Este juego de luces y sombras, de claroscuro presente en este autor y en otros del Siglo de Oro español es una estética aprendida de Caravaggio. Ribera, pertenece a la pintura realista, notamos las rugosidades de las manos, hasta una tímida negrura en alguna uña. Nos presenta al peregrino lleno de energía y vigor, reconfortado siempre con la fuerza de la Palabra que enseña hasta el confín de la tierra.

La figura de Santiago está presente en el evangelio desde el inicio de la vida pública de Jesús, según los datos es uno de los que acompañan al maestro en ocasiones especiales. Su primera aparición es el momento de la llamada cuando Jesús caminaba por la orilla del lago de Genesaret, también llamado lago Tiberíades o mar de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando, los llamó para seguirle y convertirlos en pescadores de hombres. También, llamó a los hermanos Santiago y Juan, que estaban remendando redes en una barca, con su padre Zebedeo, (MATEO 4, 21-22). Jesús les puso a ambos, el sobrenombre de “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (MARCOS 3, 17), porque eran muy impulsivos, directos y fogosos. En una ocasión, Jesús no fue bien recibido por los samaritanos y los hermanos le preguntaron a Jesús si quería que hicieran bajar fuego del cielo para acabar con ellos (LUCAS 9, 54).

Santiago estuvo presente, junto con su hermano Juan y con Pedro, en la curación milagrosa de la suegra de Pedro (MARCOS 1, 29-30) y en la resurrección de la hija de Jairo (LUCAS 8, 51 – 52). Con ellos, fue testigo ocular de la Transfiguración de Jesús (LUCAS 9, 28.29). Lo acompañó de cerca durante su agonía en el huerto de Getsemaní (MATEO 26, 37).

Fue el primer mártir entre los Apóstoles. Murió en Jerusalén en el año 44, por orden de Herodes Agripa I, quien persiguió a los cristianos para quedar bien con los judíos. La tradición sobre su evangelización de España se mantiene en una nebulosa, pero es nuestro patrono y lo queremos, lo honramos y le rogamos que nos tenga presentes ante el Padre Dios.

Javier Agra.

 

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16 JULIO 2017 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 13, 1 – 23

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

«¿Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó:

«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

El-sembrador VAN GOGH

SEMBRADOR  VINCENT VAN GOGH 1888

Vincent Van Gogh nació en Zundert (Holanda) 1853 – murió en Francia un 29 de julio de 1890. Durante los treinta y siete años de su vida, VAN GOGH dedicó mucho tiempo de su trabajo como pintor a ensalzar la naturaleza. El campo y sus quehaceres están presentes en su arte. Tuvo amistad con Gauguin, cito este detalle porque son diversos los temas coincidentes en la pintura de ambos; compartieron casa en Arlés, de donde salieron muchas de las obras más nombradas de Van Gogh.

Este campesino que está sembrando cuando el sol va vencido, está casi integrado en la tierra que siembra, lleva muchas horas del día en la misma tarea y aún tiene la energía con la que comenzó su trabajo, firme el paso, mirada al frente, ágil el movimiento del brazo. El sol y la intensidad de su luz presiden el cuadro, tal vez por esa fuerza de la luz, seguramente por el amor del sembrador a la tierra que cuida, el pintor ha insertado a la persona que siembra entre los tonos de la tierra.

Este cuadro recuerda las pinturas Impresionistas. Los colores malvas y azulados de esta tarde cuando el sol está a punto de caer, la pincelada suelta y amplia, la textura casi de oleaje táctil de este lienzo al óleo que presenta Van Gogh invita al acercamiento del que observa el cuadro. Los colores son surcos y semilla en la tierra; las aves que llegan a comer grano son continuación del amplio trazado del pincel. El espectador conecta con la sensibilidad del autor, conecta igualmente con la luz y la temperatura de la tarde, con la textura de la tierra y el leve sonido de la semilla al quedar implantada entre la fina tierra donde germinará más tarde.

“La parábola del sembrador”, que leemos este domingo, es la primera de las parábolas que cuenta el evangelista Mateo, después de una serie de discursos y milagros. Se encuentra en los tres sinópticos: Mateo 13, 1 – 9; Marcos 4, 1 – 9; Lucas 8, 4 – 8. Además la podemos leer en el apócrifo “evangelio según Tomás, 9”, encontrado en los rollos de Nag Hammadi en Egipto. Durante diversos domingos continuaremos con diversas parábolas con las que Jesús enseña que el Reino de Dios ya está entre nosotros pero no manifestado en su plenitud.

Ahora somos nosotros, cada persona individual y la comunidad en su conjunto, quienes hemos de conocer y cultivar nuestra tierra personal y también la tierra del mundo, hemos de mullir y escavar bien el terreno. El Señor Jesús es el sembrador, nosotros hemos de querer y trabajar para que la semilla caiga en tierra buena. Estamos en tiempo de siembra, estamos en tiempo de paciencia, trabajo constante y sosegado, de esperanza e ilusión, de oración y de trabajo.

Javier Agra.

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