Home » Archive by Category "Liturgia del Domingo"

DOMINGO 17 DE JUNIO 2018 DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS MC 4, 26-30

“Y decía: «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.”

1.- “El hombre siembra con la confianza de que su trabajo no será infructuoso. Lo que sostiene al agricultor en su trabajo diario es precisamente la confianza en la fuerza de la semilla y en la bondad de la tierra. Esta parábola se refiere al misterio de la creación y de la redención, de la obra fecunda de Dios en la historia. Él es el Señor del Reino; el hombre es su humilde colaborador, que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera pacientemente sus frutos. La cosecha final nos hace pensar en la intervención conclusiva de Dios al final de los tiempos, cuando él realizará plenamente su reino. Ahora es el tiempo de la siembra, y el Señor asegura su crecimiento. Todo cristiano, por tanto, sabe bien que debe hacer todo lo que esté a su alcance, pero que el resultado final depende de Dios: esta convicción lo sostiene en el trabajo diario, especialmente en las situaciones difíciles. A este propósito escribe san Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios»” (Benedicto XVI).

2.- “¿Cómo se ha hecho al mismo tiempo reino de los cielos y grano? ¿Cómo pueden ser lo mismo el pequeño y el grande? Pues porque en virtud de su inmensa misericordia para con su criatura, se puso al servicio de todos, para ganarlos a todos. Por su propia naturaleza era Dios, lo es y lo será, y se ha hecho hombre por nuestra salvación. ¡Oh grano por quien fue hecho el mundo, por quien fueron disipadas las tinieblas y renovada la Iglesia! Este grano, suspendido de la cruz, tuvo tal eficacia que, aun cuando él mismo estaba clavado, con sola su palabra raptó al ladrón del madero y lo trasladó a las delicias del paraíso; este grano, herido por la lanza en el costado, destiló para los sedientos una bebida de inmortalidad; este grano de mostaza, bajado del madero y depositado en el huerto, cubrió toda la tierra con sus ramas; este grano, depositado en el huerto, hincó sus raíces hasta el infierno, y tomando consigo las almas que allí yacían, en tres días se las llevó al cielo” (San Juan Crisostomo)


3.- “Nuestras obras son, ciertamente, extremadamente pequeñas y nada comparables a la gloria, pero el Espíritu Santo, que habita en nuestros corazones por la caridad, las hace en nosotros, por nosotros y para nosotros, con un arte tan exquisito que esas mismas obras que son todas nuestras, son más aún suyas, pues como Él las produce en nosotros, nosotros las producimos recíprocamente en Él; como Él las hace para nosotros, nosotros las hacemos para Él, y como Él obra con nosotros, nosotros cooperamos también con Él. Y como de esta forma Él obra en nosotros y en nuestras obras y, en cierta forma, nosotros obramos y cooperamos en su acción; Él deja para nosotros todo el mérito y el provecho de nuestras buenas obras y nosotros dejamos, para Él, todo el honor y toda la alabanza, reconociendo que el principio, el progreso y el fin de todo el bien que hacemos depende de su misericordia, por la cual ha venido a nosotros y nos ha asistido; ha venido a nosotros y nos ha conducido, acabando así lo que había comenzado” (San Francisco de Sales).

4.- “Por tanto, siembra tú también en tu huerto a Cristo —la realidad de un huerto no es otra que un lugar pletórico de gran variedad de flores y frutos—, en el cual florezca la belleza de tus obras y se respire el multiforme olor de las diversas virtudes. Y por eso, que allí donde haya algún fruto, esté presente Cristo. Siembra al Señor Jesús: Él es grano cuando es apresado, y en el momento de resucitar se convierte en ese árbol que da sombra al mundo; cuando es sepultado, es también grano, que se hace árbol cuando sube al cielo. Coge también con Cristo la fe y siémbrala en ti. Siempre que creemos en Cristo crucificado, hemos cogido la fe. Pablo cogió cuando dijo: Y yo, hermanos, llegué a anunciaros el testimonio de Dios no con sublimidad de elocuencia o de sabiduría; ya que nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna sino a Cristo, y éste crucificado (1 Cor 2,1ss). Y porque él aprendió a apresar la fe, aprendió también a elevarse, y así dijo: porque a Cristo crucificado ya no le conocemos (2 Cor 5,16)” (San Ambrosio de Milán).

LA COSECHA PIETER BRUEGHEL EL VIEJO.
Pieter Brueghel “EL VIEJO” es un pintor holandés (1525 – 1569). Enterrado en Nuestra Señora de la Capilla, Bruselas. En su producción destacan las pinturas de paisajes; de estos bellos cuadros de paisajes, algunos sirven como apoyo a temas religiosos.
“LA COSECHA” es un óleo pintado en el año 1565 y se puede ver en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Brueghel lo pintó dentro de une serie de seis cuadros del ciclo de las estaciones. El foco de atención de Brueghel son los campesinos trabajando. Observamos que algunos de ellos están comiendo, mientras otros están cosechando; una representación diacrónica de la producción y del consumo del alimento en el tiempo. Los grupos de labradores trabajan por turnos, de modo que la cosecha se realiza de manera ininterrumpida de sol a sol mientras dure la faena.
Este cuadro está transido de ternura y realismo. El pintor, Brueghel, participa en el desarrollo de la escena, se implica con el paisaje, con el tono dorado del trigo que hace de protagonista de la escena. Los labradores cuidan de la tierra que da fruto a su tiempo. La escena se completa con unos niños jugando en otro campo del fondo, el pueblo entre el sol y la sombra de una arboleda bien dispuesta, el mar del norte con sus barcas amarradas a sus noráis completa una sensación de placidez y serenidad cuando el trabajo es compartido y llevado a buen término. El color nebuloso del cielo resalta más ese amarillo que envuelve la escena.
El cuadro hace asomar una sonrisa cómplice al espectador, que escucha el susurro del viento y del mar, el canto armonioso y el revuelo de las aves. El trabajo agrícola es compartido en la escena del trigo, en el cuidado de las vacas que pacen más lejos, en las embarcaciones que continúan narrando el destino del trigo sobrante hacia otros lugares de mercado. Parábolas de la tierra que Jesús nos cuente en el evangelio de hoy y que hablan de la urgencia de colaborar en comunidad con el avance del reino de Dios para que toda la tierra prospere y todas las personas aumenten en libertad, en felicidad, en PAZ.

 

DOMINGO 10 DE JUNIO DEL TIEMPO ORDINARIO
Mc3, 20-30

 “Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».”

 1.- “Hemos, pues, de admitir que el primer beneficio que recibimos de la bondad divina es el perdón de los pecados en el Espíritu Santo. […] Contra este don gratuito, contra esta gracia de Dios habla el corazón impenitente. Pues bien, esta impenitencia es precisamente la blasfemia contra el Espíritu, que no tendrá perdón ni en esta vida ni en la futura. En efecto, contra el Espíritu Santo, en quien son bautizados los que reciben el perdón de los pecados y al que la Iglesia recibe para que a quien perdonare los pecados le queden perdonados, contra este Espíritu habla, o con el pensamiento o con la lengua, palabras perversas e impías en exceso aquel que, cuando la paciencia de Dios le estimula a penitencia, con la dureza de su corazón impenitente se está almacenando castigos para el día del castigo, cuando se revelará el justo juicio de Dios pagando a cada uno según sus obras. Esta impenitencia contra la que clamaban al unísono el pregonero y el juez, diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de Dios, esta empedernida impenitencia es la que no tiene perdón ni en esta vida ni en la otra, pues la penitencia obtiene el perdón en esta vida, valedero para la futura” (San Agustín).

2.- “¿Se aleja con esto de la que ha sido su madre según la carne? ¿Quiere tal vez dejarla en la sombra del escondimiento, que ella misma ha elegido? Si así puede parecer en base al significado de aquellas palabras, se debe constatar, sin embargo, que la maternidad nueva y distinta, de la que Jesús habla a sus discípulos, concierne concretamente a María de un modo especialísimo. ¿No es tal vez María la primera entre “aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”? Y por consiguiente ¿no se refiere sobre todo a ella aquella bendición pronunciada por Jesús en respuesta a las palabras de la mujer anónima? Sin lugar a dudas, María es digna de bendición por el hecho de haber sido para Jesús Madre según la carne (“¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!”), pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque “guardaba” la palabra y “la conservaba cuidadosamente en su corazón” y la cumplía totalmente en su vida. Podemos afirmar, por lo tanto, que el elogio pronunciado por Jesús no se contrapone, a pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida, sino que viene a coincidir con ella en la persona de esta Madre-Virgen, que se ha llamado solamente «esclava del Señor»” (San Juan Pablo II).

3.- “El mérito, no consiste en hacer mucho o en mucho dar, sino en recibir, en amar mucho. Se ha dicho, que «es mucho más dulce dar que recibir», y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para sí la dulzura de dar, no sería delicado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo que quiera, la perfección consiste en hacer su voluntad, y el alma que se entrega enteramente a él es llamada por Jesús mismo «su madre, su hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguno me ama, guardará mi palabra» (es decir, hará mi voluntad) y «mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada». ¡Oh, qué fácil es complacer a Jesús, cautivarle el corazón! No hay que hacer más que amarle, sin mirarse una a sí misma, sin examinar demasiado los propios defectos… Los directores hacen progresar en la perfección, imponiendo un gran número de actos de virtud, y llevan razón; pero mi director, que es Jesús, no me enseña a contar mis actos, me enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle nada, a estar contenta cuando él me ofrece una ocasión de probarle que le amo; pero esto se hace en la paz, en el abandono, es Jesús quién lo hace todo, y yo no hago nada” (Santa Teresa del Niño Jesús).

4.- “Sabía que el nada desear es muy agradable a Dios y que es el camino para llegar a cumplir su voluntad… Pero esto lo sabía con la luz de la inteligencia… Comprendía con la razón, tan sublime doctrina. Deseaba alcanzar esa virtud de la santa indiferencia, y a Jesús se la pedí. No tiene mérito el nada desear, amando a Dios, pues es la cosa más natural. Ahora así lo veo.  […]Cada día soy más feliz en mi completo abandono en sus manos. Veo su voluntad hasta en las cosas más nimias y pequeñas que me suceden. De todo saco una enseñanza que me sirve para más comprender su misericordia para conmigo. Amo entrañablemente sus designios, y eso me basta. Soy un pobre hombre ignorante de lo que me conviene, y Dios vela por mí como nadie puede sospechar. ¿Qué de particular tiene que yo nada desee, si tan bien me va, poniendo mi único deseo en Dios y olvidando lo demás? […] Con Jesús a mi lado, nada me parece difícil, y el camino de la santidad cada vez lo veo más sencillo. Más bien me parece que consiste en ir quitando cosas, que en ponerlas. Más bien se va reduciendo a sencillez, que complicando con cosas nuevas. Y a medida que nos vamos desprendiendo de tanto amor desordenado a la criaturas y a nosotros mismos, me parece a mí que nos vamos acercando más y más al único amor, al único deseo, al único anhelo de esta vida… a la verdadera santidad que es Dios” (San Rafael Arnaiz Barón).

JESÚS ENTRE LOS DOCTORES – VERONÉS

PAOLO CALIARI, conocido como “EL VERONÉS” por el lugar de nacimiento, vivió entre los años 1528 – 1588. Son muy conocidas sus pinturas de inspiración bíblica; también es muy abundante su producción mitológica. Es uno de los más conocidos pintores enmarcados en el Manierismo.

La obra que hoy aporto, “JESÚS ENTRE LOS DOCTORES”, la pintó en torno al año 1560. Está tomada de un breve episodio que narra Lucas 2, 41- 50. Jesús se aparta de las caravanas respectivas donde van su padre José y su madre María. A los tres días, después de buscarlo “con angustia”, lo encuentran en el templo en disquisiciones teológicas y humanas con los rabinos de la Ley. Es un episodio frecuente en la iconografía cristiana.

Durante toda su vida pública, Jesús llama a ser sus amigos y su familia a todos los que le siguen y a cuantos buscan el Reino de Dios Padre. Así lo vemos en el evangelio que leemos este domingo.

La pintura “Jesús entre los doctores” presenta a veinticinco personas en torno a Jesús adolescente. El Veronés expone un alarde de variaciones de rostros y gestos, de ropajes y texturas. En esta pintura, el espectador puede hacer diferentes estudios, desde vestuario y peinado de época, hasta profundizar en la psicología humana, preguntarse por las intenciones de quienes rodean a Jesús o de aquellas personas con quienes nos encontramos a diario, escribir una novela sobre la situación de la vida y las situaciones de las diferentes personas.

“Jesús entre los doctores” de Veronés es una pintura llena de posibilidades. El cuadro centra nuestra primera vista en la discusión teológica que mantiene Jesús con los doctores de la Torá, entre los que se distinguen diferentes “categorías” por la posición de los diversos personajes. Al fondo, en menor tamaño y más difuminados, contemplamos a María y José en el momento de entrar en el Templo, acompañados por el pueblo que busca a Jesús.

Este aparente bullicio de personajes queda apaciguado por la armonía de los colores y la luz que envuelve la estancia y a los diferentes personajes.

Todo el evangelio nos muestra que María y José (su padre y su madre) recorrieron un camino de fe siempre confiando en Jesús y en la voluntad del Padre Dios, animados por el Espíritu Santo. Jesús sabe que entrar en esta voluntad de Dios es ser “su padre y su madre y su hermano y su hermana” María es maestra silenciosa también en estos momentos; ella guarda y aprende “todas estas cosas en su corazón”. ¡Que profundamente preciosa es la teología de María! Silencioso recogimiento, oración serena, acción constante y transformadora.

Javier Agra.

 

DOMINGO 3 DE JUNIO 2018   SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO 

 Mc 14, 12-16. 22-26

 “El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparádnosla allí». Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por la multitud. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios». Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.”

 1.- “La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado, es la expresión real de esa entrega incondicional de Jesús por todos, también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, allí donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y así destruirlo. El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestro principio” (Benedicto XVI).

2.- “Jesús se esconde en el Santísimo Sacramento del altar, para que nos atrevamos a tratarle, para ser el sustento nuestro, con el fin de que nos hagamos una sola cosa con él. […] Se ha quedado entre nosotros con una disponibilidad total. Cuando nos reunimos ante el altar mientras se celebra el Santo Sacrificio de la Misa, cuando contemplamos la Sagrada Hostia expuesta en la custodia o la adoramos escondida en el Sagrario, debemos reavivar nuestra fe, pensar en esa existencia nueva que viene a nosotros y conmovernos ante el cariño y la ternura de Dios” (San Josemaría Escrivá). 

3.- “Dios todopoderoso y eterno, heme aquí, acercándome al sacramento de vuestro Hijo único, nuestro Señor Jesucristo. Enfermo como estoy, vengo al médico de quien depende mi vida; sucio, a  la fuente de la misericordia; ciego, al hogar de la luz eterna; pobre y desprovisto de todo, al dueño del cielo y de la tierra. Imploro, pues, tu misericordia, tu inagotable generosidad, a fin de que te dignes curar mis enfermedades, lavar mis suciedades, iluminar mi ceguera, cubrir mi desnudez; y que así pueda yo recibir el pan de los ángeles, al Rey de reyes, al Señor de los señores, con toda reverencia y humildad, toda mi contrición y devoción, toda la pureza de mi fe, toda la firmeza de mis propósitos y la rectitud de intención de que requiere la salvación de mi alma” (Santo Tomás de Aquino).

4.- “El pan que partimos, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo? ¿Qué es este pan? El cuerpo de Cristo. ¿En qué se convierten los que comulgan? En el cuerpo de Cristo: no una multitud de cuerpos, sino un único cuerpo. Lo mismo que el pan, compuesto de muchos granos de trigo, es un solo pan donde los granos desaparecen, y lo mismo que los granos subsisten allí pero es imposible distinguirlos en la masa tan bien unida, así nosotros todos, unidos con Cristo, no somos más que uno. Ahora bien, si todos nosotros participamos del mismo pan y si todos estamos unidos entre nosotros con Cristo, ¿por qué no mostrarnos el mismo amor? ¿Por qué no nos hacemos uno en esto también? Así era al principio: La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Cristo vino a buscarte, tú que estabas lejos de él, para unirse a ti; y tú, ¿no quieres ser uno con tu hermano? ¡Te separas violentamente de él, después de haber obtenido del Señor una gran prueba de amor y la vida!” (San Juan Crisóstomo).

3  JUNIO 2018  FESTIVIDAD DEL CORPUS CRISTI

Quienes somos y nos sentimos Iglesia, celebramos la presencia permanente de Jesucristo en la eucaristía; de Cristo presente para siempre entre nosotros de múltiples maneras, principalmente recordémoslo en todas las circunstancias, a través de las personas pues todos somos hermanos, iguales en dignidad, liberados por Cristo. Pero hoy lo recordamos y lo reconocemos específicamente en la Eucaristía y en el Santísimo a través de su cuerpo en la Hostia Consagrada.

Muchas imágenes tendrían cabida para recordar esta popular festividad. La capilla del Santísimo de nuestra parroquia tiene un entrañable sagrario con el Pantocrátor y el apostolario: Multitud de pinturas recuerdan el momento de la institución de la eucaristía en la última cena de Jesús y sus apóstoles…

La imagen que aporto para acompaña a esta festividad es LA CUSTODIA PROCESIONAL de la Catedral de Sevilla. Custodia realizada por el orfebre JUAN DE ARFE (León 1535 – Madrid, 3 de abril 1603) en 1589. Actualmente La Custodia está ocupando un amplio espacio en la Capilla de la Catedral de Sevilla y es, seguramente, la pieza más destacada del “tesoro de la catedral”.

El Concilio de Trento había terminado en 1563; en él se había insistido en la presentación de los misterios del cristianismo, de los textos bíblicos, de la fe a través de la pintura y del arte en general; recordad el amplio florecimiento del barroco y de otras expresiones artísticas como respuesta a esta sugerencia insistente de Trento.

LA CUSTODIA PROCESIONAL de la Catedral de Sevilla tiene una estructura de cuatro cuerpos sustentados por columnas jónicas y corintias. El primer cuerpo está compuesto por treinta y seis figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento que representan a la Iglesia militante, el centro está reservado para María Inmaculada. El segundo cuerpo está el viril para la exposición del Santísimo y columnas que representan a santos vinculados a la ciudad de Sevilla. El tercer cuerpo está ocupado por el Cordero Místico y la Iglesia Triunfante. El cuarto cuerpo está reservado para la Santísima Trinidad. La Custodia está coronada por la imagen de la FE con la silueta de la Giralda.

Javier Agra.

 

27 de mayo 2018 DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Mt 28, 16-20

 “Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».”

 1.- “Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo” (San Atanasio).

2.- “Hoy contemplamos la Santísima Trinidad tal como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor “no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia” (Prefacio): es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente” (Benedicto XVI).

3.- “Podemos conocer al Padre como Fuente y Origen de todo, Principio sin principio, fuente última y absoluta de la vida, no dependiendo de nadie. El Hijo es engendrado por el Padre, recibe de Él todo su ser: por eso es Hijo; pero el Padre se da totalmente: por eso el hijo es Dios, igual al Padre. Nada tiene el Hijo que no reciba del Padre; nada tiene el Padre que no comunique al Hijo. El ser del Hijo consiste en recibir todo del Padre y el Hijo vuelve al Padre en un movimiento eterno de amor, gratitud y donación. Y ese abrazo de amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo. «El Espíritu todo lo sondea, incluso lo profundo de Dios» (1Cor 2,10). El Espíritu nos da a conocer a Cristo y al Padre y nos pone en relación con ellos. Las Personas divinas viven como en un templo en el hombre que está en gracia. Estamos habitados por Dios. Somos templo suyo. Vivimos en el seno de la Trinidad. ¿Se puede imaginar mayor familiaridad? Todo nuestro cuidado consiste en permanecer en esta unión” (Julio Alonso ampuero).

4.- “Este aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dará en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiración divina muy subidamente levanta el alma y la informa y habilita para que ella aspire en Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella le aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformación, para unirla consigo. Porque no sería verdadera y total transformación si no se transformase el alma en las tres personas de la Santísima Trinidad en revelado manifiesto grado […] ¡Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis? ¿En qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos, no viendo que en tanto que buscáis grandezas y gloria os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos!” (San Juan de la Cruz).

LA TRINIDAD  JOSÉ RIBERA

José Ribera (Játiva 1591 – Nápoles 1652) fue el primero, por la fecha de su nacimiento, de los grandes pintores de aquellas décadas del Siglo de Oro. Desde joven se instaló en Nápoles y allí trabajó la mayor parte de su vida. Fundamentalmente a través de su pintura llegó a nuestros grandes pintores la influencia de Caravaggio.

LA TRINIDAD, cuadro pintado hacia 1635 que se expone en el Museo del Prado, muestra el dramatismo realista y teatral con que nuestro autor presenta la amplitud de sus posibilidades pictóricas. Los cristianos tenemos un Dios que es Familia, que es Comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En este cuadro lleno de luz y amplitud cromática vemos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad con su iconografía más reconocible: la barba del Padre responde a nuestra imagen de eternidad creadora, el Hijo con las características de su muerte en la cruz y los tonos blancos de la Resurrección nos recuerdan siempre la Redención a la que ya estamos adscritos, el Espíritu Santo estará siempre representado para nosotros por medio de la paloma (las lenguas de fuego quedaban como iconografía de Pentecostés).

La inestabilidad con que nuestro autor presenta la figura de Jesucristo contrasta con la serena majestuosidad del Padre y la brillante luz en movimiento del Espíritu Santo. De este modo consigue Ribera un cuadro en movimiento dramático teatral, que además aumenta con la abundancia de contrastes de color. El manto rojo del Padre encuadra la escena donde contemplamos la acción del Hijo que nos recuerda toda la acción de su vida pública hasta llegar a la Resurrección, con la sábana teñida aun por la sangre de la Cruz. El poderoso brillo dorado del Espíritu nos sitúa en una escena celeste; la divinidad, nuestro Dios Trinitario recibe nuestra oración y nuestra vida para transformarnos y transformar nuestro mundo en esperanzada libertad, justicia, igualdad, paz… ¡ya estamos en la Resurrección!

Los ángeles encargados de cantar para siempre las maravillas de la Redención con el Santo, Santo, Santo es el Señor… merodean en constante revuelo entre la luz y la sombra, de este modo  aumenta el misterio de luz y movimiento en el que Ribera nos entrega su pintura de LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Javier Agra.

 

El conjunto de ángeles que revolotean en torno al Señor que asciende, tienen una función sobre todo decorativa; los ángeles acompañan al Resucitado que asciende llevando en su gloria la creación entera. El Señor nos enviará al Espíritu Santo para construir nuestro corazón, para fortalecer la comunidad, para transformar el mundo.

Javier Agra.    

 

6 MAYO 2018 DOMINGO VI DE PASCUA

EVANGELIO SAN JUAN 15, 9-17

 «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

1.- “¿Es el amor el que hace guardar los mandamientos o es la guarda de los mandamientos la que hace el amor? ¿Pero es que puede dudarse de que es el amor el que precede? El que no ama no tiene razón suficiente para observar los mandamientos. Por eso, lo que sigue: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, muestra no dónde se genera el amor, sino cómo se manifiesta. Es como si dijera: No penséis permanecer en mi amor, si no guardáis mis mandamientos; pues si no los guardáis, no permaneceréis. […] Por consiguiente, no guardemos primero sus mandamientos para que nos ame; pero si no nos ama, no podemos guardar sus mandamientos. Ésta es la gracia patente a los humildes, latente en los soberbios” (San Agustín).

2.- “La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente. La alegría es una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor y barro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón alegre sabe cómo se ha de proteger” (Santa Teresa de Calcuta).

3.- “Cristo mismo es el modelo vivo y constituye la medida de ese amor, del que habla en su mandamiento: «Como yo os he amado», dice. Más aún, se presenta la fuente de ese amor, como «la vid», que fructifica con ese amor en sus discípulos, que son sus «sarmientos»: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5). De allí la observación: «Permaneced en mi amor» (Jn 15, 9). La comunidad de los discípulos, enraizada en ese amor con que Cristo mismo los ha amado, es la Iglesia, Cuerpo de Cristo, única vid, de la que somos sarmientos. Es la Iglesia-comunión, la Iglesia-comunidad de amor, la Iglesia-misterio de amor. Los miembros de esta comunidad aman a Cristo y, en él, se aman recíprocamente. Pero se trata de un amor que, derivando de aquel con que Jesús mismo los ha amado, se remonta a la fuente del amor de Cristo hombre-Dios, a saber, la comunión trinitaria. De esa comunión recibe toda su naturaleza, su característica sobrenatural, y a ella tiende como a su propia realización definitiva” (San Juan Pablo II).

4.- “El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. […] ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados (1Pe 4,8), la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas” (San Clemente de Roma).

5.- “«Os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16). Aparece aquí el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he destinado para que vayáis… Debemos estar impulsados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios se nos ha dado para que llegue también a los demás. Hemos recibido la fe para transmitirla a los demás; […] Y debemos dar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. Pero ¿qué permanece? El dinero, no. Tampoco los edificios; los libros, tampoco. Después de cierto tiempo, más o menos largo, todas estas cosas desaparecen. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. Por tanto, el fruto que permanece es todo lo que hemos sembrado en las almas humanas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Así pues, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a dar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios” (Joseph Ratzinger).

RESURRECCIÓN DE CRISTO – RAFAEL                                   

Infinidad de textos se han escrito sobre el muy conocido pintor del Renacimiento italiano Rafael Sanzio (Urbino 1483 – Roma 1520), de modo que no añado otras excelencias. Muchos museos tienen diversas pinturas salidas de sus pinceles. Este cuadro, “LA RESURRECCIÓN DE CRISTO”, se conserva en el Museo de Arte de San Pablo, Brasil.                                                        

Es el último domingo de Pascua, Jesús nos ha dejado muchas y magníficas enseñanzas y nos ha dejado su vida entregada. Este domingo tiene un resumen magnífico. “EL AMOR”. Inmensidad de escritos, lienzos, canciones, películas… están poblando nuestro mundo con el tema central del amor. Jesús se ha entregado en su totalidad, el Padre Dios lo ha resucitado para mostrarnos la dimensión absoluta del amor; vendrá el Espíritu Santo y nos lo explicará de nuevo para que lo entendamos.

Para expresar EL AMOR, quiero mostrar un cuadro sobre la RESURRECCIÓN DE Jesús, que es el triunfo definitivo sobre las limitaciones, sobre las ausencias, sobre las dudas, sobre el temor. Este de Rafael está lleno de colorido y movimiento, de luminosidad y sosiego, de naturaleza y vitalidad, de complejidad y detalles. Los dos soldados y los dos ángeles están formando un escenario nuevo que amplía el espacio desde el sepulcro hasta la inmensidad de la tierra entera, lo humano y lo divino está reunido ante nuestros ojos asombrados e interrogantes; igual que se preguntan las mujeres del fondo, estamos todos caminando entre la admiración y la duda. Pero sentimos la presencia del Señor resucitado, su cruz es ahora el apoyo del estandarte con el color blanco de la victoriosa resurrección.

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Amaos unos a otros como yo os he amado”. En este amor vive la creación entera que admira a Cristo, que recibe la vida definitiva; hacia este amor caminamos mientras disfrutamos y cuidamos la naturaleza, en la construcción de la comunidad y en la cercanía de las personas, en oración y en compromiso social.

Javier Agra.

 

22 DE ABRIL 2018 IV DOMINGO DE PASCUA

Jn 10, 11-18

 «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

 1.- “«El buen pastor da la vida por las ovejas». En el sermón sobre el pastor es central la entrega de la vida por las «ovejas». La cruz es el punto central del sermón sobre el pastor, y no como un acto de violencia que encuentra desprevenido a Jesús y se le inflige desde fuera, sino como una entrega libre por parte de Él mismo: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (10, 17s). Aquí se explica lo que ocurre en la institución de la Eucaristía: Jesús transforma el acto de violencia externa de la crucifixión en un acto de entrega voluntaria de sí mismo por los demás. Jesús no entrega algo, sino que se entrega a sí mismo. Así, Él da la vida” (Benedicto XVI).

2.- “Piensa, ovejita; piensa, pecador, que si te quieres poner, si quieres volver al rebaño del Señor, que de tu pecado sacará el Señor misericordia. Para todos habrá remedio bueno. Espera en su misericordia y en su pasión. Piensa, si te hallas fuera de la manada, qué es lo que pasó por ti, para traerte a pacer en su dehesa. Piensa cuánto desea darte su yerba, y no tendrás temor de venir a Él coja o como quiere que estuvieres, a que te cure. Y si te hallas que has caído, yendo cansada, de esa caída hallarás la gran misericordia del pastor; aunque hayas pecado hallas y hallarás misericordia. Y esto si no te vas tú. Y si te vas, […] por mil maneras, por muy maravillosas maneras hace Dios que el hombre le quiera. Se le va la oveja, y Él con predicadores, con misericordias, con halagos, con amenazas, con enfermedades, miris modis, de muchas e infinitas maneras os llama” (San Juan de Ávila).

3.- “Pastor es también por la condición de sus amorosas entrañas. Todo lo hizo por amor, desde nacer hasta morir, y, asentado hoy a la derecha del Padre, por amor negocia, entiende y lo gobierna todo para nuestro bien. Antes que le amemos nos ama, y si le despreciamos nos busca. “No puede tanto la ceguedad de mi vista ni obstinada dureza, que no pueda más la blandura ardiente de su misericordia dulcísima”. Madruga y no reposa. […] Dios es caridad, y la humanidad en que se mostró es toda amor. Y como el sol, que de suyo es fuente de luz, todo cuanto hace perpetuamente es lucir, enviando sin cesar rayos de claridad de sí mismo, así Cristo, como fuente viva de amor que nunca se agota, mana de continuo amor, y en su rostro y su figura está bullendo siempre este fuego” (Fray Luis de León).

4.- “Todo hombre desea la vida en abundancia. Pero, ¿qué es, en qué consiste la vida? ¿Dónde la encontramos? ¿Cuándo y cómo tenemos «vida en abundancia»? […] El hombre vive de la verdad y de ser amado, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente, el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. Quien le da todo esto, le da «vida en abundancia» (Benedicto XVI).

5.- “Cada cristiano, en virtud del bautismo, está llamado a ser él mismo un “buen pastor” en el ambiente en que vive. Vosotros, padres, debéis ejercitar las funciones del buen pastor hacia vuestros hijos; y también vosotros, hijos, debéis servir de edificación con vuestro amor, vuestra obediencia y sobre todo con vuestra fe animosa y coherente. Incluso las recíprocas relaciones entre los cónyuges deben llevar la impronta del Buen Pastor, para que la vida familiar esté siempre a la altura de sentimientos e ideales queridos por el Creador, por lo cual la familia ha sido definida “Iglesia doméstica”. Así también en la escuela, en el trabajo, en los lugares de juego y de tiempo libre, en los hospitales y donde se sufre, trate siempre cada uno de ser “buen pastor” como Jesús” (San Juan Pablo II).

EL BUEN PASTOR

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

La iconografía de Jesús como “Buen Pastor” comenzó ya en las catacumbas de los primeros tiempos del cristianismo: lo que conocemos como iconografía paleocristiana. En las primeras basílicas Bizantinas también podemos admirar hermosos y monumentales mosaicos con la misma iconografía. Pero enseguida fue superado en número e intensidad pictórica por otros temas de mucha más presencia actualmente en la pintura y en el arte.

El Barroco recuperó el tema de El Buen Pastor porque fue un momento de amplitud y explosión temática. De este momento es nuestro pintor MURILLO (Sevilla 1618 – 1682) incansable viajero, estudioso de diferentes tendencias, conocedor de diferentes escuelas, prolífico autor. Los niños pintados por Murillo son un reflejo realista de la sociedad de su época, como la mayoría de las pinturas del período barroco. Pero además, en sus cuadros tienen una presencia destacada; con frecuencia son el centro de atención de la obra.

EL BUEN PASTOR presenta a Jesús niño cuidando y alimentando a sus ovejas. El Niño llena la escena pintada con una monumentalidad suficiente como para no necesitar otros añadidos. La mirada que dirige al espectador son de serena dulzura y sosiego, cautivan desde el primer instante; sus profundos ojos son luminosa seguridad e interrogación constante. La oveja sobre la que apoya su mano parece ofrecer seguridad a quien mira la escena. “TÚ eres el Buen Pastor que me ha rescatado y me cuida en todo momento”, parece decirnos presentando a Jesús Pastor universal.

Las ruinas del entorno perecen tener una doble presencia simbólica: indican esa paz bucólica y pastoril de la tradición literaria antigua, al tiempo que recuerdan que con Jesús comienza un tiempo nuevo capaz de superar las viejas paredes caducas del mal, del miedo, del dolor, de la muerte. Las ovejas pastan confiadas en un ambiente de colores suaves, en donde la vegetación también está en calma.

El espectador puede pasear sin temor por este cuadro sereno, lleno de profunda quietud; el espectador puede  caminar hacia el horizonte lleno de luz donde el cielo y la tierra se aúnan en la serena armonía del BUEN PASTOR que nos cuida y nos envía a cultivar en REINO DE DIOS.

Javier Agra.

 

15 de Abril 2018  III Domingo de Pascua

Lc 24, 35-48

 “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón?  Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.”

 1.- “Jesús resucitado anuncia pues, y funda la paz en el alma descarriada de sus discípulos… Es la paz del Señor, entendida en su significación primera, personal, interior, aquella que Pablo enumera entre los frutos del Espíritu, después de la caridad y el gozo, fundiéndose con ellos (Gal 5,22) ¿Qué hay de mejor para un hombre consciente y honrado? La paz de la conciencia ¿no es el mejor consuelo que podamos encontrar?… La paz del corazón es la felicidad auténtica. Ayuda a ser fuerte en la adversidad, mantiene la nobleza y la libertad de la persona, incluso en las situaciones más graves, es la tabla de salvación, la esperanza…en los momentos en que la desesperación parece vencernos…. Es el primer don del resucitado, el sacramento de un perdón que resucita (Jn 20,23)” (Pablo VI).

2.- “«Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona». Creo yo que hay cuatro razones por las que el Señor enseña a los apóstoles su costado, sus manos y sus pies. Primeramente para dar pruebas de que, verdaderamente, había resucitado y así quitar de nosotros toda duda. En segundo lugar para que «la paloma», es decir, la Iglesia o el alma fiel, ponga su nido en sus llagas, como «en las grietas de la roca» (Ct 2,14), y encuentre en ellas protección contra el gavilán que la acecha. En tercer lugar para dejar impresas en nuestros corazones, como unas insignias, las marcas de la Pasión. En cuarto lugar para prevenirnos y pedirnos que tengamos compasión de él y no le traspasemos de nuevo con los clavos de nuestros pecados” (San Antonio de Padua).

3.- “Cristo es verdaderamente el Verbo, el Hijo único igual al Padre, unido a un alma verdaderamente humana y con un cuerpo verdadero limpio de todo pecado. Este es el cuerpo que murió, este cuerpo el que resucitó, este cuerpo el que fue clavado a la cruz, este cuerpo el que fue depositado en la tumba, este cuerpo el que está sentado en los cielos. Nuestro Señor quería persuadir a sus discípulos de que lo que veían, verdaderamente eran huesos y carne. ¿Por qué quiso convencerme de esta verdad? Porque sabía, hasta qué punto es para mí un bien creerlo y cuánto tenía que perder si no creía en esto. Creed pues, también vosotros: ¡Este es el Esposo!” (San Agustín).

4.- “«Vosotros sois testigos de todo esto». «Todo esto», por lo tanto, es el misterio de Cristo, del Hijo de Dios hecho hombre, que murió por nosotros y resucitó, que vive para siempre y, de ese modo, es garantía de nuestra vida eterna. Pero conociendo a Cristo —este es el punto esencial— conocemos el rostro de Dios. Cristo es sobre todo la revelación de Dios. En todos los tiempos, los hombres perciben la existencia de Dios, un Dios único, pero que está lejos y no se manifiesta. En Cristo este Dios se muestra, el Dios lejano se convierte en cercano. […] ¿Cómo podemos nosotros ser testigos de “todo esto”? Sólo podemos ser testigos conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo, conociendo también a Dios. Pero conocer a Cristo implica ciertamente una dimensión intelectual —aprender cuanto conocemos de Cristo— pero siempre es mucho más que un proceso intelectual: es un proceso existencial, es un proceso de la apertura de mi yo, de mi transformación por la presencia y la fuerza de Cristo, y así también es un proceso de apertura a todos los demás que deben ser cuerpo de Cristo” (Benedicto XVI).

RAFAEL SANZIO – LA PESCA MILAGROSA

¡JESÚS HA RESUCITADO! “La PAZ con vosotros” “Sois testigos de todo esto” Jesús continúa paseando, visitando, comiendo con nosotros, multiplicando los panes y los peces.

Rafael Sanzio (1483 – 1520) realizó esta pintura de la “PESCA MILAGROSA” como modelo para ser trasladado a un tapiz, junto con otros nueve cartones de los que tres se han perdido. Los siete que se conservan se pueden visitar en el “Museo Victoria y Alberto” de Londres. Son: el citado de “La pesca milagrosa”, “Apacienta mis ovejas”, “Curación del paralítico”, “Muerte de Ananías”, “Conversión del Procónsul”, “Sacrificio de Listra” y “Predicación de San Pablo a los atenienses”. Los tres que se han perdido, reproducían la Lapidación de San Esteban, la Conversión de Saulo y San Pablo en prisión. Los tapices tejidos según estos modelos están en los Museos Vaticanos.

Rafael muestra un espacio absolutamente relajado, el reflejo en el lago transmite una atmósfera de serenísima quietud difícilmente imaginable en una extensa superficie de agua. Jesús es el sosiego que calma con un suave gesto de su mano el corazón inquieto y la mente dolida de los apóstoles, de los alejados personajes del fondo, de la naturaleza entera que puebla la escena.

Los apóstoles pescadores están  a punto de dar el paso de la duda temerosa a la confiada confesión de fe en el Maestro. Es el instante en que Jesús les transforma el corazón, a partir de ahora serán “pescadores de hombres”. Los escorzos de los apóstoles, sus rostros entre la incredulidad y el asombro, entre la queja y la oración muestran al espectador que la convulsión sucede en el corazón, en el alma, en las entrañas mientras el resto de la naturaleza vive la armoniosa presencia liberadora y pacificadora de Jesús, el Cristo.

El paisaje se ensancha hasta un horizonte de luz de amanecer que recuerda la mañana de la Resurrección, se colorea de vida resucitada que vuela en las aves del fondo como espíritus salvados, entre golondrinas que aportan a la escena buenos presagios; en primer término las grullas expectantes representan la vigilancia, la oración, el esfuerzo, la acción.

La tierra se ha impregnado de humedad para que brote la vegetación, para que germine la vida; el aire invisible puebla toda la escena como una caricia, el sol que inicia sus brillos de amanecer aporta entusiasmado sosiego, el agua que brota en hilos tenues suaviza los duros terrones y libera a la naturaleza de la sequedad; parecen unir la realidad y la evocación en un poema de novedad resucitada que compacta en torno al MAESTRO a la naturaleza, a los seres vivos, a las personas todas en la definitiva mañana de la RESURRECCIÓN. Estamos en marcha hacia la construcción del Reino de Dios. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Javier Agra.

 

8 ABRIL 2018 DOMINGO II DE PASCUA

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Salmo 117

EVANGELIO JUAN 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedarán retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: –Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó: –Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: –Paz a vosotros Luego dijo a Tomás: –Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás: –¡Señor mío y Dios mío ! Jesús le dijo: –¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

DUDA DE SANTO TOMÁS   CARAVAGGIO

El tema de la Duda de Santo Tomás, también conocido como la Incredulidad de Santo Tomás, es muy frecuente en la iconografía cristiana desde los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos protestantes no pintan nunca el contacto de Santo Tomás en el costado de Jesús porque la fe no está unida a las obras; los católicos desde siempre, y más desde el Concilio de Trento, muestran insistentemente el contacto; Cristo Resucitado invita a Tomás a meter su mano en sus llagas y en su costado. Vemos en muchas pinturas a Jesús que toma la mano de Tomás para llevarla a su costado.

Entre las obras más conocidas de este tema están: una de las primeras representaciones de la que tenemos noticia es un mosaico en la Basílica de San Apolinar de Rávena del siglo VI; la escultura de Andrea del Verrocchio en Florencia y el relieve del claustro de Santo Domingo de Silos (fotografía que acompañó mi comentario del año pasado). Entre la pintura quiero destacar y presentar este año “LA DUDA DE SANTO TOMÁS” cuadro pintado por Michelangelo CARAVAGGIO en torno al año mil seiscientos dos, cuadro que se encuentra en el Palacio Sanssouci en Potsdam, Alemania. Este pintor italiano vivió entre los años 1571 y 1610, es uno de los nombres más relevantes del Barroco.  

La Tradición dice que Santo Tomás evangelizó Asia y murió mártir el 3 de julio del año 72. En los evangelios tenemos pocos datos de este apóstol;  las listas de los Doce que transmiten Mateo 10,3; Marcos 3, 18 y Lucas 6, 15; también aparece en tres momentos en el evangelio de Juan: capítulo 11, la resurrección de Lázaro; capítulo 14, 5 en la Última Cena; capítulo 20, 24 – 29, LA DUDA DE TOMÁS de donde se toma el texto para multitud de pinturas y otras expresiones artísticas.

CARAVAGGIO pinta este momento en un primerísimo plano. Pone a Jesús Resucitado en el centro de la escena y acompaña con su mano a Tomás al que vemos en el momento de meter su dedo dentro de la llaga del costado del Maestro; otros dos discípulos observan la escena atentamente como si también ellos necesitaran cerciorarse de que todos hemos alcanzado la resurrección en el Señor Resucitado.

Cristo se presenta a Tomás y a todos los espectadores como quien ha estado muerto realmente, vedlo en la tonalidad de su piel, pero ha Resucitado y lleva consigo la brillantísima luz que lo envuelve y que el pintor resalta con la vestimenta blanca y brillante que lo arropa, acaso el mismo sudario con el que fue enterrado. La luz de Jesús ilumina la escena de tal modo que quiere que nos fijemos en el dedo de Tomás en la herida de su costado. Este tratamiento de la luz que parece fundir los personajes de la escena con el impreciso oscuro del cuadro sin fondo es la técnica del “sfumato” que con Caravaggio dio origen al tenebrismo.

Comienza LA PASCUA. Es la RESURRECCIÓN. Esta imagen nos muestra un DIOS COMPASIVO que entiende y acepta nuestra debilidad pero, al mismo tiempo, nos presenta su cuerpo con las señales de la muerte que ha sido definitivamente derrotada; sus llagas son un foco de luz o un sello para certificar el inmenso amor hacia nosotros y la certeza de la RESURRECCIÓN. Jesucristo mismo toma nuestra mano y nos da la certeza de la eternidad resucitada.

Los personajes muestran en sus rostros los sinsabores de la vida, su ropa está raída. Preciosa lectura teológica que nos habla de Jesús que se hace carne para superar todos nuestros males y eternizar nuestra vida. Dios se centra en los humildes y con su resurrección llena de dignidad a todas las personas de modo que ya somos iguales porque somos hijos de Dios, hermanos en Jesucristo. La Pascua es un paso necesario para construir el Reino de Dios, el Reino donde todas las personas vivamos en libertad, igualdad, justicia, Paz… Ha llegado la RESURRECCIÓN para todas las personas y la naturaleza entera. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Javier Agra.

 

 

PASCUA DE RESURRECCIÓN  2018

Aleluya, aleluya, aleluya.  

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré, para contar las hazañas del Señor.

SALMO 117

EVANGELIO MARCOS 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: —«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: —«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

PASCUA DE RESURRECCIÓN    PAOLO VERONÉS

Nuestro pintor de hoy es Paolo Caliari, al que conocemos como “EL VERONÉS” por su lugar de nacimiento, Verona 1528, murió en Venecia en 1588; es una de las grandes figuras del Manierismo italiano. El Museo del Prado tiene múltiples obras de este autor que dedicó su arte fundamentalmente a la pintura bíblica. El cuadro que acompaña a este comentario “LA RESURRECCIÓN” está en “La Galería de Pinturas de Maestros Antiguos” en Dresde, Alemania.

Jesús, el Cristo Resucitado, flota en el espacio cuando sale de la tumba resplandeciente de vida glorificada; mira hacia el cielo donde está el Padre y donde nos preparará una morada; el estigma de la Pasión permanece en su cuerpo glorioso para recuerdo permanente del espectador, el dolor y la muerte terminarán en triunfo resucitado. La túnica de color rojo está surcando el aire, ha vencido a la sangre, es vida en medio de la naturaleza, en la profundidad celeste que Veronés consigue con esas pinceladas llenas de brío con las que mezcla nubes blancas de vida y azul luminoso.

Quienes vemos el cuadro, somos espectadores privilegiados de la Resurrección; lo mismo que los soldados que gesticulan entre el asombro, el estupor, el temor. En estas figuras observamos el gusto del Veronés por la vestimenta colorida, adornada, llamativa. A la izquierda, unas ruinas recuerdan la antigüedad que da paso al tiempo de Cristo, de la búsqueda constante por la dignidad de todas las personas, por la resurrección y la mejora de condiciones de cada día, por la PAZ; ruinas que simbolizan la derrota del pecado, del mal, del dolor, de la muerte porque ya participamos del triunfo resucitado en el Señor Jesús.

En segundo plano a la derecha, observamos una escena posterior (que hoy narra el evangelio); las mujeres que han ido al sepulcro para embalsamar el cuerpo del Maestro se encuentran con el ángel y su mensaje: “No está aquí. Ha resucitado” Id a anunciarlo por el mundo, ¡Cristo vive! Ha comenzado la Pascua, el tiempo definitivo.

Javier Agra.

 

TRIDUO PASCUAL  – VIERNES SANTO 

Final del EVANGELIO Juan 18, 1 – 42

  1. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz;en él estaba escrito: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.
    Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: S. —No escribas «El rey de los judíos» sino «Este ha dicho: Soy rey de los judíos». C. Pilato les contestó: S. —Lo escrito, escrito está.
  2. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
    S. —No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca.
    C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica.» Esto hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: —Mujer, ahí tienes a tu hijo.
C. Luego dijo al discípulo: —Ahí tienes a tu madre.  C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: —Tengo sed. C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo: —Está cumplido. C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con
la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»;y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» 

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ  – RUBENS

Pedro Pablo RUBENS es un pintor Flamenco de la época del Barroco. El cuadro “Descendimiento de la Cruz” pintado en 1614 se encuentra en la Catedral de Amberes, Bélgica. RUBENS es un pintor de cuyas figuras humanas destaca la anatomía poderosa; la utilización de la luz le sirve para crear sensación de profundidad y movimiento.

El cuadro, que forma parte de un tríptico cuyas tablas laterales son la Visitación de María a su prima Isabel y la presentación de Jesús en el templo, está configurado en torno a la figura de Jesús colocado de modo que constituye una diagonal  lo que da sensación de grandiosa majestuosidad a la figura que quiere destacar. 

Es un cuadro lleno de fortaleza y serenidad. María, la madre recibe y colabora para descender de la Cruz a su hijo muerto. Estamos viendo un momento trágico transido por la calma, la esperanza. María conserva la fe este día de Viernes Santo en que todos los seguidores de Jesús han quedado sin aliento.

Las figuras de la pintura ocupan todo el espacio visual. Sus mismas formas, colores y movimientos saltan a un primer plano que parece salir hacia el espectador. Además de Jesús, del que sale una iluminación blanquísima hacia el resto de los personajes y de María la madre que sufre en el sosegado silencio y espera, está otros personajes. María Magdalena sujeta un pie de Jesús; María la de Cleofás mantiene en su rostro y en sus brazos la tensión de la ayuda; Juan con un llamativo color rojo intenso en su capa, en recuerdo del martirio y de la sangre derramada, sostiene junto con Nicodemo en cuerpo de Cristo; José de Arimatea, sujeta la sábana sobre la que se desliza el cuerpo yerto del Maestro; Dos personas más están situadas en lo alto de la cruz colaborando a desclavar y bajar a Jesús.

Es una escena de conjunto. Todos en torno a la figura de Señor que muestra un rostro sereno, un cuerpo que está llamado a la gloria y la resurrección. La luz que entre por la derecha construye un efecto de claro oscuro para resaltar el contorno de las diferentes personas.

Pero la composición se nos viene encima a los espectadores. Somos parte del momento, nos sentimos llamados a sujetar a Cristo muerto, participar de su serenidad, mantener la fe que alienta María, esperar en el sosiego de la oración la madrugada de la Resurrección, a pregonar con nuestra vida activa la grandeza de la liberación del Reino de Dios.

Javier Agra.

18 DE MARZO V DOMINGO DE CUARESMA

Jn 12, 20-33

 “Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre.»

 Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será derribado. Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.”

 1.- “Continuando con la profecía sobre su Pascua ya inminente, Jesús usa una imagen sencilla y sugestiva, la del «grano de trigo» que, al caer en la tierra, muere para dar fruto (cf. v. 24). En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en «granos de trigo» y dar mucho fruto si, al igual que Jesús, «pierden la propia vida» por amor a Dios y a los hermanos” (Papa Francisco).

2.- “La potencia redentora del sufrimiento está en el amor. […] Desde que Cristo escogió la cruz y murió en el Gólgota, todos los que sufren, particularmente los que sufren sin culpa, pueden encontrarse con el rostro del “Santo que sufre”, y hallar en su pasión la verdad total sobre el sufrimiento, su sentido pleno, su importancia. […] Participar en la cruz de Cristo quiere decir creer en la potencia salvífica del sacrificio que todo creyente puede ofrecer junto al Redentor. Entonces el sufrimiento se libera de la sombra del absurdo, que parece recubrirlo, y adquiere una dimensión profunda, revela su significado y valor creativo. […] Jesús mismo nos lo revela y promete, cuando dice: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» ¡Desde la cruz a la gloria!”  (San Juan Pablo II).

3.- “¡La Cruz de Cristo! ¿Qué más se puede decir? Yo no sé rezar… No sé lo que es ser bueno… No tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias… Sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, mi cruz…, la Cruz de Jesús. Esa Cruz que es mi único descanso… ¡cómo explicarlo! Quien esto no haya sentido…, ni remotamente podrá sospechar lo que es. Ojalá los hombres todos amaran la Cruz de Cristo… ¡Oh! si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo! […] Ama con locura lo que el mundo desprecia porque no conoce; adora en silencio esa Cruz que es tu tesoro sin que nadie se entere. Medita en silencio a sus pies, las grandezas de Dios, las maravillas de María, las miserias del hombre del que nada debes esperar… Sigue tu vida siempre en silencio, amando, adorando y uniéndote a la Cruz…  ¿qué más quieres?” (San Rafael Arnaiz Barón).

4.- “La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio y la búsqueda de las comodidades, cuando absorben totalmente la vida hasta excluir a Dios del propio horizonte, ¿llevan verdaderamente a la felicidad? ¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios. De hecho, tenemos necesidad de la alegría infinita. Ni las preocupaciones diarias, ni las dificultades de la vida logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios” (Benedicto XVI).

CRUCIFIXIÓN – GRÜNEWALD

El Retablo se conserva en el Museo de Unterlinden de Colmar, Francia.

El pintor renacentista alemán Matthias Grünewald nació hacia 1470 y murió en 1528. Conocemos pocos datos de su vida (incluso la fecha de su nacimiento oscila en una horquilla de veinte años), éstos nos llegan fundamentalmente a través de las firmas de sus pinturas en las que destaca la tragedia que produce el sufrimiento y la muerte injusta y aceptada.

El capítulo doce del evangelio de Juan centra en Jesús diversidad de profecías y situaciones anunciadas por los profetas; es de una inusual concentración para presentar a Jesús de modo que todos los pueblos lo puedan identificar como el manantial de la fecundidad, de la fortaleza, de la vida, de la superación de las situaciones angustiosas. En el siguiente capítulo, Juan va a recoger su evangelio para la intimidad de la despedida de Jesús y sus discípulos en la Última Cena, antes de la Pasión y la resurrección.

Pues bien, Jesús nota en todos sus huesos y en su alma entera la terrible tragedia del mundo, la desolación humana causada por todos los males. Esa es la presentación que nos hace el pintor GRÜNEWALD en esta tabla central del retablo de Isenheim. Isenheim era un hospital de enfermos terminales, para el que pintó un políptico de nueve tablas. Este políptico cerrado, muestra LA CRUCIFIXIÓN con una especial carga de dolor y angustia.

Grünewald presenta a Jesús en el instante mismo de expirar, después de convulsionarse con los últimos estertores de la muerte; sus manos mantienen el espasmo de la rigidez final; María la Madre de Jesús ilumina la escena con la luz pálida de su rostro doloroso, está pintada en el instante mismo de ser la Madre que asume junto a su Hijo la angustia de todas las personas; la sujeta el evangelista Juan en quien estamos representados ya todos los cristianos, el brillante rojo de su capa resalta la fuerza del contraste de colores; María Magdalena, implora respuestas al pie de la cruz.

Al otro lado, San Juan Bautista señala a Jesús del que dice en el texto latino, “es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Juan 3,30); a los pies del cuadro está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como olvidado en medio de la pintura ofrece una visión serena y fructífera del momento y de la escena.

Las tablas laterales presentan a San Antonio Abad, a la derecha del cuadro y San Sebastián, a la izquierda. En la predela contemplamos un Cristo yacente.

Esta escena de Grünewald, recoge todo el sufrimiento del mundo en la cruz y en la muerte de Jesús, para transformarla en luminosa vida y fructífera resurrección. Es una escena de enérgica llamamiento para construir una comunidad viva, un mundo libre, una tierra de Paz.

Javier Agra.

 

 

Jn 3, 14-21

 “En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios»”.

  1.- “¿Qué representa la serpiente levantada en alto? La muerte del Señor en la cruz. Por la efigie de una serpiente era representada la muerte, precisamente porque de la serpiente provenía la muerte. La mordedura de la serpiente es mortal; la muerte del Señor es vital. ¿No es Cristo la vida? Y, sin embargo, Cristo murió. Pero en la muerte de Cristo encontró la muerte su muerte. Si, muriendo, la Vida mató la muerte, la plenitud de la vida se tragó la muerte; la muerte fue absorbida en el cuerpo de Cristo” (San Agustín).

2.- “Toda Cuaresma converge hacia el Crucificado. Él es el signo que el Padre levanta en medio del desierto de este mundo. Y se trata de mirarle a Él. Pero de mirarle con fe, con una mirada contemplativa y con un corazón contrito y humillado. Es el Crucificado quien salva. El que cree en Él tiene vida eterna. En Él se nos descubre el infinito amor de Dios, ese amor increíble, desconcertante” (Julio Alonso ampuero).

3.- “Si toda la misión histórica de Jesús es signo elocuente del amor de Dios, lo es de modo muy singular su muerte, en la que se manifestó plenamente la ternura redentora de Dios. Por consiguiente, siempre, pero especialmente en este tiempo cuaresmal, la cruz debe estar en el centro de nuestra meditación; en ella contemplamos la gloria del Señor que resplandece en el cuerpo martirizado de Jesús. Precisamente en esta entrega total de sí se manifiesta la grandeza de Dios, que es amor” (Benedicto XVI).

4.- “¿Y por qué habría abierto sus brazos en la cruz por los pecadores, sometiendo su cuerpo santísimo al sufrimiento en favor del mundo? Yo afirmo que Dios lo hizo por una sola razón: dar a conocer al mundo su amor, para que nuestra capacidad de amar, aumentada por esta constatación, se haga cautiva del amor de Dios. Así, el extraordinario poder del reino de los cielos que consiste en el amor, ha encontrado una ocasión de expresarse en la muerte de su Hijo, para que el mundo se dé cuenta del amor de Dios por su creación. Si este gesto admirable, hubiese tenido por fin únicamente el perdón de nuestros pecados, habría bastado otro medio para realizarlo. ¿Quién lo habría rechazado si se hubiese realizado por medio de una muerte corriente? Pero Dios no quiso una muerte cualquiera para que tú comprendieras que hay aquí un misterio” (Isaac de Siria).

5.- “El evangelio nos presenta a un personaje de nombre Nicodemo, miembro del Sanedrín de Jerusalén, que de noche va a buscar a Jesús. […] ¡Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la misericordia divina, y esperan un “signo” que toque su mente y su corazón! Hoy, como entonces, el evangelista nos recuerda que el único “signo” es Jesús elevado en la cruz: Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. Este es el anuncio central de la Iglesia, que no cambia a lo largo de los siglos. Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado” (Benedicto XVI).

LA SERPIENTE DE METAL     ANTON VAN DYCK

Este IV DOMINGO DE CUARESMA, la Iglesia pone para nuestra meditación la conversación de Jesús con Nicodemo a propósito del bautismo como nuevo nacimiento, siempre mirando a Jesús que es nuestro referente y nuestra salvación.

El inicio del evangelio hace referencia al libro de los Números 21, 5 – 9; Números es el cuarto libro de los cinco que forman el Pentateuco que son los primeros del Antiguo Testamento. Aquí está narrando episodios del Éxodo de los israelitas por el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida. Las narraciones están, en su mayor parte, con la estructura de la literatura épica (exageración de un acontecimiento histórico).

Los israelitas han abandonado el Monte Hor y continúan hacia el Mar Rojo bordeando el territorio de Edom. Les invadían la fatiga y el desánimo, había tantas serpientes y tantos peligros que les dominaba el temor y la muerte. Dios conversó con Moisés para que construyera una serpiente de metal y la levantara sobre un estandarte de modo que todos la pudieran ver. Quien miraba aquel estandarte levantado en medio del pueblo, quedaba curado.  Es figura de Cristo, del que nosotros participamos por el bautismo, que es quien sana y salva definitivamente de todos los “males”. “También el Hijo del Hombre tiene que ser levantado en alto para que todos los que creen en él tengan vida eterna” (Juan 3, 15)

Este episodio del estandarte de la serpiente levantado en el desierto ha sido un motivo pintado con frecuencia. ANTON VAN DYCK (Amberes 22 de marzo 1599 – Londres 1641) es uno de los grandes pintores flamencos. Su cuadro “LA SERPIENTE DE METAL” está pintado el año 1620 y se conserva en el Museo del Prado, Madrid.

Las esbeltas figuras plasmadas por el joven pintor están llenas de vigorosa energía. Moisés sostiene el estandarte a la vista de todo el pueblo; a su lado está Eleazar, Sumo Sacerdote sucesor e hijo de Aarón. Los enérgicos y seguros trazos de la pintura consiguen construir un tejido continuado entre las figuras y el paisaje, de modo que parece que todo el cuadro se mueve al mismo tiempo; consigue también una sensación de profundidad que permite al espectador entrar y pasear por el cuadro.

Las diferentes alturas en que Van Dyck coloca a los personajes agrandan el contraste entre la serenidad de Moisés y Eleazar con la angustia, la duda, el desasosiego que expresa el pueblo con esa flaqueza de rostros de mirada interrogante, de manos extendidas, de cuerpos en tensión. Los personajes tienen diferentes expresiones en su rostro; honda preocupación, súplica, angustia, dolor, soledad. De inmediato nuestros ojos se clavan en la mujer de tono más blanco, en sus ojos también están nuestros ojos y juntos miramos confiados al estandarte de donde viene la salvación. Numerosas serpientes pueblan la escena, surcan el aire, rodean a los personajes.

El temor se transforma en confianza, porque el mal ha sido derrotado en el estandarte levantado para la vida y la salvación de cuantos miran confiados.

Javier Agra.

 

4 MARZO 2018 III DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO JUAN 2,13-25

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.

 1.- “Escuchemos entonces las palabras que Jesús dijo al realizar ese gesto: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2, 16). Sus discípulos se acordaron entonces de lo que está escrito en un Salmo: «El celo de tu casa me devora» (69, 10). Este Salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el «signo» que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección. «Destruid este templo —dijo—, y en tres días lo levantaré». Y san Juan observa: «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19. 21). Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es él mismo, Cristo resucitado, por el cual cada creyente puede adorar a Dios Padre «en espíritu y verdad» (Jn 4, 23)” (Benedicto XVI).

2.- “Son «vendedores del Templo» los que, aún guardándose de cometer pecados más groseros, les gustaría ser gente de bien, hacen buenas obras, pero todo para que Nuestro Señor les dé, a cambio, otra cosa. Quieren que Dios les dé a cambio lo que les gusta; quieren traficar con Nuestro Señor. Pero es un error buscar hacer un comercio semejante. Porque, aunque dieran todo lo que hacen y todo lo que tienen, aunque lo sacrificaran todo por Dios, el Señor no estaría obligado a darles o a hacer lo que fuere, a menos que él lo quisiera gratuitamente, totalmente a su placer. Lo que son, lo son por Dios; lo que tienen, les viene dado por Dios y no de sí mismos” (Maestro Eckart).

3.- “¿En qué consiste, pues, el celo que hemos de tener por la Bondad divina, Teótimo? Su primer oficio ha de consistir en odiar, huir, impedir, detestar, rechazar, combatir si se puede, todo lo que es contrario a Dios, es decir, a su voluntad, a su gloria y a la santificación de su Nombre.  Fíjate en nuestro gran Rey, ¡qué celo le mueve! y ¡cómo emplea la pasión de su alma al servicio de ese santo celo! No sólo odia la iniquidad, sino que la abomina; se consume de angustia al verla; desfallece su corazón; la persigue, la derroca y la extermina… Y así, el celo que devoraba el corazón del Salvador, hizo alejarse la irreverencia y profanación que esos vendedores y compradores habían traído al Templo” (San Francisco de Sales).

4.- “Nuestro Señor mismo nos enseña lo que debemos hacer para que nuestro interior se convierta en una casa de oración, porque el hombre es verdaderamente un templo consagrado a Dios. Primero debemos echar de él a todos los vendedores, es decir, las imágenes y representaciones de los bienes creados y todo lo que significa satisfacción en las criaturas y gozos de la voluntad propia. Luego, hay que limpiar y purificar el templo con lágrimas. No todos los templos son santos por el mero hecho de ser casas habitables. Es Dios quien los santifica. Aquí se trata del templo amado por Dios, donde Dios se manifiesta de verdad si está purificado. ¿Cómo podría Dios morar en el alma si no ha puesto su pensamiento, por breve que sea, en Dios? ¿No será porque está abarrotada de otras cosas?” (Beato Juan Taulero).

5.- “Lo que estaba prefigurado en el antiguo Templo, está realizado, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la “casa de Dios”, el lugar de su presencia, donde podemos hallar y encontrar al Señor; la Iglesia es el Templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él a través de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo que ilumine nuestra vida? La respuesta es: en el pueblo de Dios, entre nosotros, que somos Iglesia. […] La Iglesia no es un entramado de cosas y de intereses, sino que es el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo en el que cada uno de nosotros, con el don del Bautismo, es piedra viva… ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario. Nadie es el más importante en la Iglesia; todos somos iguales a los ojos de Dios” (Papa Francisco).

6.- “Hago una llamada a una verdadera conversión. Procuremos con todas nuestras fuerzas convertirnos en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas en una «Hostia pura, Hostia santa, Hostia inmaculada». No tengamos miedo al silencio litúrgico. ¡Cómo me gustaría que los pastores y los fieles entraran gozosos en ese pleno silencio de reverencia sagrada y de amor del Dios inefable! ¡Cómo me gustaría que las iglesias fuesen casas en las que reine el gran silencio que anuncia y revela la presencia adorada de Dios! ¡Cómo me gustaría que los cristianos pudieran experimentar durante la liturgia la fuerza del silencio!” (Cardenal Robert Sarah).

“JESÚS EXPULSANDO A LOS MERCADERES DEL TEMPLO”      JACOB JORDAENS

He aquí una obra muy representativa de la época joven del pintor flamenco JACOB JORDAENS (Amberes 1593 – 1678). Se le considera el último gran pintor de la época en los Países Bajos, tras la muerte de Rubens, 1640 y Van Dyck, 1641. Con veinticuatro años participó, junto a otros diferentes maestros, en la decoración de la iglesia de San Pablo en Amberes en la serie “Los misterios del rosario”. También pintó para el rey Felipe IV. En Suecia fue muy popular y trabajó durante mucho tiempo. Parece que no tuvo problemas económicos. Se inclinó más hacia la expresión protestante de la fe cristiana, alguno de sus escritos estás considerados claramente con esos contenidos teológicos. Murió el dieciocho de octubre de 1678, víctima de una “peste” que asolaba a la ciudad, el mismo día que su hija Elizabeth; ambos fueron enterrados junto a su esposa Catharina en el cementerio calvinista de Putte.

La obra “Jesús expulsando a los mercaderes del templo” se expone en el Museo del Louvre. Muestra un episodio de la vida de Jesús, narrado por los cuatro evangelistas. Juan lo redacta con cierta amplitud al comienzo de la Vida Pública, después de la Boda de Caná y antes de la conversación sobre el bautismo con Nicodemo. Expresa que “Jesús haciendo un azote de cordeles…” los echó a todos del templo. Los evangelios sinópticos sitúan este episodio al final de la vida pública de Jesús en una narración escueta, después de la entrada en Jerusalén y antes de la Última Cena y la Pasión.

Jordaens produjo mucha pintura de tema religioso. La gran mayoría, son cuadros con tema completo como éste que nos ocupa; pero también pintó colecciones como “los misterios del rosario” “escenas de la vida de Jesús” y alguna otra colección. En este cuadro vemos plasmados los personajes a través de pinceladas amplias y sueltas que transmite una sensación de grandes figuras, en continuo movimiento casi excesivo ajetreo.

Destaca, como en los otros dos grandes pintores flamencos, un cuidado especial de la anatomía que presenta con los torsos desnudos en pleno movimiento y esfuerzo. Ha recogido el dato del evangelio de Juan y pone en la mano de Jesús un azote de cordeles. La figura de Jesús es la que más destaca; pese a ser un momento tenso, Jesús aparece con la seguridad de la verdad de su actuación, en medio de una escena de luz y sombra, de revuelo y aún griterío que observamos en la dispersión de los personajes, en su colocación a diferentes planos y niveles.

El espectador del cuadro tiene la sensación de contemplar un vehemente desorden en este hacinado atrio del templo. Al mismo tiempo, la colocación de las figuras abre un pasillo para que nosotros entremos a formar parte del lugar donde ocurre la escena de los mercaderes del templo. Ningún espectador puede quedar ausente, los focos de luz nos envuelven y ya somos parte de aquel momento y aquella situación.

La pintura es un grito de este mundo convulsionado por la vorágine y el desorden; es un grito hacia el Señor para que nos salve, nos despierte, nos ayude a liberarnos de tantas angustiosas ventas, del ruin vacio del innecesario comercio en el que estamos sumidos. Es una llamada de CUARESMA, CONVERSION, SOSIEGO, SILENCIO, ORACIÓN, PAZ. La respuesta que nos propone la Iglesia es la armonía de la COMUNIDAD.

Javier Agra.   

 

25 FEBRERO 2018 II DOMINGO DE CUARESMA

I DOMINGO DE CUARESMA (Ciclo B)

EVANGELIO MARCOS 9,2-10

“Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.”

1.- “De nuevo nos encontramos con el monte como lugar de máxima cercanía de Dios; el monte como lugar de la subida, no sólo externa, sino sobre todo interior; el monte como liberación del peso de la vida cotidiana, como un respirar en el aire puro de la creación; el monte que permite contemplar la inmensidad de la creación y su belleza; el monte que me da altura interior y me hace intuir al Creador. […] La transfiguración es un acontecimiento de oración; se ve claramente lo que sucede en la conversación de Jesús con el Padre: la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz. En ese momento se percibe también por los sentidos lo que es Jesús en lo más íntimo de sí y lo que Pedro trata de decir en su confesión: el ser de Jesús en la luz de Dios, su propio ser luz como Hijo” (Benedicto XVI).

2.- “Contemplar al Señor es, al mismo tiempo, fascinante y tremendo: fascinante, porque él nos atrae hacia sí y arrebata nuestro corazón hacia lo alto, llevándolo a su altura, donde experimentamos la paz, la belleza de su amor; y tremendo, porque pone de manifiesto nuestra debilidad, nuestra inadecuación, la dificultad de vencer al Maligno, que insidia nuestra vida, la espina clavada también en nuestra carne” (Benedicto XVI).

3.- “Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa” (San Anastasio Sinaíta).

4.- «No vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos». “Esta es, Maestro, la única visión que yo necesito. Aunque todo desaparezca en torno mío, quedas Tú siempre delante de mis ojos. Y, aunque todo lo demás siga presente, no desaparezcas Tú, Señor. En soledad o en compañía, lo importante eres Tú. Nada alcanza su perfecto sentido, si no es una prolongación tuya o un camino hacia Ti. Tu misterio explica el enigma de todas las cosas: cuando te encuentro a Ti, Señor, ya no tengo nada más que preguntar. Mi interminable curiosidad se sacia” (Jesús M. Granero, S.J).

5.- “La transfiguración es el espacio de la confidencia íntima, el susurrar las cosas más personales y secretas, la apertura a los amigos. Tampoco a nosotros, simples cristianos, nos faltan momentos en los que podemos experimentar a un Jesús diferente, porque se presenta de un modo particularmente luminoso a los ojos de nuestra mente y de nuestro corazón. Son esos momentos de la intimidad divina, del «corazón a corazón». Con todo, no debemos repetir el error de Pedro. Todos quisiéramos olvidar un pasado cargado de dificultades e ignorar un futuro cargado de incógnitas, a fin de saborear únicamente un presente gratificante. […] Han subido a la montaña no para quedarse en ella, separados irresponsablemente de la llanura donde libran los seres humanos su batalla por la vida cotidiana, sino que, al contrario, han subido para comprender a fondo el sentido de la vida y volver a bajar para reemprender el duro camino” (G. Zevini).

6.- “A nosotros, peregrinos en la tierra, se nos concede gozar de la compañía del Señor transfigurado, cuando nos sumergimos en las cosas del cielo, mediante la oración y la celebración de los misterios divinos. Pero, como los discípulos, también nosotros debemos descender del Tabor a la existencia diaria, donde los acontecimientos de los hombres interpelan nuestra fe. En el monte hemos visto; en los caminos de la vida se nos pide proclamar incansablemente el Evangelio, que ilumina los pasos de los creyentes” (San Juan Pablo II).

 

 

TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS  GIOVANNI BELLINI  MUSEO DE CAPODIMONTE, NÁPOLES

Giovanni Bellini (Venecia 1433 – 1516) pintor del Cuatrocento italiano, seguramente el más conocido de una amplia familia de pintores. Se le considera un artista que hizo progresar la pintura hacia un estilo más vistoso y colorista. Conservamos de su paleta diversos retablos, variedad de pintura religiosa y de diferente temática. Sobre los años de su nacimiento y de su muerte, tengo que decir que nos valemos de ciertos documentos, pero no existe certeza de que sean exactos los años citados.

El II DOMINGO DE CUARESMA presenta la TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS que leemos en el evangelio de Marcos; al igual que los otros sinópticos, Mateo y Lucas, la narración es inmediatamente posterior al anuncio de la pasión y muerte en Jerusalén; también en los tres sinópticos el siguiente episodio es el de la curación de un niño epiléptico. En diversas pinturas se expresan unidas, la Transfiguración y la curación.

Es un episodio de mucha fuerza y muy arraigado entre los cristianos, tanto que celebramos nuevamente la fiesta de la Transfiguración el seis de agosto. Los cristianos de Armenia ya celebraban esta fiesta en el siglo sexto, pronto se extendió a Jerusalén y a toda la cristiandad. En España tenemos noticia de su celebración desde el siglo nueve.  El año 1457, el papa Calixto III instauró la fiesta para toda la iglesia.

Jesús se presenta tal como es, resplandeciente en su luz divina y así lo perciben los apóstoles Pedro, Santiago y Juan que están muy cerca de él. De modo que todos los que acompañamos al maestro hasta la montaña de la oración, la entrega, la construcción del Reino de Dios también podemos participar de esa visión de luz transformadora y dinámica. Desde el inicio del Génesis, la luz es Dios mismo, la creación es iluminación de las tinieblas; toda la naturaleza está dirigida hacia la iluminación. La pelea entre la luz y las tinieblas es una imagen constante en los libros de la Biblia. Jesús es la luz que resplandece para siempre y que ya se ha manifestado a sus tres acompañantes y, en ellos, a todos los seguidores de Cristo. “Lo que para los ojos del cuerpo es el sol que vemos, es Cristo para los ojos del corazón” (San Agustín, Sermón 78, 2)

La obra, realizada el año 1478, está firmada en un pequeño cartel sobre la frágil valla de madera. “IOANNES BELLI(NUS)”.

La composición de la pintura es semejante en los más diversos autores. La escena es en el Monte Tabor donde Jesús sube con Pedro, Santiago y Juan a quienes observamos en primer plano y en posición reclinada; el espectador puede participar en el asombro que ellos sienten cuando ven a Jesús con Moisés y Elías. A Moisés lo distinguimos a la izquierda del espectador, representado por su vestuario y la filacteria de su mano izquierda donde está escrita la LEY; Elías, a nuestra derecha, representa LOS PROFETAS. De modo que en este cuadro está reunido el Antiguo y el Nuevo Testamento junto a Jesús que integra el conjunto de la historia de la salvación.

Observamos en el cuadro una riqueza e intensidad de colores armoniosos, de ricos detalles. El aire sereno parece que flota entre los paisajes dinámicos. La escena vibrante ocurre en el primer plano, pero todo el fondo está lleno de vigorosa vitalidad. La luz de la Transfiguración ya no es un destello que ciega al espectador, ahora toda la amplia escena del cuadro, todos los personajes que lo integran, los espectadores que miramos la pintura estamos imbuidos de la luminosidad nueva que Jesús nos ha entregado como anticipo de la Pascua definitiva.

Javier Agra.

 

18 FEBRERO 2018 I DOMINGO DE CUARESMA

GÉNESIS 9, 8 – 15

Dios dijo a Noé y a sus hijos: — Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron, aves, ganado y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: El diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra. Y Dios añadió: — Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.

EVANGELIO MARCOS 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre
alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO       JACOPO BASSANO

En este I DOMINGO DE CUARESMA el evangelio de Marcos presenta a Jesús en el desierto e inmediatamente anunciando la conversión para hacer presente el Reino de Dios. Sobre este tema, en la cuaresma del año pasado comenté el cuadro de Botticelli “Las tentaciones de Cristo”. Hoy quiero incidir en la pintura emanada en torno a la lectura del libro del Génesis que habla del ciclo de Noé.

Jacopo da Ponte (1515 – 1592), nació en BASSANO cerca de Venecia; toma su apellido del lugar de nacimiento. De nuestro autor, conocemos pinturas de diferentes géneros, sobre todo de temas religiosos; en la mayoría de sus cuadros destaca la fuerza y cercanía con que presenta a los animales y a la naturaleza en general.

El libro del Génesis tiene al MITO (explicación no científica de la realidad) como base de su interpretación. Comienza con lo que conocemos como la prehistoria bíblica con el ciclo de Adán y Eva y sus descendientes y éste de Noé y sus descendientes. A partir del capítulo doce entramos en la “historia” con Abrahán. Esta brevísima introducción daría para largas exposiciones que pertenecen a otros ámbitos.

También encontramos en las lecturas de este domingo, diferentes números con su simbología. Recordamos el número cuarenta (de donde viene nuestra cuaresma, cuarentena…) como un tiempo indeterminado de prueba que finalmente es superada. El Diluvio, el tiempo de los Israelitas en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, los días que pasa Jesús en el desierto desde su bautismo hasta el comienzo del anuncio del reino de Dios…

El número ocho hace referencia a la novedad absoluta. Es la regeneración, la resurrección de las personas y de la creación entera. Este número se cita ochenta veces en la Biblia. La creación se narra en siete días y estaba completada, la Resurrección de Jesús fue el primer día de la semana que viene a ser el octavo día, el día definitivo y desde entonces estamos ya viviendo el tiempo absolutamente nuevo de la resurrección.

Ocho fueron las personas que sobrevivieron al Diluvio y desde ellas comenzó de nuevo la tierra regenerada. Dios hizo el pacto del arco iris, “nunca volveré a destruir la tierra” Todos estos símbolos tienen cabida y explicación desde el mito. El diluvio es una catástrofe local, como tantas catástrofes actuales, que el escritor del Génesis eleva a categoría universal.

JACOPO BASSANO realizó una pintura “Entrada de los animales en el arca” y esta de “NOÉ DESPUÉS DEL DILUVIO”. Cuando salieron del arca, Noé levantó un altar al Señor y ofreció sacrificios. A continuación tiene lugar la conversación con Dios que leemos en el texto bíblico de este domingo. Ambos cuadros están expuestos en el Museo del Prado en Madrid.

El pintor sitúa a Noé al fondo de la escena con el altar del sacrificio, el cielo abierto por donde entendemos los espectadores que suena la voz de Dios, al mismo tiempo que se ilumina toda la tierra con la claridad de la mañana nueva del mundo restaurado. Las aves pueblan de nuevo el cielo con su vuelo; los animales llenan la tierra desde el primer plano; la mujer de Noé, sus tres hijos y sus esposas están reconstruyendo la pequeña parte del mundo que entra en la paleta del pintor.

El espectador del cuadro, puede captar el dominio de la luz que tenía Jacopo Bassano a través de la combinación armoniosa de los colores; el dominio del espacio por la colocación equilibrada de la mezcla casi imposible entre personas, animales, material de construcción, baúles con ropa. ¡Mirad, entrad en el interior del cuadro! Vamos pasando del bullicio del primer plano, a la serenidad de los animales recostados, al sosiego de la naturaleza, a la oración.

He aquí un cuadro del inicio de la cuaresma. Intensidad de acción para reconstruir el corazón, reconstruir la vida, reconstruir la tierra; intensa y sosegada oración para reconstruir el encuentro.

Javier Agra. 

 

 

Posted on

27 de Agosto 2017 DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 16,13-20

¡Qué grandeza de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!
A él la gloria por los siglos. Amén. Rom. 11

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

CRISTO ENTREGA LAS LLAVES A SAN PEDRO

VINCENZO CATENA

Son varios los momentos del evangelio en los que Jesús se dirige al apóstol Pedro con la sensación de que está hablando al coordinador de sus primeros seguidores, a la persona que será la llave de continuación de la inicial iglesia; nosotros nos sentimos afirmados en Jesucristo a través de los apóstoles aglutinados en torno a Pedro. 

El pintor veneciano, Vincenzo Catena (nació entre 1470/80, murió el año 1531) detiene la atmósfera en sus cuadros; sus pinceles se extasían y producen éxtasis en el espectador que se detiene en el tiempo como si fuera un nuevo abad Virila. Este cuadro pintado hacia mil quinientos diecisiete y que podemos visitar en el Museo del Prado, recoge el momento en el que Jesús entrega las llaves al apóstol Pedro. Ningún pasaje bíblico narra esta acción específica, pero son muchos los autores que la pintan recogiendo el frecuente sentir del evangelio en esta atmósfera. Simboliza su autoridad como coordinador de la Iglesia.

Catena presenta a Jesús en “una acción oficial”, sentado en su cátedra ante tres personas jóvenes llenas de vigor y fortaleza que representan a las virtudes teologales: Caridad vestida de blanco; Fe envuelta en su túnica rojo pálido; Esperanza con capa verde. Pedro, con la túnica dorada del apóstol, mantiene su ancianidad con la que se le representa la mayoría de las ocasiones, pero conserva el rostro terso y vital.

Todo el ambiente está idealizado; los rostros son bellos, las formas perfectas, la luz uniforme y colorida, las figuras delicadas proyectan ligeras sombras; la escena traslada al espectador a una situación de calma y serenidad permanentes. Asombrado, el espectador del cuadro, encuentra que destacan en la escena las figuras de Jesús y de la Caridad.

Javier Agra.

Posted on

26 de Julio 2017 Festividad de San Joaquín y Santa Ana

MATEO 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA JUAN CARREÑO DE MIRANDA (2)

SANTA ANA ENSEÑANDO A LEER A LA VIRGEN

Pintado por JUAN CARREÑO DE MIRANDA el año 1674, se conserva en el MUSEO DEL PRADO

JUAN CARREÑO DE MIRANDA (Avilés 1614 – Madrid 1685) fue un pintor del Barroco que se formó y trabajó en Madrid, en diferentes iglesias y conventos. Además de los cuadros “decorativos” y para Retablos, muchas de sus obras son pinturas murales.

Los abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana, estuvieron presentes en la devoción cristiana desde un momento muy temprano. Su figura se toma del apócrifo PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, escrito al comienzo del siglo segundo y que narra el nacimiento, infancia y adolescencia de María. Esta narración del nacimiento de María, recuerda el episodio del nacimiento de Samuel en el Primer Libro de los Reyes. En toda la historia de la cristiandad ha estado muy presente en diferentes festividades de María, en la literatura, en la pintura…

Esta pintura rica en matices y colores, sobre un fondo de cortinaje oscuro, recibe la luz de nuestra derecha abierta a un luminoso pasillo que enmarca la estancia a partir de una columna salomónica. La luz se centra en los rostros y las manos, así los llena de vida y expresión pacificadora y gozosa. Es un tema muy frecuente en nuestra cultura católica y muy querido por las personas creyentes.

Carreño de Miranda, recoge el momento en el que Santa Ana, enseña a leer a María, una jovencita atenta a la tarea, especialmente iluminada, tanto que su brillante rostro reparte luz en derredor; su padre, San Joaquín, está íntimamente presente en esta escena como, seguramente, en todos los momentos de la vida de María. El pincel lleno de maestría y soltura del autor, da personalidad a cada una de las tres personas de la familia. El coro de ángeles, sonrientes y bulliciosos, sirve para entroncar con la divinidad esta escena de la vida de cada día de una familia.

La escena sucede sobre unas gradas alfombradas. Sobre la cabeza de María ya observamos la corona de doce estrellas, que es uno de los símbolos con los que conocemos a la Inmaculada, recordando el versículo primero del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan. La cabeza de Santa Ana, ocupa el vértice de esta composición piramidal; en ella está la presencia serena, atenta, infinitamente amable de una madre que cuida la dulce confianza de su hija, mientras el padre sonríe lleno de ilusión y paz.

FELICIDADES A TODOS LOS ABUELOS que llenan de cariño este mundo; felicidades a todas las familias.

Javier Agra

 

 

 

 

Posted on

25 de Julio 2017 FIESTA DE SANTIAGO APOSTOL

EVANGELIO Mateo 20, 20 – 28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron: «Podemos».

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

RIBERA SANTIAGO MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA

SANTIAGO EL MAYOR, RIBERA

MUSEO BELLAS ARTES DE SEVILLA

Numerosos autores han pintado cuadros de los apóstoles, de modo que conservamos muchos apostolarios o colecciones completas de los apóstoles. Con frecuencia conocemos varias versiones realizadas por un mismo autor, así ocurre con el Greco, también con JOSÉ RIBERA “EL ESPAÑOLETO” del que presentamos este cuadro entre los diferentes que ha pintado sobre el apóstol Santiago. Podemos admirar alguno de sus apostolarios en el Museo del Prado; éste, cuya imagen adjunto, está en el MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA.

La estética se repite. Los apóstoles son pintados, las más de las veces, de medio cuerpo, en primer plano y con fondo oscuro. Se les distingue por los atributos que la tradición les ha colocado y, en su mayor parte, expresa el instrumento con el que murió mártir.

Nuestro apóstol mira serenamente al espectador, de frente, de forma directa y casi en misteriosa conversación. Es muy visible el libro que sostiene en su mano, alusión clara al evangelio que predicó; el manto de un brillante rojo habla del martirio que sufrió decapitado con espada; el manto está sujeto con la concha del peregrino, también indica su condición de peregrino el cayado apoyado en la penumbra de la derecha.

Alberto Durero tiene una pintura llena de vigor y fortaleza en la expresión, sobre el martirio de Santiago.

Este juego de luces y sombras, de claroscuro presente en este autor y en otros del Siglo de Oro español es una estética aprendida de Caravaggio. Ribera, pertenece a la pintura realista, notamos las rugosidades de las manos, hasta una tímida negrura en alguna uña. Nos presenta al peregrino lleno de energía y vigor, reconfortado siempre con la fuerza de la Palabra que enseña hasta el confín de la tierra.

La figura de Santiago está presente en el evangelio desde el inicio de la vida pública de Jesús, según los datos es uno de los que acompañan al maestro en ocasiones especiales. Su primera aparición es el momento de la llamada cuando Jesús caminaba por la orilla del lago de Genesaret, también llamado lago Tiberíades o mar de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando, los llamó para seguirle y convertirlos en pescadores de hombres. También, llamó a los hermanos Santiago y Juan, que estaban remendando redes en una barca, con su padre Zebedeo, (MATEO 4, 21-22). Jesús les puso a ambos, el sobrenombre de “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (MARCOS 3, 17), porque eran muy impulsivos, directos y fogosos. En una ocasión, Jesús no fue bien recibido por los samaritanos y los hermanos le preguntaron a Jesús si quería que hicieran bajar fuego del cielo para acabar con ellos (LUCAS 9, 54).

Santiago estuvo presente, junto con su hermano Juan y con Pedro, en la curación milagrosa de la suegra de Pedro (MARCOS 1, 29-30) y en la resurrección de la hija de Jairo (LUCAS 8, 51 – 52). Con ellos, fue testigo ocular de la Transfiguración de Jesús (LUCAS 9, 28.29). Lo acompañó de cerca durante su agonía en el huerto de Getsemaní (MATEO 26, 37).

Fue el primer mártir entre los Apóstoles. Murió en Jerusalén en el año 44, por orden de Herodes Agripa I, quien persiguió a los cristianos para quedar bien con los judíos. La tradición sobre su evangelización de España se mantiene en una nebulosa, pero es nuestro patrono y lo queremos, lo honramos y le rogamos que nos tenga presentes ante el Padre Dios.

Javier Agra.

 

Posted on

16 JULIO 2017 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO MATEO 13, 1 – 23

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

«¿Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó:

«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

El-sembrador VAN GOGH

SEMBRADOR  VINCENT VAN GOGH 1888

Vincent Van Gogh nació en Zundert (Holanda) 1853 – murió en Francia un 29 de julio de 1890. Durante los treinta y siete años de su vida, VAN GOGH dedicó mucho tiempo de su trabajo como pintor a ensalzar la naturaleza. El campo y sus quehaceres están presentes en su arte. Tuvo amistad con Gauguin, cito este detalle porque son diversos los temas coincidentes en la pintura de ambos; compartieron casa en Arlés, de donde salieron muchas de las obras más nombradas de Van Gogh.

Este campesino que está sembrando cuando el sol va vencido, está casi integrado en la tierra que siembra, lleva muchas horas del día en la misma tarea y aún tiene la energía con la que comenzó su trabajo, firme el paso, mirada al frente, ágil el movimiento del brazo. El sol y la intensidad de su luz presiden el cuadro, tal vez por esa fuerza de la luz, seguramente por el amor del sembrador a la tierra que cuida, el pintor ha insertado a la persona que siembra entre los tonos de la tierra.

Este cuadro recuerda las pinturas Impresionistas. Los colores malvas y azulados de esta tarde cuando el sol está a punto de caer, la pincelada suelta y amplia, la textura casi de oleaje táctil de este lienzo al óleo que presenta Van Gogh invita al acercamiento del que observa el cuadro. Los colores son surcos y semilla en la tierra; las aves que llegan a comer grano son continuación del amplio trazado del pincel. El espectador conecta con la sensibilidad del autor, conecta igualmente con la luz y la temperatura de la tarde, con la textura de la tierra y el leve sonido de la semilla al quedar implantada entre la fina tierra donde germinará más tarde.

“La parábola del sembrador”, que leemos este domingo, es la primera de las parábolas que cuenta el evangelista Mateo, después de una serie de discursos y milagros. Se encuentra en los tres sinópticos: Mateo 13, 1 – 9; Marcos 4, 1 – 9; Lucas 8, 4 – 8. Además la podemos leer en el apócrifo “evangelio según Tomás, 9”, encontrado en los rollos de Nag Hammadi en Egipto. Durante diversos domingos continuaremos con diversas parábolas con las que Jesús enseña que el Reino de Dios ya está entre nosotros pero no manifestado en su plenitud.

Ahora somos nosotros, cada persona individual y la comunidad en su conjunto, quienes hemos de conocer y cultivar nuestra tierra personal y también la tierra del mundo, hemos de mullir y escavar bien el terreno. El Señor Jesús es el sembrador, nosotros hemos de querer y trabajar para que la semilla caiga en tierra buena. Estamos en tiempo de siembra, estamos en tiempo de paciencia, trabajo constante y sosegado, de esperanza e ilusión, de oración y de trabajo.

Javier Agra.

Posted on